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La guerra en Irán se cobra 25.000 millones y abre una crisis política sin precedentes en Washington

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AFP

A dos meses del inicio de la Operación «Furia Épica», el Departamento de Guerra de Estados Unidos ha revelado por primera vez una cifra oficial sobre el gasto acumulado del conflicto con Irán: 25.000 millones de dólares. Así lo declaró Jules Hurst, subsecretario interino para asuntos financieros del Pentágono, durante una audiencia ante la Cámara de Representantes celebrada este miércoles 29 de abril de 2026. La mayor parte de esa suma, según precisó Hurst, corresponde a municiones, aunque también incluye gastos de operaciones, mantenimiento y reposición de equipos bélicos.

La cifra adquiere mayor dimensión cuando se la contrasta con estimaciones independientes. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) calculó que solo las primeras 100 horas del conflicto —iniciado el 28 de febrero pasado— tuvieron un costo de al menos 3.700 millones de dólares, equivalentes a casi 900 millones de dólares diarios. Proyectada sobre los aproximadamente 60 días transcurridos desde el inicio de las hostilidades, esa tasa de gasto sugeriría un acumulado muy superior al reconocido oficialmente, lo que alimenta las dudas sobre la transparencia de la información entregada al Congreso.

Hurst anunció que el Pentágono enviará una solicitud de presupuesto suplementario a través de la Casa Blanca «una vez que se cuente con una evaluación completa del costo del conflicto», sin precisar plazos ni montos adicionales.

Un presupuesto de defensa sin precedentes en la historia estadounidense

La comparecencia ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara tuvo un segundo eje central: la solicitud formal de un presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares para el ejercicio fiscal 2027, presentada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, acompañado por el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine. Se trata de una cifra sin precedente en la historia militar y presupuestaria de Estados Unidos.

Hegseth argumentó que este incremento es imprescindible para sostener al «ejército más poderoso y capaz del mundo» en un entorno de amenazas simultáneas en múltiples escenarios. La propuesta prioriza la adquisición masiva de drones, buques de guerra y sistemas de defensa antimisiles, con China, Rusia e Irán como los adversarios articuladores del diagnóstico estratégico.

Sin embargo, la magnitud de la cifra —y el contexto en que se solicita— ha intensificado el debate sobre la dirección del gasto militar, especialmente entre legisladores que advierten que la guerra en Irán está agotando arsenales y desplazando recursos de otras regiones consideradas prioritarias.

El debate en el Congreso: legitimidad, estrategia y control civil

La audiencia derivó rápidamente hacia preguntas más profundas: no solo cuánto cuesta la guerra, sino por qué se inició y bajo qué autoridad se mantiene. La administración Trump lanzó la Operación «Furia Épica» sin contar con una autorización formal del Congreso, lo que ha generado una tensión constitucional latente que los demócratas aprovecharon para confrontar directamente a Hegseth y a Caine.

El representante Adam Smith, el demócrata de mayor rango en el comité, cuestionó de manera contundente la coherencia de la justificación oficial. Recordó que el propio Hegseth había declarado hace 60 días que la amenaza nuclear iraní era «inminente» y que eso justificaba el inicio del conflicto. Sin embargo, el secretario afirmó en esta misma audiencia que las instalaciones nucleares de Irán fueron «completamente aniquiladas» en un ataque estadounidense en 2025 —antes incluso de que la operación actual comenzara—. La contradicción no pasó inadvertida. «¿Ahora dice que fue completamente aniquilada?», replicó Smith, concluyendo que la guerra «nos dejó exactamente en el mismo lugar donde estábamos antes».

Hegseth no cedió. Sostuvo que Irán «no ha renunciado a sus ambiciones nucleares» y que aún posee miles de misiles, argumentando que el conflicto responde a una «lucha existencial por la seguridad del pueblo estadounidense». Invocó los precedentes de Afganistán y Vietnam para relativizar la duración de dos meses: «Llevamos apenas dos meses inmersos en una lucha existencial. Irán no puede poseer una bomba nuclear».

El representante Joe Courtney señaló, a su vez, que la propia Estrategia de Defensa Nacional de la administración, publicada poco antes del inicio de las hostilidades, calificaba a Irán como «más débil y vulnerable de lo que ha sido en décadas». Destinar tantas tropas a ese frente, en detrimento de otras amenazas —en especial China—, «no tiene sentido común», afirmó.

La retirada de recursos de Asia y las concesiones estratégicas

Uno de los ángulos más sensibles de la comparecencia fue la pregunta sobre el impacto de la guerra en la presencia militar estadounidense en Asia, región identificada como prioritaria en todos los documentos estratégicos recientes frente a la creciente potencia china. Al ser interrogado sobre por qué se retiraron recursos del Pacífico para sostener la operación en Oriente Próximo, el general Caine reconoció que el presidente debe hacer «concesiones» al desplegar tropas. «Confío en que el presidente siempre considera cuidadosamente estas concesiones de preparación», afirmó, eludiendo una respuesta directa sobre los riesgos que esa reasignación implica para el equilibrio estratégico con Pekín.

La tensión se vuelve aún más evidente ante el dato de que Trump ha ordenado el despliegue de tres portaviones en Oriente Próximo, una concentración de poder naval no vista desde 2003, en plenas negociaciones estancadas que no han producido avances diplomáticos concretos.

Críticas republicanas y la crisis de liderazgo interno del Pentágono

Las fricciones no provinieron únicamente de los demócratas. Varios legisladores republicanos expresaron su malestar por la gestión interna del Departamento de Guerra, particularmente por la purga de altos mandos militares ordenada por Hegseth. El senador Thom Tillis admitió públicamente tener «segundas dudas» sobre su apoyo al secretario tras los despidos de figuras clave, entre ellas el jefe del Ejército, el general Randy George. El representante Austin Scott fue aún más directo y calificó la destitución de George como «conducta temeraria» y un «perjuicio extremo» para la institución castrense.

En medio de este clima, el general Caine optó por un tono deliberadamente institucional. Declaró que su modelo es el general George C. Marshall, figura de la Segunda Guerra Mundial y arquitecto de la reconstrucción europea, destacando su compromiso con el control civil y con «decirles a los líderes lo que necesitan escuchar, no siempre lo que quieren escuchar». El contraste implícito con el estilo de Hegseth resultó difícil de ignorar.

El impacto económico global: petróleo, mercados y política interna

Más allá de los muros del Congreso, la guerra tiene consecuencias económicas concretas que se sienten en los mercados internacionales. El bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz ha mantenido el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, una presión inflacionaria con implicaciones directas para los consumidores estadounidenses y para la economía global. Legisladores republicanos han advertido que esta situación representa una amenaza política significativa de cara a las elecciones de mitad de periodo.

La combinación de un gasto bélico sin autorización legislativa, un presupuesto de defensa histórico, el encarecimiento de la energía y el desgaste de los arsenales configura un escenario fiscal y económico de alta complejidad para la administración Trump, que deberá enfrentar la presión simultánea del Congreso, los mercados y la opinión pública en los próximos meses.

Entre la retórica y la rendición de cuentas

Quizás el momento más revelador de la audiencia fue el intercambio en torno al costo humano del conflicto. Ante las preguntas sobre el bombardeo de una escuela y la muerte de civiles iraníes, Hegseth mantuvo su postura: la fuerza militar es el instrumento necesario para impedir que Irán alcance la capacidad nuclear, y ese objetivo justifica, a juicio de la administración, tanto el costo financiero como el humano de la operación.

Mientras tanto, Hegseth acusó a los demócratas y a algunos republicanos críticos de ser «el mayor adversario» que enfrenta Estados Unidos en este momento, con «palabras imprudentes, ineficaces y derrotistas». La respuesta de Smith fue concisa: «Hemos visto el costo, y el costo es muy, muy alto».

La audiencia cerró sin que se despejaran las preguntas fundamentales: cuáles son exactamente los objetivos de la guerra, cuándo concluirá, cuánto costará en total y qué autoridad legal la sostiene. Lo que sí quedó en evidencia es que el conflicto con Irán ha entrado en una fase en que las tensiones dentro del propio sistema político estadounidense son tan significativas como las que se libran en el campo de batalla.