El mercado laboral paraguayo muestra una mejora en sus indicadores centrales durante el segundo trimestre de 2026, aunque los datos oficiales y un informe regional de la OIT revelan que buena parte del empleo generado sigue siendo precario o insuficiente
La Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística (INE), difundida este viernes, confirma una mejora sostenida en los principales indicadores del mercado de trabajo paraguayo durante el segundo trimestre de 2026. La población ocupada llegó a cerca de 3,08 millones de personas, unas 114.563 más que en igual período del año pasado, mientras que la tasa de desempleo bajó de 5,2% a 4,1%, lo que equivale a aproximadamente 32.000 desocupados menos. Sin embargo, el propio boletín del organismo estadístico y un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierten que la calidad de esos empleos sigue siendo un punto débil de la economía paraguaya.
Más empleo, pero también más subocupación
Uno de los datos que más llama la atención del boletín trimestral es el incremento de la subocupación por insuficiencia de tiempo de trabajo, un indicador que mide a quienes ya cuentan con un empleo pero laboran menos de 30 horas semanales, desean trabajar más y están disponibles para hacerlo. Este grupo pasó de unas 148.000 a 169.000 personas en apenas un año, un aumento que deja en evidencia que una porción relevante de los nuevos puestos de trabajo no alcanza a cubrir plenamente las necesidades de ingresos de quienes los ocupan.
El impulso del empleo estuvo liderado por el trabajo independiente, cuya cantidad de ocupados creció en alrededor de 96.000 personas frente al segundo trimestre de 2025. También se registró una suba entre los asalariados del sector privado, mientras que los trabajadores familiares no remunerados fueron el único grupo que retrocedió en el período analizado.
Comercio, servicios y construcción lideran la generación de puestos
Al observar la evolución por rama de actividad, los mayores incrementos de ocupación se dieron en comercio, restaurantes y hoteles, en servicios comunales, sociales y personales, y en construcción. En el sentido contrario, el sector de agricultura, ganadería, caza y pesca fue el único que mostró una caída en su cantidad de ocupados respecto al mismo trimestre del año anterior, una señal de la reconfiguración que atraviesa el empleo rural frente al urbano y de servicios.
La fuerza de trabajo también se amplió
El informe del INE precisa además que la fuerza de trabajo, compuesta por personas de 15 años y más, alcanzó 72,7% a nivel nacional en el segundo trimestre de 2026, equivalente a 3.406.553 personas. La cifra representa un alza de 1,0 punto porcentual frente al 71,7% registrado un año atrás, lo que en términos absolutos se traduce en unas 86.346 personas más dentro del mercado laboral, de las cuales 68.482 son mujeres. En cuanto a los desocupados, el total se ubicó en alrededor de 139.361 personas, con una distribución relativamente pareja entre 68.864 hombres (49,4%) y 70.497 mujeres (50,6%).
Una mejora con matices
Para el INE, si bien los resultados generales reflejan un avance en los indicadores centrales del empleo, el crecimiento paralelo de la subocupación pone de manifiesto que persiste la necesidad de mejorar la calidad de los puestos de trabajo disponibles. El hecho de que más personas busquen ampliar su jornada laboral sugiere que, pese a la caída del desempleo, una parte de la población ocupada todavía no logra acceder a ingresos o niveles de ocupación suficientes para cubrir sus necesidades.
La informalidad, el otro gran desafío: Paraguay entre los países con mayor incidencia de la región
A la par de estos resultados, un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la evolución de la informalidad laboral en América Latina y el Caribe durante 2025 ubicó a Paraguay entre las economías con mayor incidencia del fenómeno. El país registró una tasa de informalidad de 64,3%, la quinta más alta entre las 15 economías incluidas en el relevamiento regional, lo que significa que aproximadamente seis de cada diez ocupados paraguayos trabajan sin acceso pleno a aportes jubilatorios, seguro de salud, vacaciones remuneradas, indemnizaciones u otras garantías previstas por la legislación laboral.
Cómo se ubica Paraguay frente a sus vecinos
Según el relevamiento de la OIT, Paraguay se encuentra por encima de El Salvador (63,3%), aunque por debajo de Guatemala (66,2%), Perú (69,8%), Ecuador (70,1%) y Bolivia, que encabezó la región con 82,2%, el único país donde más de ocho de cada diez trabajadores se desempeñan en la informalidad. En el otro extremo, Uruguay presentó la tasa más baja de la región con 22,4%, seguido por Chile (25,1%), Costa Rica (35,5%) y Brasil (35,6%). La comparación resulta elocuente: la informalidad paraguaya casi triplica a la uruguaya y supera en cerca de 29 puntos porcentuales a la de Brasil.
En un rango intermedio se ubicaron Argentina (42,9%), México (52,4%), República Dominicana (53,6%), Panamá (53,9%) y Colombia (54,3%), países que si bien enfrentan todavía dificultades para expandir el empleo formal, muestran indicadores más favorables que las economías donde la informalidad supera el 60%.
Avances desiguales entre 2024 y 2025
El organismo internacional destacó que la mayoría de los países de la región logró reducir su nivel de informalidad entre 2024 y 2025, aunque con ritmos dispares. Guatemala registró la mayor caída, de casi 1,8 puntos porcentuales, seguida por República Dominicana con 1,5 puntos y Perú con una reducción cercana a un punto. En sentido contrario, Ecuador y Bolivia mostraron incrementos en sus tasas de informalidad, lo que confirma que la expansión del empleo o la baja del desempleo no siempre implican una mejora en la calidad laboral: los nuevos puestos pueden concentrarse en ocupaciones independientes de baja productividad, micronegocios sin registro, actividades rurales o trabajos asalariados que no cumplen con la normativa vigente.
Un problema estructural para la economía paraguaya
La OIT sostiene que la persistencia de una informalidad superior al 60% en Paraguay responde a un problema estructural vinculado a la configuración productiva del país. Una parte considerable del empleo se concentra en micro y pequeñas empresas, el trabajo por cuenta propia, la agricultura familiar, el comercio minorista, la construcción y los servicios personales, sectores que suelen presentar menor productividad, ingresos inestables y mayores obstáculos para asumir los costos administrativos y financieros que implica formalizarse.
El camino hacia la formalización
Frente a este panorama, el organismo plantea que reducir la informalidad no puede depender únicamente de mayores controles o sanciones, sino que requiere combinar el cumplimiento de las normas laborales con políticas de desarrollo productivo, capacitación, asistencia técnica, acceso al financiamiento y una mayor cobertura de protección social. En el caso específico de Paraguay, el desafío pasa por facilitar la transición hacia la formalidad sin excluir a las unidades económicas más pequeñas, mediante sistemas simplificados de registro, mecanismos de aportes adaptados a los trabajadores independientes e incentivos que permitan a las pequeñas empresas ganar productividad. Sin una mejora sostenida de los ingresos y de la capacidad productiva del sector informal, advierte la OIT, la formalización laboral corre el riesgo de resultar difícil de sostener en el tiempo.



