El sector energético vive una transformación acelerada impulsada por la geopolítica. Más de media docena de empresas de petróleo y gas ubicadas en Texas, Colorado y otros estados del país están siendo puestas a la venta por fondos de capital riesgo que ven en el actual clima de precios una ventana de salida que llevan años esperando. El valor agregado de estas operaciones ronda los US$20.000 millones, en un mercado que ha cobrado nuevo impulso tras el cierre efectivo del estrecho de Ormuz como consecuencia del conflicto con Irán y que ha catapultado el precio del crudo por encima de los US$100 el barril.

Un mercado de salidas que resurge tras años de estancamiento

El capital riesgo estadounidense atraviesa uno de sus ciclos más complejos en materia de desinversiones. El sector acumula unas 32.000 empresas sin vender, por un valor combinado de US$3,8 billones, mientras que el periodo medio de tenencia de activos se ha extendido a aproximadamente siete años, según las perspectivas más recientes del sector publicadas por Bain & Co. Este cuadro refleja las dificultades estructurales que han enfrentado los fondos para encontrar compradores o ventanas de mercado propicias en los últimos años, particularmente tras haber pagado precios elevados durante el boom de fusiones y adquisiciones posterior a la crisis de Crimea.

El giro en los precios del petróleo, sin embargo, ha abierto una grieta de oportunidad. Desde que el conflicto con Irán cerró efectivamente el estrecho de Ormuz en febrero, el crudo acumula una escalada de más del 50%, lo que ha reavivado el apetito de los actores tradicionales del sector energético por adquirir activos en producción y ha animado a los fondos especializados a activar sus procesos de venta.

Las operaciones en marcha: Pérmico, Denver-Julesburg y más de US$8.000 millones sobre la mesa

Tres operaciones concentran la atención del mercado en este momento. EnCap Investments, una de las firmas de capital riesgo más activas de Houston en el segmento de petróleo y gas, busca US$2.000 millones por Ridge Runner, empresa que opera en la cuenca del Pérmico, en el oeste de Texas y Nuevo México. Por su parte, Quantum Capital Group ha designado asesores para llevar a cabo la venta de Bison Oil and Gas, operador en la cuenca de Denver-Julesburg en Colorado, con una valoración objetivo que supera los US$3.000 millones. En tercer lugar, Greenbelt Capital Partners explora la venta de TRP Energy, también exploradora en la cuenca del Pérmico, con una valoración que podría superar igualmente los US$3.000 millones. Las tres firmas declinaron hacer comentarios sobre estas operaciones.

Estas transacciones no son casos aislados. El conjunto del oleoducto de acuerdos en el segmento de exploración y producción de petróleo y gas ya refleja la aceleración del momento: el valor de los acuerdos globales en este sector creció un 84% interanual en el primer trimestre del año, hasta alcanzar los US$44.000 millones en todo el mundo.

El perfil de los actores: firmas especializadas con historial probado

El protagonismo en esta oleada de desinversiones no recae en los grandes fondos generalistas de Wall Street, sino en firmas especializadas con décadas de experiencia en el ciclo energético. EnCap Investments y Quantum Capital Group son los referentes de este modelo: identifican activos con potencial, financian exploradores en etapas tempranas, desarrollan los yacimientos y desinvierten cuando las condiciones de precio son favorables, idealmente vendiéndoselos a grandes compañías integradas.

EnCap cuenta con un historial sólido en este esquema, habiendo vendido participaciones en cartera a empresas como Permian Resources Corp., Ovintiv Inc. y Diamondback Energy Inc. en los últimos años. Quantum, por su parte, logró recaudar más de US$10.000 millones para sus distintos fondos energéticos en 2024, aunque el proceso le llevó casi dos años. El vicepresidente ejecutivo Dwight Scott señaló en abril ante Bloomberg TV que la firma tiene como objetivo realizar mayores inversiones en el sector upstream, al que considera urgentemente necesitado de capital para sostener la electrificación de la economía estadounidense.

Los grandes fondos generalistas como Apollo Global Management y Carlyle Group, que financiaron el auge del esquisto a principios de la década de 2000, registraron pérdidas cuantiosas cuando los precios colapsaron por el exceso de oferta. Esa experiencia explica por qué el grueso de la actividad en este nicho ha quedado en manos de los especialistas.

El crudo supera los US$100 y reaviva la inflación: Wall Street vuelve a la defensiva

El efecto de la escalada del petróleo no se ha limitado a las transacciones corporativas. Los mercados financieros globales han vuelto a tensionarse. El crudo West Texas Intermediate subió alrededor de un 3% hasta situarse cerca de los US$102 por barril, después de que el líder supremo de Irán ordenara que el uranio enriquecido permaneciera dentro de las fronteras del país, eliminando lo que quedaba de expectativa sobre un posible acuerdo diplomático. El crudo Brent al contado también sumó en torno a un 3%, hasta rozar los US$108 por barril.

La reacción en los mercados de deuda fue inmediata. La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 10 años avanzó cuatro puntos básicos hasta el 4,615%, mientras que la del plazo a 30 años alcanzó el 5,14%. Rentabilidades más altas implican mayor coste de financiación para empresas y consumidores, y generan un flujo de capitales desde la renta variable hacia la renta fija que erosiona las valoraciones bursátiles.

El resultado fue que el rebote del miércoles se evaporó en cuestión de horas. El S&P 500 cayó en torno a un 0,2% a 0,4% según el momento de la sesión, encaminándose a su cuarta caída en cinco jornadas tras haber marcado recientemente su máximo histórico. El Nasdaq Compuesto retrocedió un 0,3% a 0,5%, y el Dow Jones Industrial Average se mantuvo prácticamente plano.

Nvidia bate previsiones, pero el mercado no celebra

En medio de este entorno adverso, Nvidia publicó resultados que volvieron a superar ampliamente las expectativas de los analistas, con ingresos que crecieron un 85% y unas previsiones para el trimestre en curso que también excedieron el consenso. Su director general, Jensen Huang, afirmó que la construcción de infraestructura de inteligencia artificial, a la que describió como la mayor expansión de este tipo en la historia humana, se está acelerando a una velocidad extraordinaria.

Sin embargo, la reacción del mercado fue contenida. Algunos analistas atribuyeron la tibieza al hecho de que las acciones de Nvidia ya cotizan recogiendo las buenas noticias: el título se ha revalorizado cerca de un 70% en el último año, más del doble del avance del 27% registrado por el S&P 500 en el mismo periodo. A ello se suma una crítica creciente sobre el carácter circular del ecosistema de inteligencia artificial: Nvidia ha adquirido participaciones en empresas que utilizan sus propios chips, lo que retroalimenta artificialmente sus cifras de ingresos y alimenta el debate sobre la solidez real de sus valoraciones.

Una coyuntura que abre ventanas y acumula riesgos

El contexto actual ofrece una combinación poco frecuente: precios del crudo elevados que justifican valoraciones altas en los activos energéticos, un mercado de adquisiciones con liquidez y apetito comprador, y fondos de capital riesgo con urgencia por reducir el volumen de activos en cartera acumulado durante años. Para las firmas especializadas en petróleo y gas, este es precisamente el momento que esperaban.

No obstante, la misma geopolítica que ha creado la oportunidad introduce una incertidumbre de primer orden. Una resolución del conflicto con Irán podría revertir buena parte de la subida del crudo con la misma rapidez con que llegó, presionando las valoraciones y poniendo en cuestión las operaciones que ahora se negocian. Para los compradores, la ecuación exige calibrar si los precios actuales responden a un cambio estructural del mercado o a un shock temporal que podría disiparse antes de que las transacciones se cierren. La historia del capital riesgo en el sector energético aconseja prudencia: cuando los tiempos parecen definitivamente buenos, el ciclo acostumbra a girar.