En apenas tres días de cotización, SpaceX ha reescrito las reglas de lo que una empresa puede lograr en su debut en los mercados financieros. La compañía aeroespacial y de inteligencia artificial fundada por Elon Musk cerró este martes como la quinta empresa más valiosa del mundo, superando a Amazon en capitalización bursátil y rozando durante unas horas la frontera de los tres billones de dólares, una cota que solo han alcanzado un puñado de gigantes tecnológicos en la historia de Wall Street. Todo ello mientras anunciaba simultáneamente la compra por 60.000 millones de dólares de Anysphere, la empresa detrás de Cursor, el editor de código con inteligencia artificial que se ha convertido en uno de los activos más codiciados del ecosistema tecnológico.
Tres jornadas, 56% de revalorización y una capitalización sin precedentes
Las acciones de SpaceX —que cotizan bajo el ticker SPCX— avanzaron un 4,8% este martes para cerrar en 211 dólares, acumulando desde su debut del viernes 12 una revalorización total del 56,3% sobre su precio de salida de 135 dólares por acción. En su máximo intradía, la cotización llegó a tocar los 225,64 dólares, momento en el que la capitalización bursátil de la compañía alcanzó aproximadamente 2,97 billones de dólares, lo que la situó brevemente por encima de Microsoft y a un paso de ingresar en el selecto club de las tres empresas más valiosas del mundo, junto a Nvidia, Alphabet y Apple.
Al cierre de la sesión, el valor de mercado de SpaceX quedó en 2,642 billones de dólares, apenas 4.000 millones por debajo de los 2,646 billones de Amazon —la empresa de Jeff Bezos—, una diferencia marginal que ilustra la velocidad con la que la firma de Musk ha escalado hasta la cima de la economía global. En términos históricos, pocas compañías han logrado incorporarse al rango de las mayores capitalizaciones mundiales en un plazo tan reducido desde su primer día de cotización.
Un flotante reducido amplifica la volatilidad y magnifica las ganancias
Parte de la explicación de este ascenso vertiginoso reside en la estructura de la propia oferta. En su primer día de negociación, solo el 4,2% de las acciones de SpaceX estaba disponible para operar en el mercado libre, un flotante excepcionalmente bajo para una compañía de este tamaño. Esta escasez relativa de papel disponible incrementa la sensibilidad del precio ante desequilibrios entre oferta y demanda, generando movimientos más pronunciados tanto al alza como a la baja que los que se observarían con una base accionarial más amplia y diversificada.
A este factor estructural se sumó este martes el inicio de la negociación de contratos de opciones sobre las acciones de SpaceX en bolsas como Cboe Global Markets y Nasdaq. La irrupción de los derivados introduce una dinámica adicional de presión compradora: cuando los operadores adquieren opciones de compra, los creadores de mercado que se sitúan al otro lado de la operación deben cubrir su exposición comprando acciones subyacentes. Esa necesidad de cobertura crece a medida que el precio sube, generando un efecto acelerador que puede retroalimentar el alza. Durante la jornada del martes se negociaron más de 1,6 millones de lotes de opciones, una cifra que refleja el apetito especulativo que rodea a la acción en sus primeros días de vida bursátil.
El inversor minorista, motor inesperado del arranque
Los datos de Vanda Research añaden una perspectiva reveladora sobre la composición de la demanda que ha sostenido el rally. Según esa firma especializada en flujos del inversor particular, en los dos primeros días de cotización de SpaceX los inversores minoristas compraron tantas acciones de la compañía como las que adquirieron en el conjunto del mercado bursátil estadounidense durante toda la semana anterior. Este protagonismo del pequeño inversor matiza la narrativa institucional que suele rodear a las grandes salidas a bolsa y sugiere que SpaceX ha generado un nivel de atracción popular comparable al de los activos de mayor perfil mediático de los últimos años.
Este entusiasmo tiene implicaciones más amplias para el ecosistema de las ofertas públicas. El rendimiento de SpaceX —un 49% por encima de su precio de salida en pocos días— disipa los temores de que la histórica IPO fuera demasiado voluminosa para ser absorbida ordenadamente por el mercado. Según analistas del sector, este desempeño allana el camino para posibles salidas a bolsa de competidores en inteligencia artificial como Anthropic y OpenAI, ambas con valoraciones estimadas en torno al billón de dólares.
La adquisición de Cursor: 60.000 millones para entrar en la IA empresarial
En paralelo al frenesí bursátil, SpaceX anunció este martes el cierre formal del acuerdo para adquirir Anysphere, la empresa con sede en San Francisco propietaria de Cursor, por 60.000 millones de dólares en una operación íntegramente instrumentada en acciones. La transacción, que deberá obtener las aprobaciones regulatorias pertinentes antes de cerrarse previsiblemente en el tercer trimestre de 2025, convierte a SpaceX en un actor de primer orden en el mercado de la inteligencia artificial aplicada al desarrollo de software.
Cursor es un editor de código potenciado por inteligencia artificial que combina un asistente conversacional, autocompletado de código y agentes autónomos capaces de gestionar tareas de programación de forma independiente. Fundada en 2022, Anysphere ha crecido a una velocidad que pocos actores del sector han igualado: según datos de Reuters, la compañía registra ingresos anualizados de 2.600 millones de dólares y ha acelerado de forma notable sus ventas en el segmento empresarial. En abril, la startup se encontraba en conversaciones para captar nueva financiación con una valoración de alrededor de 50.000 millones de dólares, lo que refleja el premium que SpaceX ha acabado pagando sobre esa referencia al cerrar el acuerdo a 60.000 millones.
Los términos del contrato incluyen cláusulas de protección de notable envergadura. Si la operación fracasara por causas atribuibles a SpaceX, la compañía debería abonar una indemnización de 1.500 millones de dólares y comprometerse a prestar servicios de computación valorados en 8.500 millones. El acuerdo contempla además una cláusula de ruptura de 10.000 millones de dólares y otra de 4.000 millones en caso de bloqueo regulatorio, señales inequívocas de que ambas partes otorgan al cierre de la operación una alta probabilidad y un elevado valor estratégico.
Una apuesta de Musk para competir con OpenAI y Alphabet
La lógica industrial detrás de la operación es legible desde el primer análisis. SpaceX obtuvo en abril una opción para adquirir Anysphere, con la posibilidad de pagar unos 10.000 millones por una asociación inicial o ejercer el derecho de compra total por 60.000 millones antes de que acabara el año. La elección de la vía de integración completa indica que Musk apuesta por construir una capacidad propia en el campo de la programación asistida por IA, en lugar de mantener una relación de colaboración más limitada con la startup.
En términos de posicionamiento, Cursor compite en un segmento —la denominada «programación intuitiva» orientada al desarrollo de agentes autónomos— en el que OpenAI y Alphabet acumulan una ventaja competitiva significativa. La absorción de Anysphere permitiría a SpaceX acortar esa brecha de forma sustancial y ofrecer a sus clientes empresariales una suite de herramientas de desarrollo de software integrada con la infraestructura de computación y los modelos de IA de la compañía.
Una empresa de ingresos modestos para una valoración astronómica
El examen de los fundamentales introduce, sin embargo, una dosis necesaria de perspectiva crítica. SpaceX registró ingresos de 18.700 millones de dólares en 2025, una cifra que contrasta de forma llamativa con los 281.700 millones de Microsoft o los casi 717.000 millones de Amazon, empresas con las que comparte ahora el mismo rango de capitalización bursátil. Esta divergencia entre valoración y generación de ingresos implica que el mercado está descontando un crecimiento extraordinario en los próximos años, tanto en el negocio aeroespacial como en el segmento de inteligencia artificial que la compañía está construyendo aceleradamente.
El múltiplo implícito sobre ventas es, en ese contexto, uno de los más elevados que se hayan visto en una compañía de este tamaño, lo que no deja de plantear interrogantes legítimos sobre la sostenibilidad de la valoración actual si el ritmo de crecimiento no logra satisfacer las expectativas que el mercado ya ha incorporado al precio.
Posible incorporación a índices y riesgos del período de bloqueo
En el terreno regulatorio y estructural, Nasdaq ha modificado sus normas para facilitar el acceso a las acciones de grandes compañías como SpaceX, lo que abre la puerta a una eventual incorporación al índice en las próximas semanas. Si esa inclusión se materializa, los fondos que replican el índice se verían obligados a comprar acciones de SpaceX de forma mecánica, lo que generaría una presión compradora adicional de magnitud significativa.
Por contraste, S&P Dow Jones Indices ha decidido no modificar sus reglas para acelerar el acceso de nuevas OPI, lo que excluye a SpaceX de una incorporación inmediata al S&P 500 y priva a la acción, al menos por el momento, de ese segundo catalizador de demanda institucional.
Los analistas advierten también del riesgo que supondrá la expiración progresiva de los acuerdos de bloqueo. El primer lote de acciones podrá venderse tras la publicación de los primeros resultados de la compañía, y algunas estarán sujetas al precio de cotización en ese momento. La participación completa de Elon Musk, en cambio, permanece bloqueada durante el primer año completo de cotización, lo que mitiga el riesgo de presión vendedora desde el principal accionista en el corto plazo.
El IPO más grande de la historia y una hoja de ruta que redefine el mercado
Para completar el cuadro, SpaceX anunció también el cierre definitivo de su oferta pública inicial con la colocación de un paquete adicional de acciones, lo que elevó los ingresos brutos totales de la operación a 85.700 millones de dólares. Esta cifra consolida el debut de SpaceX como la mayor salida a bolsa de la historia, superando los registros anteriores y situando a la compañía en una posición sin precedentes para financiar su expansión tanto en el negocio del espacio como en el de la inteligencia artificial.
En tres jornadas, SpaceX ha pasado de ser una compañía privada valorada en poco más de 2 billones de dólares en el momento de su IPO a convertirse en la quinta empresa pública más valiosa del mundo, con una capitalización que desafía los parámetros convencionales de valoración. El camino que tiene por delante —integrar Cursor, construir una plataforma de IA empresarial competitiva, y justificar ante el mercado un múltiplo sin antecedentes claros— es tan ambicioso como el propio historial de la compañía.




