Arabia Saudita recurre a sus reservas almacenadas para sostener los envíos, mientras el Brent sube y la oferta mundial enfrenta su mayor estrechez en más de tres décadas

Arabia Saudita suspendió de manera preventiva la operación de su oleoducto Este-Oeste el viernes 12 de septiembre, después de que la infraestructura sufriera ataques con drones el jueves anterior en las regiones de Riad y Medina. El Ministerio de Energía saudí confirmó el cierre, aunque no precisó ni el alcance total de los daños ni una fecha estimada para la reanudación del bombeo. Las autoridades de Arabia Saudita e Irak coincidieron en que el ataque se originó en territorio iraquí.

La interrupción golpea a una de las piezas más sensibles de la logística energética del Golfo: un ducto de aproximadamente 1.200 kilómetros que conecta los yacimientos del este saudí con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, y que permite exportar crudo sin depender del estrecho de Ormuz. Según Aramco, la infraestructura había llegado a operar en mayo a su capacidad máxima de siete millones de barriles diarios, un nivel que se había vuelto crucial mientras el tránsito marítimo por Ormuz permanecía alterado por la actividad militar en la región. Cabe aclarar que esa capacidad de bombeo no equivale directamente al volumen exportado, dado que el oleoducto también abastece a las refinerías de la costa occidental del país.

Reservas limitadas para amortiguar el golpe

Ante la falta de flujo, Arabia Saudita recurre a los inventarios almacenados para sostener sus compromisos de exportación. De acuerdo con fuentes del sector citadas por Reuters, las reservas disponibles en Yanbu —estimadas en unos 35 millones de barriles— alcanzarían para cubrir entre cinco y siete días de envíos sin nuevos aportes del oleoducto. El país cuenta además con inventarios adicionales en los puertos egipcios de Ain Sukhna, en el mar Rojo, y Sidi Kerir, en el Mediterráneo, con capacidades de almacenamiento estimadas en 18 y 20 millones de barriles respectivamente, aunque las fuentes consultadas advirtieron que ninguna de estas instalaciones se encuentra completamente llena.

Las estimaciones sobre el tiempo de reparación varían según la fuente: mientras algunos operadores señalan que los trabajos podrían extenderse entre cinco y seis semanas, otros no descartan una reanudación parcial más temprana. Ni el gobierno saudí ni el Ministerio de Energía respondieron de inmediato a los pedidos de comentarios sobre estos plazos. De confirmarse un cierre prolongado, el riesgo alcanzaría a cerca de cuatro millones de barriles diarios, una cifra equivalente a aproximadamente el 4% del suministro mundial de crudo.

Rutas alternativas más largas y costosas

La suspensión reconfigura, al menos temporalmente, la logística de exportación saudí. Desde Yanbu, los petroleros con destino a Europa pueden continuar hacia el norte por el mar Rojo, rumbo al canal de Suez y el Mediterráneo, o utilizar el oleoducto SUMED de Egipto como vía alternativa entre ambas costas. El problema se agrava en la ruta hacia Asia, que normalmente cruza el estrecho de Bab el Mandeb: los hutíes de Yemen tomaron el viernes la isla de Perim, ubicada en ese paso, y controlan también buena parte de la costa yemení del mar Rojo, lo que en la práctica les otorga influencia sobre ese corredor marítimo. La alternativa —rodear el continente africano tras cruzar Suez— implicaría trayectos considerablemente más largos y, por lo tanto, mayores costos de flete y tiempos de entrega.

Un mercado que ya operaba con margen reducido

El cierre del oleoducto se suma a una tendencia de deterioro que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) viene documentando desde hace meses. Según el organismo, el suministro petrolero saudí cayó en agosto a su nivel más bajo en más de tres décadas, hasta 6,2 millones de barriles diarios, frente a los 10,9 millones que el país producía en febrero, antes del recrudecimiento del conflicto regional. La propia Arabia Saudita reportó esa caída a la OPEP la semana pasada.

A nivel regional, el retroceso es igual de marcado: Oriente Medio exportaba unos 22 millones de barriles diarios antes de la guerra, mientras que los flujos actuales a través de Ormuz se ubican entre 6 y 9 millones de barriles diarios, y las exportaciones totales del Golfo rondaron los 13 millones de barriles diarios en agosto, según la AIE, casi la mitad de su nivel previo al conflicto. El organismo también reportó que las reservas mundiales de crudo almacenado se redujeron en 507 millones de barriles desde febrero, de los cuales 95 millones correspondieron solo a agosto, y proyecta que la oferta global de petróleo caerá este año en 5,7 millones de barriles diarios, cerca de un 6% del total.

Impacto inmediato en los precios

La combinación de factores —ataques renovados en Ormuz, el cierre del ducto saudí y el riesgo latente en el mar Rojo— se trasladó de inmediato a los mercados financieros. Los futuros del crudo Brent avanzaron alrededor de un 3% en las primeras operaciones del lunes, mientras que los contratos de crudo WTI con vencimiento en octubre cotizaban con una suba superior al 4%, en una jornada marcada además por un repunte en la volatilidad bursátil general. La AIE también reportó un fuerte incremento en los precios del gasóleo en Europa y Asia, a medida que las interrupciones logísticas reducen la disponibilidad de combustible refinado en ambas regiones.

Un cuadro de riesgos que se acumulan

Con Ormuz operando muy por debajo de su capacidad histórica, el oleoducto Este-Oeste fuera de servicio y el estrecho de Bab el Mandeb bajo amenaza, las tres principales rutas de salida del crudo saudí enfrentan simultáneamente algún grado de restricción. El desenlace de la crisis dependerá en gran medida de dos variables que hasta el momento permanecen abiertas: la velocidad con que Arabia Saudita logre reparar y reactivar el oleoducto, y la evolución de la situación de seguridad en el mar Rojo. Mientras tanto, el mercado global de energía sigue de cerca cada actualización, consciente de que los márgenes de maniobra —tanto en infraestructura como en inventarios— se han reducido de forma notoria en los últimos meses.