La economía chilena recibió este martes una noticia que reconfigura las expectativas para lo que resta del año: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 0,6% en agosto respecto a julio, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La cifra duplicó ampliamente el 0,3% que proyectaban tanto los analistas consultados por Bloomberg como la última Encuesta de Expectativas Económicas del Banco Central. Con este resultado, la variación interanual del IPC escaló al 4,1%, seis décimas por encima del registro de julio y muy por sobre la meta del 3% que persigue el instituto emisor.
El golpe inflacionario no se concentró en un solo frente. Transporte y alimentos y bebidas no alcohólicas lideraron las alzas mensuales, cada uno con un incremento de 1,6%, aunque otras siete de las divisiones que componen la canasta del IPC también registraron variaciones positivas. Dentro del detalle publicado por el INE, la energía se encareció 0,4%, la ropa y el calzado subieron 0,8% y el rubro de ocio, cultura y deporte avanzó 0,6%. En contraste, los seguros y servicios financieros y las telecomunicaciones cayeron 0,3% cada uno, mientras que el menaje y mantenimiento del hogar retrocedió 0,1%, sin lograr compensar el resto de las alzas.
El Gobierno atribuye el repunte a factores externos y al clima
El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, explicó que el salto de precios de agosto responde principalmente al alza de los combustibles, originada por la guerra en Oriente Próximo, y a los frentes de mal tiempo que golpearon a distintas regiones del país durante el mes. Según el ministro, se trata de factores que escapan al control directo de la política económica del Gobierno de José Antonio Kast, aunque reconoció que su efecto se siente de forma cotidiana en los hogares.
Mas destacó que, al excluir del cálculo los componentes más volátiles —alimentos y energía—, la inflación subyacente mostró un comportamiento más contenido, lo que a su juicio entrega una señal algo más favorable sobre la dinámica de precios de fondo. El ministro advirtió, no obstante, que será necesario monitorear si estas alzas puntuales comienzan a traspasarse hacia otros precios de la economía. La presión sobre los combustibles no da tregua: el lunes, la autoridad confirmó un nuevo incremento en el precio de la gasolina y el diésel para esta semana, aunque no precisó los montos.
El Banco Central enfrenta un escenario más complejo para decidir la tasa
El dato del IPC se conoció apenas horas antes de la reunión del Consejo del Banco Central, presidido por Rosanna Costa, en la que se resolverá si habrá cambios en la Tasa de Política Monetaria (TPM), fijada en 4,5% desde diciembre. La sorpresa inflacionaria reduce a prácticamente cero cualquier expectativa de un recorte en el corto plazo, un escenario que, de todos modos, ya no era el recomendado por los expertos.
El lunes, el Grupo de Política Monetaria (GPM), instancia técnica independiente, había recomendado al instituto emisor mantener la TPM en 4,5% por sexta reunión consecutiva. Juan Pablo Medina, integrante del GPM, resumió el dilema que enfrenta la autoridad monetaria al señalar que el escenario continúa presentando riesgos en direcciones contrapuestas. A la presión de los combustibles se suma un factor externo: una Reserva Federal con una postura más restrictiva podría debilitar aún más el peso chileno, encareciendo las importaciones y añadiendo nueva presión sobre los precios internos.
Una economía que combina alta inflación con bajo crecimiento y más desempleo
El repunte de precios ocurre en un contexto de debilidad económica generalizada. La actividad ha registrado retrocesos interanuales durante los dos primeros trimestres de 2026, y el propio Banco Central proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB) se ubicará este año en un rango de entre 1% y 1,75%, una cifra modesta para los estándares históricos del país.
En una entrevista con Radio ADN, el presidente Kast atribuyó el bajo dinamismo económico a la débil inversión registrada durante los últimos tres años, en el Gobierno de Gabriel Boric (2022-2026), y cuestionó además el manejo fiscal de su antecesor, en particular el uso de los recursos de los fondos de estabilización social y de los ingresos provenientes del litio. A este panorama se suma una tasa de desempleo de 9,5%, la más alta en cinco años, un problema que el propio mandatario reconoció como una tarea pendiente de su Gobierno.
El pesimismo económico se instala entre los chilenos
La combinación de mayor inflación, bajo crecimiento y desempleo elevado ha erosionado la confianza ciudadana. Según una encuesta de la firma Cadem, un 63% de los consultados considera que la economía del país va por mal camino, el nivel más alto registrado en los primeros seis meses de la administración de Kast en La Moneda. La cifra contrasta con las promesas de campaña del mandatario, quien ofreció liderar un Gobierno de emergencia económica, realizar un ajuste fiscal sin afectar los beneficios sociales, controlar la inmigración irregular —con el compromiso de expulsar a más de 330.000 personas indocumentadas— y reducir la criminalidad.
El frente externo tampoco ayuda: la desaceleración de China preocupa a Chile
El escenario adverso no se limita al plano interno. China, el principal socio comercial de Chile, muestra señales de una desaceleración gradual, explicada sobre todo por la debilidad del consumo interno y por una crisis inmobiliaria que se prolonga en el tiempo. Para una economía tan dependiente de las exportaciones de cobre y de la demanda china como la chilena, este enfriamiento añade un elemento adicional de incertidumbre justo cuando el Banco Central intenta equilibrar el control de la inflación con el impulso a una actividad económica que ya muestra signos evidentes de agotamiento.




