El calentamiento del Pacífico ecuatorial dejó de ser solo un asunto de meteorólogos. Con anomalías térmicas que rozaron los 3°C hacia mediados de septiembre, el fenómeno cruzó el umbral que los especialistas reservan para los episodios más extremos: el llamado Súper El Niño. El mundo entró firmemente en esa categoría, algo que la región no experimentaba con esta intensidad en varias décadas.

Las estimaciones más recientes calculan un 75% de probabilidad de que el trimestre octubre-diciembre de 2026 supere en fuerza a cualquier episodio registrado desde 1950. Algunos análisis climáticos, basados en registros históricos que se remontan a 1850, plantean incluso que este podría convertirse en el evento más intenso jamás documentado, superando la referencia de 1982-1983.

Pero el dato que más preocupa a los mercados no es el termómetro del océano, sino su traducción en precios, cosechas, generación eléctrica y crecimiento. Los efectos, según los analistas, se extenderán bien entrado 2027.

Alimentos: el principal canal de contagio hacia la inflación

El mecanismo de transmisión más relevante hacia las economías emergentes pasa por la mesa de los hogares. El índice mundial de precios de los alimentos aumentó 2,5% interanual en agosto, un salto notable frente al 0,8% revisado de julio. El azúcar lidera el alza, con un avance interanual de 11,3%, mientras los cereales continúan encareciéndose a un ritmo que algunos comparan con las tensiones generadas por la guerra entre Rusia y Ucrania.

Seis materias primas concentran la mayor exposición climática en este episodio: aceite de palma, café robusta, arroz, azúcar, cacao y trigo australiano. El caso del aceite de palma resulta particularmente delicado, con existencias mundiales que equivalen apenas al 18,3% del consumo, el nivel más bajo en diez años. Una menor oferta de este insumo podría además presionar al alza el aceite de soja por efecto sustitución.

El cacao ofrece otro ejemplo de cómo el clima se convierte en precio. Se proyecta una caída de producción de alrededor del 7,2% en el ciclo 2026-2027 si las lluvias agravan los problemas que ya enfrentan Costa de Marfil y Ghana, países que concentran cerca de la mitad de la oferta mundial. Ecuador, con aproximadamente el 10% de la producción global, podría amortiguar parte de ese deterioro, aunque las lluvias persistentes también amenazan sus rendimientos hacia fin de año. Los futuros de cacao ya acumulan un alza cercana al 78% desde mayo, mientras el café arábica subió 30% en apenas un mes en la bolsa de Nueva York.

El impacto no es homogéneo entre países. Se detectó un repunte generalizado de la inflación de alimentos en la región, liderado por Chile, mientras México mantiene una dinámica históricamente más contenida y aparece como la economía menos expuesta al fenómeno.

Brasil y el epicentro energético del fenómeno

Ningún país de la región combina tanta exposición agrícola y energética como Brasil. Una encuesta a casi cien economistas realizada a fines de junio arrojó una estimación mediana de impacto de 30 puntos básicos sobre la inflación general de 2026 y de 40 puntos básicos sobre la de 2027, con una inflación esperada de 5,2% este año y 4,2% el próximo, ambas cifras por encima de la meta oficial del 3%.

El frente energético agrava el panorama. El impacto conjunto sobre Brasil, Argentina, Colombia y Chile podría equivaler a 150 millones de barriles de petróleo, un 4,1% del consumo primario de energía de esas cuatro economías si el fenómeno repite el comportamiento observado en 2023. Brasil concentraría la mayor parte del golpe: unos 135 millones de barriles equivalentes, el 5,6% de su demanda primaria, producto de una menor generación hidroeléctrica y un mayor consumo destinado a refrigeración. Hasta agosto, la generación hidroeléctrica brasileña ya acumulaba 33,3 teravatios-hora menos que su promedio histórico, con otros 49,5 TWh de pérdida proyectados antes de que termine el año.

Las distribuidoras eléctricas enfrentan una presión doble: más demanda residencial, pero también mayores costos de mantenimiento, refuerzo de redes y respuesta ante emergencias. El resultado sobre las generadoras es menos predecible: lluvias favorables en cuencas clave podrían aliviar los embalses y abaratar la electricidad, mientras una temporada húmeda tardía prolongaría el estrés del sistema.

Colombia, entre el riesgo hídrico y la fragilidad fiscal

Colombia aparece como la economía latinoamericana más vulnerable dentro de las matrices de exposición y resiliencia analizadas, al combinar riesgos simultáneos en alimentos y electricidad con una inflación todavía elevada y una posición fiscal débil. El país podría perder hasta 3,8 teravatios-hora de generación hidroeléctrica. Hasta mediados de septiembre, los embalses colombianos se mantenían levemente por encima del promedio estacional, pero las proyecciones climáticas anticipan déficits de lluvia en el norte del país y una intensificación del fenómeno hacia fines de 2026 y comienzos de 2027.

Perú: la economía más golpeada por un El Niño costero

Perú concentra uno de los frentes más severos. La probabilidad combinada de un episodio costero fuerte o extraordinario se elevó al 83%, frente al 71% que se manejaba en julio. Se calcula que el fenómeno restaría entre 0,7 y 1 punto porcentual al crecimiento peruano de 2027, que quedaría entre 3% y 3,3% en el escenario base. Un episodio extraordinario llevaría esa cifra a un rango de 2,2% a 2,8%, y un escenario extremo, con interrupciones prolongadas y pérdidas agrícolas severas, la ubicaría entre apenas 1% y 2%.

Las cifras concretas ya son elocuentes. Lima registró 29°C en la semana del 19 de septiembre, un récord que no se veía desde 1997 y que se ubicó 9°C por encima del promedio del mes. El gobierno peruano declaró 21 regiones bajo alerta roja. Las pérdidas agrícolas se estiman en más de 3.000 millones de dólares, con caídas pronunciadas en cultivos como olivo, fresa y maíz. El sector pesquero enfrenta un golpe todavía mayor: la producción de anchoveta se proyecta en 1,8 millones de toneladas para 2026, frente a 4,6 millones en 2025, una contracción de 61% vinculada a pérdidas de entre 500 y 1.000 millones de dólares. En conjunto, se calcula que El Niño restará 0,8 puntos porcentuales al PIB entre 2026 y 2027.

Con todo, Perú cuenta con colchones que no tenía en episodios anteriores: una cuenta corriente con superávit superior al 3% del PIB y reservas internacionales equivalentes a cerca del 28% del producto.

Logística regional: del Canal de Panamá al cobre chileno

El fenómeno también golpea las cadenas de suministro físicas de la región. Los tránsitos diarios por el Canal de Panamá se redujeron de 36 a 34, y luego a 32, ante el descenso del nivel del lago Gatún. Aunque la situación se mantiene por encima del mínimo alcanzado durante la sequía de 2023-2024 —cuando se llegó a apenas 22 cruces diarios—, la disponibilidad de agua vuelve a representar un riesgo fiscal y comercial para el país.

En Brasil, el precedente de 2023-2024 mostró que la capacidad de las barcazas fluviales puede caer hasta un 50%, obligando a trasladar cargamentos de granos y carne hacia carreteras y ferrocarriles, con el consiguiente aumento de costos logísticos. Una repetición de ese escenario presionaría los negocios de proteínas de las grandes procesadoras y amenazaría los cultivos de soja, caña de azúcar y maíz en el estado de Mato Grosso durante el ciclo agrícola de 2027.

Chile enfrenta el problema inverso: lluvias intensas ya afectaron las operaciones mineras y llevaron a varias compañías cupríferas a recortar sus previsiones de producción de cobre tras inundaciones e interrupciones eléctricas, un dato relevante para un país cuya economía depende en buena medida de las exportaciones del metal rojo.

El riesgo humano detrás de las cifras macro

Más allá de los mercados financieros, el impacto humanitario del fenómeno es contundente. Se estima que El Niño podría empujar a al menos 49 millones de personas adicionales hacia el hambre aguda para fines de 2027, en 45 países que ya atraviesan situaciones de vulnerabilidad. La población en inseguridad alimentaria aguda en esos países podría pasar de unos 225 millones a 274 millones, un incremento cercano al 22%.

América Latina y el Caribe aparece entre las regiones con mayor riesgo relativo: más de 16 millones de personas podrían ver deteriorada su seguridad alimentaria, y Centroamérica registraría el mayor salto proporcional de todas las zonas analizadas, con un aumento estimado de 83,1%. El episodio de El Niño de 2015-2016 llegó a afectar la seguridad alimentaria de entre 60 y 100 millones de personas en el mundo, una referencia que ilustra la magnitud que puede alcanzar el fenómeno actual.

Desde mayo se activaron mecanismos de acción anticipatoria en países como Guatemala y El Salvador, movilizando más de 14 millones de dólares para asistir a medio millón de personas. Cada dólar invertido en preparación anticipada puede ahorrar entre tres y siete dólares en pérdidas evitadas y gastos de respuesta humanitaria, un argumento que empieza a pesar tanto en las decisiones de política social como en las de gestión de riesgo fiscal.

Presión sobre los bancos centrales

El hilo que conecta todos estos frentes —agrícola, energético, logístico y humanitario— desemboca en la misma pregunta para los responsables de política monetaria de la región: ¿cuánto de este shock se traslada a los precios al consumidor? Si las presiones agrícolas y energéticas terminan filtrándose a la inflación, los mercados podrían empezar a incorporar tasas de interés más altas, justo cuando varios bancos centrales latinoamericanos intentaban consolidar procesos desinflacionarios ya avanzados.

La intensidad del fenómeno, por sí sola, no determina el resultado económico. Importan la ubicación geográfica de las lluvias, la duración de las sequías, el nivel de los inventarios agrícolas, el estado de los embalses y, sobre todo, la capacidad de cada economía para absorber el golpe sin que se generen efectos de segunda ronda sobre salarios, expectativas y tipo de cambio. Con ese margen de incertidumbre, los próximos dos trimestres se perfilan como el verdadero examen de resiliencia macroeconómica para América Latina.