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viernes, octubre 23, 2026

Del uranio de Yuty al Acuerdo 123, Paraguay traza su camino hacia la energía nuclear

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Paraguay es hoy uno de los mayores exportadores netos de electricidad limpia de América Latina, gracias a sus grandes centrales hidroeléctricas binacionales. Esa ventaja, sin embargo, tiene fecha de vencimiento. La demanda interna crece, la industria y los nuevos proyectos tecnológicos consumen cada vez más, y el margen de energía excedente se reduce. En ese contexto, la discusión sobre la energía nuclear dejó de ser un tema de especialistas y pasó a la agenda económica y diplomática del país.

En pocos días coincidieron dos hechos relevantes. Por un lado, un informe técnico del Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE) puso cifras y plazos a la opción nuclear. Por otro, la visita a Asunción del subsecretario de Estado adjunto de Estados Unidos, Christopher Landau, entre el 19 y el 21 de octubre, dejó anuncios de inversión y el inicio de negociaciones para un acuerdo de cooperación nuclear.

Qué dice el IPPSE: una fuente firme, pero con condiciones

El IPPSE sitúa a las centrales nucleares, junto con las termoeléctricas, entre las fuentes de energía “firme y segura” que el país necesitaría en el mediano y largo plazo. Sus ventajas son conocidas: generación estable e independiente del clima, factores de capacidad de entre 90 y 95 % y ausencia de emisiones directas de gases de efecto invernadero. La contracara son los residuos radiactivos de larga duración, cuya gestión exige protocolos de seguridad muy estrictos.

El instituto aclara que las centrales convencionales de unos 1.000 MW ya no son la tendencia mundial por su costo elevado, su tamaño y sus largos tiempos de obra. La apuesta está en los reactores modulares pequeños, conocidos como SMR, de hasta 300 MW por unidad, que permitirían crecer por etapas, sumando módulos a medida que aumente la demanda.

SMR: promesa tecnológica, realidad todavía inmadura

El entusiasmo tiene un límite técnico y económico. El IPPSE advierte que la tecnología SMR aún no está consolidada y que su ventaja de costos depende de la fabricación en serie, algo que hasta ahora no se ha logrado. Si el ritmo de producción es lento, no habrá ahorros relevantes y habrá cuellos de botella en la cadena de suministro, con listas de espera para los compradores.

El informe describe una distancia notable entre lo que se anuncia y lo que efectivamente se entrega. Gobiernos y empresas privadas aumentan sus inversiones, pero los costos proyectados todavía no son competitivos. Se espera que esos obstáculos se resuelvan hacia la década de 2030. A escala global existen más de cien diseños en desarrollo, pero solo cuatro SMR operan comercialmente: dos en Rusia y dos en China. Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Argentina figuran entre los países con proyectos avanzados, en pruebas o en trámite de permisos.

Cuánto costaría y cuánto habría que esperar

Las cifras del IPPSE son una referencia útil para dimensionar el desafío. Un SMR de 300 MW costaría entre US$ 3.500 y 5.500 por kilovatio instalado, con un costo nivelado de energía de entre US$ 100 y 160 por megavatio hora. Esos valores corresponden al primer módulo de su clase; los siguientes deberían abaratarse con la curva de aprendizaje.

Los microreactores, de hasta 50 MW, resultan mucho más caros: entre US$ 6.000 y 8.000 por kilovatio y entre US$ 300 y 400 por megavatio hora. Aunque podrían instalarse en cinco o seis años, el instituto los considera poco aptos para Paraguay por su alto costo y su limitada capacidad. Para un SMR convencional, el cronograma estimado es de 12 a 15 años, un plazo que dependerá del avance tecnológico y de la disponibilidad de proveedores.

Antes de cualquier proyecto, el país deberá cumplir exigencias internacionales, actualizar su marco regulatorio, informar y capacitar a la ciudadanía y formar profesionales altamente especializados. Importa subrayar que, según el propio IPPSE, no existe todavía una decisión de construir una central en territorio paraguayo.

La hoja de ruta institucional: OIEA, ANDE y el Acuerdo 123

Paraguay ya dio pasos concretos. La Autoridad Reguladora Radiológica y Nuclear (ARRN) coordina los estudios técnicos sobre seguridad, regulación e infraestructura y trabaja con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en materia de licenciamiento. El 13 de abril de 2026, la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) firmó con el OIEA un convenio de cooperación técnica para evaluar la incorporación de SMR a largo plazo y capacitar a su personal.

En el plano bilateral, el Gobierno formalizó el 4 de agosto un memorando de entendimiento con Estados Unidos sobre cooperación nuclear pacífica, asistencia técnica y capacitación. Durante la reciente visita de Landau, ambos gobiernos comunicaron además el inicio de negociaciones del llamado Acuerdo 123, el marco legal que Washington exige para exportar tecnología y material nuclear con fines exclusivamente civiles. Es un requisito para acceder a determinados equipos y tecnologías, y representa el avance más significativo del país en esta materia.

Uranio en Yuty: inversión privada con peso geopolítico

El otro eje es el recurso natural. La empresa estadounidense Uranium Energy Corp (UEC) anunció una inversión de US$ 12 millones para desarrollar sus concesiones en Paraguay. El Departamento de Estado incluyó el anuncio en su hoja informativa oficial sobre la visita, junto con acuerdos de seguridad, cooperación contra el crimen organizado y una alianza empresarial para instalar infraestructura de inteligencia artificial alimentada con energía de Itaipú. Aunque el dinero es privado, el mensaje de Washington es político: presenta esa inversión como una alternativa confiable y transparente frente al financiamiento de competidores estratégicos.

El proyecto abarca unas 117.000 hectáreas, a unos 200 kilómetros al este y sudeste de Asunción, en la zona de Yuty. Según el gerente general de UEC en Paraguay, la iniciativa está en una etapa incipiente, dedicada al estudio del terreno y previa al desarrollo. La empresa emplearía recuperación in situ, un método que recircula agua en el subsuelo para extraer el uranio sin galerías ni explosiones.

Entre las proyecciones y las salvaguardas

La compañía maneja un escenario preliminar de 400 toneladas de uranio al año, unos 1.200 empleos directos e indirectos y una recaudación estatal de entre US$ 10 y 17 millones anuales entre regalías e impuestos. Son estimaciones de la propia empresa, sujetas a estudios futuros, y no cifras confirmadas.

Existe además una advertencia técnica. La Asociación Nuclear Mundial (WNA) señala que el método in situ puede contaminar si el yacimiento está cerca de fuentes de agua dulce, por lo que cada acuífero intervenido requiere restauración. Para un país cuyo patrimonio hídrico es un activo estratégico, la supervisión ambiental y la solidez regulatoria serán tan importantes como el potencial económico.

Una apuesta de largo plazo que exige prudencia

El panorama que se abre para Paraguay combina oportunidades reales con plazos largos. La energía nuclear podría ser parte de la respuesta a un futuro déficit eléctrico, y la minería de uranio, un nuevo eje de inversión y recaudación. Pero el primer reactor, si llegara a construirse, no operaría antes de mediados de la década de 2040, y la tecnología que lo haría viable todavía debe demostrar su competitividad.

Para inversores y observadores externos, la señal es clara: Paraguay está construyendo, con cooperación internacional y de forma gradual, las bases legales, técnicas e institucionales para decidir con información. Lo que se defina en los próximos años sobre regulación, salvaguardas ambientales y transparencia determinará si el país logra convertir su ventaja hidroeléctrica en una matriz energética diversificada y sostenible.

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