La Oficina de Política Comercial de la Casa Blanca hizo público el 13 de agosto un informe de 25 páginas que pone cifras concretas a un fenómeno que Washington lleva años denunciando: el trasbordo de mercancías a través de terceros países para eludir los aranceles impuestos a China. Según el documento, elaborado bajo la supervisión de Peter Navarro, asesor de comercio y fabricación de la Casa Blanca, Estados Unidos deja de recaudar entre 19.000 y 26.000 millones de dólares anuales en ingresos arancelarios como consecuencia de esta práctica. El estudio identifica a más de 40 países como puntos de tránsito de alto riesgo, entre ellos China, India, México, Vietnam, Panamá, Colombia, Brasil, Argentina, Chile, Perú, Costa Rica y República Dominicana.

Qué es el trasbordo y por qué preocupa a Washington

El trasbordo consiste en transportar mercancías a través de un país intermedio antes de que lleguen a su destino final. Esta práctica es legal cuando respeta las normas de origen vigentes, pero se convierte en una infracción cuando los productos son simplemente ensamblados, reempaquetados, reetiquetados o sometidos a una alteración documental menor en el tercer país con el único fin de cambiar su origen declarado y beneficiarse de aranceles más bajos. El informe sostiene que esta dinámica se intensificó a partir de 2018, cuando Washington impuso aranceles a productos chinos en virtud de la Sección 301, lo que llevó a numerosas empresas a desviar sus exportaciones hacia países como México y Malasia para someterlas a un montaje limitado antes de reenviarlas al mercado estadounidense.

India, México y Vietnam, en el centro de las sospechas

El documento sitúa a India entre los «principales facilitadores» del trasbordo chino y la califica como jurisdicción de máximo riesgo. Según las estimaciones recogidas en el informe, India, México y Vietnam sumaron en conjunto unos 67.000 millones de dólares en mercancías con destino a Estados Unidos presuntamente trasbordadas desde China durante 2025, lo que habría supuesto un coste de 28.000 millones de dólares en ingresos arancelarios no percibidos. Estas acusaciones se producen en un momento sensible, coincidiendo con las negociaciones comerciales en curso entre Washington y Nueva Delhi. El Ministerio de Comercio indio no ha realizado comentarios sobre el informe ni ha confirmado si ha recibido peticiones formales de Estados Unidos para frenar esta práctica.

Una horquilla de estimaciones amplia y un escenario central de 75.000 millones de dólares

El informe reconoce la dificultad de medir con precisión el fenómeno y recurre a distintas fuentes del sector privado y del propio Gobierno estadounidense para acotar su magnitud. El valor total de las mercancías trasbordadas oscilaría entre 34.000 millones y 303.000 millones de dólares anuales, una horquilla especialmente amplia que refleja la falta de datos consolidados. Para sus cálculos centrales, el estudio adopta una estimación de 75.000 millones de dólares en bienes trasbordados, cifra sobre la que se proyecta la pérdida fiscal de entre 19.000 y 26.000 millones de dólares. El documento añade que el envío de productos chinos a través de México o Canadá podría, en determinados supuestos, eliminar por completo el pago de aranceles.

El impacto se traduce también en empleo

Más allá del efecto recaudatorio, el informe vincula el escenario central de 75.000 millones de dólares en trasbordos con la pérdida de aproximadamente 450.000 empleos en Estados Unidos, sumando puestos de trabajo directos e indirectos. Esta cifra busca ilustrar que la pérdida no se limita a los ingresos públicos, sino que se extiende a sectores productivos como el automóvil, los metales y la electrónica, que la Casa Blanca considera especialmente afectados por la competencia derivada de esta triangulación comercial.

El descenso de las importaciones directas desde China no refleja la realidad del comercio

Los datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos muestran que las importaciones procedentes directamente de China cayeron en 2025 hasta los 308.700 millones de dólares, su nivel más bajo en dieciséis años. Sin embargo, en el mismo periodo las compras a México y Vietnam han crecido de forma notable. El informe interpreta esta correlación como una señal de que los aranceles impuestos por la Administración Trump no han reducido el volumen real de manufactura china destinada al mercado estadounidense, sino que han desplazado su ruta de entrada a través de terceros países, distorsionando así las estadísticas oficiales de comercio bilateral.

Nuevas herramientas de control: inteligencia artificial y aranceles retroactivos

Para hacer frente a esta práctica, el Gobierno estadounidense ha anunciado controles más estrictos y medidas financieras más severas. Un representante gubernamental advirtió que las empresas importadoras que hayan falseado deliberadamente el país de origen de sus productos podrían enfrentarse a aranceles retroactivos de hasta un año. Paralelamente, el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) está probando soluciones de inteligencia artificial capaces de analizar automáticamente marcas de contenedores, patrones de embalaje, documentos de envío e imágenes de rayos X, con el objetivo de detectar discrepancias entre la carga declarada y la real y agilizar así la identificación de infracciones a las normas de origen.

Las declaraciones de Navarro y la reacción de China

En una comparecencia telemática ante la prensa, Peter Navarro afirmó que China «blanquea» sus exportaciones a través de más de 40 países, aunque matizó que buena parte del problema recae en las naciones que facilitan esa evasión arancelaria. El asesor comercial también advirtió que otros países, como India, podrían recurrir al trasbordo para eludir nuevos aranceles, y adelantó que los futuros marcos comerciales de la Administración Trump incorporarán cláusulas que impongan consecuencias a los socios que incurran en esta práctica. Desde Pekín, la embajada de China en Washington rechazó que cualquier parte busque alcanzar acuerdos comerciales «a expensas de China» o que desestabilicen las cadenas de suministro industriales, y advirtió que el país «tomará con determinación las medidas necesarias para salvaguardar sus derechos e intereses legítimos» si se produjeran tales situaciones.

Un informe con trasfondo diplomático

La publicación del documento no es casual: llega semanas antes de la visita prevista del presidente chino Xi Jinping a Washington en septiembre, un encuentro que se produce en un clima de relaciones comerciales tensas entre ambas potencias. Pekín ha descrito su vínculo con Washington como de «estabilidad estratégica», pero el informe sugiere que las políticas de apoyo a las exportaciones manufactureras chinas continúan desestabilizando sectores clave en Estados Unidos, Europa y Japón, incluso cuando las cifras oficiales de importación directa muestran una desaceleración del comercio bilateral.

Una política arancelaria que también genera presiones internas

El trasfondo de este informe se enmarca en la política arancelaria más amplia de la Administración Trump, que ha impuesto gravámenes elevados a un número considerable de socios comerciales, tanto aliados como rivales. Si bien estas medidas buscan proteger a la industria estadounidense y corregir desequilibrios comerciales, también han generado nuevas presiones inflacionistas dentro del propio país, un factor que añade complejidad al debate sobre la eficacia real de los aranceles como herramienta de política económica frente a estrategias de evasión cada vez más sofisticadas.