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El dólar toca su valor más bajo desde 2019 y crece cautela del sector empresarial

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El mercado cambiario paraguayo registró este miércoles una de las jornadas más significativas de los últimos años. El dólar estadounidense cerró en G. 6.190 a la venta en las principales casas de cambio, mientras que el mercado interbancario o mayorista lo hizo en G. 6.144, perforando con claridad la barrera de los G. 6.200 y consolidando valores que no se observaban desde abril de 2019. A la compra, la divisa tocó un nuevo piso en G. 5.980, profundizando una tendencia descendente que ya lleva varios meses y que en los últimas 48 horas se intensificó con una caída de 90 puntos en el precio de venta.

La magnitud de este movimiento cobra mayor dimensión cuando se analiza en perspectiva. En abril de 2025, apenas un año atrás, el dólar rondaba los G. 8.000. Hoy, cada billete verde vale G. 1.856 menos que en ese período, lo que representa una depreciación del 22% en doce meses. Solo en lo que va de 2026, la caída acumulada alcanza el 6%, consolidando al guaraní como una de las monedas con mayor apreciación relativa en la región durante este ciclo.

Una confluencia de factores internos y externos

Los agentes del sector financiero coinciden en que no existe una causa única detrás de este comportamiento. La explicación se construye a partir de una combinación de variables que operan simultáneamente en distintos planos.

A nivel internacional, el dólar ha perdido fuerza en varios tramos del último año como consecuencia de las expectativas en torno al ciclo de tasas de interés en Estados Unidos, la búsqueda de rendimientos en mercados emergentes y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, factores que han impulsado flujos de capital hacia otras monedas y activos.

En el plano local, la oferta de divisas se ha visto reforzada por los ingresos del sector exportador, el flujo de dólares asociado al comercio internacional y la mayor disponibilidad de moneda extranjera a través del sistema financiero. En términos simples: cuando el ingreso de dólares supera la demanda generada por importaciones, pagos externos y ahorro en moneda dura, el precio de la divisa tiende a caer. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en Paraguay durante los últimos meses. Desde el Banco Central del Paraguay (BCP) también se señaló que los movimientos recientes responden principalmente a factores exógenos, alineados con la dinámica regional.

La postura del BCP: flotación sin intervención sistemática

Frente a este escenario, el Banco Central del Paraguay ha mantenido una postura coherente con su marco de política monetaria: no intervenir de forma sistemática en el mercado de cambios. El directorio de la institución fue explícito al respecto. «El tipo de cambio es libre y fluctuante. Nosotros tenemos metas de inflación como parte de nuestra política económica. No tenemos un objetivo de tipo de cambio, sino de inflación», sostuvo la autoridad monetaria.

Bajo este enfoque, el BCP aclara que una intervención destinada a elevar artificialmente el valor del dólar implicaría adoptar un objetivo cambiario que está fuera de su mandato institucional. «Si interviniéramos para levantar el nivel del tipo de cambio, estaríamos teniendo un objetivo sobre el dólar, y ese no es nuestro mandato», indicaron desde la entidad.

Este criterio, enmarcado en el régimen de flotación cambiaria y metas de inflación, ha sido cuestionado por algunos agentes del mercado que esperaban algún tipo de acción correctiva ante la velocidad de la caída. Sin embargo, la posición oficial se mantiene firme: el tipo de cambio lo determina la oferta y la demanda, y la prioridad es la estabilidad de precios.

Ganadores y perdedores de un dólar más barato

La caída del dólar no impacta de manera uniforme en todos los sectores de la economía. Sus efectos son asimétricos y dependen de la posición cambiaria de cada agente.

Para los importadores y las industrias que operan con insumos dolarizados, un tipo de cambio más bajo representa una ventaja directa: sus costos en guaraníes se reducen, lo que en teoría debería aliviar las presiones inflacionarias. Lo mismo aplica para fletes, equipamientos y servicios cotizados en moneda extranjera. Sin embargo, los analistas advierten que el traslado de estas mejoras al precio final en góndola no siempre es inmediato ni completo, por lo que el beneficio para el consumidor puede ser parcial o diferido en el tiempo.

Para los deudores en dólares, el panorama también es favorable: cada cuota pagada implica menos guaraníes, reduciendo la carga financiera en términos de moneda local.

El escenario es distinto para el sector exportador. Cada dólar vendido genera ahora menos guaraníes, lo que comprime márgenes en aquellas empresas cuyos costos operativos están principalmente en moneda local. Cuanto más prolongada sea la apreciación del guaraní, mayor será la presión sobre la rentabilidad exportadora.

Las proyecciones del mercado para el resto del año

La encuesta de expectativas del BCP ofrece una hoja de ruta sobre lo que el mercado anticipa para los próximos meses. La mediana de las proyecciones sitúa el tipo de cambio en G. 6.500 por dólar para abril de 2026, en línea con estimaciones anteriores. Para mayo del mismo año, se espera una cotización de G. 6.502, mientras que al cierre de 2026 la proyección se ubica en G. 6.700, por debajo de lo estimado en encuestas previas. A más largo plazo, el consenso apunta a G. 6.900 para finales de 2027.

Este escenario sugiere que el mercado anticipa una leve corrección al alza en los próximos meses, pero no un retorno a los niveles de G. 8.000 registrados en 2025. La lectura es que el guaraní habría encontrado un nuevo equilibrio cambiario, más apreciado que en el ciclo anterior y con una corrección gradual hacia niveles más altos a lo largo del tiempo.

Cautela empresarial: cuando la volatilidad paraliza decisiones

Más allá del comportamiento puntual del tipo de cambio, el entorno económico genera una preocupación más estructural en el sector privado. El Club de Ejecutivos del Paraguay difundió un análisis que pone el foco en tres factores que hoy condicionan la toma de decisiones empresariales: la volatilidad cambiaria, la incertidumbre fiscal y la ausencia de señales claras en materia de políticas públicas de largo alcance.

La presidenta del gremio, Laura Ramos, fue directa en su diagnóstico: la previsibilidad es un elemento central para sostener el dinamismo económico. Desde esa perspectiva, no alcanza con buenos indicadores coyunturales si el sector privado no visualiza una hoja de ruta estable hacia adelante.

Los movimientos bruscos del dólar impactan de forma directa en empresas importadoras, industrias con insumos dolarizados y firmas con obligaciones financieras atadas a esa divisa. Cada variación obliga a recalcular costos, márgenes y precios proyectados, generando un efecto paralizante sobre la planificación.

El frente fiscal suma otra capa de incertidumbre. Para el empresariado, más allá del nivel puntual del déficit, resulta clave contar con claridad sobre la administración de las finanzas públicas, el manejo del endeudamiento y la sostenibilidad de las cuentas del Estado. Cuando esas variables generan dudas, la prudencia del mercado se intensifica.

El costo silencioso de la incertidumbre

El impacto de este clima de cautela no siempre se manifiesta en una crisis visible o en indicadores que saltan a la vista. Con mayor frecuencia, se expresa en decisiones silenciosas: proyectos que se postergan, contrataciones que se demoran, adquisiciones de maquinaria que quedan en espera o capitales externos que prefieren observar antes de comprometerse.

Este fenómeno es especialmente relevante en un contexto internacional donde la competencia por inversiones se ha intensificado. La desaceleración global, la volatilidad financiera y las tensiones comerciales obligan a los países a diferenciarse por la certidumbre que ofrecen. En ese escenario, quienes transmiten mayor estabilidad institucional parten con ventaja.

Fortalezas vigentes, pero señales institucionales pendientes

El Club de Ejecutivos reconoce que Paraguay conserva activos económicos importantes. La estabilidad monetaria relativa, una carga tributaria moderada, disponibilidad energética abundante y perspectivas de crecimiento superiores a varios países vecinos continúan siendo elementos valorados por inversores y empresarios locales e internacionales.

Sin embargo, desde el gremio remarcan que estas ventajas deben complementarse con señales institucionales firmes para que se traduzcan en inversión concreta. Entre las demandas del sector privado aparecen con fuerza la necesidad de reglas claras, seguridad jurídica, disciplina fiscal consistente y una agenda económica capaz de trascender los ciclos políticos.

El mensaje es concreto: Paraguay tiene bases sólidas, pero necesita fortalecer la confianza para sostener su ritmo de crecimiento. Si las señales correctas llegan a tiempo, el país puede capitalizar las oportunidades que ofrece su posicionamiento regional. Si las dudas persisten, el costo podría materializarse en menor inversión privada y una expansión económica más lenta de lo proyectado.