La deuda pública suele medirse como proporción del producto interno bruto (PIB). Existe otra lectura que hace más tangible el tamaño de las obligaciones del Estado: dividirlas entre la población. La deuda per cápita no equivale a una factura que cada ciudadano deba pagar, pero sirve para comparar economías de tamaños muy distintos sin que el número de habitantes distorsione el resultado.
Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Panamá encabeza la región con US$14.338 por habitante, seguido de Costa Rica con US$13.105 y Argentina con US$11.146. Brasil registra US$10.106, México US$8.577 y Chile US$8.506. República Dominicana ronda los US$7.540 y Colombia los US$6.828.
Panamá y Costa Rica superan a las grandes economías
Que dos economías de tamaño medio estén por encima de Brasil, México o Argentina puede sorprender. La razón es que el indicador sube con el nivel de ingreso del país y con su tipo de cambio. Panamá tiene el PIB per cápita más alto de la región, US$21.823, y Costa Rica le sigue con US$21.036.
Al contrastar la deuda por habitante con el ingreso por habitante, el panorama se aclara. Con un cálculo simple sobre estas cifras, la deuda per cápita equivale a cerca del 66% del PIB per cápita en Panamá y al 62% en Costa Rica. En Brasil la proporción ronda el 80%, y en Chile se queda en torno al 42%. Es decir, un monto alto por persona no implica necesariamente una carga mayor para la economía.
Chile y México: cifras similares, realidades distintas
Chile y México muestran por qué este indicador no debe leerse de forma aislada. Ambos tienen una deuda por habitante casi idéntica, pero su posición fiscal difiere. Un analista de mercados de la plataforma de inversión XTB explica que la cercanía se debe a que Chile tiene una deuda total mucho menor y también una población más reducida, de modo que al dividir una cifra entre la otra los resultados se aproximan.
La comparación frente al tamaño de la economía revela la diferencia. La deuda chilena equivale al 42% del PIB y la mexicana al 55%. Un economista del IIF añade matices que importan para los inversionistas. Chile multiplicó su deuda casi por once desde 2007, pero hoy reduce su déficit y se financia a diez años por debajo de su crecimiento nominal. México, en cambio, crece poco y se financia a 9,6% a diez años, unos cinco puntos por encima de su expansión nominal, con Pemex como riesgo latente y una perspectiva negativa de una calificadora internacional.
Estados Unidos y Japón: deudas gigantes, riesgos de otra naturaleza
Los países desarrollados muestran las cifras más elevadas del mundo. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para 2025, ajustados por paridad de poder adquisitivo, Estados Unidos registra US$113.348 por habitante y Japón US$110.667. Italia ocupa el tercer lugar con US$94.002, seguida de Bélgica, Francia, Canadá y Grecia.
Esas deudas serían inmanejables para una economía emergente, pero tienen respaldos que la región no posee. Estados Unidos emite en dólares, la principal moneda de reserva, y cuenta con el mercado de bonos soberanos más profundo del mundo. Japón se financia en yenes, con una amplia base de ahorradores locales y vencimientos largos. En ambos casos el riesgo aparece primero en las tasas de largo plazo y en la moneda, mucho antes que en una dificultad real de pago.
Eso no significa ausencia de vulnerabilidades. El IIF advierte que Estados Unidos preocupa más hoy, porque su déficit primario ronda el 4% del PIB sin señales de corregirse. Los intereses netos ya equivalen al 13% de los ingresos públicos y el bono a diez años rinde 5,3%. En Japón, el envejecimiento poblacional y el alza gradual de tasas presionan las cuentas públicas.
Brasil, Colombia y Argentina: el costo de financiarse
Para medir la sostenibilidad, el factor decisivo es el costo de financiar la deuda frente al crecimiento de la economía y la capacidad del gobierno para sostener un saldo primario favorable. Con ese criterio, el IIF considera que Brasil y Colombia están en una posición más frágil que Japón, cuya deuda equivale a más del doble de su PIB.
Brasil tiene una deuda bruta del gobierno general equivalente al 83% del PIB y paga intereses cercanos al 9% del PIB. Como buena parte de la deuda está ligada a la tasa Selic y a la inflación, el saldo puede seguir creciendo aun con un déficit primario reducido. Por eso, la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre será relevante, sobre todo por las decisiones de gasto que adopte el próximo gobierno.
Colombia presenta una deuda del gobierno central equivalente al 65% del PIB, pero su trayectoria preocupa. El nuevo gobierno elevó la proyección de déficit a 7,2% del PIB para este año y 9,4% para 2027, mientras el rendimiento del bono local a diez años supera el 13%.
Argentina muestra el contraste. Con superávit fiscal, se proyecta que su deuda del gobierno central baje de 78% del PIB en 2025 a 65% en 2027. Ese resultado depende de que la inflación siga reduciendo el peso de la deuda en moneda local y de que el peso se mantenga estable, ya que una parte importante de las obligaciones está en dólares.
Bolivia, el caso donde la cifra engaña
Bolivia ilustra los límites del indicador. Con el tipo de cambio actual, su deuda pública ronda los US$3.700 por persona, una de las más bajas de la región, y sin embargo supera el 100% del PIB. El economista del IIF señala que en ningún otro país latinoamericano la cifra por habitante resulta tan engañosa.
Un panorama global de deuda en máximos
El contexto internacional añade presión. El Monitor de Deuda Global del IIF indica que el endeudamiento mundial creció en más de US$10 billones en el primer semestre y superó los US$365 billones. El aumento fue menor que el de US$21 billones del mismo periodo de 2025, lo que el instituto atribuye a tasas más altas, mayores costos de servicio, el encarecimiento de la energía y el impacto del conflicto con Irán.
La relación entre deuda y PIB mundial ronda el 310%, unos 25 puntos porcentuales por debajo del máximo de comienzos de 2021. El IIF advierte que esa mejora se debe sobre todo al efecto de la inflación sobre el crecimiento nominal y que oculta un aumento mucho más pronunciado de los costos del servicio de la deuda, a medida que las obligaciones se refinancian a tasas superiores. En América Latina y el Caribe, Brasil encabeza la muestra del IIF por deuda gubernamental como porcentaje del PIB al segundo trimestre de 2026, seguido de El Salvador y Trinidad y Tobago.
La lectura de fondo: cuánto cuesta deber, no cuánto se debe
La conclusión es consistente entre las distintas cifras. La deuda por habitante refleja más la riqueza de un país y el valor de su moneda que su riesgo fiscal. Lo que define la sostenibilidad es el costo de financiamiento frente al crecimiento nominal, la capacidad de generar ingresos públicos y la confianza de los inversionistas. Para anticipar tensiones, las señales a vigilar son la tendencia de la deuda en Chile, el costo de financiamiento en México, la disciplina fiscal tras las elecciones en Brasil y la trayectoria del déficit en Colombia.




