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sábado, septiembre 5, 2026

Faena bovina cae 21,6% en Paraguay y golpea con USD 485 millones el valor generado por la industria cárnica

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La cadena de producción cárnica paraguaya atraviesa un momento de contrastes marcados. Entre enero y julio de 2026 se procesaron 1.081.918 cabezas de ganado bovino, una cifra sensiblemente inferior a las 1.380.490 registradas en igual lapso de 2025. La diferencia, de 298.572 animales, implica una caída interanual del 21,6% y se traduce, según estimaciones del sector, en unas 71.760 toneladas menos de carne en carcasa y en una pérdida potencial cercana a los USD 485 millones en valor generado por la industria. Esta proyección se calculó tomando como referencia el precio promedio del novillo tipo durante el año y el peso estimado de los animales que dejaron de faenarse.

Menos volumen, pero mejores precios internacionales

Pese a la magnitud del retroceso, el impacto económico no es enteramente negativo. El mercado internacional de la carne bovina atraviesa un ciclo de precios récord, sostenido por una oferta global reducida y una demanda que se mantiene firme. Paraguay, que destina entre el 70% y el 80% de su faena a los mercados externos, siente de manera directa cualquier variación en el número de animales procesados, ya que ese volumen incide de inmediato en la capacidad exportadora del país.

En ese marco, referentes del sector remarcaron que, aunque las toneladas exportadas disminuyen, los ingresos generados por cada envío no siguen la misma tendencia descendente, gracias a la escalada sostenida que los valores de exportación vienen mostrando en los últimos tres años.

Un fenómeno que se replica en todo el Mercosur

La contracción de la oferta ganadera no es exclusiva de Paraguay. El bloque regional, reconocido como el mayor exportador de carne bovina del planeta, acumula en lo que va del año una merma de aproximadamente 500.000 toneladas de producción, equivalente a cerca de 2 millones de cabezas menos faenadas.

Dentro de ese total, Argentina y Brasil concentran en conjunto una reducción de entre 730.000 y 740.000 animales, Uruguay registra una caída de unas 200.000 cabezas y Paraguay, pese a tener el rodeo más pequeño entre los cuatro países, presenta la contracción proporcionalmente más pronunciada, con alrededor de 300.000 cabezas menos. Especialistas consultados coincidieron en que los cuatro socios del bloque avanzan —con distinta intensidad— hacia una recomposición de sus existencias bovinas: el proceso resulta más marcado en Paraguay, notorio en Argentina y Uruguay, y aún incipiente en Brasil, país cuyo peso en la producción regional resulta determinante por el tamaño de su rodeo.

A esta dinámica regional se suma una menor producción en Estados Unidos y en Europa, lo que configura un escenario de escasez cárnica a escala global. La demanda sostenida de grandes compradores internacionales, entre ellos Estados Unidos, continúa presionando al alza los precios de prácticamente todos los componentes del animal, un fenómeno que, según los analistas del sector, no registra antecedentes cercanos por la combinación simultánea de menor oferta y demanda firme.

El mercado interno compite con los compradores externos

La transmisión de los precios internacionales hacia el consumo local constituye uno de los mayores desafíos actuales de la cadena cárnica. La industria exportadora concentra un rol central en la definición de los volúmenes que se envían al exterior, en el precio que percibe el productor y en el valor final de los cortes que llegan a las carnicerías y supermercados del país. Cuando una proporción elevada de la producción nacional se orienta hacia mercados que pagan más, el consumidor paraguayo termina compitiendo por una oferta limitada frente a la demanda externa.

Sin embargo, esta lógica no se aplica de manera uniforme a todos los cortes. Algunos productos, como la costilla y el vacío, pueden incluso registrar mejores precios en el mercado interno que en ciertos destinos de exportación, lo que matiza el efecto generalizado del alza internacional sobre la mesa paraguaya.

Las hembras explican la mayor parte de la caída

El desglose por categorías muestra que la reducción de la faena no se distribuye de manera pareja entre los distintos tipos de ganado. Las vacas registraron el mayor retroceso en términos absolutos: se faenaron 205.789 cabezas, es decir 109.720 menos que en el mismo periodo de 2025, lo que equivale a una caída del 34,8%. Le siguen las vaquillas, con 189.984 animales procesados frente a 294.388 un año antes, una disminución de 104.404 cabezas y una variación negativa del 35,5%.

Los novillos, por su parte, sumaron 121.489 cabezas faenadas, con una baja de 42.363 animales (-25,9%), mientras que los toros —la categoría con menor retroceso relativo— totalizaron 564.656 cabezas, 42.085 menos que en igual periodo de 2025, equivalente a una caída del 6,9%.

Este comportamiento diferenciado, con una disminución de entre el 34% y el 35% en la faena de hembras, es interpretado por especialistas como un indicio de retención de vientres por parte de los productores, una estrategia orientada a incrementar en los próximos años la producción de terneros y, con ello, recomponer el hato ganadero nacional. Solo en julio de 2026 se faenaron 190.839 cabezas, frente a 203.383 en julio de 2025, una reducción de 12.544 animales equivalente al 6,2% interanual.

El impacto en el bolsillo de los paraguayos

El encarecimiento de la carne bovina también repercute de forma directa en la economía familiar. En los últimos tres años, el precio de la carne vacuna en el mercado paraguayo aumentó entre 25% y casi 30%, un incremento que, según representantes del sector supermercadista, explica buena parte de la percepción generalizada de que los alimentos están más caros. La carne representa cerca del 20% de las ventas totales de los supermercados y llega a pesar hasta un 50% dentro de la canasta de consumo habitual de un hogar paraguayo, por lo que su encarecimiento golpea con particular fuerza el presupuesto familiar.

En paralelo, referentes del comercio señalaron una mejora en el consumo de los hogares, aunque advirtieron sobre el creciente nivel de endeudamiento de los consumidores a través de tarjetas de crédito, y remarcaron el impacto que tendrá el último reajuste del salario mínimo sobre la estructura de costos del sector.

La previsibilidad, la principal demanda del sector

De cara a los próximos años, la principal preocupación de los actores de la cadena cárnica es la previsibilidad del negocio. Contar con un escenario estable, sostienen desde el sector, resulta clave para que las empresas puedan planificar inversiones y, eventualmente, trasladar mejores precios a los consumidores. En ese sentido, el desafío para Paraguay será equilibrar dos fuerzas que hoy corren en paralelo: una demanda internacional dispuesta a pagar valores récord por la carne bovina y un mercado interno que necesita sostener el acceso a uno de los alimentos centrales de su dieta.

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