La última semana de julio dejó una de las lecciones más claras del año para las grandes tecnológicas: presentar cifras récord ya no garantiza el aplauso de los inversores. Apple, Microsoft y Meta publicaron resultados trimestrales que, en los tres casos, superaron el consenso de analistas en ingresos y crecimiento del negocio principal. Sin embargo, el mercado respondió de forma radicalmente distinta a cada una, castigando con dureza a Apple y a Meta mientras premiaba con fuerza a Microsoft. El denominador común de esta divergencia fue uno solo: la capacidad —o incapacidad— de cada compañía para demostrar que sus multimillonarias inversiones en inteligencia artificial ya están generando ingresos tangibles.
Apple: récords históricos ensombrecidos por la escasez de memoria
Apple publicó el 30 de julio los resultados de su tercer trimestre fiscal de 2026, con ingresos totales de 109.420 millones de dólares, por encima del consenso de Wall Street de entre 108.860 y 108.900 millones, y un beneficio neto de 29.790 millones de dólares, un 27% superior al del año anterior. El beneficio por acción alcanzó los 2,02 dólares frente a los 1,89 dólares previstos, con un margen bruto del 50,1% frente al 48,0% esperado. Las ventas de iPhone marcaron un récord trimestral de 54.250 millones de dólares, un avance del 21,7%, mientras que la facturación de Mac creció un 28,7%, hasta 10.350 millones.
Pese a este desempeño, las acciones de Apple cayeron más de un 6% durante la sesión y llegaron a desplomarse hasta un 8% en las operaciones fuera de hora. La razón estuvo en la previsión para el trimestre de septiembre: un crecimiento de ingresos de entre el 9% y el 11%, por debajo del 12% que anticipaba el mercado. Detrás de este freno se encuentra el encarecimiento y la escasez de chips de memoria DRAM y NAND, agravados por la demanda de los centros de datos de inteligencia artificial, que Tim Cook describió como «una inundación que se ve una vez cada cien años». La compañía ya subió los precios de algunos modelos de Mac e iPad, y no se descarta que el iPhone también lo haga antes de fin de año.
El informe llegó además en un contexto políticamente sensible: un grupo bipartidista de senadores estadounidenses exigió a Cook, en vísperas de la publicación, un compromiso para abandonar las compras de memoria china, algo que el directivo evitó responder de forma directa. Fue también la última conferencia de resultados de Cook como consejero delegado, cargo que entregará a John Ternus el 1 de septiembre, tras 15 años al frente de la compañía.
Microsoft: el mercado premia los «recibos» de la inversión en IA
Microsoft presentó un trimestre que Wall Street recompensó de inmediato: sus acciones subieron un 15,22% en la sesión. Los ingresos crecieron un 18%, hasta 90.000 millones de dólares, el beneficio neto avanzó un 31%, hasta 35.766 millones, y Azure registró su mayor crecimiento en cuatro años, del 43%. Satya Nadella destacó que los ingresos anuales de Azure superaron por primera vez los 100.000 millones de dólares y que Microsoft 365 Copilot ya cuenta con más de 30 millones de usuarios de pago.
Más allá del trimestre cerrado, lo que convenció a los analistas fue la señal sobre la demanda futura: la cartera de contratos comerciales pendientes alcanzó 678.000 millones de dólares, un 84% más, con Azure operando por encima de su capacidad disponible. Bloomberg Intelligence subrayó que buena parte de ese incremento provino de clientes ajenos a los grandes desarrolladores de modelos de IA, lo que reduce la dependencia de un grupo reducido de socios. Microsoft generó además 55.441 millones de dólares de flujo de caja operativo, y aun después de invertir 35.802 millones en infraestructura, mantuvo un flujo de caja libre cercano a 19.600 millones, evidencia de que el gasto en IA no está comprometiendo su solidez financiera.
Meta: la promesa de Zuckerberg no convenció a los inversores
El contraste con Meta fue notorio. Aunque sus ingresos crecieron un 28%, hasta 60.801 millones de dólares, impulsados por un negocio publicitario con más impresiones y mejores precios por anuncio, sus acciones se hundieron un 8,18% en la sesión. El problema no fueron las ventas, sino los costes: los gastos se dispararon un 55%, hasta 42.026 millones, el margen operativo cayó del 43% al 31% y el beneficio neto retrocedió un 14%, hasta 15.848 millones. El flujo de caja libre se redujo a apenas 784 millones de dólares, mientras las inversiones de capital ascendieron a 31.080 millones en el trimestre.
Mark Zuckerberg pidió paciencia a los inversores durante la conferencia con analistas, defendiendo la trayectoria de sus laboratorios de IA y adelantando que la compañía estudia lanzar un negocio de computación en la nube para alquilar capacidad de procesamiento a terceros. Sin embargo, a diferencia de Microsoft, Meta no pudo mostrar contratos, usuarios de pago o ingresos recurrentes que respalden ese gasto creciente, lo que dejó a los analistas exigiendo pruebas concretas de monetización antes que promesas a futuro.
El veredicto de los analistas: confianza a largo plazo, exigencia inmediata
Pese a la dura reacción bursátil, el consenso de analistas sigue siendo mayoritariamente positivo tanto para Microsoft, con un 94,6% de recomendaciones de compra y un potencial de revalorización del 43,2%, como para Meta, con un 89,9% de recomendaciones de compra y un potencial cercano al 31,9%. La diferencia no reside en la confianza sobre el futuro de ambas compañías, sino en el momento en que sus inversiones en inteligencia artificial comienzan a traducirse en resultados visibles: Microsoft ya lo demuestra con cifras, mientras Meta continúa pidiendo tiempo.
Un mismo mensaje para toda la industria tecnológica
Los tres casos —Apple, Microsoft y Meta— dibujan un cambio de fase en la manera en que el mercado evalúa a las grandes tecnológicas. Ya no basta con anunciar inversiones multimillonarias en inteligencia artificial ni con presentar crecimientos históricos en el negocio tradicional: los inversores exigen ahora evidencia concreta de que ese gasto se convierte en ingresos, contratos y flujo de caja. Apple enfrenta además un desafío distinto pero igual de urgente, ligado a la escasez física de componentes y a las tensiones geopolíticas sobre la cadena de suministro de semiconductores. En conjunto, la temporada de resultados de julio deja claro que la paciencia de Wall Street con la narrativa de la inteligencia artificial tiene, cada vez más, fecha de vencimiento.




