El grupo alemán Bayer cerró el primer trimestre de 2026 con resultados operativos que superaron ampliamente las expectativas del mercado, lo que impulsó sus acciones hasta convertirse en el valor más alcista del Dax con una subida del 6%. El beneficio operativo ajustado antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización (Ebitda ajustado) creció un 9%, hasta los 4.450 millones de euros, superando con holgura la previsión de consenso de 3.930 millones de euros estimada por analistas en una encuesta de Bloomberg. Por su parte, el beneficio neto atribuido alcanzó los 2.763 millones de euros, un 112,7% más que en el mismo período del año anterior, mientras que el beneficio operativo mejoró hasta los 3.528 millones de euros, un 51,8% más interanual.

La facturación, sin embargo, retrocedió un 2,4%, hasta los 13.405 millones de euros, presionada por el impacto negativo de los tipos de cambio, que restaron 886 millones de euros al consolidado. Neutralizando ese efecto, el volumen de negocios habría crecido un 4,1%. El grupo también registró ingresos extraordinarios de 324 millones de euros, procedentes principalmente de la venta del negocio de antibióticos Avelox por 250 millones de euros.

La división agraria tira del carro con apoyos puntuales

El motor del trimestre fue la división de fitosanitarios y semillas, cuya facturación alcanzó los 7.558 millones de euros, con un retroceso nominal del 0,3%, pero un avance del 6,8% en términos ajustados al tipo de cambio. El detonante principal fue la resolución de una disputa de licencias con el competidor estadounidense Corteva, que aportó 448 millones de euros a los ingresos de la división y contribuyó directamente a elevar su resultado en casi un 18%. A ello se sumó la recuperación de los precios del herbicida Dicamba en el mercado estadounidense y la práctica duplicación de las ventas de semillas de soja y maíz, factores que dan consistencia al comportamiento de la unidad agrícola aunque en parte obedezcan a efectos de carácter extraordinario.

Farmacia, entre la presión de patentes y el impulso de nuevos fármacos

La división farmacéutica ofreció una imagen más matizada. La expiración de las patentes de dos de sus productos estrella, el anticoagulante Xarelto y el fármaco oftalmológico Eylea, pesó de forma notable sobre los ingresos del segmento. En sentido contrario, los medicamentos de nueva generación Nubeqa —indicado para el cáncer de próstata— y Kerendia —para la enfermedad renal crónica— registraron fuertes incrementos de ventas, aunque insuficientes para compensar la erosión provocada por las pérdidas de exclusividad. El resultado operativo del área farmacéutica cayó un 7,5%, afectado también por el aumento de los costes de comercialización. La gestión del relevo entre productos maduros y nueva cartera constituye uno de los retos estructurales más relevantes para el grupo en los próximos ejercicios.

El glifosato, la sombra que no cede

El lastre jurídico sigue siendo el elemento que más condiciona la imagen financiera de Bayer. El flujo de caja libre (free cash flow) se situó en 2.300 millones de euros negativos durante el primer trimestre, como consecuencia directa de pagos por valor de aproximadamente 2.000 millones de euros correspondientes a acuerdos ya cerrados relacionados con el PCB y el glifosato. Desde la adquisición de Monsanto en 2018, creadora del herbicida Roundup, los litigios han costado al grupo más de 10.000 millones de dólares.

La semanas que vienen resultan decisivas en este frente. La empresa aguarda con atención el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos, previsto para finales de junio, en torno a si las autorizaciones federales concedidas por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) —que ha clasificado repetidamente el glifosato como no cancerígeno— deben tener primacía sobre las demandas instadas en estados individuales. El consejero delegado, Bill Anderson, fue directo en su valoración durante la presentación de resultados: si el derecho federal no prevalece, se correría el riesgo de una «anarquía regulatoria» provocada por un mosaico de normativas contradictorias impuestas por jurados y legislaturas estatales. «¿Por qué lanzar nuevos productos que cuestan miles de millones y requieren décadas de investigación si, a pesar de un riguroso proceso de autorización, uno se expone al riesgo de costes legales multimillonarios?», preguntó Anderson en un razonamiento que apunta directamente a las consecuencias sistémicas del litigio para la innovación agrícola.

Un acuerdo colectivo en marcha y opciones estructurales sobre la mesa

Paralelamente al proceso judicial, Bayer avanza en un acuerdo colectivo con los bufetes de los demandantes valorado en hasta 7.250 millones de dólares, aprobado de forma provisional a principios de marzo. El plazo para que los demandantes puedan retirarse del acuerdo expira el 4 de junio, y en julio se celebrará la audiencia para su aprobación definitiva. Anderson se mostró confiado en poder «contener significativamente» los litigios este año incluso en caso de un fallo desfavorable del Supremo, aunque reconoció que para un «escenario de peor caso» el grupo mantiene abiertas «opciones estructurales» que afectarían a la configuración de la compañía, si bien descartó que existan planes concretos en esa dirección en el momento actual.

En el plano regulatorio y político, los avances son desiguales. El estado de Kentucky aprobó una ley en la dirección que interesa a Bayer, pero la empresa sufrió un revés en las negociaciones del paquete legislativo agrícola federal conocido como Farm Bill, lo que evidencia las dificultades para obtener una solución legislativa de alcance nacional.

Adquisición de Perfuse Therapeutics: apuesta por la oftalmología

En paralelo a la presentación de resultados, Bayer anunció la adquisición total de Perfuse Therapeutics, una compañía biotecnológica especializada en enfermedades oculares, en una operación con un valor potencial de hasta 2.450 millones de dólares. La transacción contempla un pago inicial de 300 millones de dólares y pagos adicionales variables vinculados al cumplimiento de hitos de desarrollo, regulatorios y comerciales.

El activo central de la operación es PER-001, un antagonista del receptor de endotelina de molécula pequeña que se encuentra en fase II de desarrollo clínico para el tratamiento del glaucoma y la retinopatía diabética. Se trata de uno de los primeros programas terapéuticos en investigación que estudia la capacidad de mejorar el campo visual en pacientes con glaucoma y de reducir la isquemia y mejorar la sensibilidad al contraste en pacientes con retinopatía diabética, enfermedades con una elevada necesidad médica no cubierta.

Con esta compra, Bayer persigue reforzar su posición en oftalmología, un área que ya formaba parte de su cartera con Eylea, precisamente uno de los productos que ahora enfrenta la presión de la pérdida de exclusividad. La operación, pendiente de las autorizaciones antimonopolio pertinentes y de la aprobación de los accionistas de Perfuse, cuenta con BofA Securities y Baker McKenzie como asesores financiero y legal de Bayer, respectivamente, mientras que Perfuse ha designado a Centerview Partners y Goodwin Procter en los mismos roles.

Previsiones confirmadas y margen al alza por el tipo de cambio

Pese a la complejidad del entorno, la dirección del grupo confirmó sus previsiones para el ejercicio 2026 en términos ajustados al tipo de cambio, y las elevó ligeramente en términos nominales como reflejo de la evolución de las divisas. Bayer espera ahora una facturación de entre 44.500 y 46.500 millones de euros —frente al rango anterior de 44.000 a 46.000 millones— y un resultado antes de extraordinarios de entre 9.400 y 9.900 millones de euros, frente a los 9.100 a 9.600 millones anteriores. «Estamos contentos con el comienzo del año de nuestras divisiones y podemos confirmar nuestros pronósticos para 2026 descontados los efectos de los tipos de cambio», subrayó Anderson.

El trimestre de Bayer refleja, en definitiva, la dualidad que caracteriza al grupo desde hace años: una base operativa que demuestra solidez y capacidad de generar valor, pero sometida a la presión constante de unos pasivos jurídicos de dimensión extraordinaria cuya resolución definitiva sigue sin estar garantizada.