Itaú Unibanco, el mayor banco de América Latina por activos, anunció la compra de NeoSpace, una empresa brasileña de inteligencia artificial. La operación se valoró en 2.925 millones de reales, entre US$580 y US$590 millones según el cambio utilizado por cada medio.
La cifra la sitúa entre las transacciones de IA más relevantes del ecosistema tecnológico brasileño. El banco informó de la compra mediante un comunicado dirigido a la Bolsa de São Paulo. La operación aún requiere la aprobación de los reguladores y el cumplimiento de las condiciones habituales de cierre.
Un pago en efectivo repartido en cinco años
La compra se pagará íntegramente en efectivo, pero no en un solo desembolso. Una parte se abonará al cierre y el resto se liquidará de forma escalonada durante cinco años.
Este esquema es habitual cuando buena parte del valor de la empresa adquirida está en su gente. Un calendario largo de pagos incentiva al equipo fundador y a los desarrolladores clave a quedarse durante la integración. También reduce el riesgo de perder talento una vez cerrado el trato. Con la operación, Itaú adquiere la totalidad de las acciones de la compañía.
Una relación que ya existía
NeoSpace no es una desconocida para Itaú. Llevaba cerca de dos años prestando servicios al banco, que además había liderado en 2025 una ronda de inversión de US$18 millones en la empresa, fundada en 2023.
Según el comunicado del banco, la startup ya aportaba soluciones “transformadoras” en tres áreas: crédito, gestión de la relación con los clientes y prevención del fraude. Esa experiencia previa tiene valor económico. Sus modelos ya fueron ajustados al entorno regulatorio, a los productos y al enorme volumen de datos de la entidad. Eso acorta los plazos de implementación y reduce el riesgo, que suele ser el punto débil de las integraciones tecnológicas.
Qué desarrolla NeoSpace y qué busca el banco
NeoSpace crea modelos de inteligencia artificial capaces de identificar patrones y relaciones complejas en grandes volúmenes de datos. Su foco son las aplicaciones empresariales, con modelos entrenados con información propia del sector financiero.
Itaú considera que esa tecnología es un camino para personalizar la atención. Quiere combinarla con su experiencia en servicios financieros para desarrollar sus propios modelos. El banco indicó que seguirá trabajando en su asistente de inteligencia artificial, con el que pretende ofrecer soluciones a medida en áreas como la gestión financiera y crediticia de los clientes.
De cliente tecnológico a dueño de la tecnología
El movimiento cambia la posición del banco. Hasta ahora Itaú era usuario de inteligencia artificial desarrollada por terceros. Con la compra pasa a controlar la infraestructura y el equipo que la sostienen.
Depender de proveedores externos implica pagar licencias, compartir información sensible y tener poca capacidad de diferenciación, porque cualquier competidor puede contratar las mismas herramientas. Tener modelos propios permite construir una ventaja más difícil de copiar. Es una tendencia creciente entre los grandes bancos de la región, que buscan desarrollar capacidades de IA internas.
Autonomía para la startup y un fundador conocido
NeoSpace conservará una gestión y una estructura autónomas, y su fundador, Bruno Pierobon, seguirá como director ejecutivo. La fórmula busca proteger la agilidad de una compañía joven, un riesgo habitual cuando una gran entidad absorbe a una empresa tecnológica pequeña.
Pierobon tampoco es nuevo para el banco. Fundó Zup, la startup cuya compra Itaú acordó en 2019, dedicada a integrar sistemas nuevos con estructuras tecnológicas heredadas. Es la segunda vez que el banco cierra un acuerdo con el mismo emprendedor.
La presión de las fintech y la banca digital
La operación se produce en un sector financiero brasileño que compite con una industria fintech muy desarrollada, mientras los clientes visitan cada vez menos las sucursales. En 2024 Itaú ya había unificado varias de sus aplicaciones móviles en una sola.
La IA propia persigue dos objetivos. El primero es ampliar los datos disponibles para evaluar el riesgo de cada cliente. El segundo es fidelizar a quienes hoy usan un solo producto y profundizar su relación con el banco. Los bancos tradicionales y las fintech de otros mercados aplican estrategias similares a medida que la competencia se intensifica.
Un banco con músculo financiero para apostar
Itaú afronta la inversión desde una posición de fortaleza. En el primer semestre del año obtuvo un beneficio neto de 24.689 millones de reales, cerca de US$5.000 millones, un 9,1 % más que en el mismo período de 2025. Ese resultado le da margen para destinar recursos a tecnología sin comprometer su solidez.
Lo que determinará el éxito
El desembolso es considerable para una empresa fundada hace pocos años. Su retorno dependerá de que los modelos se traduzcan en mejor evaluación del riesgo, menos fraude, clientes más leales y mayor eficiencia. Quedan pendientes la aprobación regulatoria y la prueba de la integración: que el talento permanezca y que la autonomía prometida se mantenga.
Si todo se concreta como se anunció, Itaú habrá dado uno de los pasos más ambiciosos de la banca latinoamericana para convertir la inteligencia artificial en un activo propio.




