El Instituto de Previsión Social (IPS) cerró el mes de junio con un portafolio global de inversiones de G. 20,448 billones, un volumen de recursos que vuelve a poner en discusión la forma en que la previsional paraguaya administra los aportes de trabajadores y empleadores. El dato que más llama la atención es el peso que tienen los instrumentos vinculados al sistema bancario dentro de esa cartera: G. 13,457 billones, equivalentes al 65,81% del total, cuando la normativa vigente fija un tope máximo de 55% para este tipo de exposición.
Una cartera concentrada en el sistema financiero, por encima del límite normativo
El propio IPS explica que ese porcentaje no corresponde exclusivamente a inversiones colocadas de manera voluntaria en bancos, sino que incluye también los saldos de Caja y Equivalentes, es decir, recursos transitorios que permanecen depositados en entidades financieras mientras se define su destino final dentro de algún instrumento de inversión, además de los bonos emitidos por bancos y financieras. Aun con esta aclaración, la cifra se ubica claramente por encima del límite reglamentario, lo que instala un punto de atención sobre la gestión del riesgo de concentración en el principal fondo previsional del país. De todos modos, que los recursos estén depositados en el sistema bancario no equivale a que se encuentren disponibles para cualquier uso: una parte sustancial está colocada en instrumentos con plazos definidos, en línea con el objetivo de preservación de capital y generación de rentabilidad que rige la administración de los fondos previsionales.
Cómo se distribuyen los aportes: el origen de los fondos previsionales
Para comprender por qué el IPS no puede disponer libremente de su cartera de inversiones, es necesario remitirse a la estructura de financiamiento del Régimen General. Sobre la base imponible se aplica una tasa total de aportes de 23%, de la cual 9% es asumido por el trabajador y 14% por el empleador. De ese total, 12,5 puntos porcentuales se destinan al Fondo Común de Jubilaciones y Pensiones, 9 puntos al Fondo de Enfermedad y Maternidad, y 1,5 puntos al Fondo de Administración. En términos relativos sobre el total recaudado por contribuciones sociales, esto se traduce en una distribución de 54,3% para Jubilaciones y Pensiones, 39,2% para Enfermedad y Maternidad, y 6,5% para Administración. En otras palabras, cada guaraní que ingresa al IPS ya tiene un destino predefinido desde el momento de la recaudación, lo que explica por qué la existencia de una cartera de inversiones de G. 20 billones no habilita, por sí sola, un traslado de esos recursos hacia el Fondo de Salud.
Salud y jubilaciones: fondos separados, pero no completamente aislados
La separación entre los distintos fondos administrados por el IPS no implica, sin embargo, una desconexión total. El propio portafolio de inversiones incluye G. 570.355 millones en títulos de crédito correspondientes al Fideicomiso de Titularización, Administración y Pago “IPS-Fondo de Salud”, distribuidos en cuatro emisiones cuyo saldo de capital, al cierre de junio, asciende a ese monto. Existe, entonces, un vínculo financiero concreto entre las inversiones de la previsional y el financiamiento del área sanitaria, aunque acotado a ese instrumento específico. Esto confirma que la cartera global de G. 20,448 billones no constituye un fondo único y fungible que pueda reorientarse en su totalidad hacia las necesidades de Salud, sino un conjunto de activos con destinos y compromisos ya definidos.
El peso de los certificados de depósito de ahorro en el portafolio
Dentro de la composición de la cartera, los certificados de depósito de ahorro (CDA) en guaraníes representan el componente más voluminoso, con G. 7,758 billones. Le siguen los bonos, con G. 4,558 billones; los préstamos otorgados a funcionarios, jubilados y pensionados, con G. 3,425 billones; y las inversiones inmobiliarias, con G. 1,975 billones. En moneda extranjera, el IPS mantiene además CDA en dólares por USD 126,99 millones y bonos por otros USD 10,6 millones. Las disponibilidades en guaraníes —los recursos depositados en cuentas a la vista— sumaban G. 1,233 billones, una porción menor si se la compara con el total del portafolio, lo que confirma que la gran mayoría de los recursos se encuentra efectivamente inmovilizada en instrumentos de inversión y no en efectivo de uso inmediato.
Plazos, vencimientos y el desafío de la reinversión
La estrategia de inversión del IPS tiene un horizonte marcadamente de largo plazo: 49,2% de los activos vencen en más de seis años y 44,1% corresponden a instrumentos de entre dos y seis años. Solo 6,5% del portafolio está compuesto por recursos a la vista. En el caso puntual de los CDA en guaraníes, el rendimiento promedio ponderado se ubica en 9,59%, con un plazo promedio de inversión cercano a los 5 años. No obstante, el plazo residual promedio —el tiempo que realmente resta hasta el vencimiento de los instrumentos ya colocados— se reduce a 1,61 años. Este dato anticipa un desafío de gestión hacia adelante: a medida que estos certificados venzan, el IPS deberá definir bajo qué condiciones de tasa, plazo y diversificación reinvierte un volumen considerable de recursos.
Concentración bancaria: pocas entidades explican la mayor parte de la cartera
El análisis por entidad financiera muestra que la diversificación del portafolio es más limitada de lo que sugiere la cantidad de bancos involucrados. En los CDA en guaraníes, Sudameris Bank concentra la mayor posición individual, con G. 1,605 billones, seguido por Ueno Bank, con G. 1,577 billones; el Banco Nacional de Fomento, con G. 1,1845 billones; Banco Continental, con G. 1,071 billones; y Zeta Banco, con G. 788.000 millones. Solo estas cinco entidades reúnen alrededor de G. 6,23 billones, cerca del 80% del total de CDA en guaraníes, mientras que las primeras cuatro concentran aproximadamente el 70% de ese segmento. En dólares se observa un patrón similar: Ueno Bank lidera con USD 27,43 millones, seguido de Zeta Banco con USD 25,7 millones, Banco Basa con USD 22,9 millones y Banco Continental con USD 18,73 millones, un grupo de cuatro entidades que explica cerca del 75% de la cartera en moneda estadounidense. En bonos en guaraníes, los principales emisores son la Agencia Financiera de Desarrollo, con G. 650.000 millones; Banco Continental, con G. 586.000 millones; Itaú Paraguay, con G. 581.700 millones; y BID Invest, con G. 566.146 millones.
Diferencias de rendimiento: la brecha detrás de las tasas
Otro aspecto relevante que emerge del análisis es la dispersión de tasas entre entidades para instrumentos de similar naturaleza. En guaraníes, los rendimientos de los CDA van desde 5,77% en Banco Itaú hasta 11,45% en Zeta Banco, con Ueno Bank ofreciendo 11,15% y el Banco Nacional de Fomento, 10,87%. La brecha entre los extremos ronda los seis puntos porcentuales, una diferencia relevante si se considera que las calificaciones crediticias de las entidades involucradas se mueven en un rango relativamente estrecho, entre A y AAA. Esta disparidad plantea un interrogante legítimo sobre si la remuneración obtenida en cada caso guarda relación adecuada con el riesgo, el plazo y el grado de concentración asumidos frente a cada institución. En dólares, el panorama es distinto: el rendimiento promedio ponderado desciende a 6,54%, con tasas que van de 3,60% en Itaú a 7,39% en Ueno Bank. La diferencia de 3,05 puntos porcentuales respecto del rendimiento promedio en guaraníes no permite concluir de manera automática que una moneda sea más conveniente que la otra, ya que cualquier comparación debe incorporar también la exposición al riesgo cambiario y las características propias de cada instrumento.
Una cartera de largo plazo, no un fondo de libre disponibilidad
El conjunto de datos del portafolio del IPS deja un panorama con varias capas de lectura. Por un lado, confirma que los recursos previsionales están efectivamente invertidos, con una fuerte orientación hacia el largo plazo y una participación menor de fondos líquidos o a la vista. Por otro, expone una exposición al sistema bancario que excede el límite normativo de 55%, así como niveles de concentración significativos en un número reducido de entidades, tanto en moneda local como en dólares. Estos elementos, sumados a las diferencias de rendimiento observadas entre bancos con calificaciones crediticias similares, configuran un escenario que amerita seguimiento, especialmente de cara a los próximos años, cuando una porción importante de los CDA alcance su vencimiento y el IPS deba tomar decisiones sobre cómo reinvertir esos recursos sin perder de vista los objetivos de rentabilidad, diversificación y sostenibilidad del sistema previsional paraguayo.



