La consultora Rystad Energy proyecta que la región podría desbloquear hasta 2,1 millones de barriles diarios adicionales hacia 2035 si los precios se sostienen en torno a los 100 dólares, con Brasil, Guyana, Venezuela y Vaca Muerta como ejes del nuevo mapa energético global. Los ingresos fiscales de los gobiernos sudamericanos podrían crecer 43.000 millones de dólares solo en 2026

La convulsión geopolítica en Oriente Medio está redibujando el mapa energético global a una velocidad que pocos analistas anticipaban. El casi cierre del estrecho de Ormuz, arteria por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, ha puesto en evidencia una vulnerabilidad sistémica del mercado que ahora abre una ventana de oportunidad sin precedentes para Sudamérica. Según un análisis publicado esta semana por la firma noruega Rystad Energy, la región está posicionada para convertirse en la fuente de suministro incremental más relevante del planeta durante la próxima década, siempre que se tomen las decisiones de inversión correctas y con la urgencia que el momento exige.

La fragilidad de Ormuz que revaloriza los barriles del sur

La analista Rhadika Bansal, vicepresidenta sénior de investigación de petróleo y gas de Rystad Energy, fue categórica al describir el trasfondo de la coyuntura: las cadenas de suministro globales están peligrosamente concentradas en torno al estrecho de Ormuz. Esta dependencia, largamente advertida pero sistemáticamente ignorada por los mercados en tiempos de calma, ha comenzado a cobrar su precio. El Brent de referencia europeo, que en enero de 2026 cotizaba en torno a los 60 dólares por barril según las previsiones de la propia Rystad, escaló hasta aproximadamente 89 dólares como consecuencia directa de la crisis en la zona del Golfo Pérsico. Se trata de un ajuste de casi un 48% en el precio de referencia en apenas tres meses, una señal que los mercados leen como algo más que una volatilidad pasajera.

En ese escenario de precios elevados y abastecimiento inseguro desde Oriente Medio, la región americana emerge como la alternativa más viable. Bansal sintetizó el diagnóstico con precisión: «Sudamérica ofrece escala, calidad geológica y una relativa estabilidad política, exactamente en el momento en que el mundo busca alternativas para comprar.»

El potencial de 2,1 millones de barriles diarios adicionales para 2035

La cifra central del informe es tan concreta como reveladora. Rystad Energy estima que, si los precios del crudo se sostienen en torno a los 100 dólares por barril de manera sostenida, Sudamérica podría desbloquear hasta 2,1 millones de barriles diarios de suministro adicional para mediados de la década de 2030. Este volumen equivale, en términos comparativos, a superar la producción actual de varios países de la OPEP de tamaño medio, lo que ilustra la magnitud del desplazamiento geopolítico que podría producirse en el mercado petrolero global.

Sin embargo, el informe no deja de subrayar que este potencial no se materializará de forma automática. Rystad advierte sobre la necesidad de adelantar las decisiones finales de inversión y de no limitarse a expandir los activos existentes. La amenaza estructural es conocida: los pozos en producción hoy entregarán menos de la mitad de su rendimiento actual para 2030, lo que impone un ritmo de decisiones de capital que la región históricamente ha tardado en sostener.

Brasil, Guyana y Surinam acelerando al offshore

La fuente más inmediata y predecible de crecimiento está concentrada en los desarrollos marinos de Brasil, Guyana y Surinam. La consultora estima que la aceleración de los proyectos offshore en estos tres países podría aportar más de un millón de barriles diarios de petróleo equivalente en la próxima década. Brasil ya lideraba la producción de la región con 3,77 millones de barriles diarios en 2025, un 12,3% más que el año anterior, impulsado por el presal —el horizonte exploratorio en aguas profundas del Atlántico— que representó cerca del 80% de su producción equivalente.

Guyana, por su parte, mantiene en desarrollo el yacimiento GranMorgu —antes conocido como Sapakara Sur y Krabdagu—, valorado en más de 10.500 millones de dólares y con fecha estimada de producción en 2028, lo que lo convierte en uno de los proyectos energéticos más relevantes del hemisferio occidental al cierre de esta década. Surinam avanza a un ritmo más discreto, pero con reservas que comienzan a captar atención de operadores internacionales. En conjunto, estos tres polos offshore concentrarán la mayor parte de la inversión convencional en la región, que entre 2020 y 2030 podría acumular alrededor de 197.000 millones de dólares en nuevos proyectos.

Venezuela: la incógnita que volvió al mapa

Quizás uno de los elementos más significativos del análisis de Rystad es la reaparición de Venezuela como factor relevante en la oferta global. El informe señala que el país caribeño ha vuelto a la conversación sobre suministro mundial tras la captura del expresidente Nicolás Maduro en enero de 2026 y la consiguiente caída en la disponibilidad de crudos pesados y agrios provenientes de Oriente Medio, cuyo mercado natural ha quedado parcialmente interrumpido.

En un escenario de 100 dólares por barril, Rystad proyecta que Venezuela podría sumar 910.000 barriles diarios para 2035. El 57% de ese volumen provendría de campos ya existentes en las provincias del Este y el Oeste, donde los costos operativos del crudo medio se sitúan en apenas 7 a 8 dólares por barril, uno de los niveles más competitivos del mundo. La lógica económica es incontestable: a esos costos de extracción, incluso con precios moderados el margen de rentabilidad es extraordinario. La pregunta que sigue sin respuesta es si el marco institucional, la infraestructura deteriorada y la capacidad de atracción de inversión extranjera podrán traducir ese potencial geológico en producción efectiva y sostenida.

La producción venezolana ya comenzó a mostrar señales de reactivación tras el cambio político. Estimaciones de analistas del sector apuntan a que el país podría alcanzar los 1,5 millones de barriles diarios en los próximos dos años, con compromisos concretos como el de Chevron, que se habría comprometido a incrementar su producción en 125.000 barriles diarios en ese plazo.

El crecimiento más dinámico de la región

Si Venezuela representa la incógnita de mayor potencial, la formación argentina de Vaca Muerta encarna la certeza más sólida del análisis. Rystad atribuye a esta cuenca neuquina el crecimiento más dinámico de toda Sudamérica y proyecta que podría alcanzar una producción de un millón de barriles diarios antes del cierre de esta década, con envíos regulares al exterior a partir de 2027 y con China como principal destino de exportación.

Los números ya respaldan esa trayectoria: a diciembre de 2025, Vaca Muerta registró 589.000 barriles diarios de petróleo, un incremento del 31% frente al año anterior, representando cerca del 68% de la producción total de Argentina. La curva de aprendizaje en completación de pozos, la expansión de infraestructura de transporte —incluyendo obras clave como el oleoducto Vaca Muerta Sur— y la competitividad en costos del shale neuquino están consolidando a esta formación como un actor estructural en el mercado global, y no como una mera coyuntura de precios altos.

El impacto fiscal: 43.000 millones de dólares de ingresos adicionales en 2026

Más allá de los volúmenes de producción, el análisis de Rystad cuantifica un efecto inmediato y de gran relevancia para las finanzas públicas de la región. A los niveles de producción actuales, los ingresos de los gobiernos sudamericanos podrían aumentar en unos 43.000 millones de dólares solo en 2026 respecto al escenario base previo a la crisis de Ormuz. Esta cifra refuerza el papel central que los hidrocarburos siguen desempeñando en las finanzas públicas de economías que van desde Brasilia hasta Caracas, pasando por Buenos Aires.

Se trata de un efecto riqueza de primera magnitud para regiones que arrastran déficits estructurales, presiones inflacionarias y necesidades de inversión en infraestructura que difícilmente podrían financiar en un entorno de precios bajos. En ese sentido, la crisis de Ormuz, con toda su carga de inestabilidad geopolítica, funciona paradójicamente como un estímulo fiscal para los gobiernos productores del cono sur.

Una oportunidad que no admite demora

El cuadro que traza Rystad Energy es el de una región con todos los ingredientes para protagonizar uno de los ciclos de expansión petrolera más relevantes de las últimas décadas: reservas probadas, costos competitivos, proyectos en distintas etapas de madurez y una demanda global que, según las propias proyecciones de la consultora, alcanzará su pico cerca de los 107 millones de barriles diarios a principios de los años 2030 antes de estabilizarse por encima de los 100 millones hasta bien entrada la década de 2040.

El riesgo no es geológico ni técnico. Es institucional y financiero. La región tiene un historial de ciclos incompletos, de proyectos que no llegan a su decisión final de inversión, de marcos regulatorios que se modifican cuando los precios bajan y la disciplina fiscal se relaja. La consultora lo advierte con claridad: la brecha entre oferta y demanda podría ampliarse hacia mediados de la década de 2030 si los proyectos se retrasan. Sudamérica tiene la materia prima. La pregunta es si tiene también la voluntad institucional y la continuidad de políticas para convertir esta coyuntura en una transformación estructural de largo plazo.