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sábado, mayo 23, 2026
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Barclays alerta: China necesitará 24 millones de robots humanoides para compensar la pérdida de 37 millones de trabajadores activos antes de 2035

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La mayor potencia manufacturera del mundo enfrenta una contracción demográfica sin precedentes desde 1949. El banco británico Barclays proyecta que la automatización humanoide podría cubrir hasta el 60% del déficit laboral, pero advierte que el escenario depende de avances tecnológicos aún inciertos, una inversión billonaria y una cadena de suministro de chips amenazada por las sanciones de Washington.

La bomba demográfica que amenaza la fábrica del mundo

China no tiene un problema de productividad. Tiene un problema de personas. Con una población de aproximadamente 1.400 millones de habitantes, el gigante asiático registró en 2025 el menor número de nacimientos desde al menos 1949, y la proporción de ciudadanos en edad laboral —aquellos entre 16 y 59 años— ya ha caído del 70% de hace una década al 61% actual. Según la Oficina Nacional de Estadística, ese segmento, que agrupa hoy a 876 millones de personas, podría reducirse a menos de 760 millones en 2035, lo que equivale a perder el equivalente a toda la población activa de Alemania, Francia y España juntas.

El impacto sobre la economía real es directo. El sector manufacturero chino representa cerca del 25% del PIB nacional. Cualquier contracción significativa de la mano de obra disponible se traduce, sin compensación, en menor producción, mayores costes laborales y pérdida de competitividad exportadora. Barclays, incorporando distintos escenarios demográficos y asumiendo una tasa de participación laboral estable del 65%, estima que la fuerza de trabajo efectiva podría menguar en 37 millones de personas durante la próxima década. Es en ese vacío donde entra la robótica humanoide.

La apuesta de Barclays con 24 millones de unidades en una década

En un informe publicado recientemente y recogido por Bloomberg, analistas del banco británico encabezados por Zornitsa Todorova, jefa de investigación temática de renta fija, sostienen que el parque acumulado de robots humanoides instalados en China podría aproximarse a los 24 millones de unidades en 2035. Esa cifra representaría casi el 4% de la fuerza laboral total del país y cubriría hasta el 60% del déficit demográfico proyectado, es decir, el equivalente a unos 22 millones de puestos de trabajo recuperados mediante automatización.

La propia entidad, sin embargo, calibra sus proyecciones con cautela. Todorova y su equipo advierten que la estimación del 60% «debe considerarse como un límite superior, que refleja hipótesis relativamente optimistas en torno a la utilización, la depreciación y la absorción interna». Dicho de otro modo: el escenario más favorable exige que la actual escala exponencial de innovación y despliegue tecnológico se mantenga sin interrupciones durante una década entera, algo que ningún mercado puede garantizar.

Cuando el robot se amortiza antes que el operario

Detrás del optimismo proyectado por Barclays hay una lógica financiera difícil de refutar. Si hoy un robot humanoide industrial ronda los 150.000 dólares, las previsiones del sector sitúan ese coste por debajo de los 30.000 dólares en 2030, gracias a la producción en serie y a la reducción de costes de los componentes de inteligencia artificial y sensorización táctil. Para una empresa con líneas de montaje en Shanghái o Shenzhen, la ecuación se simplifica: al precio proyectado para final de la década, un humanoide se amortizaría en menos de dos años frente al coste laboral acumulado de un trabajador en esas mismas ciudades.

Empresas chinas como Unitree ya muestran prototipos capaces de caminar, manipular objetos y operar turnos de diez horas continuas. En paralelo, fabricantes occidentales como Tesla también presentan sistemas en fase piloto que trabajan en líneas de ensamblaje de vehículos eléctricos y centros logísticos. La tecnología ha abandonado los laboratorios y ha entrado en las naves industriales, aunque todavía de manera incipiente.

Los límites reales del optimismo: inteligencia artificial, chips y capital

Las cifras de Barclays son sugestivas, pero conviene no omitir las fracturas estructurales que limitan el escenario optimista. Un informe del Foro Económico Mundial de 2025 señalaba que solo el 12% de las tareas industriales chinas podían ser completamente automatizadas con la tecnología disponible en ese momento. Pasar de ese 12% al 60% que implica la tesis del banco británico exige avances sustanciales en inteligencia artificial aplicada, baterías de alta densidad y sensores de precisión que no están asegurados en los plazos proyectados.

El obstáculo más inmediato, sin embargo, es geopolítico. Los chips avanzados que alimentan los sistemas de IA de los robots humanoides se fabrican mayoritariamente en Taiwán y Corea del Sur mediante máquinas de litografía extrema ultravioleta a las que Pekín no tiene acceso pleno por las sanciones tecnológicas impuestas desde Washington. La dependencia de una cadena de suministro semicondutor que puede interrumpirse por decisión política no es un riesgo menor; es, quizás, el principal cuello de botella del plan chino de automatización masiva.

A ello se añade la dimensión financiera. Aunque Barclays no detalla la inversión total necesaria, reemplazar 22 millones de puestos de trabajo con robots humanoides a los precios actuales supone un desembolso que podría superar el billón de euros. El Gobierno de Pekín ya impulsa un plan quinquenal con subsidios directos a fabricantes de robótica y el presidente Xi Jinping ha reiterado que la inversión en ciencia, tecnología y robótica es un eje estratégico del crecimiento económico chino. La escala del desafío, no obstante, supera con creces cualquier precedente industrial conocido.

China como laboratorio: lo que Europa debería estar mirando

El experimento chino no es un asunto exclusivamente asiático. Europa, y particularmente España, presenta una dinámica demográfica con un patrón inquietantemente parecido. El Instituto Nacional de Estadística prevé que la población activa española se contraiga en 4,5 millones de personas para 2035, con una tasa de dependencia en ascenso sostenido. La diferencia es que, mientras Pekín invierte en automatización a escala industrial, el debate en España sigue girando fundamentalmente en torno a la ampliación de la edad de jubilación y la inmigración selectiva.

Si se aplicara la tesis de Barclays al mercado español, se precisarían en torno a 200.000 robots humanoides para cubrir la mitad del declive laboral proyectado. La cifra puede parecer modesta frente a los 24 millones chinos, pero para una economía que aún no ha resuelto su transición hacia la industria 4.0, el desafío es tanto financiero como cultural. Lo que China está construyendo en esta década es un modelo de respuesta al envejecimiento poblacional basado en capital físico automatizado. Si funciona, dejará de ser una rareza asiática para convertirse en una hoja de ruta global.

Una advertencia que vale más que el titular

El informe de Barclays concluye con una frase que merece más atención que la estadística del 60%: los aumentos de productividad esperados en los próximos años «compensarían solo una pequeña parte del descenso previsto de la población activa, y es poco probable que contrarresten totalmente los vientos demográficos en contra de China». La automatización, en otras palabras, no es la solución; es la amortiguación. China seguirá envejeciendo, su fuerza laboral seguirá reduciéndose y ningún robot, por sofisticado que sea, elimina la necesidad de políticas demográficas, educativas y migratorias de largo alcance.

Lo que Barclays ha puesto sobre la mesa no es una profecía, sino una proyección condicionada. La «década del robot», como la bautiza el propio informe, pertenecerá a China solo si se cumplen simultáneamente la innovación tecnológica, la disponibilidad de chips, la inversión estatal sostenida y la absorción interna de millones de máquinas. Que todas esas variables converjan en el plazo previsto es, cuando menos, una apuesta de alta convicción en un mundo que rara vez se ajusta a los modelos.

La bolsa paraguaya desacelera en el primer cuatrimestre y apuesta por los forwards cambiarios como herramienta de cobertura

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La Bolsa de Valores de Asunción (BVA) cerró el primer cuatrimestre de 2026 con un volumen de operaciones de G. 17,7 billones, equivalentes a aproximadamente USD 2.817 millones, lo que representa una reducción del 1% frente al mismo período del año anterior. El resultado confirma una desaceleración que se viene profundizando desde marzo, en un escenario marcado por la cautela inversora ante la volatilidad del tipo de cambio, la evolución de las tasas de interés y una menor presión de liquidez dentro del sistema financiero. En paralelo, el mercado bursátil avanza en la habilitación de contratos forward de divisas como nueva herramienta de cobertura cambiaria para empresas importadoras y exportadoras.

Dos meses consecutivos de caída interanual

El dinamismo que caracterizó al mercado bursátil paraguayo durante gran parte de 2025, cuando cerró con un crecimiento cercano al 20%, cedió paso a una tendencia de moderación que se instaló con fuerza en los últimos meses. Tras arrancar 2026 con un alza interanual del 17,2% en enero y una expansión del 6% en febrero, el mercado entró en terreno negativo en marzo con una baja del 11,7% y profundizó esa tendencia en abril con una retracción del 12,2%.

En términos absolutos, las operaciones de abril sumaron G. 4,3 billones, por encima de los G. 4 billones registrados en marzo, pero con una diferencia significativa respecto a los niveles del mismo mes del año anterior. Abril se convierte así en el segundo mes consecutivo de caída interanual, consolidando una señal de enfriamiento que los operadores del mercado siguen de cerca.

El mercado primario resiste, pero también pierde impulso

El segmento de emisión de nuevos títulos, conocido como mercado primario, tuvo un inicio de año excepcionalmente activo. En enero registró una expansión interanual del 210,4% y en febrero sostuvo un alza del 95,3%, impulsado por una elevada demanda de instrumentos de inversión en un contexto de depreciación del dólar. Sin embargo, marzo marcó una inflexión con una caída del 11,8%, y abril profundizó esa baja con una retracción del 17,7%.

A pesar de estos retrocesos mensuales, el acumulado del primer cuatrimestre muestra un crecimiento del 19,4% frente al mismo período de 2025, alcanzando G. 2,3 billones. En abril, las emisiones sumaron G. 727.967 millones, superando los G. 539.817 millones de marzo. En moneda local, los organismos multilaterales concentraron el 63% del volumen emitido, seguidos por el sector comercial con el 14% y el industrial con el 11%. En dólares, el sector financiero lideró con el 68% de participación, mientras que servicios representó el 18% y el sector público el 11%.

El mercado secundario encadena tres meses de retroceso

El mercado secundario, donde se negocian títulos ya emitidos, registró su tercer mes consecutivo de baja interanual. La retracción fue del 10,9% en abril, en línea con la caída del 11,5% observada en marzo. En el acumulado del año, este segmento alcanzó G. 15,3 billones, con volúmenes mensuales que fueron disminuyendo de manera sostenida desde enero.

En cuanto a la composición de las operaciones, las transacciones en guaraníes mantuvieron el liderazgo en abril con una participación del 58,6%, aunque por debajo del 65% registrado en marzo. Las operaciones en dólares representaron el 41,4% restante. Por tipo de instrumento, los bonos dominaron ampliamente el movimiento bursátil con el 98,2% del total, seguidos por acciones con el 1,6% y fondos de inversión con el 0,2%.

La depreciación del dólar reorienta la demanda hacia activos en guaraníes

Uno de los factores que más influyó en el comportamiento del mercado durante el período fue la significativa caída del dólar. La divisa estadounidense cerró abril con una baja del 25% frente a los niveles de un año atrás, ubicándose en un promedio de G. 5.977. Esta depreciación impulsó la demanda de inversiones en moneda local, ya que los agentes económicos buscaron proteger el valor de sus activos ante la pérdida de terreno del dólar.

Sin embargo, esa misma dinámica cambiaria generó incertidumbre en otros sectores. Las empresas importadoras y exportadoras enfrentan dificultades para planificar sus operaciones ante las fluctuaciones del tipo de cambio, lo que pone de relieve la necesidad de contar con herramientas financieras adecuadas para gestionar ese riesgo.

La política monetaria, entre los recortes y la pausa

El Banco Central del Paraguay (BCP) inició 2026 con dos recortes consecutivos de la tasa de política monetaria, acumulando una reducción de 50 puntos básicos. No obstante, optó por mantener la referencia en el 5,5% durante marzo y abril ante el surgimiento de nuevas presiones inflacionarias, entre ellas el incremento en el precio de los combustibles, que llevó la inflación interanual al 12,2% en abril.

Esta pausa en el ciclo de flexibilización monetaria añade una capa adicional de complejidad al panorama bursátil. Una menor liquidez en el mercado de capitales, combinada con tasas que no terminan de bajar, reduce el incentivo para emitir nuevos títulos y modera el dinamismo del mercado en su conjunto.

El mercado bursátil avanza hacia la habilitación de forwards cambiarios

En este escenario de volatilidad e incertidumbre, el mercado bursátil paraguayo trabaja activamente en la habilitación de contratos forward de divisas como una herramienta de cobertura para los agentes económicos. Si bien estos instrumentos se canalizan actualmente de manera predominante a través del sistema bancario, la intención es que en el corto plazo también puedan negociarse dentro de la bolsa, en coordinación con el BCP.

Un contrato forward es un acuerdo entre dos partes para comprar o vender una moneda extranjera en una fecha futura a un tipo de cambio establecido de antemano. Este mecanismo permite a los operadores asegurar la previsibilidad de sus flujos financieros, independientemente de cómo evolucione el mercado cambiario. Para los exportadores, significa garantizar el valor en guaraníes de sus ingresos en dólares. Para los importadores, implica fijar el costo de sus adquisiciones externas y protegerse ante eventuales subas de la divisa.

El BCP respalda los forwards como pilar de la estabilidad financiera

El Informe de Política Monetaria (IPOM) del BCP respalda el desarrollo de este mercado como un elemento clave para fortalecer la estabilidad del sistema financiero. El informe señala que la obtención del grado de inversión otorgado por Standard & Poor’s Global Ratings y Moody’s Investors Service incrementa la integración financiera del país, pero también eleva su exposición a la volatilidad cambiaria ante shocks externos. En ese contexto, los movimientos del dólar tienden a volverse más sensibles a factores internacionales, como cambios en las tasas de interés de economías desarrolladas o episodios de incertidumbre financiera global.

Frente a esta realidad estructural, el IPOM destaca que los contratos forward no eliminan la volatilidad, pero permiten gestionarla de forma más eficiente. Un mercado forward más desarrollado y líquido reduce la exposición de empresas e inversores a movimientos abruptos del tipo de cambio, mejora la capacidad de planificación de las decisiones económicas y puede complementar la política monetaria al reducir la necesidad de intervenciones directas en el mercado cambiario.

Una economía que se adapta a su nueva realidad financiera

El primer cuatrimestre de 2026 deja un panorama que combina moderación en los volúmenes bursátiles con una transformación estructural en curso. La desaceleración de la bolsa responde a factores coyunturales como la volatilidad cambiaria, las tasas de interés y la mayor liquidez bancaria en guaraníes que redujo la demanda de recursos financieros en el mercado de capitales. Sin embargo, la agenda de innovación financiera avanza en paralelo, con la incorporación de instrumentos de cobertura que buscan dotar al sistema de mayor resiliencia ante un entorno internacional cada vez más volátil.

Paraguay consolida así su transición hacia un mercado financiero más sofisticado, en el que la gestión del riesgo cambiario deja de ser una práctica exclusiva del sistema bancario y se extiende hacia el mercado bursátil, con el respaldo del BCP y en línea con los estándares de economías con mayor profundidad financiera.

América Latina produce el 11% del petróleo mundial pero exporta sin transformar: siete países concentran el 87% de la producción regional

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América Latina y el Caribe consolidaron en 2025 su posición como actor relevante en los mercados energéticos globales, aunque los números récord de producción contrastan con una estructura de inserción internacional que sigue privilegiando la exportación de materia prima sin valor agregado. Así lo revela el informe Panorama 2025: producción y comercio exterior de petróleo y gas natural en América Latina y el Caribe, elaborado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), que retrata a una región con creciente peso global pero atrapada en desequilibrios estructurales de larga data.

Un salto productivo liderado por Guyana y Brasil

La región aportó en 2025 aproximadamente el 11% del suministro mundial de petróleo y alrededor del 6% del gas natural global, en un año en que la producción mundial de crudo alcanzó los 35.937 millones de barriles. Dentro de ese escenario, la producción petrolera latinoamericana creció un 20% respecto a 2024, un salto que tuvo como motor principal a Guyana, el actor emergente más dinámico del mapa energético regional, y al liderazgo sostenido de Brasil como mayor productor latinoamericano.

Ese crecimiento, sin embargo, no se distribuyó de manera uniforme. Brasil, México, Colombia, Venezuela, Argentina, Guyana y Ecuador concentraron en conjunto el 87% de la producción hidrocarburífera regional, con cada uno de esos países aportando participaciones superiores al 5% del total. El resto de la región quedó una vez más al margen de los grandes flujos productivos, lo que profundiza una concentración que limita el derrame económico del auge petrolero hacia economías más pequeñas y vulnerables.

La paradoja exportadora: más producción, menos industrialización

Uno de los datos más reveladores del informe es que aproximadamente el 46% de la producción petrolera regional se destinó a exportaciones, es decir, casi la mitad del crudo extraído salió de la región como materia prima. El principal destino fue China, que concentró el 31% de las exportaciones petroleras latinoamericanas, seguida por Estados Unidos con el 18% y la Unión Europea con el 15%. Según OLACDE, este patrón refleja una creciente vinculación de América Latina y el Caribe con los mercados asiáticos, impulsada por el incremento de la demanda china y la necesidad de diversificación de abastecimiento en los mercados internacionales.

La contracara de esa orientación exportadora es la ausencia de industrialización local. La mayor parte de los países continúa colocando recursos naturales sin transformar en mercados externos, mientras que en paralelo importan combustibles procesados, tecnología y otros insumos energéticos a precios sensiblemente más altos. Es el esquema clásico de la dependencia primario-exportadora, que la bonanza productiva de 2025 no alteró en lo sustancial.

Un dato que matiza parcialmente esa dependencia externa es el peso del comercio intrarregional: el 45% de las importaciones petroleras de América Latina y el Caribe se abasteció mediante intercambios entre países de la propia región, lo que señala una integración energética interna que, aunque todavía incompleta, gana terreno como factor de seguridad de suministro.

Gas natural: crecimiento con alta dependencia del exterior

La producción regional de gas natural aumentó un 10% en 2025, con Argentina y México sosteniéndose como los principales productores. Pese a ese crecimiento, solo el 16% del gas extraído se destinó a exportaciones, lo que indica que la mayor parte del volumen producido se absorbe en los propios mercados nacionales, principalmente para generación eléctrica y consumo industrial.

El problema central del sector gasífero latinoamericano es su elevada dependencia de proveedores externos. Estados Unidos representó el 59% de las importaciones regionales de gas natural, traccionado fundamentalmente por los enormes flujos enviados hacia México a través de la infraestructura de gasoductos binacionales. Esa cifra expone una paradoja difícil de ignorar: México, uno de los principales productores regionales de gas, depende de manera creciente del abastecimiento estadounidense para sostener su generación eléctrica y su actividad industrial, lo que lo convierte en un caso paradigmático de la brecha entre capacidad productiva e infraestructura interna de distribución.

En el comercio intrarregional de gas natural licuado (GNL), Trinidad y Tobago mantuvo su posición como proveedor estratégico, mientras que Brasil emergió con fuerza en los mercados de exportación: el 39% de los envíos externos de GNL de la región tuvo como destino Turquía, principalmente desde territorio brasileño, un dato que ilustra la creciente diversificación de los flujos gasíferos latinoamericanos hacia mercados del Oriente Medio y Asia, que —excluyendo a China— concentraron el 24% de las exportaciones regionales de gas.

Hidrocarburos y transición energética: una convivencia que se extiende décadas

El informe de OLACDE también interpela directamente el discurso sobre la transición energética en la región. Pese al avance de las energías renovables y de los procesos de electrificación, el organismo proyecta que el petróleo y el gas natural mantendrán participaciones cercanas al 26% cada uno dentro de la matriz primaria de energía de América Latina y el Caribe hacia 2050. En el consumo final, su peso seguirá siendo igualmente significativo.

Esa proyección no implica una renuncia a la descarbonización, pero sí revela que la transición energética latinoamericana será más lenta y más compleja de lo que los discursos oficiales suelen admitir. El gas natural, en particular, continuará siendo un energético central para respaldar la generación eléctrica en los países que todavía dependen del respaldo térmico para acompañar la expansión renovable, especialmente en momentos de baja hidraulicidad o de alta demanda industrial.

La región que promete acelerar su transición energética sigue, en los hechos, dependiendo del petróleo y el gas para crecer, exportar y sostener sus sistemas eléctricos. Esa tensión entre los compromisos climáticos asumidos y la realidad productiva del sector energético es uno de los desafíos estructurales más complejos que enfrentan los gobiernos latinoamericanos de cara a las próximas décadas.

Una inserción global que no garantiza desarrollo interno

El balance general que surge del informe de OLACDE es el de una región con creciente relevancia en los mercados energéticos internacionales —impulsada por el dinamismo de Guyana, la solidez de Brasil y el aporte sostenido de Argentina y México— pero que todavía no logra traducir ese peso global en desarrollo industrial ni en integración regional efectiva.

La estructura de abastecimiento y comercialización del sector en 2025 confirma, por un lado, la alta dependencia de Estados Unidos como principal proveedor en el mercado de importaciones y, por otro, una inserción exportadora concentrada en destinos específicos, principalmente el Oriente Medio, Asia y los grandes mercados occidentales. Esa arquitectura comercial, si no se acompaña de políticas activas de valor agregado, industrialización local y desarrollo de infraestructura intrarregional, corre el riesgo de perpetuar el patrón extractivista que ha definido históricamente la inserción energética de América Latina en la economía global.

China se compromete a comprar 17.000 millones de dólares anuales en productos agrícolas a Estados Unidos y reactiva el comercio bilateral tras el desplome del 65,7% registrado en 2025

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El acuerdo alcanzado en la cumbre de Pekín entre Trump y Xi, que incluye soja, carne, cereales y algodón, presiona a proveedores rivales como Brasil, Australia y Canadá, y dispara los precios del maíz y el trigo en los mercados internacionales

El pasado domingo, la Casa Blanca anunció uno de los compromisos comerciales agrícolas más significativos de los últimos años: China adquirirá productos agropecuarios estadounidenses por un valor mínimo de 17.000 millones de dólares anuales, adicionales a las compras de soja, durante un periodo de tres años. El anuncio llegó dos días después de que el presidente Donald Trump regresara de la cumbre bilateral celebrada en Pekín con su homólogo chino Xi Jinping, un encuentro cuyo trasfondo más inmediato fue el intento de reparar el daño infligido a los agricultores estadounidenses por la propia guerra comercial que Washington inició el año pasado. El Ministerio de Comercio chino señaló el sábado que ambas partes resolverán o lograrán avances sustanciales hacia la resolución de ciertas barreras no arancelarias y cuestiones de acceso al mercado relacionadas con bienes agrícolas.

El acuerdo no surge en el vacío. Las importaciones chinas de bienes agrícolas estadounidenses alcanzaron su punto máximo en 2022 con 38.000 millones de dólares, pero se desplomaron a 8.000 millones en 2025, cifra que incluye casi 18.000 millones de dólares en compras de soja en 2022, frente a apenas 3.000 millones en 2025. El país norteamericano redujo un 65,7% sus exportaciones agrícolas a China en 2025, tras la imposición de los aranceles recíprocos. El nuevo compromiso, sumado a los ya existentes sobre la soja, elevaría las importaciones agrícolas totales chinas procedentes de Estados Unidos a una cifra cercana a los 28.000 o 30.000 millones de dólares anuales, según operadores y analistas del sector. Esta cifra se sitúa aún por debajo del máximo histórico de 2022, pero muy por encima de los registros recientes.

Una caída histórica como telón de fondo

Para comprender la magnitud del giro que representa este acuerdo, es necesario contemplar la profundidad de la ruptura comercial entre ambas potencias. China, el mayor importador mundial de materias primas agrícolas, redujo drásticamente sus compras a Estados Unidos tras la guerra comercial del año pasado. La soja, que históricamente había representado aproximadamente la mitad de las exportaciones agrícolas estadounidenses al mercado chino, cayó de cerca de 18.000 millones de dólares en 2022 a apenas 3.000 millones en 2025. El maíz pasó de 561,5 millones de dólares en 2024 a apenas 5 millones en 2025, con una paralización de los envíos a partir de junio. Las importaciones de trigo cayeron a niveles cercanos a cero en 2025, frente a los 1,9 millones de toneladas métricas valoradas en 600 millones de dólares en 2024. Las exportaciones de carnes y productos avícolas, por su parte, descendieron desde más de 1.000 millones de dólares en 2022 hasta 286 millones en 2025, mientras que las compras chinas de carne de vacuno estadounidense se derrumbaron desde un máximo de 2.140 millones de dólares en 2022 hasta menos de 500 millones en 2025.

Este desplome no fue casual ni gradual: fue el resultado directo de una escalada arancelaria que llevó a China a desviar sus compras hacia proveedores alternativos y a reducir su dependencia estructural del agro norteamericano. Desde el primer mandato de Trump, la soja estadounidense pasó de representar el 41% de las importaciones chinas en 2016 a aproximadamente una quinta parte en 2024.

El contenido del acuerdo: carne, cereales, algodón y madera

El compromiso anunciado por la Casa Blanca establece que China comprará productos agrícolas a un ritmo anualizado de 17.000 millones de dólares al año para 2026, manteniendo ese nivel durante 2027 y 2028. Para alcanzar dicho objetivo, Pekín tendría que incrementar notablemente las compras de trigo, cereales forrajeros, carne y productos agrícolas no alimentarios, como el algodón y la madera. El acuerdo es adicional a los compromisos de compra de soja adquiridos el año pasado, cuando la Casa Blanca indicó que China se comprometía a adquirir 12 millones de toneladas métricas en el año de comercialización en curso y 25 millones de toneladas métricas en cada uno de los tres años siguientes.

En el ámbito de la carne, Beijing restablecerá el acceso al mercado para la carne de vacuno estadounidense y reanudará las importaciones de aves de corral procedentes de estados que el Departamento de Agricultura certifique como libres de gripe aviar. Como señal concreta de este compromiso, China otorgó prórrogas de registro de cinco años a 425 plantas cárnicas estadounidenses que habían quedado excluidas tras el vencimiento de sus licencias el año pasado, y aprobó nuevos registros para otras 77 instalaciones, entre ellas las operadas por gigantes del sector como Tyson y Cargill. En cuanto a los productos no alimentarios, las importaciones de algodón habían caído a 225,7 millones de dólares en 2025, frente a los 1.850 millones de 2024, lo que evidencia el margen de recuperación disponible en esta categoría.

El Ministerio de Comercio chino también señaló que ambas partes acordaron ampliar el comercio mediante reducciones arancelarias recíprocas sobre una gama específica de productos, aunque sin precisar cuáles. Estados Unidos, por su parte, se comprometió a trabajar activamente para atender las preocupaciones de China sobre la retención de sus productos lácteos y mariscos, la exportación de bonsáis en maceta y el reconocimiento de la provincia de Shandong como zona libre de gripe aviar.

La soja: pieza central de la negociación

La soja ocupa el lugar más prominente de la arquitectura comercial acordada y concentra las mayores expectativas del sector agrícola estadounidense. Se espera que China comience a comprar soja de la nueva cosecha para envíos a partir de octubre, dado que los suministros de América del Norte presentan precios competitivos frente a los cargamentos brasileños. Según operadores del mercado, las empresas estatales COFCO y Sinograin serán los principales compradores hasta que China elimine el arancel adicional del 10% aún vigente sobre el producto.

Los datos disponibles señalan que Estados Unidos exportó 10,9 millones de toneladas métricas de soja a China hasta el 7 de mayo, lo que sitúa al país en camino de cumplir su compromiso previo antes del cierre del año de comercialización el 31 de agosto. Sin embargo, esta cifra está muy por debajo de las 25 a 30 millones de toneladas métricas que China compraba en años anteriores. Alcanzar el objetivo de 25 millones de toneladas métricas anuales comprometido en la tregua de octubre no debería suponer un problema según los operadores, habida cuenta de que los precios estadounidenses resultan actualmente atractivos y las compras pueden destinarse tanto a molienda como a almacenamiento de reservas estratégicas.

Maíz, trigo y sorgo: cuotas, aranceles y oportunidades condicionadas

El acceso al mercado chino para los cereales forrajeros está condicionado por un complejo sistema de cuotas que determinará en buena medida el alcance real del acuerdo. China dispone de cuotas de importación de 9,64 millones de toneladas métricas para el trigo y 7,2 millones para el maíz con un arancel reducido del 1%, pero las importaciones que superen dichos límites se enfrentan a gravámenes prohibitivos del 65%, lo que convierte a los operadores estatales en los compradores casi exclusivos de estos cereales por contar con la asignación de cuotas.

El trigo se perfila como uno de los grandes ganadores potenciales del acuerdo. La consultora AgResource Co. señaló que la posibilidad de que China asegure entre 5 y 6 millones de toneladas adicionales de trigo mundial anualmente está apuntalando los precios en la Junta de Comercio de Chicago, donde los futuros de trigo para entrega en marzo subieron un 1,5%. A diferencia del maíz, cuya asignación de cuota es más reducida y China ha gestionado con más regularidad, el trigo presenta un mayor margen para un incremento significativo en las compras estadounidenses.

El sorgo, por su parte, ocupa un lugar estratégico en la ecuación cerearera, precisamente porque no está sujeto a cuotas. Desde noviembre, Pekín ha comprado al menos 2,5 millones de toneladas métricas de sorgo estadounidense para compensar la escasez de maíz derivada de las fuertes lluvias que dañaron las cosechas del norte del país en 2025. Las compras significativas de granos secos de destilería con solubles, un subproducto de la fabricación de etanol rico en proteínas para alimentación animal, requerirían sin embargo la eliminación de los aranceles antidumping y antisubsidios vigentes desde 2017.

El impacto geopolítico sobre Brasil, Australia y Canadá

Uno de los aspectos más relevantes del acuerdo, aunque menos visible en los titulares, es su impacto sobre los proveedores que llenaron el vacío dejado por Estados Unidos durante la guerra comercial. Alcanzar los 17.000 millones de dólares anuales excluyendo la soja requeriría, según Cheang Kang Wei, vicepresidente de StoneX en Singapur, que China redirigiera intencionadamente sus compras desde los proveedores actuales hacia Estados Unidos por razones políticas y estratégicas, más que por motivos puramente comerciales.

Brasil, que ostenta una cuota de mercado del 73,6% en las importaciones chinas de soja en 2025 y se ha consolidado además como principal suministrador de maíz, podría ver erosionada su posición si los flujos se reorientan hacia el norte. Igualmente vulnerable resulta Australia, principal proveedor de trigo en 2023 y líder en sorgo en 2025, que podría enfrentarse a una menor demanda si el trigo y el sorgo estadounidenses ganan terreno en el mercado chino. Las importaciones de cebada australiana también podrían verse presionadas, y el aumento de las compras de vacuno estadounidense podría frenar la demanda de carne de alta calidad procedente de ese país. Otros proveedores como Canadá y Francia para el trigo, y Argentina para el sorgo, también podrían experimentar una contracción en la demanda.

Los agricultores estadounidenses: entre el alivio y la presión sistémica

El acuerdo ofrece cierta esperanza a los agricultores estadounidenses, que vieron cómo se les agotaba un mercado de exportación vital. Sin embargo, el contexto en el que opera este sector dista de ser favorable en su conjunto. La guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán ha reducido el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz, un corredor comercial vital cuya restricción ha limitado el suministro mundial de fertilizantes y ha disparado sus precios, añadiendo presión adicional sobre los márgenes del sector agrario norteamericano.

Antes del viaje de Trump a Pekín, la Asociación Estadounidense de la Soya instó al presidente a priorizar este producto en las conversaciones comerciales con Xi, lo que da cuenta del nivel de urgencia que el sector percibe ante un mercado chino que, pese al acuerdo, no ha recuperado aún ni de lejos los niveles previos al conflicto comercial.

Un reequilibrio comercial con incógnitas estructurales

El acuerdo representa un paso relevante en la normalización parcial del comercio agrícola bilateral, pero sus limitaciones estructurales son evidentes. China ha diversificado sus fuentes de importación con una conciencia explícita de que la dependencia de un único proveedor constituye un riesgo para su seguridad alimentaria y, por extensión, para su seguridad nacional. Esta lógica no desaparece con un acuerdo de tres años.

La clave del cumplimiento efectivo de los compromisos radicará en la velocidad con que ambas partes avancen en la eliminación de los aranceles adicionales aún vigentes, en la resolución de las barreras no arancelarias pendientes y en la capacidad del sector exportador estadounidense para ofrecer precios competitivos frente a una oferta sudamericana que sigue siendo abundante y bien posicionada. Por el momento, el acuerdo envía una señal positiva a los mercados, atenúa la sangría de los agricultores y, en el plano estratégico, representa un elemento estabilizador en una relación bilateral cuyas tensiones estructurales permanecen lejos de resolverse.

Exportaciones paraguayas crecen 14,6% en el primer cuatrimestre y generan superávit comercial de US$ 82 millones

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Las exportaciones totales de Paraguay alcanzaron US$ 6.205,9 millones entre enero y abril de 2026, lo que representa un incremento del 14,6% respecto al mismo período del año anterior, según datos del Banco Central del Paraguay (BCP). En paralelo, las importaciones se situaron en US$ 6.121,7 millones, un 12,2% más que en igual lapso de 2025, dejando una balanza comercial con superávit de US$ 82 millones, sostenido por el mayor dinamismo exportador.

El resultado es particularmente significativo dado el contexto cambiario adverso: la caída del dólar en torno al 25% frente a la moneda local ha reducido considerablemente los ingresos del sector exportador en guaraníes, lo que hace que el crecimiento en términos de divisas refleje un desempeño aún más robusto de la actividad.

Exportaciones registradas: la soja lidera con fuerza

Dentro del total exportado, las exportaciones registradas representaron el 68,2%, con un valor de US$ 4.230,4 millones, un 18,1% por encima del nivel registrado en abril de 2025. Las reexportaciones aportaron el 27,0% del total, con US$ 1.677,3 millones y un crecimiento del 9,3%, mientras que las otras exportaciones sumaron US$ 298,2 millones, equivalentes al 4,8% del total, con un leve aumento del 0,3%.

En cuanto a los productos que más impulsaron el crecimiento de las exportaciones registradas, se destacan los granos de soja, el aceite de soja y el trigo como los rubros de mayor incidencia positiva en el período analizado.

El peso de los productos primarios y la industria manufacturera

Al desagregar las exportaciones registradas por nivel de procesamiento, los productos primarios alcanzaron US$ 1.776,4 millones, con un alza del 36,3% respecto al primer cuatrimestre de 2025 y una incidencia de 13,2 puntos porcentuales sobre el crecimiento total. La soja fue el principal dinamizador de este grupo, seguida por otras semillas y frutos oleaginosos y el trigo. La caída en los envíos de maíz atenuó parcialmente este desempeño.

Las manufacturas de origen agropecuario (MOA) totalizaron US$ 1.428,3 millones, creciendo un 4,9% interanual. El aceite de soja y, en menor medida, las bebidas y vinagres explicaron buena parte de este resultado, aunque la reducción en las exportaciones de carne y menudencia bovina, así como de arroz parbolizado, limitaron un avance más pronunciado.

Por su parte, las manufacturas de origen industrial (MOI) registraron el crecimiento más acelerado dentro de las exportaciones registradas, con un alza del 32,1% y un total de US$ 733,4 millones. Los desperdicios y desechos de cobre, los hilos y cables eléctricos, y los insecticidas y herbicidas fueron los rubros que más aportaron a este salto.

En sentido contrario, las exportaciones de combustibles y energía retrocedieron un 19,2%, situándose en US$ 292,2 millones, siendo el único componente con incidencia negativa en el período.

En términos de composición, los productos primarios representaron el 42% de las exportaciones registradas, las MOA el 33,8% y las MOI el 17,3%. La soja, considerando todas sus formas, mantuvo su hegemonía con una participación del 35,7% del total exportado.

La maquila consolida su expansión y supera los US$ 471 millones

El sector maquilador también mostró un desempeño destacado en el primer cuatrimestre del año. Según datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), las exportaciones de las maquiladoras paraguayas alcanzaron US$ 471 millones entre enero y abril de 2026, un aumento de US$ 83 millones frente al mismo período de 2025.

Solo en abril, el sector exportó US$ 100 millones y procesó más de 5.160 operaciones autorizadas. Durante ese mes, el MIC aprobó 24 nuevos programas de maquila, que contemplan inversiones por US$ 57 millones y la generación de 1.154 nuevos empleos.

Los rubros de autopartes, productos alimenticios, confecciones y manufacturas de aluminio concentraron el 71% de las exportaciones maquiladoras del período, marcando los ejes de la especialización productiva del sector. Geográficamente, el 92% de las empresas con programa aprobado se ubica en cuatro departamentos: Alto Paraná, Central, Capital y Amambay.

En cuanto a los mercados de destino, el 82% de las exportaciones maquiladoras se dirigió a países del Mercosur, con envíos adicionales a Países Bajos, Estados Unidos, Chile y otros mercados internacionales.

Empleo e integración productiva, el otro indicador a vigilar

Más allá de las cifras comerciales, el régimen maquilador genera actualmente 35.357 empleos directos, 2.645 más que hace un año. Los sectores de confecciones, autopartes, servicios intangibles, plásticos y químico-farmacéuticos concentran el 72% de estos puestos, y el 45% de los trabajadores son mujeres, un dato relevante en términos de inclusión laboral.

Según el Viceministerio de Industria, las exportaciones maquiladoras representaron el 69% del total de exportaciones de manufacturas de origen industrial del país en 2025. Al cierre del primer cuatrimestre de 2026, la balanza comercial del sector se mantiene favorable: las exportaciones superan a las importaciones en un 83%, lo que refleja una mayor incorporación de valor agregado en la producción nacional, un indicador clave para evaluar la madurez del modelo exportador paraguayo.

Bayer supera previsiones impulsado por el rubro agrícola y refuerza su cartera farmacéutica con la compra de Perfuse Therapeutics

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El grupo alemán Bayer cerró el primer trimestre de 2026 con resultados operativos que superaron ampliamente las expectativas del mercado, lo que impulsó sus acciones hasta convertirse en el valor más alcista del Dax con una subida del 6%. El beneficio operativo ajustado antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización (Ebitda ajustado) creció un 9%, hasta los 4.450 millones de euros, superando con holgura la previsión de consenso de 3.930 millones de euros estimada por analistas en una encuesta de Bloomberg. Por su parte, el beneficio neto atribuido alcanzó los 2.763 millones de euros, un 112,7% más que en el mismo período del año anterior, mientras que el beneficio operativo mejoró hasta los 3.528 millones de euros, un 51,8% más interanual.

La facturación, sin embargo, retrocedió un 2,4%, hasta los 13.405 millones de euros, presionada por el impacto negativo de los tipos de cambio, que restaron 886 millones de euros al consolidado. Neutralizando ese efecto, el volumen de negocios habría crecido un 4,1%. El grupo también registró ingresos extraordinarios de 324 millones de euros, procedentes principalmente de la venta del negocio de antibióticos Avelox por 250 millones de euros.

La división agraria tira del carro con apoyos puntuales

El motor del trimestre fue la división de fitosanitarios y semillas, cuya facturación alcanzó los 7.558 millones de euros, con un retroceso nominal del 0,3%, pero un avance del 6,8% en términos ajustados al tipo de cambio. El detonante principal fue la resolución de una disputa de licencias con el competidor estadounidense Corteva, que aportó 448 millones de euros a los ingresos de la división y contribuyó directamente a elevar su resultado en casi un 18%. A ello se sumó la recuperación de los precios del herbicida Dicamba en el mercado estadounidense y la práctica duplicación de las ventas de semillas de soja y maíz, factores que dan consistencia al comportamiento de la unidad agrícola aunque en parte obedezcan a efectos de carácter extraordinario.

Farmacia, entre la presión de patentes y el impulso de nuevos fármacos

La división farmacéutica ofreció una imagen más matizada. La expiración de las patentes de dos de sus productos estrella, el anticoagulante Xarelto y el fármaco oftalmológico Eylea, pesó de forma notable sobre los ingresos del segmento. En sentido contrario, los medicamentos de nueva generación Nubeqa —indicado para el cáncer de próstata— y Kerendia —para la enfermedad renal crónica— registraron fuertes incrementos de ventas, aunque insuficientes para compensar la erosión provocada por las pérdidas de exclusividad. El resultado operativo del área farmacéutica cayó un 7,5%, afectado también por el aumento de los costes de comercialización. La gestión del relevo entre productos maduros y nueva cartera constituye uno de los retos estructurales más relevantes para el grupo en los próximos ejercicios.

El glifosato, la sombra que no cede

El lastre jurídico sigue siendo el elemento que más condiciona la imagen financiera de Bayer. El flujo de caja libre (free cash flow) se situó en 2.300 millones de euros negativos durante el primer trimestre, como consecuencia directa de pagos por valor de aproximadamente 2.000 millones de euros correspondientes a acuerdos ya cerrados relacionados con el PCB y el glifosato. Desde la adquisición de Monsanto en 2018, creadora del herbicida Roundup, los litigios han costado al grupo más de 10.000 millones de dólares.

La semanas que vienen resultan decisivas en este frente. La empresa aguarda con atención el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos, previsto para finales de junio, en torno a si las autorizaciones federales concedidas por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) —que ha clasificado repetidamente el glifosato como no cancerígeno— deben tener primacía sobre las demandas instadas en estados individuales. El consejero delegado, Bill Anderson, fue directo en su valoración durante la presentación de resultados: si el derecho federal no prevalece, se correría el riesgo de una «anarquía regulatoria» provocada por un mosaico de normativas contradictorias impuestas por jurados y legislaturas estatales. «¿Por qué lanzar nuevos productos que cuestan miles de millones y requieren décadas de investigación si, a pesar de un riguroso proceso de autorización, uno se expone al riesgo de costes legales multimillonarios?», preguntó Anderson en un razonamiento que apunta directamente a las consecuencias sistémicas del litigio para la innovación agrícola.

Un acuerdo colectivo en marcha y opciones estructurales sobre la mesa

Paralelamente al proceso judicial, Bayer avanza en un acuerdo colectivo con los bufetes de los demandantes valorado en hasta 7.250 millones de dólares, aprobado de forma provisional a principios de marzo. El plazo para que los demandantes puedan retirarse del acuerdo expira el 4 de junio, y en julio se celebrará la audiencia para su aprobación definitiva. Anderson se mostró confiado en poder «contener significativamente» los litigios este año incluso en caso de un fallo desfavorable del Supremo, aunque reconoció que para un «escenario de peor caso» el grupo mantiene abiertas «opciones estructurales» que afectarían a la configuración de la compañía, si bien descartó que existan planes concretos en esa dirección en el momento actual.

En el plano regulatorio y político, los avances son desiguales. El estado de Kentucky aprobó una ley en la dirección que interesa a Bayer, pero la empresa sufrió un revés en las negociaciones del paquete legislativo agrícola federal conocido como Farm Bill, lo que evidencia las dificultades para obtener una solución legislativa de alcance nacional.

Adquisición de Perfuse Therapeutics: apuesta por la oftalmología

En paralelo a la presentación de resultados, Bayer anunció la adquisición total de Perfuse Therapeutics, una compañía biotecnológica especializada en enfermedades oculares, en una operación con un valor potencial de hasta 2.450 millones de dólares. La transacción contempla un pago inicial de 300 millones de dólares y pagos adicionales variables vinculados al cumplimiento de hitos de desarrollo, regulatorios y comerciales.

El activo central de la operación es PER-001, un antagonista del receptor de endotelina de molécula pequeña que se encuentra en fase II de desarrollo clínico para el tratamiento del glaucoma y la retinopatía diabética. Se trata de uno de los primeros programas terapéuticos en investigación que estudia la capacidad de mejorar el campo visual en pacientes con glaucoma y de reducir la isquemia y mejorar la sensibilidad al contraste en pacientes con retinopatía diabética, enfermedades con una elevada necesidad médica no cubierta.

Con esta compra, Bayer persigue reforzar su posición en oftalmología, un área que ya formaba parte de su cartera con Eylea, precisamente uno de los productos que ahora enfrenta la presión de la pérdida de exclusividad. La operación, pendiente de las autorizaciones antimonopolio pertinentes y de la aprobación de los accionistas de Perfuse, cuenta con BofA Securities y Baker McKenzie como asesores financiero y legal de Bayer, respectivamente, mientras que Perfuse ha designado a Centerview Partners y Goodwin Procter en los mismos roles.

Previsiones confirmadas y margen al alza por el tipo de cambio

Pese a la complejidad del entorno, la dirección del grupo confirmó sus previsiones para el ejercicio 2026 en términos ajustados al tipo de cambio, y las elevó ligeramente en términos nominales como reflejo de la evolución de las divisas. Bayer espera ahora una facturación de entre 44.500 y 46.500 millones de euros —frente al rango anterior de 44.000 a 46.000 millones— y un resultado antes de extraordinarios de entre 9.400 y 9.900 millones de euros, frente a los 9.100 a 9.600 millones anteriores. «Estamos contentos con el comienzo del año de nuestras divisiones y podemos confirmar nuestros pronósticos para 2026 descontados los efectos de los tipos de cambio», subrayó Anderson.

El trimestre de Bayer refleja, en definitiva, la dualidad que caracteriza al grupo desde hace años: una base operativa que demuestra solidez y capacidad de generar valor, pero sometida a la presión constante de unos pasivos jurídicos de dimensión extraordinaria cuya resolución definitiva sigue sin estar garantizada.

La FIFA rompe con Panini tras más de seis décadas y elige a Fanatics como nuevo socio global de coleccionables

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El organismo rector del fútbol mundial pone fin a una alianza histórica iniciada en el Mundial de México 1970 y abre paso a un modelo híbrido de coleccionismo que combina productos físicos, digitales y parches de camisetas reales, en un mercado proyectado a alcanzar los 40.500 millones de dólares en 2030.

El fin de una era: 54 años de álbumes mundialistas llegan a su cierre

La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) anunció este jueves un acuerdo de licencia a largo plazo con Fanatics, empresa estadounidense líder en el mercado de coleccionables deportivos, para la producción de tarjetas y estampas del torneo mundialista a partir de 2031. El acuerdo contempla productos físicos y digitales —incluidos juegos de cartas y pegatinas— y desplaza a Panini, la editorial italiana que desde el Mundial de México 1970 ha producido ininterrumpidamente los álbumes de figuritas del certamen más visto del planeta. En total, la compañía italiana publicó 15 libros de estampas a lo largo de más de seis décadas de presencia ininterrumpida en las copas del mundo.

Los nuevos productos serán fabricados bajo la marca Topps, filial de Fanatics que en los últimos años ha ido capturando las licencias más importantes del deporte profesional, incluyendo las de la NBA, la NFL y la Premier League, cuyos coleccionables estarán en manos de Topps a partir de la temporada 2025-26. Panini también perdió esos contratos frente al avance de su rival.

La voz de la FIFA: innovación e ingresos como ejes del cambio

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, justificó la decisión en términos económicos y estratégicos. «Fanatics está impulsando una enorme innovación en los coleccionables, ofreciendo a los aficionados una nueva y significativa forma de conectar con sus equipos y jugadores favoritos», declaró en el comunicado oficial. «Además, esto representa otra importante fuente de ingresos comerciales que, como siempre, reinvertimos en el juego y en el fútbol».

La declaración de Infantino revela la lógica que subyace a esta ruptura: el organismo no solo busca modernizar su oferta comercial, sino también maximizar los flujos de ingresos derivados de las licencias de coleccionables, un rubro que ha experimentado un crecimiento explosivo en la última década y que hoy se perfila como uno de los más dinámicos del entretenimiento deportivo.

La magnitud económica del acuerdo: cifras que explican el cambio

Las proyecciones financieras ilustran con claridad por qué la FIFA optó por el cambio. Panini estimaba ingresos superiores a los 1.480 millones de dólares vinculados al Mundial 2026 y cerca de 1.500 millones en torno a la edición de 2030. Cifras considerables, pero que palidecen frente a las expectativas de su competidora: Fanatics proyecta superar los 4.000 millones de dólares en coleccionables durante 2026, respaldada por su estrategia de expansión global y su capacidad para integrar el mundo físico con plataformas digitales de alto alcance.

Este diferencial de escala refleja un cambio estructural en el mercado. La firma de investigación Strategic Market Research proyecta que el mercado global de artículos coleccionables y memorabilia deportiva alcanzará los 40.500 millones de dólares para 2030, impulsado por la digitalización del coleccionismo, el auge de las cartas de edición limitada y la incorporación de nuevas generaciones de fanáticos con mayor disposición a pagar por experiencias exclusivas.

Un modelo de negocio más sofisticado: parches, cartas y coleccionismo híbrido

Uno de los elementos centrales del acuerdo es la introducción del programa de parches de camisetas, un concepto ya consolidado en las grandes ligas estadounidenses y que ahora se trasladará al fútbol de selecciones. Bajo este esquema, fragmentos reales de las indumentarias utilizadas por los jugadores en partidos oficiales —los llamados «Debut Patch»— serán incorporados físicamente en las tarjetas coleccionables. La práctica tiene precedentes exitosos en productos asociados a estrellas como LeBron James en la NBA, Josh Allen en la NFL y Shohei Ohtani en la MLB, donde estas ediciones especiales alcanzan precios de reventa significativos en el mercado secundario.

El acuerdo también contempla coleccionables digitales, aunque el comunicado oficial no precisó si se mantendrá el formato tradicional del álbum de estampas, el producto que durante décadas definió la identidad de Panini en los torneos de la FIFA.

Además del negocio estrictamente comercial, Fanatics se comprometió a distribuir gratuitamente más de 150 millones de dólares en productos coleccionables durante la vigencia del acuerdo, con un foco declarado en el fútbol juvenil a nivel global. La empresa también operará como minorista oficial y responsable del merchandising del Mundial 2026, y patrocinará un festival en Nueva York previo a la final del torneo.

La disputa legal que aceleró la ruptura

El desplazamiento de Panini no se produjo en un vacío. Detrás del anuncio de la FIFA existe un conflicto judicial activo entre ambas compañías. La editorial italiana acusó a Fanatics de prácticas monopólicas y de intentar acaparar el mercado de coleccionables deportivos mediante estrategias que consideró desleales. Fanatics respondió con contrademandas, alegando a su vez maniobras comerciales irregulares por parte de su rival. La disputa legal no solo visibilizó la tensión entre los dos grandes actores del sector, sino que habría contribuido a acelerar la redefinición de alianzas dentro del ecosistema de licencias deportivas.

Panini no desaparece: contratos vigentes y presencia regional

A pesar de la pérdida de la licencia mundialista, Panini no abandona el mercado. La editorial mantiene contratos activos con la Copa América, la Eurocopa y diversas ligas locales, entre ellas la Liga Profesional de Argentina. Estos acuerdos le permiten conservar una base de operaciones relevante y sostener su relación con una comunidad de coleccionistas que, en muchas regiones del mundo, permanece fiel a su marca.

No obstante, perder la vitrina del Mundial de la FIFA representa un golpe simbólico y comercial de primera magnitud. El álbum mundialista no era solo un producto: era el producto, el que definía la temporada de millones de coleccionistas en más de cien países y el que garantizaba a Panini una exposición global incomparable cada cuatro años.

El último capítulo de esa historia ya está en marcha. Apenas el 30 de abril pasado, Panini lanzó la edición 2026 de su álbum —el más grande de la historia, con 980 cromos— e incluso puso en marcha una exhibición de estampas monumentales que recorrerá las ciudades sede del torneo en México entre mayo y julio. Será el penúltimo álbum que la editorial italiana publique al amparo de su acuerdo vigente con la FIFA, que concluye en 2030.

Deuda pública de Paraguay casi triplica a sus reservas internacionales en una década

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Lo que en 2016 era un escenario de relativo equilibrio entre los pasivos del Estado y sus activos de respaldo se ha convertido en una de las tendencias fiscales más llamativas de la última década en Paraguay. Mientras las reservas internacionales netas (RIN) del Banco Central del Paraguay (BCP) crecieron un 65,8% en diez años —pasando de USD 6.866,6 millones en mayo de 2016 a los actuales USD 11.386,1 millones—, la deuda pública acumuló un aumento de 252,7% en el mismo período, escalando de USD 6.061,8 millones en marzo de 2016 a USD 21.384,3 millones en marzo de 2026, según datos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). En términos nominales, eso equivale a USD 15.322,5 millones adicionales de endeudamiento en apenas una década, mientras las reservas crecieron solo USD 4.519,5 millones en ese lapso.

Si en 2016 ambos indicadores se encontraban prácticamente en el mismo nivel, hoy la deuda prácticamente duplica a las RIN. Esta divergencia representa una señal de alerta que los analistas económicos siguen de cerca, no porque indique una crisis inminente, sino porque plantea preguntas serias sobre la trayectoria sostenible de las finanzas públicas paraguayas en el mediano y largo plazo.

Ratio deuda-PIB a la baja, pero endeudamiento nominal al alza

Al cierre de marzo de 2026, la deuda pública de la Administración Central de Paraguay alcanzó USD 18.836,3 millones, lo que implica un aumento de USD 904,5 millones respecto a diciembre de 2025. A primera vista, el dato puede leerse como manejable: el ratio de deuda sobre el Producto Interno Bruto (PIB) descendió de 36,1% a 31,3%, una mejora que se explica, en gran medida, por el dinamismo económico que ha exhibido el país en los últimos años.

Sin embargo, esta lectura tiene matices importantes. El crecimiento económico actuó como un factor de dilución del peso relativo de la deuda, pero no detuvo su expansión en términos absolutos. El endeudamiento nominal siguió aumentando, y la necesidad de financiamiento constante para cubrir el déficit fiscal continúa presionando las cuentas públicas. En ese contexto, la mejora del ratio deuda-PIB no debe interpretarse como una señal de consolidación fiscal, sino como el resultado de un crecimiento económico que —de moderarse en el futuro— podría volver a tensar los indicadores de solvencia.

Dependencia externa, el talón de Aquiles de la estructura de deuda

Uno de los aspectos más relevantes del perfil de endeudamiento paraguayo es su marcada orientación hacia acreedores externos. Al cierre de marzo de 2026, el 89,5% de la deuda total correspondió a deuda externa, equivalente a USD 16.850,6 millones, mientras que la deuda interna apenas representó el 10,5% restante. Esta concentración deja expuesto al país a dos riesgos de naturaleza distinta pero igualmente significativos: las fluctuaciones del tipo de cambio y los movimientos en las condiciones financieras internacionales.

En términos de acreedores, los bonos externos se consolidaron como el principal componente del endeudamiento, alcanzando USD 9.016,1 millones y representando el 47,9% de la deuda total al cierre de marzo, frente al 45,8% registrado en diciembre de 2025. Este avance confirma que el Estado paraguayo sigue recurriendo con intensidad a los mercados internacionales de capitales para financiar sus necesidades fiscales. Los organismos multilaterales, por su parte, concentran USD 7.277,4 millones, equivalentes al 38,6% del total, con el BID como principal acreedor individual del país, seguido por CAF y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF). La participación de estos organismos suele considerarse favorable, dado que ofrecen condiciones más estables y plazos de repago extendidos.

La dependencia de los mercados internacionales es funcional mientras existan condiciones de liquidez global holgadas. Sin embargo, en un entorno donde las tasas de interés en las economías desarrolladas se han mantenido elevadas por períodos prolongados, la estrategia de endeudamiento externo conlleva riesgos crecientes. Un encarecimiento de las condiciones de crédito o un episodio de volatilidad financiera global podría complicar significativamente el acceso al refinanciamiento y elevar el costo de nuevas emisiones.

Señales mixtas en la composición por monedas y tasas

Dentro del panorama de vulnerabilidades, aparece al menos una tendencia parcialmente alentadora en la estructura por monedas. La deuda denominada en guaraníes ganó participación entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, pasando de representar el 17,8% al 22,4% del total. En términos absolutos, eso implicó un aumento desde USD 3.189,1 millones hasta USD 4.220,3 millones, un movimiento que puede interpretarse como un avance gradual hacia una mayor profundización del mercado local de deuda y una reducción de la exposición cambiaria, en línea con la política de desdolarización impulsada desde el MEF.

No obstante, el dólar sigue siendo ampliamente dominante en la composición de la deuda, con USD 14.210,7 millones y una participación del 75,4% del total. El avance de la deuda en moneda local es incipiente y, por ahora, insuficiente para cambiar estructuralmente el perfil de riesgo cambiario del endeudamiento público.

En cuanto a la composición por tasas, el 67,6% de la deuda está pactada a tasa fija, mientras que el 32,4% restante se encuentra a tasa variable. La predominancia de tasas fijas reduce parcialmente el impacto inmediato de un eventual encarecimiento del crédito internacional, pero no elimina el riesgo de refinanciamiento. En la medida en que venzan obligaciones a tasa fija y deban renovarse en un contexto de tasas elevadas, el costo promedio de la deuda podría ir aumentando de forma gradual.

Reservas internacionales: sólidas pero con caída mensual

En el frente de las reservas, el BCP reporta actualmente USD 11.386,1 millones en reservas internacionales netas, cifra que representa un crecimiento de 65,8% respecto a los USD 6.866,6 millones registrados en mayo de 2016, con una diferencia de USD 4.519,5 millones en ese período. Sin embargo, en la comparación mensual, las reservas acumularon una caída de USD 114,4 millones respecto a los USD 11.500,5 millones registrados en abril pasado.

Si se utilizan los datos de marzo de 2026 para una comparación homogénea con la deuda, las reservas se situaron en USD 11.719,6 millones, frente a los USD 6.632,7 millones de marzo de 2016, lo que representa un incremento del 76,6% en la década. Un ritmo de crecimiento notablemente inferior al 252,7% que registró la deuda pública en el mismo período, y que explica el profundo cambio en la relación entre ambos indicadores.

Un equilibrio que requiere atención sostenida

La fotografía actual de las finanzas públicas paraguayas muestra un país que creció económicamente, mejoró su ratio de deuda sobre el PIB y conservó una reputación razonablemente sólida en los mercados internacionales. Pero también revela una estructura de endeudamiento que se ha expandido a un ritmo tres veces superior al de las reservas internacionales, con una dependencia externa elevada, un mercado local de deuda aún en desarrollo y un déficit fiscal que sigue requiriendo financiamiento recurrente.

La sostenibilidad de esta trayectoria dependerá, en gran medida, de la capacidad del país para mantener tasas de crecimiento económico robustas, gestionar con prudencia el acceso a los mercados externos y avanzar en la profundización del mercado de deuda doméstico. En un contexto financiero global todavía incierto, la ecuación de las finanzas públicas paraguayas exige monitoreo permanente y una gestión fiscal cuidadosa en los próximos años.

Mercado energético global en vilo: el petróleo escala más del 4% tras el rechazo de Trump a la contrapropuesta iraní

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La tensión entre Washington y Teherán lleva al Brent por encima de los 105 dólares y al WTI cerca de los 100, con pérdidas acumuladas de mil millones de barriles en dos meses de conflicto

Los precios del petróleo retomaron con fuerza su escalada el lunes 11 de mayo tras el rechazo público del presidente estadounidense Donald Trump a la más reciente contrapropuesta de Irán para poner fin a un conflicto que ya supera las diez semanas y que ha redibujado el mapa energético mundial. Los futuros del Brent avanzaron 4,04 dólares, equivalente a un 3,99%, hasta situarse en 105,33 dólares por barril a las 06:14 GMT, mientras que el crudo West Texas Intermediate (WTI) subió 4,43 dólares, un 4,64%, hasta rozar los 99,85 dólares por barril. El repunte contrasta con las fuertes pérdidas registradas la semana previa, cuando ambas referencias cayeron alrededor del 6% ante expectativas —que ahora lucen prematuras— de una posible solución negociada.

«Totalmente inaceptable»: el rechazo de Trump que reencendió los mercados

La chispa que detonó el alza llegó desde las redes sociales. Pocas horas después de que Irán presentara su respuesta a la propuesta de paz estadounidense a través de intermediarios en Pakistán, Trump publicó en Truth Social: «No me gusta — ¡TOTALMENTE INACEPTABLE!». El mensaje, breve y sin mayor detalle, fue suficiente para que los mercados reaccionaran de inmediato. En los minutos posteriores, los futuros del Nasdaq 100 retrocedieron un 0,13% y los del S&P 500 cayeron aproximadamente un 0,1%, aunque ambos índices venían de cerrar la semana anterior en máximos históricos, con el Nasdaq Composite acumulando una subida superior al 4% y el S&P 500 un avance de más del 2%, logrando cada uno su sexto avance semanal consecutivo, algo que ninguno había conseguido desde 2024.

La respuesta iraní, transmitida a través de la agencia semioficial Tasnim y según fuentes citadas por The Wall Street Journal, planteó un esquema de tres fases que exige a Washington, como condición previa a cualquier conversación sobre armas nucleares, poner fin al bloqueo naval, restablecer las exportaciones de petróleo iraní, levantar las sanciones, descongelar los activos, reconocer la soberanía de Irán sobre el Estrecho de Ormuz y considerar el alto el fuego en el Líbano como una línea roja infranqueable. La propuesta también contemplaba que una parte del uranio altamente enriquecido iraní fuera diluida y que el resto se enviara a un tercer país, con posibilidad de ser devuelto a Teherán si Estados Unidos abandonara el acuerdo en el futuro.

Washington, en cambio, sostiene la postura opuesta: concesiones nucleares primero, todo lo demás después. Estados Unidos exige garantías de que Irán pondrá fin a su programa nuclear como parte de cualquier acuerdo de paz y propone una moratoria de 20 años en el enriquecimiento de uranio. Irán aceptó suspender el enriquecimiento, pero por un período significativamente más corto, y rechazó de plano desmantelar sus instalaciones. Esa brecha entre las posiciones explica por qué el mercado sigue asignando una prima de riesgo tan elevada al barril.

Teherán, por su parte, desestimó la reacción de Trump como irrelevante. Una fuente citada por Tasnim señaló que la insatisfacción del mandatario estadounidense era «naturalmente mejor», lo que sugiere que Irán no tiene intención de suavizar sus exigencias ante la presión pública. Los medios estatales iraníes también enfatizaron la reivindicación del país sobre la soberanía del Estrecho de Ormuz, cuya reapertura sigue siendo la llave maestra del mercado energético global.

El Estrecho de Ormuz: la arteria bloqueada que mueve una quinta parte del petróleo mundial

El Estrecho de Ormuz, la vía marítima frente a la costa sur de Irán por la que fluye aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, permanece en gran medida cerrado desde el inicio del conflicto, bloqueado simultáneamente por fuerzas estadounidenses e iraníes. La parálisis de esta ruta no tiene precedentes en tiempos recientes y sus consecuencias se extienden mucho más allá de los mercados de futuros.

El director ejecutivo de Saudi Aramco, Amin Nasser, advirtió el domingo que el mundo ha perdido alrededor de mil millones de barriles de suministro petrolero en los últimos dos meses y alertó de que los mercados energéticos podrían tardar «bastante tiempo» en estabilizarse incluso si las exportaciones se reanudan. Sus palabras reflejan la magnitud del daño acumulado sobre las cadenas globales de suministro.

Los datos de transporte marítimo de la firma Kpler añaden una capa adicional de preocupación: al menos tres buques petroleros cargados con crudo atravesaron el Estrecho de Ormuz la semana pasada con sus sistemas de rastreo apagados, aparentemente para evitar posibles ataques iraníes. Esta tendencia creciente entre los exportadores ilustra cómo el comercio energético global está operando bajo condiciones de guerra, asumiendo riesgos de seguridad que normalmente serían inaceptables para la industria.

Las consecuencias ya son visibles en los datos macroeconómicos. Cifras oficiales publicadas durante el fin de semana revelaron que las importaciones chinas de crudo cayeron en abril a su nivel más bajo en casi cuatro años, poniendo de relieve la creciente presión sobre el mayor importador de petróleo del mundo. China, que compra una parte significativa de su crudo iraní, está pagando el precio más alto de las interrupciones en el golfo.

Netanyahu endurece el tono y complica la desescalada

Si el rechazo de Trump fue el detonante inmediato del alza en los precios, las declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reforzaron la percepción de que el conflicto podría prolongarse más allá de lo que el mercado había descontado. En una entrevista grabada para el programa «60 Minutes» de la cadena CBS, Netanyahu aseguró que aún queda «trabajo por hacer» en Irán y sostuvo que todavía existe material nuclear y uranio enriquecido que debe ser retirado del país, así como instalaciones de enriquecimiento que deben ser desmanteladas. El primer ministro también afirmó que Irán mantiene grupos aliados a los que apoya y que aún busca producir misiles balísticos. Al ser consultado sobre cómo se retiraría el material nuclear, respondió escuetamente: «Entras y lo sacas». Informes no confirmados sugieren, además, que Trump comunicó personalmente a Netanyahu su intención de atacar las instalaciones nucleares iraníes.

Esas declaraciones enfriaron las expectativas de una desescalada rápida y llegaron en un momento especialmente delicado, cuando las negociaciones entre Washington y Teherán a través de mediadores pakistaníes aún no han alcanzado un pacto definitivo. Netanyahu también advirtió recientemente que el conflicto con Irán «aún no ha terminado», subrayando que el daño causado al país persa y al Líbano ha sido grave, pero que los objetivos militares no están completamente cumplidos.

La prima de riesgo geopolítico se consolida en el barril

El rebote del lunes —que sitúa a ambos contratos con un alza acumulada cercana al 40% desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la guerra liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán— no es un fenómeno puntual, sino la expresión de una prima de riesgo geopolítico que los analistas consideran estructural mientras el conflicto no tenga una resolución clara.

«Incluso si el impacto más agudo del shock petrolero disminuye hacia finales de 2026, el riesgo constante de nuevas interrupciones en el Estrecho de Ormuz, los bajos inventarios y una coordinación política más débil probablemente mantendrán incorporada una prima de riesgo geopolítico en los precios», señalaron analistas del banco ANZ en una nota publicada el lunes. Por su parte, los analistas de ING apuntaron que «cabría esperar que el mercado se fuera cansando progresivamente del aluvión de titulares y del tira y afloja», pero reconocieron que «los precios del petróleo siguen siendo muy sensibles al ruido en torno a Irán, lo que pone de relieve la importancia de las continuas interrupciones del suministro en el Golfo Pérsico».

Los analistas de Citibank, en su más reciente informe sobre el crudo, sugieren que los precios mundiales podrían seguir subiendo si Irán y Estados Unidos no logran llegar a un acuerdo, aunque señalaron que el mercado se ha visto «algo amortiguado» por los elevados inventarios, la liberación de reservas estratégicas de algunos países, la menor demanda en economías en desarrollo y algunos indicios dispersos de desescalada. La ventana de alivio, sin embargo, luce estrecha.

La cumbre Trump-Xi en Pekín: ¿puede China desbloquear el nudo iraní?

En medio de la escalada, los mercados también miran hacia Pekín. Trump tiene previsto visitar China para una cumbre con el presidente Xi Jinping entre el 13 y el 15 de mayo, un encuentro que será el primer gran viaje de un líder estadounidense a la capital china en casi una década. En la agenda figuran las disputas comerciales —se espera la prórroga de una tregua arancelaria firmada en octubre— y el conflicto con Irán, del que China es un actor central como mayor importador de petróleo iraní.

Los analistas de ING apuntaron que el viaje de Trump a China «podría ser positivo para los esfuerzos de paz». Los inversores se enfocan cada vez más en la posibilidad de que Pekín pueda ejercer presión sobre Teherán para avanzar hacia un cese al fuego integral y una solución duradera a las interrupciones en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, la influencia china sobre Irán no es ilimitada, y el historial de negociaciones en la región aconseja prudencia ante cualquier optimismo prematuro.

El impacto sobre los mercados financieros y la economía global

El conflicto no solo presiona el barril. Sus efectos se irradian sobre la inflación, el crecimiento y las decisiones de política monetaria en todo el mundo. Los precios del petróleo, que se han disparado muy por encima de los niveles previos a la guerra, han alimentado los temores de un repunte inflacionario en países de todo el mundo. La publicación del IPC de abril de Estados Unidos, prevista para el martes, se espera que refleje un aumento de precios interanual del 3,8%, frente al 3,3% registrado el mes anterior, según economistas encuestados por The Wall Street Journal. La semana también traerá los datos del índice de precios al productor y los resultados de empresas como Cisco y Under Armour.

En ese contexto, el mercado laboral estadounidense ofreció una sorpresa positiva que amortiguó parcialmente el pesimismo geopolítico: las nóminas no agrícolas de abril totalizaron 115.000 empleos, muy por encima de los 55.000 pronosticados por los economistas consultados por Dow Jones. El dato dio soporte a los activos de riesgo en el tramo final de la semana anterior.

No obstante, la macro favorable no disipa la incertidumbre energética. Rick Rieder, director de inversiones de renta fija global de BlackRock, declaró a CNBC que es probable que los factores estructurales más profundos que sustentan la economía estadounidense resulten más poderosos que el impacto de los precios elevados del petróleo y la incertidumbre bélica. Por su parte, el estratega sénior de Pepperstone, Michael Brown, sostuvo que «para las acciones en Estados Unidos, el argumento alcista es simplemente demasiado sólido como para combatirlo ahora mismo, ya que el optimismo geopolítico se combina con un crecimiento de beneficios estelar y el regreso de la euforia en torno al tema de la inteligencia artificial», aunque advirtió que esa tesis depende de que ninguno de esos factores cambie de forma sustancial.

El mercado energético global entra así en una nueva semana con los precios del crudo por encima de niveles críticos, las negociaciones de paz en punto muerto y la única válvula de alivio visible —la cumbre de Pekín— pendiente de resultados que, por ahora, nadie puede garantizar.

La deuda externa y la informalidad marcan el perfil fiscal de Paraguay según informe de la Cepal

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En un contexto regional marcado por la presión sobre las finanzas públicas y la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento, Paraguay emerge en el más reciente Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe 2026 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) como un país con una arquitectura tributaria particular, grandes desafíos estructurales y reformas en marcha que buscan ampliar su base contributiva. El informe —publicado bajo el título Fortalecimiento de los sistemas tributarios para financiar un desarrollo más productivo, inclusivo y sostenible— ofrece datos concretos que permiten situar al país guaraní en el mapa fiscal latinoamericano con una mirada crítica y comparativa.

El IVA como termómetro del consumo interno

Uno de los indicadores más usados para medir la salud económica de un país es la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que refleja el dinamismo del consumo interno y del comercio. En el caso de Paraguay, la CEPAL registra variaciones interanuales en la recaudación de este tributo —tanto por ventas internas como por importaciones— que lo ubican en una posición intermedia dentro del bloque regional durante 2024 y 2025.

A diferencia de países como Colombia, El Salvador o Perú, donde los cambios normativos —como la facturación electrónica obligatoria o la aplicación del IVA a servicios digitales— generaron incrementos significativos, Paraguay no protagonizó saltos abruptos en este rubro. Esto sugiere una base de recaudación relativamente estable, pero también una limitada capacidad de capturar nuevos flujos económicos a través de este impuesto, en especial los vinculados a la economía digital y al comercio informal.

Programas sociales que empujan el gasto: jubilaciones, Hambre Cero y Adultos Mayores

En el capítulo de gasto público, Paraguay aparece con una dinámica particular que lo distingue de sus vecinos. Según el informe de la CEPAL, el país sobresale por el dinamismo de sus prestaciones sociales, especialmente en lo que corresponde a jubilaciones, pensiones y programas como Hambre Cero y Adultos Mayores, de acuerdo con datos del propio Ministerio de Economía y Finanzas del Paraguay (2026).

Esta expansión del gasto social —en un contexto en que otros países de la región aplicaron ajustes en programas similares— habla de una apuesta política deliberada por el lado del gasto. Sin embargo, también plantea una pregunta central: ¿está Paraguay generando los ingresos fiscales suficientes para sostener ese nivel de erogaciones de manera sostenible en el tiempo? La respuesta, a la luz de las cifras regionales, no es del todo tranquilizadora.

Una deuda pública con rostro externo, el 89% en manos de acreedores internacionales

Uno de los datos más llamativos que arroja el Panorama Fiscal 2026 sobre Paraguay tiene que ver con la estructura de su deuda pública. Según el informe, el 89% de la deuda pública paraguaya corresponde a acreedores externos, mientras que apenas el 11% está en manos de acreedores internos. Este porcentaje coloca a Paraguay junto a Nicaragua (95%) y Panamá (82%) como los países de la región con mayor dependencia de financiamiento externo.

Esta composición no es un dato menor. La CEPAL advierte que los países con elevados niveles de deuda externa enfrentan riesgos adicionales, incluida una mayor exposición a la volatilidad de los flujos de capital extranjero y a las fluctuaciones del tipo de cambio. En el caso paraguayo, esta vulnerabilidad se amplifica por el hecho de que el 82% de su deuda está denominada en moneda extranjera —predominantemente dólares estadounidenses—, lo que implica que cualquier depreciación del guaraní encarece automáticamente el servicio de esa deuda.

Este perfil contrasta marcadamente con el de economías como Brasil o México, donde la deuda interna domina con participaciones del 87% y 84% respectivamente, lo que les otorga mayor autonomía y menor exposición a shocks externos.

La Ley 7444/2025: apuesta por formalizar las pymes y ampliar la base tributaria

En materia de política tributaria, la novedad más relevante de Paraguay en el período analizado es la promulgación de la Ley N.° 7444/2025, una norma orientada a reducir la informalidad y ampliar la base de contribuyentes. La CEPAL destaca que esta legislación establece un conjunto de incentivos para promover la formalización de microempresas y pequeñas y medianas empresas (mipymes), aunque aclara que sus efectos sobre el Impuesto a la Renta Personal son, por ahora, indirectos.

El nuevo régimen combina exoneraciones tributarias, regímenes simplificados de pago, facilidades de financiamiento, sistemas especiales de seguridad social y un marco laboral adaptado. El objetivo declarado es facilitar la transición de personas físicas y pequeños emprendimientos informales hacia la economía formal y, con ello, su incorporación progresiva al sistema de imposición sobre la renta personal.

La medida es significativa porque Paraguay enfrenta, como gran parte de América Latina, un problema estructural de informalidad que erosiona la base imponible. Atraer a ese universo de contribuyentes potenciales hacia el sistema formal no solo ampliaría la recaudación, sino que mejoraría la equidad horizontal del sistema tributario.

El peso del gasto tributario social

Otro eje del informe de la CEPAL es el análisis de los gastos tributarios orientados a objetivos sociales, es decir, las renuncias recaudatorias que los Estados realizan a través de exenciones, deducciones y alícuotas reducidas con el fin de apoyar a sectores vulnerables o estimular el consumo de bienes esenciales.

En Paraguay, el costo fiscal de este tipo de instrumentos alcanza el 0,72% del PIB (datos del año fiscal 2023), situándolo en la franja baja del espectro regional junto a Chile (0,77%), Honduras (0,98%) y Perú (0,41%), muy lejos de países como Ecuador (3,39%), México (2,75%), Nicaragua (2,71%) o Costa Rica (2,43%), que superan el 2% del PIB en renuncias fiscales de este tipo. El promedio regional se ubica en 1,81% del PIB.

Este dato tiene una doble lectura. Por un lado, puede interpretarse como moderación en el uso de beneficios fiscales, lo cual preserva ingresos potenciales para el Estado. Por otro, también puede reflejar una menor cobertura de instrumentos tributarios orientados a la protección de los sectores más vulnerables de la población.

Un sistema tributario que apoya lo social pero de forma indirecta

Quizás el hallazgo más revelador sobre la política fiscal social de Paraguay es la forma en que el Estado canaliza sus apoyos a través del sistema tributario. Según el informe de la CEPAL, el 83% de los gastos tributarios con orientación social en Paraguay opera de manera indirecta a través del consumo de bienes y servicios, es decir, mediante exenciones del IVA a productos esenciales como alimentos de la canasta básica, medicamentos y servicios educativos o de salud. Solo Nicaragua (85%) supera a Paraguay en esta proporción dentro de los países analizados.

En contraste, países como México (55%), Chile (47%), Argentina (36%), Ecuador (34%) y Costa Rica (30%) utilizan en mayor medida instrumentos de incidencia directa —como deducciones en el impuesto a la renta de las personas físicas vinculadas a gastos de educación, salud o cargas familiares— que llegan de forma más específica a los hogares.

La CEPAL advierte que los instrumentos de incidencia indirecta, al aplicarse de manera amplia y sin focalización, presentan una baja precisión distributiva y pueden tener efectos regresivos: en la práctica, benefician proporcionalmente más a los hogares de ingresos medios y altos, que concentran un mayor volumen de consumo. Dicho de otro modo, cuando se exime del IVA a todos los alimentos de la canasta básica sin distinción de quién los compra, el ahorro fiscal es mayor para quien más gasta, no necesariamente para quien más lo necesita. Además, el informe señala que la participación de los gastos tributarios de incidencia directa en el costo fiscal de Paraguay es nula, al igual que en Nicaragua y Perú, lo que significa que el sistema tributario paraguayo prácticamente no utiliza deducciones o créditos en el impuesto a la renta personal para apoyar directamente los ingresos disponibles de los hogares.

Los desafíos estructurales que el informe pone sobre la mesa

La radiografía fiscal de Paraguay que ofrece la CEPAL en su Panorama 2026 revela un país que avanza en algunas reformas clave —como la formalización de mipymes—, pero que enfrenta retos de fondo que condicionan su capacidad de financiar un desarrollo más inclusivo.

La alta dependencia de deuda externa y la exposición al riesgo cambiario representan una vulnerabilidad macroeconómica real que puede agudizarse ante turbulencias financieras internacionales. La baja presión tributaria y la limitada capacidad redistributiva del impuesto a la renta personal —un problema compartido con toda la región— reducen el espacio fiscal disponible para la inversión pública y los programas sociales. El predominio de instrumentos tributarios indirectos como mecanismo de política social limita la efectividad y equidad de esas intervenciones. Y el creciente dinamismo del gasto en prestaciones sociales —jubilaciones, pensiones y programas como Hambre Cero— exige una fuente de financiamiento sólida y sostenible que el sistema tributario actual todavía no garantiza con holgura.

Paraguay tiene ante sí la tarea de construir un sistema fiscal más robusto, más equitativo y más capaz de financiar su propio desarrollo. El camino, como lo muestra el más reciente informe de la CEPAL, pasa por ampliar la base tributaria, reducir la informalidad, reorientar los beneficios fiscales hacia los sectores que más los necesitan y diversificar las fuentes de financiamiento del Estado. La Ley 7444/2025 es un primer paso en esa dirección, pero el trayecto es aún largo.