El anuncio fue hecho por la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, durante la cumbre del G7 celebrada en Évian, Francia, y podría formalizarse el 30 de junio en Asunción.
Un acuerdo largamente esperado toma forma en el G7
Japón y el Mercosur dieron el martes el paso más concreto en años hacia la integración comercial bilateral: el anuncio formal del inicio de negociaciones para un Acuerdo de Asociación Económica (AAE), equivalente a un tratado de libre comercio. El hecho ocurrió en los márgenes de la cumbre del Grupo de los Siete (G7) que se celebra en la ciudad francesa de Évian, durante el primer encuentro entre la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, y el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Ambos mandatarios suscribieron una declaración conjunta, publicada por el Ministerio de Exteriores de Japón y la cancillería brasileña, en la que anunciaron el inicio de las negociaciones en el marco de la 68ª Cumbre de Jefes de Estado y de Estados Asociados del Mercosur, prevista para el 30 de junio en Asunción, Paraguay.
El anuncio no fue improvisado. Fuentes brasileñas confirmaron a Reuters que funcionarios de ambas partes celebraron al menos dos encuentros exploratorios previos al G7: el primero en enero de 2026 en Asunción, en el marco del Marco de Asociación Estratégica firmado en diciembre de 2025, y el segundo en marzo durante la conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Camerún. El terreno, por tanto, ya estaba preparado.
Las vulnerabilidades que mueven a Japón
La urgencia japonesa responde a razones estructurales de largo alcance. Japón importa alrededor del 90% de su petróleo crudo desde Oriente Medio, una dependencia que se convirtió en una vulnerabilidad aguda cuando el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán derivó en interrupciones en el estrecho de Ormuz y obligó a Tokio a liberar reservas estratégicas. En ese contexto, el Mercosur —bloque integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Bolivia en la fase final de adhesión— ofrece una alternativa geopolíticamente atractiva: petróleo brasileño, litio argentino y una cartera de minerales críticos que difícilmente puede encontrarse concentrada en otra región del mundo.
Brasil, en particular, concentra aproximadamente 21 millones de toneladas de reservas de tierras raras, insumos indispensables para la industria digital y la defensa, según datos citados por Reuters y el diario económico Nikkei. Argentina, por su parte, figura entre los mayores productores mundiales de litio, mineral clave para la transición energética y la fabricación de baterías. Para Japón, que lleva años impulsando la diversificación de sus cadenas de suministro como eje de su política de seguridad económica, el Mercosur representa una oportunidad sin equivalente en otras latitudes.
El sector automotriz: un incentivo de peso para Tokio
Junto a la dimensión energética y minera, el acuerdo tiene un componente industrial de primer orden. Toyota, Honda y Nissan operan en Brasil y Argentina, pero enfrentan aranceles elevados que encarecen sus productos frente a competidores europeos, una desventaja que se agudizó tras la firma, en enero de 2026, del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Un tratado con Japón permitiría a esas empresas competir en igualdad de condiciones en uno de los mercados automotrices más grandes de América Latina.
Según el diario Nikkei, las negociaciones se estructurarán en torno a tres ejes principales: reducción de aranceles para automóviles, acceso a fuentes de energía alternativas al Golfo Pérsico y aprovisionamiento de minerales críticos. Japón también aspira a ampliar sus exportaciones de componentes automotores y productos agropecuarios, forestales y pesqueros hacia un bloque con una población de aproximadamente 300 millones de habitantes y un producto interior bruto de alrededor de 3 billones de dólares.
El obstáculo histórico: la resistencia del agro japonés
El camino hacia este acuerdo no estuvo libre de obstáculos. Durante décadas, el principal freno fue el lobby agrícola japonés, especialmente el sector ganadero, que temía la competencia de la carne bovina producida en Brasil y Argentina. Brasil es el mayor productor mundial de carne vacuna según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, y sus volúmenes exportables a precios competitivos generaron históricamente resistencias políticas difíciles de sortear en Tokio.
El cambio en el cálculo político resultó visible en semanas recientes: legisladores del gobernante Partido Liberal Demócrata expresaron su disposición a avanzar en las negociaciones, con la condición de que se dé «la debida consideración a la carne bovina», según informó Nikkei. El ministro de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón, Suzuki Norikazu, señaló que el Gobierno seguirá teniendo en cuenta los productos agropecuarios clave, pero que al mismo tiempo promoverá las exportaciones japonesas hacia lo que considera nuevos y prometedores mercados. La señal es clara: Tokio está dispuesto a negociar, pero no a abandonar a sus productores rurales sin condiciones de ajuste.
Una apuesta estratégica del Mercosur en tiempos de proteccionismo
Para el Mercosur, el acuerdo con Japón se inscribe en una estrategia de apertura comercial que Lula da Silva ha impulsado desde el inicio de su mandato y que cobra sentido especialmente en el actual contexto internacional. La administración de Donald Trump ha intensificado su política arancelaria: la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos (USTR) propone aranceles de entre el 10% y el 12,5% contra una serie de países, incluidos los latinoamericanos, por supuestas prácticas de trabajo forzado. A diferencia de las medidas del año pasado —suspendidas por la Corte Suprema estadounidense—, este nuevo mecanismo arancelario tiene mayores posibilidades de mantenerse en vigor a largo plazo, según el economista jefe de G5 Partners, Luis Otavio Leal.
«Todos los principales países y bloques comerciales del mundo se dieron cuenta de que necesitan diversificar al máximo posible sus asociaciones comerciales y de inversiones, sin depender tanto de un único país», declaró Leal a BNamericas. En ese marco, un acuerdo con la cuarta economía del planeta reforzaría la posición del Mercosur y reduciría la exposición del bloque a las decisiones comerciales de Washington, objetivo especialmente relevante para Brasil, que enfrenta presiones arancelarias directas por parte de la administración Trump.
El Mercosur negocia actualmente también con Canadá y ya cerró, tras décadas de conversaciones, el acuerdo con la Unión Europea. Un tratado con Japón completaría un triángulo de acuerdos con las principales economías desarrolladas del mundo.
La reacción del empresariado japonés y el respaldo de Keidanren
La principal patronal empresarial de Japón, Keidanren, reaccionó con entusiasmo al anuncio. En un comunicado emitido la noche del martes, la organización elogió el anuncio como «un paso importante» y prometió contribuir activamente a las negociaciones para alcanzar un acuerdo «de alta calidad». La entidad subrayó que en los países del Mercosur reside la mayor comunidad japonesa del mundo fuera de Japón, y calificó al bloque como «un socio estratégicamente muy importante para el futuro», en atención a su potencial de mercado, su población de 300 millones de habitantes y su PIB de aproximadamente 3 billones de dólares.
Keidanren también recordó que el Mercosur ya negocia un acuerdo similar con Corea del Sur, lo que añade un elemento de urgencia competitiva al interés japonés: no actuar implicaría quedar en desventaja frente a un rival directo en la región.
Un vínculo histórico como plataforma
El acuerdo se asienta además sobre lazos históricos y humanos de larga data. Brasil alberga la mayor comunidad japonesa fuera de Japón, y cientos de miles de brasileños residen actualmente en el país asiático, lo que ha generado décadas de intercambios culturales, empresariales y diplomáticos que facilitan la comprensión mutua en la mesa de negociación.
El encuentro entre Lula y Takaichi fue el primero entre ambos mandatarios. La primera ministra japonesa llegó al poder en octubre de 2025, convirtiéndose en la primera mujer en encabezar el gobierno de Japón, con una agenda centrada precisamente en la reactivación económica y la diversificación de cadenas de suministro. Esta negociación representa, además, el primer gran acuerdo comercial impulsado bajo su administración.
La cumbre de Asunción, próxima cita clave
Lula da Silva se mostró explícitamente entusiasta durante el encuentro. «Estoy muy feliz con esta perspectiva de un acuerdo entre Japón y el Mercosur. Estamos esperándolo con mucha intensidad», declaró el mandatario, y apuntó a la cumbre del Mercosur del 30 de junio en Asunción como el momento en que el proceso podría dar su siguiente paso formal: «Espero que en la próxima reunión del Mercosur podamos tener buenas noticias».
Las negociaciones, sin embargo, no serán sencillas. Los intereses agrícolas japoneses, las asimetrías entre economías de distinto tamaño y las sensibilidades sectoriales de ambos lados harán de este proceso un ejercicio de diplomacia económica compleja. Pero el hecho de que Japón y el Mercosur hayan llegado al punto de lanzar formalmente las negociaciones —después de años de conversaciones exploratorias— indica que la ecuación estratégica, energética y comercial ha cambiado lo suficiente como para que ambas partes consideren que el acuerdo vale los costos políticos internos que inevitablemente exigirá.




