Por primera vez en la historia reciente de la industria textil mundial, la inestabilidad geopolítica ha superado a la débil demanda como la preocupación dominante del sector. Así lo revela la 37.ª Encuesta Global de la Industria Textil (GTIS) de la Federación Internacional de Fabricantes Textiles (ITMF), correspondiente a marzo de 2026, que registró la geopolítica como principal preocupación con un 50% de menciones, frente a un 49% de la demanda. El dato no es menor: refleja un cambio estructural en la percepción del riesgo empresarial en una industria que mueve billones de dólares al año y emplea a cientos de millones de trabajadores en todo el mundo.
El detonante es el conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha alterado de manera significativa los flujos de energía globales y ha generado interrupciones logísticas de gran calado, particularmente a través del bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz. Este pasaje marítimo, por donde transita una fracción considerable del petróleo mundial y de la carga comercial intercontinental, se ha convertido en el epicentro de una crisis que va mucho más allá del campo de batalla.
El clima de negocios se deteriora: saldo negativo de 25 puntos porcentuales
El termómetro del sector no deja lugar a dudas. El indicador del clima de negocios global cayó a un saldo negativo del 25%, lo que significa que el pesimismo supera con amplitud al optimismo entre los actores del sector. África fue la única región que logró mantener un indicador en terreno positivo, mientras que América del Norte y Central registraron el descenso más pronunciado. Esta geografía del deterioro no es casual: refleja la exposición diferencial de cada región a los mercados energéticos afectados y a las cadenas de suministro dependientes de Asia.
Entre los distintos segmentos de la cadena de valor, los productores de prendas de vestir obtuvieron los resultados relativamente menos negativos, mientras que los fabricantes de maquinaria textil continuaron hundiéndose en terreno profundamente negativo, lo que anticipa una posible contracción de la inversión en capacidad productiva en los próximos trimestres.
Las expectativas se desploman al nivel más bajo desde noviembre de 2022
Lo que más inquieta a los analistas es la velocidad del deterioro en las perspectivas a corto plazo. El indicador de expectativas para los próximos seis meses se desplomó desde más del 23% hasta apenas el 5%, marcando su nivel más bajo desde noviembre de 2022. Este registro revive en el sector los temores de estanflación que se vivieron en el período posterior a la invasión rusa a Ucrania, cuando la combinación de inflación de costos y contracción de la demanda sometió a la industria a una presión simultánea desde ambos frentes.
En contraste con el panorama general, Sudamérica lidera el optimismo regional, en marcado contraste con el profundo pesimismo que caracteriza al Sudeste Asiático, región que concentra gran parte de la producción textil mundial y que siente de manera más directa el impacto de las disrupciones en el suministro de materias primas petroquímicas.
La huella del petróleo: insumos petroquímicos representan entre el 50% y el 65% del costo de producción
La dependencia estructural del sector textil respecto al petróleo y sus derivados constituye el núcleo del problema. Los insumos petroquímicos —principalmente fibras sintéticas como el poliéster, el nailon y el acrílico— representan entre el 50% y el 65% del costo de producción de prendas y textiles. Dado que el poliéster es la fibra de mayor consumo mundial, cualquier perturbación en los precios del crudo se transmite con rapidez y amplitud a lo largo de toda la cadena de valor.
El impacto ya es cuantificable. En China, cerca del 15% de la capacidad de producción de ácido tereftálico purificado (PTA), un insumo clave para fabricar poliéster, ha sido afectada, lo que ha provocado que los precios de este material se disparen un 30% desde el inicio del conflicto. En el centro textil sintético de Surat, India, el aumento de los precios del plástico combinado con la debilidad de la demanda ha generado un doble golpe que ha llevado a los productores a reducir a la mitad su producción. La volatilidad reciente de las materias primas añade además un impacto estimado del 17% sobre los costos de venta, según el estudio de la ITMF.
Si se considera el conjunto de las presiones —materias primas, energía y logística—, los expertos advierten que los costos de fabricación textil podrían elevarse entre un 10% y un 15% a nivel mundial en un escenario de escalada sostenida del conflicto.
El estrecho de Ormuz: la logística global bajo amenaza
Más allá del encarecimiento de los insumos, el bloqueo del estrecho de Ormuz ha introducido una variable de riesgo logístico de primera magnitud. Este angosto paso marítimo es una arteria vital para el transporte mundial de petróleo y carga comercial. Su interrupción obliga a las navieras a recurrir a rutas alternativas más largas, lo que eleva las tarifas de flete, dispara las primas de los seguros marítimos y genera retrasos que se propagan por toda la cadena de suministro.
Para los fabricantes textiles, que operan habitualmente con plazos de producción muy ajustados y stocks reducidos, estos retrasos no son simplemente un inconveniente logístico: se traducen en pérdidas de contratos, penalizaciones y costos financieros adicionales. Los exportadores de materias primas textiles y los importadores de productos terminados en Asia, Europa y América se ven igualmente afectados por este encarecimiento del transporte internacional.
Aranceles en retirada, geopolítica en alza: un cambio en la jerarquía del riesgo
Uno de los datos más reveladores de la encuesta es el desplazamiento de los aranceles como fuente de preocupación empresarial. Si en encuestas anteriores los aranceles comerciales —en particular los derivados de las tensiones entre Estados Unidos y China— ocupaban un lugar destacado, en la medición de marzo de 2026 su peso se redujo de forma drástica, cayendo del 31% al 13%. Este giro pone de manifiesto que, ante la magnitud del choque energético y geopolítico actual, los riesgos arancelarios pasan a un segundo plano en la mente de los directivos del sector.
No por ello deja de ser significativo: la industria textil global lleva años navegando entre tensiones comerciales, disrupciones post-pandémicas y ajustes de demanda. Lo que el conflicto en Oriente Medio ha conseguido es añadir una presión de oferta energética que amplifica todos los demás factores de riesgo simultáneamente.
Estrategias de adaptación: sin grandes apuestas de capital, con ajustes tácticos
Ante este escenario de incertidumbre múltiple, las empresas del sector están recalibrando sus estrategias, pero con cautela. Los datos de la encuesta indican que las compañías están descartando las estrategias más agresivas e intensivas en capital, como la relocalización de fábricas, y optando en cambio por respuestas más ágiles y de menor inversión. Entre las medidas más extendidas se encuentran la diversificación de mercados de destino, la reducción de la dependencia del mercado estadounidense y la absorción interna de una parte de los incrementos de costos para no trasladarlos íntegramente al cliente.
A más largo plazo, la presión sobre los insumos petroquímicos podría actuar como catalizador para acelerar la adopción de fibras alternativas, materiales reciclados y fuentes de energía renovables en la producción textil. Asimismo, el nearshoring —la aproximación de la producción a los mercados de consumo— podría ganar atractivo si las perturbaciones logísticas se prolongan. Sin embargo, estas transiciones requieren tiempo e inversión, dos recursos que escasean en un entorno de incertidumbre como el actual.
Una industria global ante un riesgo sistémico
Lo que revela la 37.ª edición de la GTIS es algo más que un ajuste cíclico: es la evidencia de que la industria textil, por su profunda integración en las cadenas globales de suministro energético y logístico, es particularmente vulnerable a los shocks geopolíticos en Oriente Medio. Desde la producción de fibras en Asia hasta la venta al por menor en Europa o América, todos los eslabones de la cadena enfrentan un entorno más costoso, menos predecible y con márgenes más estrechos.
Los indicadores más optimistas —como el de Sudamérica o el de los fabricantes de prendas— no deben oscurecer la lectura de fondo: la confianza global del sector ha alcanzado su nivel más bajo en más de tres años, y las expectativas apuntan a que la recuperación, si llega, no será ni rápida ni uniforme. La guerra en Irán ha redefinido, al menos temporalmente, las reglas del juego en una industria acostumbrada a operar al límite de sus márgenes.



