El fabricante alemán reconoce por primera vez, a través de una entrevista interna filtrada, que podría duplicar el ajuste de plantilla ya pactado y poner en duda el futuro de cuatro de sus plantas en Alemania
Un mensaje interno que termina en portada
Volkswagen no eligió un comunicado solemne para admitir la gravedad de su crisis, sino una entrevista dirigida a su propia plantilla y publicada en la intranet corporativa. El texto, sin embargo, no tardó en llegar a manos del semanario alemán Der Spiegel, que lo hizo público este lunes 13 de julio de 2026. En ella, el presidente ejecutivo del grupo, Oliver Blume, admite que la compañía maneja un escenario en el que hasta 50.000 empleos adicionales podrían desaparecer en todo el mundo, una cifra que se sumaría a los 50.000 puestos ya comprometidos con los sindicatos alemanes hasta 2030. El total, de confirmarse, alcanzaría los 100.000 despidos, una cifra sin precedentes para la industria automotriz global.
El origen del ajuste: una estructura de costes fuera de mercado
Según explicó Blume, la compañía necesita reducir sus costes administrativos, de infraestructura y de apoyo al negocio principal hasta situarlos en niveles competitivos. El directivo precisó que estos gastos indirectos son, de media, un 20% más elevados en Volkswagen que en otras empresas comparables del sector. Como aproximadamente la mitad de ese sobrecoste corresponde a personal, un cálculo teórico —siempre que los costes laborales por trabajador no varíen— arrojaría la necesidad de suprimir unos 50.000 puestos adicionales en todo el mundo. Blume matizó que esa cifra no es definitiva: si se logran renegociar condiciones laborales o introducir otro tipo de ahorros, el número final de empleos afectados podría ser menor. El grupo, que emplea a cerca de 660.000 personas en todo el planeta, ya había anunciado antes la supresión de 50.000 puestos en Alemania hasta 2030, de los cuales 35.000 corresponden a la marca Volkswagen y el resto a otras firmas del grupo como Audi y Porsche.
Cuatro plantas alemanas bajo sospecha
Por primera vez, Blume puso nombre a las fábricas que generan mayor incertidumbre dentro del grupo: Emden, Hannover y Zwickau, de la marca Volkswagen, y Neckarsulm, de Audi. El directivo reconoció que la compañía no puede garantizar hoy que esas plantas vayan a operar de forma competitiva durante la década de 2030. El problema de fondo es un exceso de capacidad instalada: las fábricas europeas del grupo podrían producir hasta 500.000 vehículos más de los que el mercado actual demanda. Por ello, Volkswagen ya ha anunciado que reducirá su capacidad de fabricación hasta los 9 millones de vehículos anuales y recortará de forma progresiva su catálogo de modelos en un 50%, concentrando sus recursos en los segmentos más rentables. Según trascendió, la producción en esas cuatro plantas podría dejar de ser viable entre 2031 y 2034. El plan de reestructuración también preocupa a las dos fábricas que el grupo mantiene en España, Martorell y Navarra, aunque el impacto más severo se concentraría en el territorio alemán.
La opción del armamento como salida al cierre
Frente al cierre puro y duro, Blume planteó la posibilidad de reconvertir algunas plantas hacia usos alternativos, entre ellos la fabricación de material de defensa. El ejemplo más avanzado es la planta de Osnabrück, donde Volkswagen negocia con la empresa israelí Rafael la producción de sistemas de defensa antimisiles. Esas conversaciones, no obstante, se encuentran estancadas por motivos geopolíticos: Catar, accionista relevante de Volkswagen con dos representantes en el consejo de administración, ve con recelo un proyecto que podría alterar el delicado equilibrio de Oriente Próximo.
El freno político y sindical
A diferencia de otras grandes corporaciones, Volkswagen no puede decidir su futuro únicamente en clave empresarial. El Estado federado de Baja Sajonia posee el 20% del capital del grupo y cuenta con representación directa en su consejo de administración, lo que le otorga capacidad real de veto sobre las decisiones más lesivas para el empleo. De hecho, la propuesta de recorte presentada por Blume la semana pasada ante el consejo de supervisión fue rechazada por doce votos frente a siete, con Baja Sajonia y los sindicatos alineados en contra. La presidenta de IG Metall, Christiane Benner, defendió que la industria del automóvil sigue siendo un pilar central de la economía alemana, mientras que Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa de Volkswagen, había reprochado previamente a la dirección mantener a los trabajadores en la incertidumbre sobre el alcance real del ajuste.
Comparación histórica y especulación sobre el futuro accionarial
Si finalmente se confirma la eliminación de 100.000 empleos, Volkswagen superaría con holgura el recorte de 50.000 puestos que aplicó General Motors tras declararse en bancarrota en 2009, convirtiéndose en el mayor ajuste laboral registrado en la historia de la industria automotriz. La magnitud de la crisis ha alimentado especulaciones sobre el futuro accionarial de la compañía. El economista Moritz Schularick, presidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel, llegó a plantear que el grupo alemán podría terminar siendo adquirido por un fabricante chino como BYD. La fuerte presencia institucional en el capital de Volkswagen, con Catar y Baja Sajonia como accionistas de peso, hace sin embargo improbable una venta total, por lo que este escenario se mantiene, de momento, en el terreno de la especulación.
Un verano decisivo
Tras el rechazo del consejo de supervisión a su primera propuesta, se espera que dirección, sindicatos y Gobierno regional retomen las negociaciones durante los próximos meses. El resultado de ese proceso definirá no solo el tamaño futuro de la plantilla de Volkswagen, sino también el mapa industrial de una compañía que continúa sin encontrar una salida clara a la crisis de competitividad que arrastra desde hace meses.




