La tensión entre Washington y Teherán lleva al Brent por encima de los 105 dólares y al WTI cerca de los 100, con pérdidas acumuladas de mil millones de barriles en dos meses de conflicto

Los precios del petróleo retomaron con fuerza su escalada el lunes 11 de mayo tras el rechazo público del presidente estadounidense Donald Trump a la más reciente contrapropuesta de Irán para poner fin a un conflicto que ya supera las diez semanas y que ha redibujado el mapa energético mundial. Los futuros del Brent avanzaron 4,04 dólares, equivalente a un 3,99%, hasta situarse en 105,33 dólares por barril a las 06:14 GMT, mientras que el crudo West Texas Intermediate (WTI) subió 4,43 dólares, un 4,64%, hasta rozar los 99,85 dólares por barril. El repunte contrasta con las fuertes pérdidas registradas la semana previa, cuando ambas referencias cayeron alrededor del 6% ante expectativas —que ahora lucen prematuras— de una posible solución negociada.

«Totalmente inaceptable»: el rechazo de Trump que reencendió los mercados

La chispa que detonó el alza llegó desde las redes sociales. Pocas horas después de que Irán presentara su respuesta a la propuesta de paz estadounidense a través de intermediarios en Pakistán, Trump publicó en Truth Social: «No me gusta — ¡TOTALMENTE INACEPTABLE!». El mensaje, breve y sin mayor detalle, fue suficiente para que los mercados reaccionaran de inmediato. En los minutos posteriores, los futuros del Nasdaq 100 retrocedieron un 0,13% y los del S&P 500 cayeron aproximadamente un 0,1%, aunque ambos índices venían de cerrar la semana anterior en máximos históricos, con el Nasdaq Composite acumulando una subida superior al 4% y el S&P 500 un avance de más del 2%, logrando cada uno su sexto avance semanal consecutivo, algo que ninguno había conseguido desde 2024.

La respuesta iraní, transmitida a través de la agencia semioficial Tasnim y según fuentes citadas por The Wall Street Journal, planteó un esquema de tres fases que exige a Washington, como condición previa a cualquier conversación sobre armas nucleares, poner fin al bloqueo naval, restablecer las exportaciones de petróleo iraní, levantar las sanciones, descongelar los activos, reconocer la soberanía de Irán sobre el Estrecho de Ormuz y considerar el alto el fuego en el Líbano como una línea roja infranqueable. La propuesta también contemplaba que una parte del uranio altamente enriquecido iraní fuera diluida y que el resto se enviara a un tercer país, con posibilidad de ser devuelto a Teherán si Estados Unidos abandonara el acuerdo en el futuro.

Washington, en cambio, sostiene la postura opuesta: concesiones nucleares primero, todo lo demás después. Estados Unidos exige garantías de que Irán pondrá fin a su programa nuclear como parte de cualquier acuerdo de paz y propone una moratoria de 20 años en el enriquecimiento de uranio. Irán aceptó suspender el enriquecimiento, pero por un período significativamente más corto, y rechazó de plano desmantelar sus instalaciones. Esa brecha entre las posiciones explica por qué el mercado sigue asignando una prima de riesgo tan elevada al barril.

Teherán, por su parte, desestimó la reacción de Trump como irrelevante. Una fuente citada por Tasnim señaló que la insatisfacción del mandatario estadounidense era «naturalmente mejor», lo que sugiere que Irán no tiene intención de suavizar sus exigencias ante la presión pública. Los medios estatales iraníes también enfatizaron la reivindicación del país sobre la soberanía del Estrecho de Ormuz, cuya reapertura sigue siendo la llave maestra del mercado energético global.

El Estrecho de Ormuz: la arteria bloqueada que mueve una quinta parte del petróleo mundial

El Estrecho de Ormuz, la vía marítima frente a la costa sur de Irán por la que fluye aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, permanece en gran medida cerrado desde el inicio del conflicto, bloqueado simultáneamente por fuerzas estadounidenses e iraníes. La parálisis de esta ruta no tiene precedentes en tiempos recientes y sus consecuencias se extienden mucho más allá de los mercados de futuros.

El director ejecutivo de Saudi Aramco, Amin Nasser, advirtió el domingo que el mundo ha perdido alrededor de mil millones de barriles de suministro petrolero en los últimos dos meses y alertó de que los mercados energéticos podrían tardar «bastante tiempo» en estabilizarse incluso si las exportaciones se reanudan. Sus palabras reflejan la magnitud del daño acumulado sobre las cadenas globales de suministro.

Los datos de transporte marítimo de la firma Kpler añaden una capa adicional de preocupación: al menos tres buques petroleros cargados con crudo atravesaron el Estrecho de Ormuz la semana pasada con sus sistemas de rastreo apagados, aparentemente para evitar posibles ataques iraníes. Esta tendencia creciente entre los exportadores ilustra cómo el comercio energético global está operando bajo condiciones de guerra, asumiendo riesgos de seguridad que normalmente serían inaceptables para la industria.

Las consecuencias ya son visibles en los datos macroeconómicos. Cifras oficiales publicadas durante el fin de semana revelaron que las importaciones chinas de crudo cayeron en abril a su nivel más bajo en casi cuatro años, poniendo de relieve la creciente presión sobre el mayor importador de petróleo del mundo. China, que compra una parte significativa de su crudo iraní, está pagando el precio más alto de las interrupciones en el golfo.

Netanyahu endurece el tono y complica la desescalada

Si el rechazo de Trump fue el detonante inmediato del alza en los precios, las declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reforzaron la percepción de que el conflicto podría prolongarse más allá de lo que el mercado había descontado. En una entrevista grabada para el programa «60 Minutes» de la cadena CBS, Netanyahu aseguró que aún queda «trabajo por hacer» en Irán y sostuvo que todavía existe material nuclear y uranio enriquecido que debe ser retirado del país, así como instalaciones de enriquecimiento que deben ser desmanteladas. El primer ministro también afirmó que Irán mantiene grupos aliados a los que apoya y que aún busca producir misiles balísticos. Al ser consultado sobre cómo se retiraría el material nuclear, respondió escuetamente: «Entras y lo sacas». Informes no confirmados sugieren, además, que Trump comunicó personalmente a Netanyahu su intención de atacar las instalaciones nucleares iraníes.

Esas declaraciones enfriaron las expectativas de una desescalada rápida y llegaron en un momento especialmente delicado, cuando las negociaciones entre Washington y Teherán a través de mediadores pakistaníes aún no han alcanzado un pacto definitivo. Netanyahu también advirtió recientemente que el conflicto con Irán «aún no ha terminado», subrayando que el daño causado al país persa y al Líbano ha sido grave, pero que los objetivos militares no están completamente cumplidos.

La prima de riesgo geopolítico se consolida en el barril

El rebote del lunes —que sitúa a ambos contratos con un alza acumulada cercana al 40% desde el 28 de febrero, fecha de inicio de la guerra liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán— no es un fenómeno puntual, sino la expresión de una prima de riesgo geopolítico que los analistas consideran estructural mientras el conflicto no tenga una resolución clara.

«Incluso si el impacto más agudo del shock petrolero disminuye hacia finales de 2026, el riesgo constante de nuevas interrupciones en el Estrecho de Ormuz, los bajos inventarios y una coordinación política más débil probablemente mantendrán incorporada una prima de riesgo geopolítico en los precios», señalaron analistas del banco ANZ en una nota publicada el lunes. Por su parte, los analistas de ING apuntaron que «cabría esperar que el mercado se fuera cansando progresivamente del aluvión de titulares y del tira y afloja», pero reconocieron que «los precios del petróleo siguen siendo muy sensibles al ruido en torno a Irán, lo que pone de relieve la importancia de las continuas interrupciones del suministro en el Golfo Pérsico».

Los analistas de Citibank, en su más reciente informe sobre el crudo, sugieren que los precios mundiales podrían seguir subiendo si Irán y Estados Unidos no logran llegar a un acuerdo, aunque señalaron que el mercado se ha visto «algo amortiguado» por los elevados inventarios, la liberación de reservas estratégicas de algunos países, la menor demanda en economías en desarrollo y algunos indicios dispersos de desescalada. La ventana de alivio, sin embargo, luce estrecha.

La cumbre Trump-Xi en Pekín: ¿puede China desbloquear el nudo iraní?

En medio de la escalada, los mercados también miran hacia Pekín. Trump tiene previsto visitar China para una cumbre con el presidente Xi Jinping entre el 13 y el 15 de mayo, un encuentro que será el primer gran viaje de un líder estadounidense a la capital china en casi una década. En la agenda figuran las disputas comerciales —se espera la prórroga de una tregua arancelaria firmada en octubre— y el conflicto con Irán, del que China es un actor central como mayor importador de petróleo iraní.

Los analistas de ING apuntaron que el viaje de Trump a China «podría ser positivo para los esfuerzos de paz». Los inversores se enfocan cada vez más en la posibilidad de que Pekín pueda ejercer presión sobre Teherán para avanzar hacia un cese al fuego integral y una solución duradera a las interrupciones en el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, la influencia china sobre Irán no es ilimitada, y el historial de negociaciones en la región aconseja prudencia ante cualquier optimismo prematuro.

El impacto sobre los mercados financieros y la economía global

El conflicto no solo presiona el barril. Sus efectos se irradian sobre la inflación, el crecimiento y las decisiones de política monetaria en todo el mundo. Los precios del petróleo, que se han disparado muy por encima de los niveles previos a la guerra, han alimentado los temores de un repunte inflacionario en países de todo el mundo. La publicación del IPC de abril de Estados Unidos, prevista para el martes, se espera que refleje un aumento de precios interanual del 3,8%, frente al 3,3% registrado el mes anterior, según economistas encuestados por The Wall Street Journal. La semana también traerá los datos del índice de precios al productor y los resultados de empresas como Cisco y Under Armour.

En ese contexto, el mercado laboral estadounidense ofreció una sorpresa positiva que amortiguó parcialmente el pesimismo geopolítico: las nóminas no agrícolas de abril totalizaron 115.000 empleos, muy por encima de los 55.000 pronosticados por los economistas consultados por Dow Jones. El dato dio soporte a los activos de riesgo en el tramo final de la semana anterior.

No obstante, la macro favorable no disipa la incertidumbre energética. Rick Rieder, director de inversiones de renta fija global de BlackRock, declaró a CNBC que es probable que los factores estructurales más profundos que sustentan la economía estadounidense resulten más poderosos que el impacto de los precios elevados del petróleo y la incertidumbre bélica. Por su parte, el estratega sénior de Pepperstone, Michael Brown, sostuvo que «para las acciones en Estados Unidos, el argumento alcista es simplemente demasiado sólido como para combatirlo ahora mismo, ya que el optimismo geopolítico se combina con un crecimiento de beneficios estelar y el regreso de la euforia en torno al tema de la inteligencia artificial», aunque advirtió que esa tesis depende de que ninguno de esos factores cambie de forma sustancial.

El mercado energético global entra así en una nueva semana con los precios del crudo por encima de niveles críticos, las negociaciones de paz en punto muerto y la única válvula de alivio visible —la cumbre de Pekín— pendiente de resultados que, por ahora, nadie puede garantizar.