La administración de Donald Trump autorizó esta semana la compra global de petróleo ruso en tránsito marítimo durante 30 días, en un intento por aliviar la escalada de precios del crudo detonada por el conflicto armado contra Irán. La licencia, emitida por el Departamento del Tesoro y válida desde el 12 de marzo hasta la medianoche del 11 de abril, habilita la entrega y venta a nivel mundial de crudo ruso y sus derivados cargados en buques, eludiendo las sanciones impuestas a Moscú tras la invasión de Ucrania en 2022. El mercado, sin embargo, no dio señales de calmarse: el barril de Brent siguió cotizando por encima de los 100 dólares y las bolsas europeas registraron nuevas caídas.
Una medida que los mercados rechazan como insuficiente
La decisión del secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue anunciada en su cuenta de X con el argumento de que, en un contexto de interrupción severa del suministro, cientos de millones de barriles de petróleo podrían reincorporarse al mercado global si se eliminan temporalmente las restricciones a Rusia. Bessent calificó la medida de «limitada» y «a corto plazo», asegurando que no representaría un beneficio financiero significativo para el Kremlin.
Los mercados no compartieron ese optimismo. Emril Jamil, analista senior de LSEG, señaló a Reuters que los futuros del Brent mantienen niveles superiores a los 100 dólares pese a las exenciones y a la liberación sin precedentes de reservas de emergencia. El analista subrayó que el mercado interpreta la medida como una solución coyuntural que no resuelve el problema de fondo: el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, punto neurálgico por el que transitaba antes de la guerra el equivalente a la quinta parte del petróleo y gas mundial. Los diferenciales intermensuales del crudo para los próximos meses reflejan, según Jamil, una escasez de suministro persistente y sin resolver.
Los mercados europeos abrieron este viernes con descensos superiores al punto porcentual. El IBEX 35 perdió la cota de los 17.000 puntos al arrancar la sesión con caídas cercanas al 1,3%.
El estrecho de Ormuz, el nudo que no se desata
El verdadero problema que ninguna medida financiera puede solucionar por sí sola es la interrupción del tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, desde que el conflicto bélico iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero desencadenó represalias iraníes sobre objetivos en el Golfo Pérsico y Oriente Medio. Hasta media docena de cargueros han sido atacados en la zona.
Bessent se limitó a asegurar que EE.UU. protegerá los buques en Ormuz «tan pronto como sea militarmente posible», una formulación que los mercados interpretaron como una señal de que no habrá operación militar de escolta antes del 11 de abril, fecha de vencimiento de la propia licencia petrolera. Esa coincidencia de plazos no parece casual y revela, en la práctica, que Washington asume que el estrecho permanecerá cerrado o con un flujo mínimo durante todo el mes de marzo.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE), integrada por 32 naciones, declaró que la guerra en Oriente Medio está provocando la mayor interrupción del suministro de petróleo de la historia. El miércoles anterior, Washington ya había anunciado la liberación de 172 millones de barriles de su reserva estratégica, dentro del compromiso colectivo de la AIE de poner a disposición del mercado 400 millones de barriles en total. El barril de Texas llegó a rozar los 96 dólares, mientras el Brent mantiene la barrera psicológica de los 100.
Segundo balón de oxígeno para Moscú en una semana
La exención global representa el segundo alivio económico concedido a Rusia en pocos días. La semana anterior, el Departamento del Tesoro ya había autorizado a la India, uno de los principales clientes del crudo ruso junto a China, a comprar el petróleo varado en el mar durante 30 días. La nueva licencia extiende esa facultad a todos los países del mundo.
El Kremlin aplaudió con rapidez. El portavoz Dmitri Peskov sostuvo que la medida «de algún modo contribuirá a estabilizar el mercado», argumentando que sin volúmenes considerables de crudo ruso la estabilización resulta imposible. El enviado del Kremlin para asuntos económicos, Kiril Dmítriev, fue más directo aún al escribir en la red social rusa Max que «Estados Unidos prácticamente reconoce lo obvio: sin petróleo ruso el mercado energético mundial no puede mantenerse estable».
La relevancia estratégica de esta apertura va más allá de los barriles en juego. Desde las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania en 2022, Rusia había orientado casi en exclusiva sus exportaciones de crudo hacia China, India y, en menor medida, Turquía. La exención le abre nuevamente el mercado global, amplía su base de clientes y, sobre todo, constituye un reconocimiento político implícito de su papel como actor energético indispensable, en un momento en que Putin mantiene conversaciones con Washington sobre el conflicto ucraniano.
Aunque los ingresos por hidrocarburos representan actualmente alrededor de un tercio del presupuesto federal ruso —frente al 50% de la década de 2010—, el petróleo sigue siendo la columna vertebral exportadora del país, con más de un tercio de los ingresos totales por ventas al exterior. Al mismo tiempo, el gasto militar y de seguridad absorbe más de un tercio del presupuesto estatal, cifra que alcanza el 40% si se incluyen todos los costos de seguridad. En ese contexto, cualquier incremento en los ingresos energéticos tiene una traslación directa a la capacidad bélica del régimen.
La paradoja Trump: la guerra que sube los precios que el propio Trump capitaliza
El propio Trump ofreció el jueves una lectura reveladora de la crisis energética. En su red Truth Social, el mandatario escribió que la subida del petróleo traerá «mucho dinero» a su país, en referencia a la producción nacional de crudo, y reiteró que su prioridad es destruir el programa nuclear iraní. «Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que, cuando suben los precios del petróleo, ganamos mucho dinero», sostuvo.
La afirmación no es trivial. Los precios altos del petróleo benefician directamente a los productores estadounidenses de extracción no convencional —fractura hidráulica y arenas bituminosas—, cuya rentabilidad aumenta considerablemente con el crudo por encima de los 80 dólares. En este escenario, EE.UU. libra una guerra que provoca una crisis energética global, de la que a su vez obtiene réditos económicos como productor, mientras intenta contener los daños para sus consumidores internos con medidas que, simultáneamente, benefician a Rusia.
Esta dinámica subyace también en las consideraciones electorales de la Casa Blanca. El aumento de los precios energéticos amenaza con deteriorar la situación económica de los hogares estadounidenses de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que el partido republicano busca mantener el control del Congreso en un contexto de creciente oposición pública a la guerra.
Europa dividida: Alemania rechaza la medida mientras Hungría exige replicarla
La decisión de Washington abrió una nueva fractura dentro de la Unión Europea. El canciller alemán, Friedrich Merz, calificó el relajamiento de las sanciones de «error» y cuestionó públicamente las motivaciones reales de Trump. En el marco del G7, afirmó, seis de los siete miembros habían mantenido una posición unificada. «Tenemos un problema de precios, no de cantidades», argumentó Merz, descartando que la escasez de oferta rusa sea la causa del encarecimiento del crudo. El canciller reiteró además el apoyo alemán a Ucrania, señalando que este no será desviado por el conflicto iraní.
En sentido opuesto se pronunció el Gobierno húngaro de Viktor Orbán. Su ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, publicó un vídeo en Facebook en el que exigió a la UE replicar de inmediato la medida estadounidense. «Cuando Zelenski silba, Europa baila», afirmó el ministro, añadiendo que si el petróleo ruso pudiera reintegrarse al mercado europeo los precios se reducirían significativamente. Hungría, país muy dependiente del crudo ruso y principal aliado de Moscú dentro del bloque, ve en la decisión de Trump un argumento político de primer orden.
La confluencia no es casual. Orbán se encuentra inmerso en plena campaña electoral en Hungría y ha centrado parte de su discurso en culpar a Ucrania de obstruir el tránsito de petróleo ruso hacia Europa central. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, otro de los referentes euroescépticos próximos a Moscú, también podría capitalizar la medida en su propio frente interno.
El primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, se sumó en cambio a las voces críticas, subrayando que «Europa debe tomar decisiones estratégicas para independizarse de la energía rusa».
Las sanciones energéticas a Rusia, en entredicho
La decisión de Trump llega en un momento en que el edificio de las sanciones europeas a Rusia muestra fisuras crecientes. Desde la invasión de 2022, la UE y sus socios han prohibido exportaciones a Rusia por valor de 48.000 millones de euros e importaciones por 91.200 millones. El pasado febrero se presentó el vigésimo paquete de sanciones comunitario, centrado en los sectores bancario y energético, pero Hungría lo bloqueó.
Pese a ese marco restrictivo, los países de la UE han seguido pagando a Rusia aproximadamente 220.000 millones de euros por carbón, petróleo y gas desde el inicio de la invasión, lo que representa cerca del 20% de los ingresos energéticos totales de Rusia en ese período. Las importaciones de gas ruso al bloque comunitario no quedarán vetadas hasta el próximo año.
La escalada de precios derivada del conflicto iraní, paradójicamente, también ha favorecido a Moscú: a pesar de exportar menos energía que en 2022, Rusia ha logrado mantener ingresos comparables o superiores gracias a los mayores precios mundiales del crudo, en parte causados por la propia inestabilidad geopolítica que EE.UU. ha contribuido a generar. Mientras la diplomacia busca salidas y los mercados aguardan señales concretas sobre Ormuz, la crisis energética sigue siendo, en esencia, una consecuencia directa de decisiones políticas y militares cuyas ramificaciones económicas el mundo apenas comienza a absorber.




