El cierre del estrecho de Ormuz, detonante de una crisis energética que llegó hasta el bolsillo latinoamericano
Lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia en Asia Occidental sacudió en marzo de 2026 las economías de toda América Latina. El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán y el consecuente cierre del estrecho de Ormuz por parte del régimen iraní generó una fuerte presión sobre el precio del petróleo, y los efectos inflacionarios de esta situación impactaron en las economías de la región durante el mes de marzo. Se trata del choque externo más significativo que enfrenta Latinoamérica desde la pandemia del Covid-19, y sus ondas expansivas aún no terminan de asentarse.
Los precios del petróleo aumentaron a un ritmo vertiginoso y ya se ubican un 40% por encima del valor que registraban antes de los primeros ataques estadounidenses e israelíes contra Irán el 28 de febrero. El brent superó los 100 dólares el pasado 11 de marzo y, por lo visto hasta ahora en el campo de batalla, en las bolsas y en las cancillerías, no parece que vaya a regresar pronto a la franja de los 60 o 70 dólares por barril. Esa brecha entre los precios proyectados y la realidad del mercado se tradujo de forma directa en presiones inflacionarias sobre el transporte, los alimentos y los bienes de consumo masivo.
El FMI recorta sus proyecciones globales y advierte sobre los emergentes
El organismo multilateral más influyente del mundo no tardó en actualizar sus cálculos ante el impacto del conflicto. En su informe trimestral de Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) rebajó su proyección de crecimiento para 2026 del 3,3% que había fijado en enero al 3,1%, mientras revisó al alza su estimación de inflación anual del 3,8% al 4,4%. El FMI señaló además que el impacto sobre los países emergentes podría ser casi el doble del observado en las economías avanzadas, dependiendo de la duración de las hostilidades y la volatilidad de los mercados financieros.
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las pérdidas en las exportaciones de petróleo por el bloqueo del estrecho de Ormuz superaron los 13 millones de barriles por día, mientras que las pérdidas de producción acumuladas durante marzo representaron más de 360 millones de barriles, una cifra que aumentaría a 440 millones de barriles en abril. Este panorama de escasez energética es el telón de fondo ante el cual deben leerse todos los datos de inflación de la región.
Brasil: el IPCA se acelera y los economistas ya superan el techo del banco central
La mayor economía de América del Sur recibió de lleno el impacto del choque energético. El Índice Nacional de Precios al Consumidor Amplio (IPCA) de Brasil marcó un alza mensual de 0,88% en marzo, superior al 0,7% de febrero, impulsado por los precios de los rubros transporte y alimentos y bebidas, que en conjunto explicaron el 76% del índice del mes. El aumento de 4,59% en la gasolina fue el principal factor detrás del desempeño de los precios del transporte, con un impacto de 0,23 puntos porcentuales en la inflación mensual. La inflación interanual de Brasil se ubica en 4,14%.
La situación es aún más preocupante si se mira hacia adelante. Según una encuesta semanal del banco central brasileño a economistas, el aumento de los precios al consumidor alcanzará el 4,71% en diciembre de 2026, superando la estimación anterior del 4,36%. Esta cifra excede el objetivo del 3%, con un margen de tolerancia de más o menos 1,5 puntos porcentuales. La previsión de inflación para finales de 2027 también se elevó al 3,91%. La presión inflacionaria ha llevado a los economistas a elevar su pronóstico de inflación para 2026 en 80 puntos básicos desde que estalló el conflicto en Oriente Medio, incluyendo un aumento de 35 puntos básicos en la última semana. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se apresura a contener el impacto económico antes de las elecciones que se celebrarán a finales de este año.
México y Argentina con presiones sostenidas y respuestas gubernamentales disímiles
México registró en marzo una inflación mensual de 0,86%, casi el doble del 0,5% de febrero, con una inflación interanual que llegó al 4,59%. El combustible también fue protagonista central del dato: la gasolina subió 2,59%, aunque el Gobierno buscó frenar el alza a través de intervenciones directas. Se trata, no obstante, de un caso peculiar en la región: México produce y exporta petróleo, pero importa combustibles. Asegura cada año el precio de su crudo, lo que le proporciona una cobertura financiera invaluable, y utiliza los ingresos extraordinarios para financiar subsidios que evitan que las subidas de la gasolina repercutan en la inflación.
En Argentina, el escenario es marcadamente distinto. La inflación mensual de marzo escaló a 3,4%, con el rubro combustibles y lubricantes para vehículos de uso del hogar subiendo 7%. El dato interanual se sitúa en 32,6%, lo que posiciona al país como la segunda economía más inflacionaria de Latinoamérica y en el top 5 mundial. El barril de crudo Brent acumuló un incremento mensual del 63% en marzo, cerrando el mes en 118,35 dólares por barril. Desde YPF señalaron que la petrolera estatal, que concentra más del 50% del mercado, ha trasladado hasta el momento solo un tercio del aumento del Brent al consumidor final, buscando evitar la especulación y proteger el mercado interno.
Chile y Perú: el golpe del combustible se hizo sentir con fuerza
En Chile, la inflación escaló a 1% mensual en marzo, cuando en febrero había sido del 0%. La división de combustibles para vehículos personales mostró una escalada de 8,7% mensual. Aun así, la inflación interanual cerró en 2,8%, por debajo de la meta del Banco Central.
Perú, por su parte, protagonizó el registro más alarmante de toda la región en el mes. La inflación mensual de Lima Metropolitana, tomada como referencia nacional, fue de 2,38%, la más alta en 32 años, llevando el dato interanual al 3,8%. La magnitud de este número refleja cuán expuestos están los países importadores netos de energía ante un choque de estas características.
Colombia fue la notable excepción entre las grandes economías del continente. El dato mensual se ubicó en 0,78%, por debajo del 1,08% de febrero. No obstante, la inflación interanual sigue escalando y llegó a 5,56%.
Paraguay el más estable de la región, pero con importantes riesgos latentes
En este contexto regional de aceleración generalizada, Paraguay muestra el comportamiento más contenido de toda América del Sur y uno de los más bajos del continente. El dato de inflación interanual a marzo de 2026 se ubica en 1,9%, siendo uno de los menores de toda la región latinoamericana. Esta relativa fortaleza responde a una combinación de factores estructurales: la matriz energética paraguaya es esencialmente hidroeléctrica —gracias a Itaipú y Yacyretá—, lo que reduce significativamente la exposición directa al encarecimiento de los hidrocarburos. Sin embargo, el país no es inmune al fenómeno: los precios de los combustibles importados, los fertilizantes agrícolas y los costos logísticos del comercio exterior ejercen presión de manera indirecta.
Países como Paraguay, Colombia, Ecuador, Chile, Uruguay o Panamá se caracterizan por una exposición exterior considerable, tanto para importar como para exportar, y eso tiene un precio que, además, se paga en dólares y puede salir muy caro. El FMI proyecta para Paraguay un crecimiento de 4,2% en 2026 y de 3,5% en 2027, cifras que dan cuenta de la solidez relativa de la economía paraguaya, aunque no eliminan los riesgos derivados de un conflicto que ya está reconfigurando los flujos de comercio y energía a escala global.
El drama de los presupuestos: la inflación que no estaba en los cálculos
Uno de los ángulos menos visibles pero más reveladores de esta crisis es el impacto sobre la planificación fiscal de los países latinoamericanos. Cuando en 2025 los gobiernos de Colombia, Brasil y México prepararon sus presupuestos para 2026, partieron de supuestos bien distintos: Colombia estimó que el petróleo rondaría los 60 dólares por barril; Brasil, 65 dólares; y México, 70 dólares. La diferencia entre el precio real y el calculado por estos gobiernos el año pasado se traduce directamente en presiones inflacionarias: transporte, fertilizantes, fletes. Esta brecha presupuestaria obliga a los gobiernos a decidir entre absorber el impacto con mayor deuda, recortar gastos o trasladar el costo al consumidor final.
El mapa inflacionario de América Latina al cierre de marzo
Con los datos consolidados al cierre de marzo de 2026, el panorama inflacionario interanual de la región queda ordenado de mayor a menor de la siguiente manera: Venezuela encabeza la tabla con una inflación interanual de 649%, seguida de Argentina con 32,6%, Bolivia con 15,05%, Cuba con 13,42%, Colombia con 5,56%, República Dominicana con 4,63%, México con 4,59%, Brasil con 4,14%, Honduras con 3,94%, Perú con 3,8%, Uruguay con 2,94%, Chile con 2,8%, Guatemala con 2,5%, Ecuador con 2,33%, Paraguay con 1,9%, El Salvador con 1,47%, Panamá con 0,1%, y Costa Rica cerrando con deflación de -2,09%.
Venezuela sigue siendo el país con más inflación del mundo. El país, actualmente gobernado por Delcy Rodríguez, volvió a publicar datos oficiales en marzo de este año, luego de dos años de apagón estadístico.
Perspectivas de incertidumbre y vigilancia
El dato de marzo es apenas el primer registro completo del impacto del conflicto en Medio Oriente sobre las economías latinoamericanas. Las nuevas proyecciones del FMI se basan en el supuesto de que las hostilidades sean de duración y alcance limitados; sin embargo, el organismo ya advierte que la desaceleración del crecimiento y el aumento de la inflación serán más pronunciados en las economías de mercados emergentes y en desarrollo. En ese escenario, la región enfrenta una encrucijada que combina la vulnerabilidad energética con limitaciones estructurales difíciles de resolver en el corto plazo.
Para Paraguay, cuya economía depende fuertemente del agronegocio y del comercio regional, el monitoreo de los precios de los fertilizantes, los fletes y los insumos importados será clave en los próximos meses. La relativa estabilidad que exhibe el país en comparación con sus vecinos no debe leerse como una garantía frente a un conflicto cuyo alcance y duración siguen siendo inciertos.




