América Latina participa en la carrera mundial por la inteligencia artificial con resultados dispares. Un análisis de Oxford Economics, divide a las principales economías en dos grupos. Chile, México y Brasil están mejor situados que el promedio de los mercados emergentes. Colombia, Perú y Argentina muestran rezago.
Lo que está en juego es medible. La firma estima que la IA generativa podría sumar entre 0,1 y 0,3 puntos porcentuales al crecimiento potencial de las mayores economías latinoamericanas entre 2026 y 2040. Para Estados Unidos, la contribución proyectada es de entre 0,3 y 0,5 puntos. La mayor parte de esa ganancia llegaría en los próximos quince años, de modo que las decisiones que se tomen ahora definirán qué países capturan más beneficio.
Chile se afianza como el país mejor preparado
La medición se apoya en el Índice de Preparación para la IA (AIPI) del Fondo Monetario Internacional, que evalúa cuatro dimensiones: infraestructura digital, innovación e integración económica, capital humano y mercado laboral, y regulación y ética. Chile obtiene 0,59, la puntuación más alta de las seis economías analizadas.
Oxford Economics atribuye esa ventaja a un ecosistema de innovación más sólido y a una infraestructura digital más desarrollada que la de sus vecinos. La distancia con Argentina, Colombia y Perú es clara, y refleja años de diferencia en capacidades tecnológicas más que un simple matiz estadístico.
México y Brasil le siguen los pasos
México alcanza 0,53 y Brasil 0,50, por lo que ambos se acercan al nivel chileno y superan el promedio emergente. Brasil, además, tiene un respaldo adicional en otra medición internacional. El Índice de Preparación de la IA de los Gobiernos, que publica la Universidad de Oxford desde 2017 y que en su edición 2025 abarca 195 gobiernos, lo ubica como el mejor de la región, con 67,84 puntos y el puesto 22 del mundo.
Ese resultado responde a avances en políticas y legislación de inteligencia artificial y a la creación de entornos seguros de prueba para nuevos desarrollos. Es un indicador centrado en la capacidad del Estado, por lo que complementa y no reemplaza al ranking del FMI, que mide la preparación de la economía en conjunto.
Colombia, Perú y Argentina, los países que quedan atrás
Colombia y Perú registran 0,49 puntos y Argentina 0,47. La brecha numérica parece pequeña, pero Oxford Economics sostiene que expresa diferencias de fondo, vinculadas a ecosistemas de innovación más débiles y a una infraestructura digital menos desarrollada.
El cuadro cambia según el indicador que se mire. En el índice de gobiernos de Oxford Insights, Perú avanzó hasta el puesto 59 con 55,90 puntos, apenas por detrás de Chile, que ocupa el 50 con 57,74, y de Uruguay, que está en el 52 con 56,77. Así, dos países latinoamericanos, Brasil y Chile, figuran entre los cincuenta primeros del mundo, y la región en su conjunto mostró progresos en infraestructura y resiliencia de la IA.
Qué dice la medición del sector privado
El fondo de inversión Hi Ventures, en la cuarta edición de su informe sobre el estado de la IA en América Latina, aplica otra metodología y llega a un orden parcialmente distinto. Chile lidera con 72,5 puntos sobre 100, seguido por Argentina con 71, Brasil con 70,2 y México con 67,5. Colombia queda última con 53,1.
Las dos fuentes coinciden en tres puntos centrales, que son el liderazgo chileno, la presencia de Brasil entre los primeros y el rezago de Colombia. Las posiciones intermedias, en cambio, varían, lo que confirma que no existe una única forma de medir cuán preparado está un país para la inteligencia artificial.
Las empresas adoptan la tecnología más rápido que las economías
Mientras los índices describen capacidades estructurales, las compañías avanzan con mayor velocidad. Según Hi Ventures, el 71% de las corporaciones latinoamericanas ya utiliza IA en algún equipo o función, el 23% la emplea solo para productividad individual y apenas el 5% no la ha explorado. Entre las startups, el 99% la usa al menos de forma interna y el 78% la incorporó a su producto principal.
La ventaja de las empresas jóvenes se aprecia en los agentes autónomos, que ya funcionan en producción en el 53% de ellas, frente al 30% de las grandes corporaciones. El 62% de las startups cuenta con equipos de diez personas o menos, lo que les permite diseñar sus procesos con agentes desde el inicio. Las compañías consolidadas avanzan con más prudencia. El 40% mantiene supervisión humana directa y solo el 5% opera de forma plenamente autónoma, aunque plataformas como Mercado Libre ya extendieron herramientas de IA a decenas de miles de empleados en áreas administrativas.
Entre los ejecutivos, el 46% considera que la mejora de eficiencia es el principal atractivo de la tecnología, con especial interés en atención al cliente, análisis y planificación financiera.
El agro altera el orden de la tabla
El sector agroalimentario muestra que un ranking macroeconómico no se traslada automáticamente al campo. El Radar AgTech LAC 2026 identificó 2.656 startups agrícolas en 23 países de América Latina y el Caribe. Brasil concentra 2.075, el 78% del total, y Argentina aparece en segundo lugar con 158, por delante de México (110), Chile (91), Colombia (79) y Uruguay (74).
Argentina pasa así del último puesto en preparación general al segundo lugar regional en tecnología agrícola. El país combina limitaciones en infraestructura digital e innovación general con productores tecnificados, fabricantes de maquinaria, desarrolladores de software y emprendimientos especializados. Brasil, en cambio, une una alta preparación general con la mayor base de empresas del sector, y México y Chile también muestran comunidades de innovación agropecuaria en expansión.
Del algoritmo al lote, el verdadero desafío
La Semana de la Agricultura Digital 2026 del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) reunió a cerca de 200 representantes de más de 25 países, entre startups, fondos de inversión, organismos multilaterales, centros de investigación y autoridades. Las 14 empresas participantes, procedentes de 13 países, fueron elegidas entre casi 300 postulaciones de 23 naciones. La conclusión fue que las tecnologías digitales ya pueden resolver muchos problemas concretos de la producción, pero que acelerar su adopción entre los agricultores sigue siendo el principal obstáculo.
Las aplicaciones abarcan toda la cadena. La IA puede combinar imágenes satelitales, sensores, datos meteorológicos y registros históricos para anticipar riesgos, orientar decisiones de riego y fertilización, detectar plagas, automatizar maquinaria y proyectar rendimientos. En las cadenas exportadoras puede usarse en clasificación y control de calidad, trazabilidad, pronósticos de oferta y demanda, logística, certificaciones ambientales y medición de la huella de carbono. Sin conectividad rural, datos confiables, capacitación y financiamiento, estas herramientas podrían quedar en manos de los productores más grandes y profundizar las desigualdades.
Las trabas que comparte toda la región
Más allá de las diferencias entre países, Oxford Economics señala tres restricciones comunes. La primera es la limitada capacidad de innovación. La segunda, la débil integración económica. La tercera, las rigideces del mercado laboral, entre ellas las elevadas tasas de empleo informal, que reducen la proporción de ocupaciones expuestas a mejoras de productividad con IA.
Estados Unidos parte de una posición más favorable, porque tiene mayor exposición a tareas automatizables y la infraestructura necesaria para desplegar la tecnología con rapidez. Por eso captura antes el llamado dividendo digital.
Una brecha con Estados Unidos que seguirá abierta
Oxford Economics calcula el diferencial de productividad como la diferencia de crecimiento del PIB per cápita entre dos economías y prevé que, frente a Estados Unidos, se amplíe durante esta década aun con la adopción de IA. Solo cuando otros países alcancen el nivel de adopción estadounidense la distancia comenzará a reducirse, y aun así la trayectoria de largo plazo cambiará poco.
La razón es que la productividad, la acumulación de capital y el descenso de la población en edad de trabajar seguirán marcando el crecimiento regional. Argentina enfrenta una demografía adversa y una productividad estancada, mientras Perú reúne avances de productividad, inversión sostenida y un bono demográfico favorable. El informe lo resume con una idea que da título al estudio, según la cual la IA es un cambio de nivel y no un cambio de juego.
El contexto global y la presión por definir estrategias propias
La carrera latinoamericana ocurre en un tablero dominado por Estados Unidos y China. El índice de Oxford Insights mantiene a Estados Unidos en el primer lugar, impulsado por su ecosistema privado, sus instituciones de investigación y su infraestructura de cómputo, aunque advierte que la posición de China podría subestimar su capacidad real. Reino Unido, con 77,73 puntos, y Francia, con 77,31, ocupan el segundo y tercer puesto mundial.
El estudio detecta además un cambio de etapa. Los gobiernos pasaron de formular estrategias a implementarlas en la administración pública, la economía y la sociedad, y creció el debate sobre la soberanía nacional y regional en IA. La regulación práctica avanza de forma lenta y desigual, con una Ley de IA europea parcialmente vigente y nuevos órganos de gobernanza creados por Naciones Unidas en 2025. Para América Latina, el mensaje es que la competencia ya no consiste solo en adoptar tecnología, sino en definir reglas, capacidades y estrategias propias.
Una oportunidad que dependerá de las reformas
El balance de las distintas mediciones es consistente. Chile lleva la delantera, Brasil y México lo siguen, y Argentina demuestra que puede competir desde sectores específicos como el agro. Ningún país, sin embargo, está en condiciones de cerrar por sí solo la brecha con las economías avanzadas.
Aprovechar la inteligencia artificial exigirá más inversión en infraestructura digital, ecosistemas de innovación más robustos, mayor integración comercial y una reducción de la informalidad laboral. La ganancia estimada de hasta 0,3 puntos de crecimiento es modesta, pero para economías que crecen despacio puede marcar una diferencia acumulada importante. Los países que logren llevar la tecnología desde los centros urbanos hasta las pymes y los productores serán los que más se beneficien.




