Un ataque informático dirigido contra los monederos de hardware Coldcard, de la firma canadiense Coinkite, ha puesto en jaque uno de los principios fundacionales de la industria cripto: la supuesta inviolabilidad del almacenamiento «en frío». Desde el 30 de julio, un atacante —o posiblemente varios operando de forma independiente— ha logrado vaciar sistemáticamente miles de carteras, aprovechando un defecto de software que llevaba más de cuatro años sin detectarse. Según los últimos cálculos de Galaxy Research, las pérdidas confirmadas ascienden a 1.367 bitcoins, equivalentes a unos 88 millones de dólares, sustraídos de 4.585 direcciones distintas, con indicios de que la cifra podría seguir creciendo.

Un error de diseño que se remonta a 2021

La raíz del problema no está en un ataque externo sofisticado, sino en un fallo interno de programación. De acuerdo con la investigación técnica publicada por el equipo de ingeniería de Block Inc., una actualización de firmware distribuida en marzo de 2021 modificó silenciosamente el mecanismo encargado de generar las «frases semilla» —la combinación de palabras que da acceso a los fondos de una cartera—. En lugar de apoyarse en el generador de números aleatorios integrado en el chip del dispositivo, el sistema recurrió a un generador de respaldo basado en software, que producía resultados mucho menos aleatorios y, por tanto, predecibles.

Coinkite reconoció públicamente el alcance del problema y precisó que las semillas comprometidas contaban con apenas 40 bits efectivos de aleatoriedad, muy lejos de los 128 bits que se esperaban de un sistema criptográfico seguro. Esa reducción drástica del espacio de combinaciones posibles permitió que cualquier persona con capacidad de cómputo suficiente pudiera reconstruir las claves sin necesidad de tener el dispositivo físico en sus manos. Los modelos afectados incluyen las versiones Mk2 y Mk3 con firmware entre 4.0.1 y 4.1.9, además de las semillas generadas en los modelos Mk4, Mk5 y Q antes de determinadas actualizaciones.

Tres oleadas de saqueo en cuestión de días

El patrón de ataque muestra una escalada progresiva en sofisticación. La primera oleada, registrada el 30 de julio, fue también la más agresiva: en apenas 41 minutos, el atacante extrajo 1.083 bitcoins de 1.196 direcciones, actuando contra prácticamente una víctima por transacción. Jonathan Goodman, uno de los afectados, relató a Bloomberg que sus tres carteras quedaron completamente vacías en un lapso de siete minutos esa misma noche.

Una segunda oleada durante el fin de semana elevó el monto acumulado, y una tercera, detectada por Galaxy Research en la madrugada del domingo, mostró un cambio notable de estrategia: en lugar de agrupar los fondos en un puñado de direcciones colectoras —lo que había facilitado el rastreo de las dos primeras oleadas—, esta vez el atacante envió el botín de cada víctima a una dirección propia y distinta, utilizando salidas del tipo pay-to-witness-script-hash. Esta tercera fase drenó unos 208 bitcoins de 1.912 direcciones, agrupando en promedio a seis víctimas por transacción, frente a la relación de una a una observada inicialmente.

Alex Thorn, jefe de investigación de Galaxy Research, advirtió que el rastro de transacciones detectado entre los bloques 960.778 y 960.792 mostraba una frecuencia de barridos hasta 45 veces superior a la normal, y señaló que el atacante recurrió a la función replace-by-fee, que permite sustituir una transacción pendiente por otra con una comisión mayor, dificultando que las víctimas pudieran adelantarse y rescatar sus fondos antes de la confirmación en la cadena de bloques. Thorn reconoció que sus estimaciones se basan en el análisis de patrones en tiempo real, priorizando la velocidad de alerta sobre la confirmación total, ante la magnitud del riesgo. De confirmarse una cuarta oleada bajo investigación, el total acumulado podría acercarse a los 1.816 bitcoins, cerca de 114 millones de dólares, provenientes de más de 5.200 direcciones.

La respuesta de Coinkite: una solución incompleta

Coinkite asumió públicamente la responsabilidad del fallo y publicó firmware corregido para todos los modelos y versiones afectadas. Sin embargo, la compañía advirtió un matiz crucial: la actualización solo protege la generación de nuevas semillas a partir de ese momento, pero no puede restaurar la seguridad de una frase de recuperación ya generada con el sistema defectuoso. En la práctica, esto obliga a cualquier usuario que haya creado su cartera con el firmware comprometido a transferir sus fondos hacia una dirección completamente nueva, generada después de instalar la corrección, si quiere considerarse a salvo.

Esta limitación técnica expone una de las mayores debilidades del incidente: miles de usuarios podrían desconocer que sus fondos siguen expuestos incluso después de «actualizar» el dispositivo, si no ejecutan el paso adicional de migración.

Un golpe a la narrativa de la seguridad «offline»

El episodio ha reavivado el debate sobre los límites reales del almacenamiento en frío. Aneirin Flynn, director ejecutivo de la firma de ciberseguridad Failsafe, resumió el problema de fondo al señalar que estos dispositivos únicamente generan contraseñas, y que si la matemática subyacente falla, dichas contraseñas terminan siendo vulnerables a la ingeniería inversa, sin importar que el aparato jamás se haya conectado a internet. El caso Coldcard demuestra que la desconexión física no es garantía de seguridad quando el software que sostiene esa desconexión contiene errores estructurales.

Resulta llamativo que un defecto de esta magnitud —presente desde 2021— haya pasado inadvertido durante más de cuatro años en un producto comercializado específicamente como una de las soluciones más seguras del mercado. La ausencia de auditorías externas capaces de detectar el problema antes de su explotación masiva plantea interrogantes legítimos sobre los procesos de revisión de código en la industria de las billeteras de hardware, un sector que factura basándose casi exclusivamente en la confianza del usuario.

El contexto: menos robos, pero más ataques que nunca

El incidente se produce en un año en el que, paradójicamente, el monto total robado en criptomonedas ha caído con fuerza. Según un informe de TRM Labs publicado el mes pasado, las pérdidas totales por robos cripto en el primer semestre de 2026 alcanzaron los 972 millones de dólares, menos de la mitad de los 2.300 millones registrados en el mismo periodo de 2025. Sin embargo, el número de ataques individuales ascendió a 207, la cifra más alta jamás registrada en un semestre. El caso Coldcard confirma esa tendencia: los atacantes ya no dependen de un único golpe masivo, sino de explotar vulnerabilidades técnicas específicas contra un volumen creciente de víctimas dispersas, un patrón que promete mantener alerta al sector durante los próximos meses mientras persista la actividad del atacante y no se aclare si se trata de uno o varios operadores explotando el mismo fallo de forma simultánea.