Amazon anunció el pasado 14 de abril un acuerdo para adquirir Globalstar, el operador satelital con sede en Luisiana, en una operación valorada en aproximadamente 11.570 millones de dólares. La transacción, que se sitúa entre las más grandes de la historia de la compañía fundada por Jeff Bezos —por debajo de la compra de Whole Foods por 13.700 millones en 2017, pero por encima de la adquisición de MGM por 8.450 millones en 2021—, no es simplemente una compra de activos. Es una declaración de intenciones en la carrera por dominar las comunicaciones satelitales globales, un mercado que actualmente lidera con amplísima ventaja Starlink, la división de SpaceX propiedad de Elon Musk.
Los términos del acuerdo establecen que los accionistas de Globalstar podrán optar por recibir 90 dólares en efectivo por cada acción o bien 0,3210 acciones ordinarias de Amazon, también con un valor limitado a 90 dólares por título. Eso representa una prima superior al 31% respecto al precio de cierre de Globalstar del 1 de abril —el día previo a que trascendieran las primeras informaciones sobre las negociaciones— y una prima cercana al 117% frente al precio que registraba la acción a finales de octubre pasado, antes de que surgieran los primeros rumores de una posible venta. Los mercados reaccionaron con rapidez: las acciones de Globalstar se dispararon más de un 9% en los primeros minutos de cotización, mientras que los títulos de Amazon avanzaron alrededor de un 2,5%. En sentido contrario, AST SpaceMobile, uno de los principales competidores en el segmento de conectividad directa a dispositivos, retrocedió hasta un 10%, evidenciando el impacto que la operación proyecta sobre la competencia.
Qué implica la compra de Amazon con exactitud
Más allá de la cifra, lo que Amazon adquiere con Globalstar es una combinación estratégica difícil de replicar. En primer lugar, la empresa incorpora a su red de Amazon Leo los 24 satélites operativos de Globalstar —diseñados específicamente para conexiones de bajo consumo de datos directamente a dispositivos móviles, una tecnología conocida como D2D (direct-to-device)—, lo que eleva a más de 220 el número total de satélites en órbita baja del gigante del comercio electrónico. Aunque esa cifra sigue estando lejos de los aproximadamente 10.000 satélites que Starlink tiene desplegados en la actualidad, el valor añadido de la adquisición no radica únicamente en el volumen.
El activo más valioso de la operación podría ser el acceso inmediato a derechos de radioespectro. En el mercado de las comunicaciones satelitales, el espectro es un recurso escaso, regulado y costoso de obtener. Globalstar posee licencias que Amazon no tenía, y esa posición le permite avanzar de forma sustancial en sus planes de lanzar servicios D2D a partir de 2028, según confirmaron las propias compañías en el anuncio. Esta tecnología elimina la dependencia de las torres celulares terrestres, lo que la convierte en una herramienta crítica tanto para servicios de emergencia como para proporcionar conectividad en zonas rurales o con cobertura limitada.
Apple sigue a bordo: el valor de un cliente ya consolidado
Uno de los elementos más llamativos del acuerdo es la continuidad de la relación con Apple. Globalstar ha sido hasta ahora el proveedor que sustenta las funciones satelitales del iPhone 14 y modelos posteriores, así como del Apple Watch Ultra 3, incluyendo servicios como Emergency SOS vía satélite, Buscar mi iPhone y la solicitud de asistencia en carretera. Amazon firmó un acuerdo paralelo con Apple —que invirtió alrededor de 1.500 millones de dólares en Globalstar en 2024— para garantizar la continuidad de esas funciones de seguridad bajo la infraestructura de Amazon Leo, y para explorar la colaboración en futuras capacidades satelitales.
Tener a Apple como cliente es un golpe de autoridad para Leo, una red que hasta ahora había avanzado con más lentitud de lo esperado en la firma de alianzas comerciales relevantes. La empresa de la manzana ya había comprometido recursos en la expansión de la constelación de Globalstar hasta 54 satélites —incluyendo un número reducido de unidades de reserva—, frente a los poco más de 20 que actualmente se encuentran en órbita terrestre baja. Esa expansión pactada no desaparece con la adquisición; al contrario, Amazon hereda ese compromiso y la relación que lo sustenta.
Amazon Leo contra Starlink: una brecha enorme que se empieza a cerrar
La magnitud del desafío que enfrenta Amazon resulta evidente al comparar números. Starlink supera los 10 millones de clientes activos en todo el mundo, opera una constelación de cerca de 10.000 satélites y se prevé que genere ingresos por encima de 9.000 millones de dólares solo en 2026. Aporta, según distintas estimaciones, entre el 50% y el 80% de los ingresos totales de SpaceX, lo que sitúa a la unidad de Musk en una posición de extraordinaria fortaleza tanto operativa como financiera.
Frente a ese escenario, Amazon Leo tiene actualmente poco más de 200 satélites realizando pruebas comerciales limitadas. La empresa tiene el objetivo de operar más de 7.700 satélites a largo plazo, y trabaja para desplegar unos 3.200 en órbita baja terrestre antes de 2029. Sin embargo, la presión regulatoria es inmediata: la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) exige que aproximadamente la mitad de esa cifra esté operativa antes del límite de julio de 2026, un plazo que Amazon ya ha solicitado ampliar o eximir. El presidente de la FCC, Brendan Carr, se mostró abierto al acuerdo con Globalstar, señalando que la operación podría introducir un nuevo competidor en un mercado emergente.
Armand Musey, presidente y fundador de Summit Ridge Group, fue directo en su evaluación: Amazon acumulaba un retraso considerable respecto a Starlink en banda ancha satelital, y la adquisición de Globalstar le permite ponerse al día en su posición de espectro D2D y avanzar de manera significativa en su hoja de ruta de implementación. Por su parte, Austin Moeller, director de análisis de renta variable de Canaccord Genuity, apuntó a una tendencia más amplia: la industria está en un proceso de consolidación continua para hacer frente a la escala de SpaceX y a su capacidad de lanzamiento prácticamente ilimitada, y todo indica que esa dinámica continuará.
Aerolíneas y nuevos acuerdos comerciales
Más allá de la adquisición, Amazon ha venido construyendo su posición en el mercado con contratos en sectores clave. El negocio satelital de la empresa firmó recientemente un acuerdo con Delta Air Lines para proveer conectividad Wi-Fi a bordo a través de Leo, con inicio previsto para 2028. Previamente ya había cerrado un acuerdo similar con JetBlue para 2027. Sin embargo, Starlink mantiene una ventaja considerable en este segmento, con socios que incluyen a United Airlines, Southwest, British Airways, Air France y Emirates, entre otros.
Amazon también presentó recientemente su antena de aviación, y se prepara para lanzar sus servicios comerciales de internet satelital antes de que termine 2026. La entrada en el mercado D2D en 2028, que ahora se apoya en la infraestructura de Globalstar, podría convertirse en la propuesta diferencial de Leo respecto a otras redes de banda ancha satelital. En ese segmento, los dos grandes jugadores hasta la fecha habían sido SpaceX —aliado con T-Mobile para ofrecer conectividad en zonas sin cobertura celular terrestre— y AST SpaceMobile, asociado con AT&T y Verizon, aunque ambas empresas todavía se encuentran en fases incipientes de despliegue.
Pendientes regulatorios y plazos condicionados
El acuerdo, tal como está estructurado, no se dará por concluido hasta 2027, año en que se estima el cierre formal de la transacción, siempre que se cumplan dos condiciones fundamentales: la aprobación regulatoria de la FCC y otros organismos pertinentes, y el cumplimiento de ciertos compromisos técnicos ligados al programa satelital de Globalstar. Esta dependencia de hitos concretos de implementación introduce un elemento de incertidumbre que los analistas seguirán de cerca.
El acuerdo representa, en cualquier caso, el movimiento más ambicioso de Amazon para consolidar su presencia en la economía espacial y en el lucrativo mercado de la conectividad satelital global. Los miles de millones invertidos no garantizan que Amazon alcance a Starlink en el corto plazo —esa brecha es demasiado amplia para cerrarse con una sola adquisición—, pero sí señalan que la carrera por conectar el planeta desde el espacio tiene, por fin, un segundo contendiente con recursos, tecnología y socios de la talla de Apple para disputarle el liderazgo a Elon Musk.




