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Quiebras en Japón marcan récord histórico por costos laborales, escasez de mano de obra y presión inflacionaria

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El tejido productivo japonés atraviesa su peor momento en más de una década. En febrero de 2025, el número de quiebras corporativas con pasivos de al menos 10 millones de yenes (unos 63.000 dólares) alcanzó las 851 incidencias, según datos publicados el 9 de marzo por Tokyo Shoko Research. Es la primera vez desde febrero de 2013 —cuando se registraron 916 casos— que la cifra mensual supera las 800 quiebras, y representa un incremento interanual del 11,3%, encadenando así tres meses consecutivos de crecimiento.

El sector servicios fue el más golpeado, con un aumento del 30,9% hasta los 309 casos. La construcción y el transporte también acusaron incrementos respecto al mismo período del año anterior, consolidando una tendencia que no distingue entre industrias. La causa principal: las malas ventas, que aparecen como detonante en 625 de los 851 expedientes, equivalente al 73,4% del total. A este factor se suman los efectos de una economía que opera con escasez estructural de fuerza laboral, cuyos costos han dejado de ser asumibles para una parte significativa del empresariado japonés.

La escasez de mano de obra se impone como causa sistémica

Lo que hasta hace poco era una variable secundaria en los balances empresariales se ha convertido en un factor de quiebra por derecho propio. En febrero, 47 empresas declararon la bancarrota citando directamente la escasez de mano de obra —por aumento de costos laborales, jubilaciones u otros factores—, una cifra que representa aproximadamente 2,4 veces las 19 reportadas un año antes. En enero, 19 empresas habían atribuido su cierre al alza de costos salariales, triplicando el registro del año anterior, mientras que 36 adicionales mencionaron la escasez de personal, marcando el primer repunte en ocho meses.

Los datos de Teikoku Databank confirman que esta dinámica es estructural y no coyuntural. En 2025, las quiebras provocadas exclusivamente por la escasez de mano de obra alcanzaron las 427 incidencias a nivel nacional, superando por primera vez la barrera de los 400 casos anuales y marcando el tercer año consecutivo de récords. El incremento fue del 24,9% respecto al año anterior. La construcción registró 113 quiebras por este motivo —sobrepasando el centenar por primera vez en la historia—, mientras que la logística acumuló 52 cierres, agravados por las restricciones a las horas extras vigentes desde abril de 2024. Sectores intensivos en mano de obra como el cuidado de personas mayores, la seguridad y la industria de la belleza también mostraron deterioro sostenido.

El impacto recae de manera desproporcionada sobre las empresas más pequeñas. El 77% de las quiebras totales corresponden a microempresas con menos de diez empleados, estructuras donde la salida de un único trabajador puede desencadenar el cese definitivo de actividades. Asimismo, casi el 80% de los casos del mes de febrero registraron pasivos inferiores a los 100 millones de yenes, lo que evidencia que son las pequeñas y microempresas las que absorben el mayor impacto de la crisis.

Salarios al alza, pero insuficientes frente a la inflación

El aumento salarial negociado en el marco del Shunto de 2025 —las rondas anuales de negociación colectiva— alcanzó el 5,52% en las grandes empresas, un nivel históricamente elevado que se espera se mantenga en 2026 ante la persistencia inflacionaria. Sin embargo, esta dinámica genera una paradoja letal para el segmento empresarial más vulnerable: las pequeñas empresas que no puedan igualar esos incrementos enfrentan el riesgo de perder a su plantilla ante competidores con mayor músculo financiero, lo que Tokyo Shoko Research denomina quiebras por «incapacidad de pago».

La presión sobre los salarios reales complica aún más el cuadro. En diciembre, los salarios reales cayeron un 0,1% interanual, una contracción sensiblemente menor a la caída del 1,6% registrada en noviembre, gracias a la moderación de la inflación y al repunte de las bonificaciones. Yoshiki Shinke, economista principal del Dai-ichi Life Research Institute, estima que los salarios reales podrían registrar variaciones positivas en enero y mantenerse en terreno positivo al menos hasta marzo. No obstante, advierte que la debilidad del yen representa un riesgo latente: si la moneda se deprecia nuevamente, las empresas podrían trasladar los costos al consumidor, reavivando la inflación y empujando otra vez los salarios reales hacia terreno negativo a partir de abril.

La inflación subyacente en Japón supera el objetivo del 2% del banco central desde hace casi cuatro años, sostenida por el traslado sistemático del encarecimiento de materias primas a los precios finales. Aunque los analistas anticipan cierta moderación en los próximos meses por efecto base y por los subsidios a los combustibles implementados desde febrero, el escenario de fondo permanece frágil.

El Banco de Japón ante la disyuntiva de los tipos de interés

La trayectoria de los salarios reales es determinante para la política monetaria del Banco de Japón. Tras elevar las tasas de interés hasta el 0,75% en diciembre —su nivel más alto en treinta años—, el gobernador Kazuo Ueda ha condicionado nuevas subidas a la convicción de que la inflación subyacente se estabilice de forma sostenible en torno al 2%. La paradoja que enfrenta la institución es de envergadura: una política monetaria más restrictiva podría ahogar aún más a las empresas endeudadas, mientras que mantener tasas bajas alimenta la depreciación del yen y, con ello, la presión inflacionaria importada.

El gobierno, por su parte, ha intentado responder a la crisis con medidas fiscales. La reforma aprobada contempla elevar el umbral de ingresos exentos de impuestos para cónyuges de 1,03 a 1,60 millones de yenes en 2025, con una proyección de 1,78 millones de yenes para 2026, con el objetivo de incentivar a los trabajadores a tiempo parcial a ampliar su jornada laboral sin incurrir en penalizaciones tributarias. La medida busca aliviar la escasez de oferta laboral, aunque su impacto real sobre las quiebras de microempresas sigue siendo incierto.

Un país partido entre grandes corporaciones y pequeños negocios

La dimensión política del fenómeno es insoslayable. La primera ministra Sanae Takaichi, quien obtuvo una victoria contundente en las elecciones generales del domingo, ha comprometido apoyo específico a las pequeñas empresas que enfrentan dificultades para absorber el alza salarial, integrando este objetivo en su agenda de reactivación de las remuneraciones. La promesa refleja la presión electoral que genera un problema que afecta al corazón del tejido productivo japonés.

Una encuesta sobre las perspectivas económicas para 2026 revela la magnitud de la preocupación: el 44,5% de las compañías identificó la falta de personal como su mayor amenaza, y el 37% señaló que resolver este déficit es la política económica más urgente para la recuperación del país. La escasez de mano de obra ha dejado de ser un problema operativo puntual para consolidarse como el segundo obstáculo más importante para el crecimiento económico nacional, según los propios directivos empresariales.

A ello se suma el deterioro de las condiciones externas. Tokyo Shoko Research advierte que la escalada de tensiones militares en Oriente Medio está impulsando los precios del petróleo al alza, lo que elevará los costos energéticos de las empresas y añadirá presión adicional sobre negocios cuya rentabilidad ya se encuentra en niveles críticos. La brecha entre las grandes corporaciones, con capacidad para absorber costos crecientes y ofrecer salarios competitivos, y los pequeños comercios locales, atrapados entre la inflación, la escasez de personal y la contracción de ventas, se ensancha a un ritmo que las políticas actuales no parecen poder contener.

La guerra de Medio Oriente sigue generando efectos en cadena en el mercado, suministros globales y la inflación mundial

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El ataque lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, que resultó en la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, desencadenó una crisis económica de alcance planetario cuyas consecuencias se profundizan a medida que avanza el undécimo día de guerra. El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y del comercio de gas natural licuado, se encuentra prácticamente cerrado. Cerca de 2.000 buques comerciales, incluidos 178 petroleros, permanecen inmovilizados en el Golfo Pérsico desde el 5 de marzo, según el regulador del transporte marítimo de las Naciones Unidas, mientras unos 400 petroleros aguardan en las inmediaciones del estrecho sin poder cruzar. Solo dos buques con bandera iraní navegaban en la zona al cierre de esta edición, en el nivel de tráfico más bajo registrado desde el inicio del conflicto.

«La pesadilla que disuadía a Estados Unidos de atacar a Irán era el temor a que los iraníes cerraran el estrecho de Ormuz. Ahora estamos en ese escenario», afirmó Maurice Obstfeld, investigador del Peterson Institute for International Economics y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional. Simon Johnson, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts, advirtió sobre la imposibilidad de compensar a corto plazo los 20 millones de barriles diarios que habitualmente atraviesan el estrecho: no existe capacidad excedente en otras regiones del mundo que pueda absorber esa pérdida. Se estima una pérdida de producción cercana a los 5 millones de barriles diarios como consecuencia directa del bloqueo y la reducción de capacidad operativa en los países del Golfo.

El petróleo escala y retrocede, pero la incertidumbre persiste

El cierre virtual de Ormuz precipitó una escalada de precios sin precedentes desde mediados de 2022. El petróleo Brent llegó a rozar los 120 dólares por barril al inicio de la semana, partiendo de un precio previo al conflicto de aproximadamente 72 dólares, impulsado además por los recortes de producción implementados por Arabia Saudita y otros países exportadores. Las cotizaciones retrocedieron el martes tras declaraciones del presidente Donald Trump sugiriendo una pronta resolución del conflicto, reforzadas por una conversación entre Trump y el presidente ruso Vladímir Putin, quien presentó propuestas para una solución inmediata. Los futuros del Brent descendieron 6,28 dólares, o un 6,3%, hasta 92,68 dólares el barril, mientras que el crudo West Texas Intermediate de Estados Unidos bajó 6,19 dólares, o un 6,5%, hasta 88,58 dólares. Ambos contratos llegaron a retroceder hasta un 11% antes de recortar algunas pérdidas.

En una entrevista con CBS News, Trump afirmó que «la guerra está prácticamente terminada» y describió la ofensiva como una «excursión de corto plazo», aunque condicionó su fin a la derrota «total y decisiva» del adversario. Sus declaraciones impulsaron una recuperación en los mercados asiáticos: el índice Nikkei 225 de Japón avanzó un 2,9%, cerrando en 54.248,39 puntos. Sin embargo, el plazo real para resolver la crisis y restaurar el suministro de energía sigue siendo profundamente incierto, y los mercados financieros lo reflejan en la volatilidad de acciones, bonos y activos refugio como el dólar estadounidense.

El FMI alerta: inflación, deuda y resistencia limitada

En este contexto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, lanzó durante una conferencia celebrada en Tokio una advertencia que resume la gravedad del momento: «Piensen en lo impensable y prepárense para ello». La economista búlgara subrayó que el nuevo conflicto irrumpe cuando la economía global todavía carga con las consecuencias de la pandemia, la guerra en Ucrania y el ciclo de encarecimiento del coste de la vida. «Cada choque que se suma al anterior, el mundo lo afronta en una posición más difícil», señaló. «Los shocks seguirán llegando», advirtió, recordando que incluso si este conflicto termina pronto, antes o después llegará una nueva perturbación.

El FMI estima que un aumento sostenido del 10% en los precios del petróleo podría elevar la inflación global en torno a 0,4 puntos porcentuales y reducir la producción económica mundial en un 0,2%. Pese a la gravedad del cuadro, el organismo mantiene por ahora sus proyecciones de crecimiento global en 3,3% para 2026 y 3,2% para 2027, aunque con la advertencia explícita de que la volatilidad geopolítica y energética continuará condicionando el escenario. El organismo está recopilando datos sobre el impacto del conflicto para publicarlos en las próximas Perspectivas de la Economía Mundial. Entre sus recomendaciones de política pública, Georgieva destacó la necesidad de reforzar instituciones económicas, preservar margen fiscal para emergencias y mantener capacidad de respuesta ágil. Para los bancos centrales, el mensaje fue igualmente exigente: mayor vigilancia y extrema precaución al desplegar estímulos, dada la carga de deuda acumulada en muchos países.

Cadenas de suministro al límite

El impacto del conflicto desborda con amplitud el mercado petrolero. Bloomberg Economics calcula que cerca del 7% de las exportaciones mundiales de fertilizantes, aproximadamente el 6% de los metales preciosos, el 5,3% del aluminio y sus productos, y el 4,4% del cemento y otros minerales no metálicos provienen de puertos del Golfo Pérsico y se encuentran en riesgo de interrupción. A ello se suma el encarecimiento del gas natural licuado, el combustible para aviones y otros bienes esenciales, con efectos directos sobre la producción industrial y los costos agrícolas. El Índice Global de Estrés de la Cadena de Suministro del Banco Mundial ya se encontraba en su nivel más alto desde la pandemia incluso antes de los ataques del 28 de febrero.

Las grandes navieras mundiales —MSC Mediterranean Shipping Co., A.P. Moller-Maersk y varias otras— han suspendido las reservas para rutas que conectan Asia con Oriente Medio y Europa. Las reservas diarias de cargueros con destino a puertos al este de Ormuz se desplomaron un 81% en apenas dos días, según datos de la firma Vizion. Cerca de 100 buques portacontenedores permanecen atrapados dentro del Golfo, incapaces de salir pese a la promesa de Trump de garantizar un paso seguro mediante convoyes de la armada. La congestión se irradia hacia el resto de Asia: el puerto indio de Nhava Sheva escaló al 64% de congestión el viernes desde apenas el 10% registrado el 1 de marzo, mientras que Singapur y Colombo ya superan el 40%.

Jan Rindbo, CEO de la naviera danesa D/S Norden A/S, uno de los mayores transportistas de materias primas del mundo, describió con precisión la lógica de la parálisis: «Estamos viendo que la gente da un paso atrás. Puede que no estén comprando tantas materias primas como lo harían en otras circunstancias, mientras esperan a ver cómo evoluciona la situación». Uno de sus buques, que acababa de descargar grano en Arabia Saudí, recibió una orden iraní para dar la vuelta cuando se disponía a abandonar el Golfo. «Cuanto más dure este conflicto, mayor será la preocupación por lo que significa para el mundo», añadió Rindbo. Las consecuencias alcanzan también la infraestructura digital: ataques con drones dañaron tres instalaciones operadas por Amazon en los Emiratos Árabes Unidos y Baréin, extendiendo el radio del conflicto más allá del comercio físico de mercancías.

Gobiernos en modo de emergencia

Los gobiernos de todo el mundo han comenzado a diseñar estrategias de contención con herramientas y alcances muy distintos. Corea del Sur evalúa limitar los precios del combustible. El Reino Unido explora medidas de apoyo a los hogares. Filipinas adoptó la semana laboral de cuatro días en las oficinas gubernamentales. India debate la implementación de mecanismos para compensar el alza de costos energéticos. Varios países consideran liberar reservas estratégicas de petróleo, aplicar topes de precios e instrumentar subsidios y alivio fiscal para empresas y agricultores.

En Estados Unidos, el gobernador de la Reserva Federal Christopher Waller advirtió que los consumidores enfrentarán un «sticker shock» por el alza en los precios de la gasolina, que subió a un promedio de 3,48 dólares por galón desde menos de 3 dólares antes del conflicto, el nivel más alto registrado bajo cualquiera de los mandatos de Trump como presidente. La advertencia coincidió con un informe del Departamento de Trabajo que reveló una caída inesperada en la creación de empleo durante febrero y un aumento de la tasa de desempleo, señales que apuntan a una fragilidad creciente del mercado laboral. La Reserva Federal enfrenta divisiones internas sobre si priorizar el control inflacionario o el sostenimiento del crecimiento. La administración Trump intentó aliviar las presiones autorizando a India a incrementar temporalmente sus compras de petróleo ruso, un giro de política que refleja la urgencia de encontrar fuentes alternativas de suministro. Los funcionarios del Banco Central Europeo indicaron que se mantienen vigilantes ante cualquier brote inflacionario.

Teherán endurece su posición y escala las represalias

La respuesta iraní al optimismo de Washington fue inmediata. La Guardia Revolucionaria, a través de su portavoz Ali Mohammad Naeini, rechazó la narrativa de Trump: «Nosotros decidiremos cuándo termina la guerra, no Estados Unidos». Naeini acusó al mandatario de atribuirse logros militares con «mentiras» y reiteró la amenaza de mantener bloqueado el tráfico de petroleros por Ormuz: «Ni un litro de petróleo saldrá de Oriente Próximo si continúan los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel».

El canciller iraní Abbas Araghchi, en declaraciones a la emisora estadounidense PBS Hour, negó que Irán haya «cerrado el estrecho» y atribuyó la situación a «la agresión israelí y estadounidense», lanzando una advertencia de fondo económico que resume la postura de Teherán: «Si pueden tolerar un precio de petróleo superior a 200 dólares por barril, continúen con este juego». Araghchi cerró además la puerta a reanudar negociaciones con Washington, calificando como una «experiencia muy amarga» el proceso diplomático de febrero, durante el cual, afirmó, se prometió a Irán que no habría ataques.

La noche del lunes fue la más intensa en bombardeos sobre Teherán desde el inicio del conflicto. Los ataques aéreos afectaron zonas densamente pobladas, interrumpieron el suministro eléctrico en gran parte de la capital y destruyeron cinco depósitos de petróleo que tres días después seguían ardiendo, liberando partículas tóxicas que han generado síntomas respiratorios entre la población: dolores de cabeza, dolor de cuello y dificultades para respirar. La Media Luna Roja iraní alertó sobre el riesgo de lluvia ácida con efectos sobre la piel y los pulmones y potencial cancerígeno a largo plazo. Paralelamente, Irán continuó sus represalias con el lanzamiento de misiles contra Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudí y Baréin. La refinería estatal saudí Aramco advirtió que si el conflicto regional se prolonga tendrá «consecuencias catastróficas» para los mercados petroleros mundiales. Riad informó haber interceptado dos drones cerca de sus infraestructuras petroleras y un tercero en Al Kharj, en el centro del país.

Ganadores, perdedores y el peso desigual de la crisis

El impacto económico del conflicto no es simétrico. Los países importadores netos de energía —la mayor parte de Europa, Corea del Sur, Taiwán, Japón, India y China— cargan con el mayor peso del ajuste. El economista jefe de Capital Economics, Neil Shearing, señaló que Asia, la zona euro y el Reino Unido están más expuestos que Estados Unidos. Oxford Economics ya recortó su previsión de crecimiento para el Reino Unido en 2026, anticipando que el conflicto elevará la inflación y las facturas energéticas de los hogares británicos. Pakistán, que importa el 40% de su energía, se encuentra en una situación especialmente crítica ante su dependencia del gas natural licuado y el alza de precios. La interrupción de las exportaciones de fertilizantes agrava el riesgo de escasez alimentaria, particularmente en países de bajos ingresos, y amenaza con desestabilizar Estados frágiles.

En el otro extremo, los productores de petróleo ajenos al conflicto —Noruega, Rusia y Canadá, entre otros— se benefician de los precios elevados sin exposición directa a los riesgos bélicos. En Estados Unidos, aunque el país es exportador neto de energía, los hogares ya resienten el impacto en el costo de vida, con previsiones de que el alza de la gasolina llevará a muchas familias a reducir otros gastos.

La mayoría de los economistas coincide en que el impacto sobre el PIB mundial será por ahora modesto y desigual, pero ese cálculo es sensible al tiempo: cuanto más se prolongue el conflicto, mayor será el daño acumulado. Shearing apuntó que si los precios del petróleo logran estabilizarse en el rango de 70 a 80 dólares por barril, la economía global podría absorber el impacto con menos disrupciones de lo previsto. Esa estabilización, sin embargo, depende de variables que escapan al control de los mercados: la duración real de los combates, la posición final de Teherán sobre el estrecho y la coherencia de la política arancelaria de Washington, que suma su propia cuota de incertidumbre a un escenario ya suficientemente complejo. «La economía mundial se ha mostrado notablemente resistente, choque tras choque», reconoció Georgieva, pero advirtió que esa resistencia tiene límites y que cada nueva crisis la somete a una prueba más exigente que la anterior.

Paraguay acoge la asamblea anual del BID con US$ 1.357 millones en cartera de financiamiento externo y foco en innovación, infraestructura y competitividad

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El país se convierte esta semana en epicentro del debate económico regional al albergar las reuniones anuales del grupo multilateral, mientras gestiona una significativa agenda de préstamos orientados a infraestructura vial, energía, agua y productividad

El BID aprueba US$ 10 millones para innovación empresarial

El Directorio Ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo aprobó un préstamo de US$ 10 millones destinado a fortalecer la capacidad innovadora de empresas y emprendedores paraguayos. La operación respaldará el Programa de Innovación Empresarial II (PROINNOVA II), cuya ejecución estará a cargo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT).

El programa apunta a incrementar la inversión privada en innovación, impulsar emprendimientos de base tecnológica y promover la formación de talento especializado en gestión de innovación y transferencia tecnológica. En términos concretos, financiará proyectos de desarrollo tecnológico, la incorporación de gestores de innovación, el fortalecimiento de centros de servicios tecnológicos y recursos para que empresas jóvenes validen prototipos y modelos de negocio.

En materia de formación de capital humano, el programa contempla la capacitación de más de 600 profesionales del sector privado en áreas como gestión de la innovación, transferencia tecnológica, innovación verde, propiedad intelectual e innovación abierta. A esto se suma el desarrollo de capacidades en 500 funcionarios públicos. El préstamo fue estructurado con un plazo de amortización de 24,5 años, un período de gracia de seis años y una tasa de interés basada en SOFR.

La iniciativa está alineada con las prioridades nacionales de productividad, diversificación económica y desarrollo sostenible, así como con la Estrategia del Grupo BID con Paraguay para el período 2025-2029.

Una cartera de préstamos en gestión que supera los US$ 1.357 millones

Más allá de la aprobación del PROINNOVA II, Paraguay mantiene en agenda un conjunto de financiamientos externos de considerable magnitud. Según datos del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la cartera total de préstamos orientados a proyectos de inversión —entre contratos pendientes de aprobación legislativa y operaciones en gestión— alcanza US$ 1.357.392.114.

De ese total, US$ 454 millones se encuentran en etapa de tratamiento legislativo. El componente de mayor peso es una línea de crédito contingente no comprometida de liquidez con el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) por US$ 300 millones, actualmente en análisis en el Senado. Este instrumento busca reforzar la capacidad de respuesta del Tesoro ante posibles tensiones de liquidez en un entorno internacional todavía marcado por volatilidad financiera.

En la misma instancia legislativa se tramita el financiamiento del BID por US$ 154 millones para el saneamiento de la Cuenca del Lago Ypacaraí, una intervención con implicancias ambientales, turísticas e inmobiliarias de alcance regional.

Infraestructura vial como eje de la cartera en gestión

Los préstamos en gestión suman US$ 903.392.114 y revelan una concentración significativa en infraestructura vial, energía, agua y competitividad productiva. Entre los contratos ya suscritos figura el Programa de Mejoramiento de la Conectividad Rural, financiado por el BID por US$ 75 millones, orientado a reducir costos logísticos en zonas productivas y facilitar el acceso a mercados.

Destaca asimismo el financiamiento de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) por US$ 234.392.114, destinado al mejoramiento y mantenimiento del Corredor de Integración y Desarrollo Socioeconómico en los departamentos de Ñeembucú y Misiones. La intervención abarca 154 kilómetros de corredor y mejoras en 25,37 kilómetros de travesías urbanas, con el objetivo de articular territorialmente regiones históricamente rezagadas.

Otro proyecto de envergadura estratégica es la pavimentación de la Ruta Nacional PY-15, tramo Cruce Centinela–Mariscal Estigarribia, en el Departamento de Boquerón, por US$ 200 millones. Esta obra integra el esquema del Corredor Bioceánico y resulta clave para la conectividad del Chaco paraguayo y la logística del comercio exterior.

Energía, agua y competitividad completan el esquema

En materia de agua y saneamiento, la CAF impulsa un programa por US$ 100 millones para cuatro ciudades intermedias de la Región Oriental, en su fase II. La ampliación de estos servicios incidiría en indicadores sociales y en la productividad urbana, generando condiciones más favorables para la inversión privada.

El frente energético concentra otra porción relevante de la cartera. Se gestionan operaciones por US$ 70 millones con el BID y US$ 70 millones con el Banco Europeo de Inversiones (BEI) para la construcción de la Subestación Emboscada 500/220 kV y su interconexión a la red de 220 kV en Asunción y los departamentos de Central, Cordillera y Presidente Hayes. A esto se añaden US$ 25 millones del BID para la rehabilitación y modernización de la Central Hidroeléctrica Acaray, obras orientadas a fortalecer la red eléctrica y acompañar el crecimiento de la demanda industrial y urbana.

La cartera se completa con US$ 19 millones del BID para el Programa de Apoyo a la Inserción Internacional, Promoción y Facilitación Comercial, y US$ 100 millones del Banco Mundial, canalizados a través de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), para el Proyecto de Desarrollo Sostenible del Sector Agroforestal.

Paraguay como sede de las asambleas anuales del grupo BID

En este contexto, Paraguay se prepara para recibir uno de los encuentros económicos más relevantes de la región. Del 11 al 14 de marzo se llevarán a cabo la Sexagésima Sexta Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores del BID y la Cuadragésima Reunión Anual de la Asamblea de Gobernadores de BID Invest en el Distrito de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), en Luque. Según cifras preliminares de la organización, ya se han inscripto alrededor de 4.000 personas provenientes de los 48 países miembros, además de los principales inversionistas de la región y del mundo.

El eje central del encuentro desde la perspectiva del sector privado será el Foro Empresarial, programado para el jueves 12. El evento reunirá a líderes empresariales, inversionistas y autoridades económicas bajo el lema «Aprovechar las oportunidades, estimular el crecimiento», con el objetivo de analizar cómo la innovación, la inversión y las alianzas público-privadas pueden fortalecer la productividad regional. Las palabras de apertura estarán a cargo del presidente del Grupo BID, Ilan Goldfajn; el CEO de BID Invest, James Scriven; y el ministro de Economía y Finanzas de Paraguay, Carlos Fernández Valdovinos.

La agenda contempla paneles sobre inversión en innovación, infraestructura estratégica y agronegocios. El viernes 13, Nigel Clarke, subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional, presentará el discurso principal titulado «Minerales críticos y energía: impulsando el desarrollo económico». El encuentro también habilitará un espacio de networking que permitirá al sector privado paraguayo interactuar con empresarios y líderes de los 48 países miembros del Grupo BID.

La trampa de la renta media y el desafío de la ejecución

El presidente del BID, Ilan Goldfajn, abordó en el marco de la visita la tensión entre los favorables indicadores macroeconómicos de Paraguay —que registró un crecimiento del 6% en 2024— y las dificultades que persisten en la vida cotidiana de la ciudadanía. El alto ejecutivo encuadró esta problemática en un fenómeno regional: la llamada «trampa de la renta media», que afecta a economías que han superado los umbrales de pobreza pero aún no consolidan niveles de ingreso elevados.

Para salir de esa trampa, Goldfajn señaló que se requieren tasas de crecimiento sostenidas durante varios años, lo cual a su vez exige remover los cuellos de botella que frenan la inversión: costos logísticos elevados, trabas regulatorias, debilidades institucionales y barreras a la entrada de capital. «Hay que conectar, hay que invertir en infraestructura y mirar cómo podemos combinar un sector público que pone las condiciones necesarias para el crecimiento y un sector privado que lo aprovecha y invierte más», afirmó.

El directivo también destacó que la apuesta del Grupo BID por Paraguay como sede de estas reuniones responde al alineamiento del país con una visión de desarrollo impulsada por el sector privado, lo que calificó como un eje principal de la estrategia del organismo. La cartera de financiamientos en gestión al cierre de febrero de 2026 refleja, en ese sentido, una estrategia orientada a infraestructura estratégica, energía, servicios básicos y competitividad productiva, cuyo éxito dependerá, en última instancia, de la eficiencia en la ejecución y la prudencia en la gestión fiscal.

Quiebra de Garbarino y colapso industrial en Argentina: 100.000 puestos perdidos bajo el gobierno de Milei

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La Justicia decretó la liquidación de la histórica cadena de electrodomésticos tras el fracaso de cuatro años de intentos de rescate

La larga agonía de Garbarino llegó a su fin. El Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, a cargo del juez Fernando D’Alessandro, decretó la quiebra de la histórica cadena de electrodomésticos fundada en 1951, poniendo punto final a uno de los procesos concursales más prolongados y emblemáticos del comercio minorista argentino. La resolución judicial ordena la liquidación de los activos de la empresa para hacer frente a una deuda que se acumuló durante años, y llega en un momento en que el tejido industrial y comercial del país atraviesa una de sus peores crisis en décadas.

La empresa no logró reunir las mayorías necesarias entre sus acreedores para aprobar un acuerdo preventivo, y tampoco prosperó la instancia de salvataje —conocida como cramdown— que habilitaba a terceros interesados a presentar propuestas para quedarse con la compañía. El único candidato inscripto en el registro de rescate, la sociedad financiera Vlinder, nunca presentó una oferta formal de reestructuración. Sin inversores y sin consenso entre los acreedores, el tribunal no encontró alternativa y avanzó con la declaración de quiebra.

A partir de ahora, los bienes de la compañía quedarán bajo control de la sindicatura designada por el juzgado, que deberá identificar y liquidar activos —entre ellos propiedades, mercadería, participaciones societarias y las marcas Garbarino y Compumundo— para conformar el fondo destinado al pago de los acreedores. Los proveedores, bancos y exempleados tendrán plazo hasta el 24 de junio para presentar sus reclamos. El fallo también dispuso la inhibición general de bienes de la sociedad, el cierre de sus cuentas bancarias y la prohibición de salida del país para los principales directivos hasta que se complete el informe general de la sindicatura.

De emblema del consumo masivo a cáscara vacía

Fundada en 1951 por los hermanos Daniel y Omar Garbarino, la cadena llegó a dominar cerca del 30% del mercado de electrodomésticos y artículos para el hogar en Argentina. En su época de mayor esplendor, contaba con más de 300 sucursales distribuidas en todo el país y empleaba a más de 5.000 trabajadores, consolidándose como uno de los nombres más reconocidos del comercio minorista nacional. La red de negocios del grupo incluía también la marca Compumundo, la financiera Fiden y la unidad de turismo Garbarino Viajes.

El deterioro fue paulatino pero sostenido. Ya en 2020, cuando el empresario Carlos Rosales —vinculado a la aseguradora Prof y al club San Lorenzo de Almagro— adquirió la empresa, esta acumulaba deudas por 4.000 millones de pesos con bancos acreedores y otros 7.000 millones con proveedores. La pandemia agravó la situación de forma brutal: las ventas cayeron hasta un 75% durante los meses más duros, lo que comprometió severamente el flujo de caja.

Los intentos de reactivación no prosperaron. En abril de 2021 fracasó el único intento formal de venta —presentado por Facundo Prado, presidente de Supercanal Arlink y CEO de Centrocard—, y en noviembre de ese año la empresa se presentó a concurso preventivo luego de emitir 1.800 telegramas de despido. Cuatro años después, cuando el expediente llegó a su tramo final, la compañía había reducido su operación a una escala casi simbólica: tres locales abiertos en la Ciudad de Buenos Aires y menos de veinte empleados en actividad, frente a los más de 200 locales y 4.500 empleados que llegó a tener en su apogeo.

La quiebra alcanza también a Tecnosur y Digital Fueguina, dos plantas de ensamblaje ubicadas en Tierra del Fuego que forman parte del holding y que actualmente permanecen completamente inactivas. Su liquidación representa uno de los mayores desafíos del proceso judicial dada su localización y la infraestructura tecnológica involucrada.

Una crisis que no es aislada: el sector industrial y comercial en derrumbe

La caída de Garbarino no constituye un episodio aislado, sino la expresión más visible de una crisis más profunda que sacude al sector industrial y comercial argentino desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia. En los últimos meses, una sucesión de cierres, quiebras, concursos de acreedores y despidos masivos se extendió por ramas enteras de la economía, desde la industria alimentaria hasta el sector textil, pasando por la metalurgia y el comercio minorista.

En el universo de los electrodomésticos, el panorama es particularmente sombrío. En diciembre, la multinacional Whirlpool cerró su planta de lavarropas en Pilar y despidió a sus 220 trabajadores, atribuyendo la decisión a la caída de las ventas y a la competencia creciente de productos importados. La empresa Goldmund, responsable de la marca Peabody, inició un concurso preventivo de acreedores para reestructurar sus pasivos. La fábrica de ollas Essen en Venado Tuerto y la metalúrgica Cramaco —que dejó de fabricar generadores y alternadores— también efectuaron despidos significativos en los últimos meses.

En el comercio minorista, la cadena Frávega cerró sucursales en distintas localidades y atraviesa un proceso de reorganización marcado por la caída de las ventas y el incremento del endeudamiento. La cadena de supermercados La Anónima admitió públicamente que le está costando «ser rentable o tener buena relatividad», en palabras de su gerente general, Nicolás Braun, quien también señaló que corporaciones como Walmart y Carrefour «se fueron o se están yendo» del mercado argentino.

La crisis golpeó también a sectores históricamente sólidos de la industria nacional. La cervecera Quilmes redujo más del 50% de su planta de Zárate —inaugurada apenas en 2020—, pasando de 260 a 80 empleados. La empresa Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), que producía yogures y postres de la marca SanCor, fue declarada en quiebra y dejó sin trabajo a alrededor de 400 empleados en sus plantas de Lincoln, Buenos Aires, y Monte Cristo, Córdoba. El fabricante de neumáticos FATE —un emblema de la industria argentina— cerró su planta en San Fernando a mediados de febrero y despidió a 920 trabajadores, argumentando que la apertura indiscriminada de importaciones hizo insostenible su operación.

La lista continúa: Lácteos Verónica en Santa Fe, la empresa avícola Granja Tres Arroyos, la bodega Casa Montes en San Juan, los grupos textiles Dass en Misiones y Emilio Alal en Corrientes y Chaco, el fabricante de acero Acindar, el frigorífico San Roque y la distribuidora Beer Market cerraron o realizaron drásticas reducciones de personal, en lo que configura un proceso de desindustrialización de alcance nacional.

El impacto macroeconómico: una pérdida histórica de empleo y participación industrial

Los números que cuantifican este proceso son contundentes y preocupantes. Un informe elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), basado en datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), estimó que desde el tercer trimestre de 2023 hasta mediados de 2025 la industria argentina perdió alrededor de 100.000 puestos de trabajo, lo que equivale a 160 empleos industriales menos por día, o 5.000 puestos mensuales de manera sostenida.

El mismo estudio revela que la actividad manufacturera cayó 8,3% durante la gestión de Milei y que la participación de la industria dentro del producto bruto interno se redujo del 16,5% en 2023 al 13,7% en 2025. Ese nivel es comparable al registrado antes de la Segunda Guerra Mundial, un retroceso de casi noventa años que refleja la magnitud del proceso en curso. La capacidad instalada de las fábricas operó con un 40% de ociosidad, mientras las importaciones de bienes industriales desplazaron producción local en múltiples segmentos.

El trasfondo de este deterioro es una combinación de factores que se retroalimentan: la caída de los salarios reales, el desplome del poder adquisitivo de las jubilaciones, el endeudamiento de las familias y el aumento del desempleo forman un círculo vicioso que derrumba el consumo interno. Esa contracción de la demanda golpea directamente a la producción nacional, que además compite en condiciones desfavorables con una apertura de importaciones que el gobierno impulsó como parte de su programa económico. El ejecutivo, sin embargo, ha optado por minimizar públicamente la magnitud de este fenómeno, priorizando la narrativa del equilibrio fiscal y la baja de la inflación por sobre el reconocimiento del costo social del ajuste.

La quiebra de Garbarino es, en ese contexto, mucho más que el cierre de una empresa. Es el símbolo de una crisis industrial y comercial que el gobierno de Milei aún no ha reconocido en su verdadera dimensión.

La guerra en Medio Oriente paraliza el estrecho de Ormuz y desata el mayor shock petrolero en décadas

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El Brent llega a 119,50 dólares, las bolsas asiáticas se hunden hasta 8% y el mundo enfrenta riesgos simultáneos de inflación acelerada y freno al crecimiento global

El conflicto armado que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciado el 28 de febrero, escaló de forma dramática durante el fin de semana y desencadenó este lunes una de las sacudidas más violentas que han experimentado los mercados financieros internacionales en años. El precio del petróleo se disparó a niveles no vistos desde mediados de 2022 y los principales parqués asiáticos registraron desplomes que, en algunos casos, superaron el 8%. El epicentro de la crisis es el estrecho de Ormuz, la vía marítima más estratégica del planeta para el transporte de hidrocarburos, cuyo tráfico se encuentra prácticamente paralizado.

El petróleo, en niveles históricos

El barril de crudo West Texas Intermediate (WTI) llegó a subir más de 30% durante las primeras operaciones de la jornada, rozando los 119,48 dólares, su cotización más elevada desde julio de 2022, antes de estabilizarse temporalmente alrededor de los 102 dólares. El contrato ya había acumulado un alza del 12% el viernes previo, lo que eleva el incremento semanal a casi 36% y el avance desde comienzos de año a más del 80%, configurando el mayor shock de precios del período.

El petróleo Brent, referencia internacional, siguió una trayectoria similar: trepó hasta los 119,50 dólares por barril, equivalente a un salto del 27,54% en la jornada, aunque luego retrocedió hacia los 105 dólares. En términos mensuales, el Brent acumula una suba superior al 53%, dado que toda la escalada asociada al conflicto se produjo dentro del mes de marzo. De sostenerse los niveles actuales hasta el cierre del mercado, se trataría del mayor incremento diario registrado en la historia del comercio de futuros de petróleo, mercado que opera desde la década de 1980.

Ormuz, el cuello de botella del mundo

Los temores de los inversores se concentran en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo angosto que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo y por el que habitualmente transita cerca del 20% del petróleo consumido a nivel global. Según la firma de investigación energética Rystad Energy, aproximadamente 15 millones de barriles cruzan ese corredor cada día en condiciones normales.

Desde el inicio de las operaciones militares, varios petroleros fueron atacados con misiles y drones iraníes, lo que llevó a la mayoría de las compañías navieras a suspender temporalmente el tránsito por la zona. La consecuencia fue inmediata: países productores como Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos comenzaron a reducir su producción ante la imposibilidad de exportar y el rápido llenado de sus depósitos de almacenamiento. Kuwait confirmó recortes en su producción sin precisar la escala, mientras que en Irak la caída productiva fue de alrededor del 70% en apenas unos pocos días.

El historiador energético Daniel Yergin advirtió que «estamos ante lo que es, con diferencia, la mayor perturbación en la historia mundial en términos de producción diaria de petróleo», y sostuvo que si la situación se prolonga durante semanas «repercutirá en toda la economía mundial». El diario The Wall Street Journal tituló el domingo que el tráfico a través del estrecho de Ormuz «se ha paralizado prácticamente, desatando la crisis energética más grave desde la década de 1970».

Una escalada militar que se extiende a la infraestructura energética

La intensificación del conflicto durante el fin de semana incluyó ataques israelíes contra instalaciones petroleras iraníes en las cercanías de Teherán: al menos cuatro depósitos de combustible y un centro de transferencia de petróleo fueron alcanzados, desatando grandes incendios e interrupciones en el suministro de la capital. Irán respondió con misiles y drones dirigidos contra posiciones israelíes y contra infraestructura energética en el Golfo, incluyendo intentos de atacar instalaciones petroleras y plantas de desalinización en países vecinos.

Ante ese panorama, el precio del Brent abrió el lunes con un salto inicial del 15% y continuó escalando hasta los 119 dólares, marcando un incremento del 29% en la jornada. El gas europeo también registró una suba del 17% en el día, que se suma a la revalorización del 67% de la semana anterior, colocando el precio por encima de los 62 euros por megavatio-hora. El combustible de aviación, el oro, la plata y las criptomonedas también mostraron movimientos pronunciados en un contexto de aversión generalizada al riesgo.

El derrumbe bursátil asiático y europeo

Las bolsas asiáticas cerraron con pérdidas severas. El índice Kospi de Corea del Sur, que había registrado un rendimiento sólido este año impulsado por sus empresas tecnológicas, cedió más del 8%. El Nikkei japonés se desplomó un 7,6%, y la Bolsa de Taipéi retrocedió más del 5%. Caídas adicionales se registraron en Hong Kong, Shanghái, Sídney, Singapur, Manila y Wellington, aunque en los mercados chinos las bajas fueron más moderadas: el índice de Hong Kong perdió un 1,7% y el de Shanghái menos del 1%.

En Europa, las bolsas abrieron con desplomes abultados que se fueron atenuando durante la sesión. El Ibex 35 español inauguró la jornada con una caída del 3% —la mayor del continente— y a media sesión mantenía una corrección del 2%, situándose alrededor de los 16.700 puntos. La bolsa parisina perdió cerca de un 2%, también afectada por las empresas de lujo de fuerte peso en su índice, vulnerables a las disrupciones globales de suministro. El EuroStoxx 50 cedió un 2% y el Dax alemán un 1,8%.

El índice VIX, conocido como el «índice del miedo» de Wall Street, trepó un 36% solo durante esa jornada, superando los 32 puntos, su nivel más elevado desde la crisis arancelaria desatada por Donald Trump a comienzos de abril del año pasado. Los futuros de Wall Street anticipaban asimismo una destrucción significativa de riqueza bursátil.

Amenaza inflacionaria y freno al crecimiento

El encarecimiento del petróleo plantea un dilema severo para las economías desarrolladas. Según modelos de la firma Kobeissi, si los precios se mantienen en torno a los 120 dólares por barril durante tres meses, la inflación en Estados Unidos podría trepar hasta el 3,7%, su nivel más alto desde septiembre de 2023, lo que obligaría a la Reserva Federal —que cambia de presidente en mayo— a revertir el ciclo de recortes de tasas que venía implementando.

Goldman Sachs, en una nota dirigida a inversores, estimó que si los precios del crudo se ubican 10 dólares por encima de los niveles actuales durante tres meses, la inflación interanual del índice de precios al consumidor en Estados Unidos subiría del 2,4% registrado en enero al 3% hacia mayo. En términos prácticos, la gasolina en el mercado estadounidense ya costaba 46 centavos más por galón respecto de la semana anterior, según la Asociación Americana del Automóvil (AAA), mientras que el diésel se había encarecido 83 centavos.

JPMorgan advirtió en sus análisis que «cada aumento del 10% en los precios del petróleo debería traducirse en un incremento de 10 puntos básicos en la inflación general y un lastre de entre 15 y 20 puntos básicos en el crecimiento del PIB». Bruce Kasman, economista jefe de la misma entidad, señaló que en el corto plazo el precio del crudo podría aproximarse a los 120 dólares por barril antes de moderarse si el conflicto cede, pero advirtió que una solución política tardía mantendría la presión alcista sobre el Brent durante los próximos meses, con consecuencias directas sobre el crecimiento global y la inflación.

El informe de inflación del índice de precios al consumidor (CPI) que se publicará el miércoles aún no reflejará los efectos de este shock energético, dado que toda la escalada se produjo dentro de marzo. Eso significa que el impacto real en los datos oficiales solo comenzará a revelarse en las próximas publicaciones.

La respuesta del G7 y las reservas estratégicas

Los precios retrocedieron parcialmente durante la jornada tras trascender que los países del Grupo de los Siete (G7) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estudian una liberación coordinada de reservas estratégicas de emergencia. Los ministros de finanzas del G7 preparaban para ese mediodía una reunión de urgencia para analizar las consecuencias económicas del conflicto y discutir una eventual intervención conjunta.

Los trascendidos preliminares indicaban que se evaluaría liberar entre 300 y 400 millones de barriles, equivalente a entre el 25% y el 30% de las reservas estratégicas globales, que totalizan aproximadamente 1.200 millones de barriles. A modo de referencia, la liberación coordinada realizada durante la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022 fue de unos 240 millones de barriles, de los cuales aproximadamente la mitad fue aportada por Estados Unidos. Los analistas, sin embargo, advierten que históricamente estas intervenciones funcionan como un amortiguador temporal que reduce los precios entre 10 y 20 dólares, sin alterar de forma permanente el equilibrio entre oferta y demanda. Japón ya había liberado parte de sus propias reservas con carácter previo al anuncio grupal.

Trump minimiza el impacto y endurece su posición

El presidente Donald Trump descartó la preocupación por el encarecimiento del petróleo en un mensaje publicado en su red social Truth Social, en el que calificó el alza del crudo como un «pequeño precio a pagar» frente al objetivo de eliminar la amenaza del programa nuclear iraní. El mandatario sostuvo que las cotizaciones caerán rápidamente una vez que esa amenaza sea neutralizada, y afirmó que «solo los tontos pensarían lo contrario».

En paralelo, Trump amenazó con arrasar Irán, no descartó el despliegue de tropas sobre el terreno y exigió «rendición absoluta». Irán, por su parte, desafió las advertencias del gobierno estadounidense al designar como nuevo líder al hijo del ayatola Alí Jamenei. La Casa Blanca también relajó la semana pasada algunas de las prohibiciones vigentes sobre el crudo ruso, lo que llevó a los mercados a especular con que más flexibilizaciones podrían seguir como parte de una eventual reconfiguración de alianzas energéticas.

Una crisis con potencial de reescribir el mapa geopolítico

El shock energético en curso es el más intenso registrado desde la crisis de la década de 1970 según múltiples analistas, y su duración determinará la magnitud del daño. La energía es un insumo transversal a la industria, el transporte y la producción de alimentos, por lo que un encarecimiento sostenido tiene efectos en cascada sobre el costo de vida, la rentabilidad empresarial y las decisiones de política monetaria en todo el mundo.

La situación es especialmente sensible en un año electoral en Estados Unidos, donde la inflación ya había sido uno de los principales factores de desgaste político en administraciones anteriores. Bajo la confluencia de aranceles que castigan el comercio, una escalada bélica que abre nuevos frentes y un dólar que se fortalece como activo refugio, el escenario que enfrentan las economías globales combina, en simultaneo, los riesgos de mayor inflación, desaceleración del crecimiento y endurecimiento de las condiciones financieras. Una combinación que los mercados llevan días tratando de cuantificar y que los gobiernos, hasta ahora, no han logrado detener.

Crisis de gestión en el MOPC paraliza obras, suspende empleos y deja sin respuesta al sector constructor

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La acumulación de certificados de obra impagos, que asciende a unos USD 410 millones entre capital e intereses, desencadenó la paralización de siete proyectos viales estratégicos y pone en riesgo la estabilidad financiera de al menos dos empresas contratistas, en un contexto donde el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) operará este año con la presión de una gestión bajo el contante ojo de la lupa, siendo el eslabón mas cuestionado del actual gobierno.

Una deuda que acumula años y empresas al borde del quiebre

El Estado paraguayo acumula una deuda con el sector de la construcción que asciende a unos USD 410 millones. Según los registros de las empresas vialeras, el monto se desglosa de la siguiente manera: USD 250 millones en certificados de obras ejecutadas y pendientes de pago, USD 120 millones en intereses no reconocidos por la actual administración, y USD 40 millones adicionales en intereses generados y reclamados durante el presente gobierno.

Ante la imposibilidad de seguir subsidiando la mora estatal con capital propio, algunas constructoras optaron por detener los trabajos. Más grave aún, informaciones extraoficiales indican que al menos dos empresas del sector estarían tramitando procesos de quiebra, lo que expone la magnitud real de la crisis.

Siete obras paralizadas y 1.700 trabajadores sin actividad

Al mes de marzo, el incumplimiento en los pagos derivó en la paralización de siete obras de infraestructura impulsadas por el MOPC. Considerando que cada proyecto emplea en promedio a unas 250 personas, la suspensión afecta directamente a unos 1.700 obreros. Las obras detenidas son: tres tramos viales en San Juan, Misiones, adjudicados a las empresas MM, Construpar y Tecsul; la ruta de hormigón entre Concepción y Pozo Colorado, a cargo de Ecomipa; la Ruta Graneros del Sur, bajo la ejecución de Concremix y EBD; el tramo Pilar-Humaitá, también ejecutado por Concremix; y el tramo Humaitá-Paso de Patria, adjudicado al consorcio Roggio-Heisecke, que aún no puede iniciar por falta de pago del anticipo contractual.

La paralización no solo implica la pérdida de ingresos para los trabajadores, sino también el deterioro de las estructuras inconclusas y el encarecimiento de los costos finales por mantenimiento y readecuación de precios, advierten las propias empresas contratistas.

Un presupuesto a medias: el MEF recorta la ejecución del MOPC al 50%

Lo que ya se perfilaba como un año difícil para la infraestructura pública se agravó con una decisión del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). La ministra Claudia Centurión confirmó a la Cámara Vial Paraguaya (Cavialpa) que el MEF le impuso al MOPC un tope de ejecución del 50% sobre el presupuesto autorizado para 2026.

De los USD 570 millones previstos, el ministerio podrá disponer únicamente de USD 285 millones. Esta cifra resulta insuficiente incluso para saldar las obligaciones ya contraídas: solo para cubrir los certificados de obras ejecutadas en 2025 (USD 250 millones) y los intereses acumulados (USD 110 millones), el MOPC necesitaría USD 360 millones. El presupuesto habilitado deja entonces un déficit inicial de USD 75 millones, sin computar las obras que deben ejecutarse durante el corriente año.

La situación pone en evidencia una contradicción entre el discurso oficial —que insiste en que «las obras no van a parar»— y la realidad operativa de un ministerio que, con los recursos disponibles, no alcanzaría a honrar compromisos del ejercicio anterior.

Cavialpa propone elevar el tope fiscal; el MEF ensaya el factoraje

El presidente de la Cámara Vial Paraguaya, Paul Sarubbi, planteó una salida estructural a la crisis: modificar el Presupuesto General de la Nación 2026 para elevar el tope de déficit fiscal mediante una ley del Congreso, lo que permitiría al Estado acceder a líneas de crédito disponibles y regularizar los pagos al sector. Según las empresas del ramo, para superar la deuda acumulada y el déficit histórico de inversión en infraestructura, el Estado requeriría una inyección de aproximadamente USD 1.100 millones.

Por su parte, el Ministerio de Economía y Finanzas impulsa una solución alternativa de menor alcance: el factoraje (factoring). Bajo el mecanismo habilitado por la Ley de Factoraje, las empresas constructoras podrían ceder sus facturas a una entidad financiera cesionaria, accediendo a liquidez de hasta unos USD 150 millones respaldados con garantía soberana. Sin embargo, la propuesta es considerada por el sector como una medida paliativa que no resuelve el problema de fondo. Ambas partes se habían fijado el 11 de marzo como plazo para avanzar en la propuesta, aunque aún no se realizaron reuniones conclusivas al respecto.

La licitación del Bañado Tacumbú: cancelada sin explicaciones

En medio de la crisis presupuestaria y la parálisis de obras, la ministra Centurión tomó una decisión que generó interrogantes. A través de la Resolución 149/26, firmada el 10 de febrero, canceló el proceso licitatorio para la construcción y fiscalización de las primeras 1.500 viviendas sociales del nuevo Barrio Bañado Tacumbú, en Asunción. El documento ministerial no consigna los motivos de la cancelación.

El proyecto cuenta con un financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de USD 200 millones y, de concretarse, beneficiaría a unas 6.000 personas, generando además unos 5.000 empleos en el sector de la construcción. La magnitud social de la obra contrasta con la opacidad del acto administrativo que suspendió su licitación.

La contradicción se profundizó nueve días después: el 19 de febrero, la página web del MOPC comunicó que la cartera realizaba «ajustes» al proceso licitatorio, destacando el cumplimiento de los requerimientos del BID y garantizando «transparencia y eficacia». La falta de consistencia entre la resolución de cancelación y la comunicación posterior genera dudas sobre la gestión interna del proceso.

Según el MOPC, los trabajos preparatorios en las 65 hectáreas destinadas al proyecto registran un avance del 40%, con construcción de calles, redes de desagüe pluvial y cloacal, agua potable, electricidad y movimientos de suelo. La inversión estimada para esta etapa es de G. 157.500 millones, conforme a los pliegos licitatorios.

La ministra recorre obras mientras el sector reclama respuestas

En este escenario, la ministra Claudia Centurión optó por una estrategia comunicacional de presencia en terreno. Visitó el avance de obras en el Bañado Tacumbú y aseguró que seguirá recorriendo los proyectos para demostrar que el MOPC «continúa avanzando». «No hay ningún parate, las máquinas están en plena actividad», afirmó la funcionaria.

Sin embargo, los números y los hechos ofrecen un cuadro diferente al de las declaraciones oficiales. Al momento de esas afirmaciones, ya eran siete las obras viales paralizadas en distintos puntos del país, con 1.700 trabajadores en la calle y empresas al borde del colapso financiero. La ausencia de una hoja de ruta concreta para regularizar los pagos, combinada con un presupuesto recortado a la mitad y un mecanismo de factoraje aún sin reglamentación operativa, configura un panorama que difícilmente pueda resolverse con comunicados y recorridas.

El sector constructor aguarda respuestas que, hasta ahora, no llegan. La infraestructura pública, en tanto, paga el costo de la espera.

La escasez de chips de memoria hunde el mercado global de smartphones a su mínimo histórico en 2026

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La demanda de infraestructura para inteligencia artificial desvía la producción de semiconductores y condena al mercado móvil a su mayor contracción desde que existe registro sistemático de la industria

El mercado mundial de teléfonos inteligentes se adentra en 2026 en una crisis sin precedentes en su historia moderna. No se trata de una desaceleración coyuntural ni del agotamiento ordinario de un ciclo de innovación. Lo que está ocurriendo es un reordenamiento profundo de la cadena de valor tecnológica global, en el que la explosión de la inteligencia artificial compite directamente —y por ahora gana— contra los dispositivos de consumo masivo en la disputa por los componentes más críticos de la electrónica contemporánea.

Las proyecciones publicadas por International Data Corporation (IDC) en su Worldwide Quarterly Mobile Phone Tracker, confirmadas horas después por Counterpoint Research, son contundentes: los envíos mundiales de smartphones caerán un 12,9% en términos interanuales durante 2026, hasta situarse en torno a los 1.100 millones de unidades. En 2025, el volumen había superado los 1.260 millones de dispositivos. La diferencia implica la desaparición de aproximadamente 160 millones de terminales del mercado en un solo año, el registro más bajo en más de una década y la caída más pronunciada de la que se tenga memoria estadística en la industria.

Una crisis de oferta, no de demanda

Lo que distingue esta crisis de las anteriores —incluida la contracción registrada durante la pandemia de COVID-19— es su origen. El consumidor no ha abandonado el smartphone. La demanda de dispositivos móviles se mantiene, en términos generales, estable. El problema reside en la cadena de suministro, concretamente en la disponibilidad de chips de memoria RAM (DRAM) y memoria de almacenamiento (NAND), componentes esenciales en la fabricación de cualquier teléfono inteligente.

El detonante del desequilibrio es la inteligencia artificial. La expansión acelerada de los centros de datos y la infraestructura computacional necesaria para entrenar y desplegar modelos de IA ha disparado la demanda de memoria de alto ancho de banda (HBM, por sus siglas en inglés), un tipo de chip de altísimo rendimiento y margen de beneficio elevado. Los grandes fabricantes de semiconductores, encabezados por Samsung y SK Hynix, han reorientado una parte significativa de su capacidad productiva hacia este segmento, más rentable y estratégico. La consecuencia inmediata ha sido una reducción drástica del suministro destinado a dispositivos móviles.

A finales de enero de 2026, Micron Technology —otro de los grandes proveedores globales de memoria— advirtió públicamente de que la presión de la demanda de IA sobre la infraestructura de semiconductores amenazaba con provocar una escasez sin precedentes. La advertencia resultó profética. Los precios de los chips de memoria para uso móvil han escalado entre un 200% y un 400% respecto a los niveles anteriores a la crisis, según estimaciones recogidas por analistas del sector. El resultado es una alteración estructural de la economía del hardware móvil que no tiene fácil reversión.

El fin del smartphone de bajo costo

El impacto más inmediato y visible de esta disrupción es la extinción práctica del segmento de dispositivos por debajo de los USD 100. En 2025, este rango de precio movilizó entre 170 y 171 millones de unidades en todo el mundo, constituyendo la puerta de entrada a la conectividad digital para millones de consumidores en mercados emergentes. Ese modelo de negocio ha dejado de ser viable.

La memoria representa hoy una proporción cada vez mayor del coste total de fabricación de un smartphone, y en los terminales de gama baja ese porcentaje es crítico: los márgenes ya eran estructuralmente estrechos, y el encarecimiento de los chips los ha llevado a territorio negativo. IDC es categórica al respecto: incluso si el suministro de memoria se estabiliza a mediados de 2027, los precios difícilmente regresarán a los niveles previos. La producción de smartphones por debajo de los USD 100 se ha convertido, en palabras de la propia consultora, en «permanentemente antieconómica».

Las consecuencias sociales de esta transformación no son menores. En regiones como Oriente Medio y África, donde los dispositivos económicos han sido el principal vehículo de inclusión digital, IDC anticipa una caída del 20,6% en los envíos. China registrará una contracción del 10,5% y Asia Pacífico —excluido Japón— del 13,1%, combinando la restricción de oferta con una desaceleración económica que amplifica el efecto sobre la demanda. América Latina y el sur de Asia, geografías con alta penetración del segmento de bajo costo, también enfrentarán presiones severas.

El precio sube aunque el producto no mejore

Mientras los volúmenes se desploman, los precios escalan. IDC proyecta que el precio promedio de venta (ASP) de los smartphones alcanzará un récord histórico de USD 523 en 2026, lo que representa un incremento del 14% respecto al año anterior. Esta cifra, sin embargo, no refleja una mejora equivalente en las prestaciones de los dispositivos. La subida de precios responde fundamentalmente al traslado de los mayores costes de componentes al consumidor final, no a una evolución tecnológica que la justifique.

El caso del Samsung Galaxy S26 ilustra esta dinámica con claridad: el modelo insignia de la marca coreana ha debido incrementar su precio en al menos USD 100 para absorber los gastos adicionales derivados del encarecimiento de los chips, sin que las nuevas funcionalidades incorporadas justifiquen ese desembolso adicional para el usuario. Los fabricantes, en definitiva, han trasladado el problema al bolsillo del consumidor.

Esta mecánica opera de forma distinta según el segmento. Los fabricantes de gama baja y media, que operan con márgenes reducidos y tienen menor poder de negociación frente a los proveedores de semiconductores, se enfrentan a una disyuntiva sin salida: absorber costes y comprimir márgenes hasta la inviabilidad, o repercutirlos en precio y perder competitividad. En ambos casos, el volumen sufre. La relación entre elasticidad y precio en mercados emergentes amplifica aún más la caída de unidades en los segmentos más vulnerables.

Ganadores y perdedores de una crisis asimétrica

La crisis no golpea a todos por igual. Mientras los fabricantes de gama baja luchan por su supervivencia, Apple y Samsung se posicionan como los principales beneficiarios de la disrupción. Ambas compañías cuentan con ventajas competitivas que las aislan, al menos parcialmente, del impacto: contratos de suministro a largo plazo con los fabricantes de memoria, mayor capacidad financiera para absorber incrementos de coste, carteras de clientes con alta fidelización y menor sensibilidad al precio. En el caso de Samsung, su integración vertical —la compañía fabrica sus propios chips— añade una capa adicional de resiliencia estratégica.

Nabila Popal, directora sénior de investigación de IDC, resume la situación con una frase que condensa el cambio de era: «La era de los smartphones baratos ha terminado». Los usuarios que hasta ahora accedían a la conectividad a través de dispositivos de gama baja se verán obligados a escoger entre terminales de especificaciones reducidas a precios de gama media, o a recurrir al mercado de segunda mano para acceder a equipos usados. En ambos casos, la experiencia digital de los segmentos más vulnerables de la población global se verá comprometida.

Para los fabricantes de Android de gama media —Xiaomi, Oppo, Tecno y una larga lista de marcas regionales—, el escenario es de presión existencial. Muchos ya han comenzado a adaptar sus catálogos: eliminando modelos básicos de bajo margen, reduciendo las especificaciones técnicas de sus dispositivos y concentrando su oferta en la gama media-alta, único segmento donde la producción mantiene cierta viabilidad económica. Algunos de estos actores podrían no sobrevivir a la reestructuración.

Un mercado que no volverá a ser el mismo

IDC proyecta una recuperación modesta a partir de 2027, con un crecimiento del 2% ese año y del 5,2% en 2028. Sin embargo, la consultora advierte que la normalización no implicará un retorno a las condiciones previas. Los precios de la memoria permanecerán en niveles estructuralmente más elevados, y el segmento de bajo costo no recuperará su viabilidad económica. El mercado post-crisis será más pequeño en volumen pero con un precio promedio significativamente más alto, más concentrado en actores con escala global y menos accesible para los consumidores de menores ingresos.

Lo que está ocurriendo en 2026 trasciende la lógica de un ciclo económico ordinario. El pronóstico de IDC no describe una corrección temporal, sino un punto de inflexión en la jerarquía de la cadena de valor tecnológica: por primera vez, la infraestructura de inteligencia artificial compite abiertamente —y se impone— sobre los dispositivos de consumo masivo en la asignación de los recursos semiconductores más valiosos del planeta. El smartphone, que durante quince años fue el principal motor de crecimiento de la industria de la memoria global, cede ese rol a los centros de datos y a los aceleradores de IA.

El sector no desaparece, pero pierde centralidad en la asignación del capital tecnológico mundial. Y esa pérdida de centralidad, más que las cifras de envíos de un año concreto, es quizás el dato más relevante —y más inquietante— de todo el análisis.

La guerra en Oriente Medio desestabiliza los mercados globales: el petróleo se dispara un 20%, el dólar se fortalece y la Fed queda entre la espada y la pared

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El mayor repunte semanal del crudo desde la invasión de Ucrania sacude las bolsas, eleva la inflación y complica la agenda económica de Trump

El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, iniciado el pasado 28 de febrero, ha irrumpido con fuerza en los mercados financieros internacionales, poniendo en jaque las tres grandes apuestas económicas de la administración Trump: un petróleo barato, rendimientos de los bonos del Tesoro a la baja y un dólar debilitado que favoreciese las exportaciones estadounidenses. En apenas una semana, los tres frentes han girado en dirección contraria, y el daño colateral en el tejido económico global empieza a hacerse visible.

El crudo se dispara: un 20% en una semana, el mayor salto desde 2022

El dato más elocuente de la semana lo proporciona el mercado energético. El barril de Brent acumula una subida del 18% desde el inicio del conflicto, mientras el West Texas Intermediate (WTI) avanza cerca del 20%, con cotizaciones que al cierre del viernes se situaban en 88,83 y 85,36 dólares por barril, respectivamente. Ambos índices apuntan a su mayor alza semanal desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, un episodio que la memoria de los mercados no ha olvidado.

El detonante estructural de esta escalada es el estrecho de Ormuz, paso estratégico por el que transita habitualmente cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. Desde el inicio de las hostilidades, el tráfico de petroleros se ha interrumpido prácticamente en su totalidad, generando una severa congestión portuaria que está distorsionando las cadenas de suministro a escala global. A ello se suman cierres de refinerías y plantas de gas natural licuado en la región, así como interrupciones directas en la producción de crudo. El gas natural, sin embargo, ha registrado este viernes una caída del 2,58%, hasta los 49,42 euros, aunque dentro de un contexto de volatilidad sostenida.

La logística global, bajo presión: Maersk suspende servicios y los seguros marítimos se cuadruplican

El impacto no se limita al precio del barril. La gigante naviera Maersk ha anunciado la suspensión de dos de sus servicios de transporte, específicamente aquellos que conectan Oriente Medio con Europa y Asia, reflejo del miedo creciente de las empresas logísticas a operar en la región. Los analistas destacan este viernes que los costes de los seguros para los buques que atraviesan Oriente Medio se han cuadruplicado en apenas días, mientras algunas aseguradoras directamente se niegan a cubrir esos trayectos.

Este encarecimiento de la logística actúa como un impuesto encubierto sobre toda la economía real: cada empresa dependiente del transporte ve incrementados sus costes operativos, con el consiguiente efecto en cadena sobre márgenes, precios y rentabilidad. No es un riesgo abstracto; es una presión concreta que ya está afectando la cuenta de resultados de sectores tan diversos como la distribución, la manufactura y la alimentación.

Trump interviene, pero el mercado no le cree

Ante la magnitud de la perturbación energética, el presidente estadounidense ha anunciado una batería de medidas de emergencia. Entre ellas, la autorización temporal a India —uno de los mayores consumidores mundiales y principal cliente energético de Oriente Medio— para adquirir gas ruso, con el objetivo de aliviar la presión sobre la demanda global. Washington también ha otorgado exenciones para que refinerías indias compren petróleo ruso almacenado en buques cisterna, una maniobra poco ortodoxa que busca redirigir flujos de suministro fuera del conflicto. Y, en una medida aún más inusual, el Departamento del Tesoro estudia una posible intervención directa en el mercado de futuros del petróleo para contener la especulación financiera.

Sin embargo, el mercado ha respondido con escepticismo. «El problema de fondo persiste», concluyen los analistas de Renta 4, subrayando que las medidas anunciadas no resuelven el cuello de botella estructural del estrecho de Ormuz ni la incertidumbre sobre la duración del conflicto. La credibilidad de Trump como factor estabilizador está erosionada, y eso tiene un precio en términos de confianza inversora.

Los rendimientos del Tesoro se disparan y la Fed queda atrapada

Uno de los efectos más delicados del conflicto para la administración Trump es la reacción del mercado de deuda. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años —el punto de referencia para los préstamos hipotecarios y corporativos— han subido aproximadamente 20 puntos básicos en la semana, contrariando el deseo explícito del presidente de reducir los costes de endeudamiento. Trump ha presionado de forma reiterada a la Reserva Federal para que baje los tipos de interés, en parte para abaratar el servicio de una deuda federal cuyo coste anual ronda los 1 billón de dólares.

La ecuación se complica porque el repunte del petróleo reaviva las presiones inflacionistas. Según un estudio de la propia Fed citado por analistas de Bankinter, cada incremento de 10 dólares en el precio del barril se traduce en un aumento de 20 puntos básicos en la inflación estadounidense. Con el crudo habiendo subido más de 14 dólares en una semana, el impacto teórico sobre la inflación sería de casi 30 puntos básicos adicionales, lo que dificulta enormemente cualquier argumento a favor de recortes de tipos inmediatos.

El mercado ya ha ajustado sus expectativas: los operadores han recortado las probabilidades de que la Fed lleve a cabo dos recortes de un cuarto de punto este año, con algunos escenarios apuntando incluso a tres movimientos posibles antes de finales de año, aunque con una incertidumbre elevada que hace esos cálculos provisionales.

El dólar recupera su condición de activo refugio

El índice dólar Bloomberg ha ganado más de un 1% en la semana, con el índice que rastrea al billete verde frente a una cesta de seis divisas encaminándose a una revalorización semanal del 1,5%, la mayor desde noviembre de 2024. Este comportamiento invierte la tendencia que la administración Trump había cultivado conscientemente: en enero, el propio presidente declaró sentirse cómodo con la depreciación de la moneda, precisamente para impulsar la competitividad exportadora estadounidense.

Ahora, el dólar ha recuperado su función histórica de activo refugio en contextos de crisis geopolítica, lo que genera una tensión directa con la agenda industrial de Trump. Un dólar fuerte encarece las exportaciones estadounidenses y resta competitividad a la manufactura doméstica, un sector en el que la administración ha depositado una parte central de su proyecto económico. El EUR/USD se sitúa en 1,1607, con el euro acumulando una caída del 1,7% en la semana, golpeado por la dependencia energética europea y unas perspectivas de crecimiento deterioradas. El GBP/USD cede casi un 1% semanal, mientras el yen japonés permanece a la defensiva con el USD/JPY subiendo un 1% en la semana, presionado por el impacto inflacionista de los combustibles en una economía netamente importadora de energía.

Las bolsas resisten, pero la volatilidad se acelera

En el plano bursátil, la semana ha mostrado una dicotomía notable entre la relativa resistencia de Wall Street y la corrección más pronunciada en los mercados europeos. Desde el inicio del conflicto, las bolsas europeas acumulan una caída del 6,15% frente a un descenso del 1,13% en Wall Street, según datos de Bankinter. La condición de Estados Unidos como exportador neto de petróleo le otorga un colchón estructural del que carece Europa, que depende en gran medida de las importaciones energéticas de la región en conflicto.

El índice de volatilidad VIX ha abierto este viernes en los 23,75 puntos, frente al cierre del jueves en 23,5, aproximándose al umbral de los 25 puntos que los mercados asocian convencionalmente con alta volatilidad. A estos niveles, los cambios de tendencia son frecuentes y las correcciones bruscas, posibles. En el viejo continente, sin embargo, el inicio de la sesión del viernes ha ofrecido una leve recuperación: el Ibex 35 ha rebotado un 0,5%, con IAG, Solaria, Naturgy e Indra encabezando las ganancias; Frankfurt ha avanzado un 0,8%; y París, Londres y Milán han subido entre el 0,2% y el 0,3%. En Asia, el Nikkei ha cerrado con un alza del 0,62%, el Hang Seng de Hong Kong ha ganado un 1,73% y el Kospi coreano ha terminado casi plano con un +0,02%.

La sombra del escenario de 2022

La pregunta que sobrevuela los mercados es cuánto puede parecerse este episodio a 2022, cuando el crudo superó los 100 dólares por barril tras la invasión de Ucrania, la inflación se disparó y la Fed respondió con la senda de subidas de tipos más agresiva en décadas, hundiendo simultáneamente los bonos y las acciones. Por ahora, los operadores sitúan ese escenario en el terreno del riesgo extremo, no del caso base. Pero la frontera es delgada.

Los analistas están divididos. Morgan Stanley Investment Management advierte de que los mercados están subestimando el coste del riesgo geopolítico. Desde Edmond de Rothschild AM, en cambio, apuntan que los precios del petróleo, aunque significativamente al alza, no han alcanzado niveles insostenibles, y que los países han aprendido de la crisis de 2022 reforzando sus reservas estratégicas. China ya ha pedido a sus mayores refinerías que suspendan las exportaciones de diésel y gasolina, mientras Japón estudia la liberación de sus reservas estratégicas de petróleo, movimientos preventivos que revelan la seriedad con la que Asia afronta el riesgo de desabastecimiento.

Bankinter mantiene su apuesta por una guerra breve, argumentando que «un shock prolongado no beneficia a nadie», ni siquiera a Irán, cuya economía depende en un 90% de las exportaciones de petróleo que pasan por el estrecho de Ormuz para financiar su régimen y sus fuerzas armadas. La lógica económica apunta a un incentivo compartido para la desescalada. Sin embargo, la lógica geopolítica raramente sigue los modelos de los economistas.

Una agenda económica presidencial en riesgo

El conflicto ha llegado en un momento especialmente delicado para Trump. En su discurso sobre el Estado de la Unión del mes pasado, el presidente presumió de la caída en los precios de la gasolina y proclamó que la inflación estaba «cayendo en picado». Esas palabras suenan ahora anacrónicas ante una semana que ha devuelto la energía al centro del debate inflacionista y ha recordado, una vez más, que la política económica no se formula en el vacío, sino en un mundo donde una guerra en Oriente Medio puede deshacer en días lo que los mercados tardaron meses en construir.

El mercado bursátil paraguayo abre marzo con nuevas emisiones y cifras récord en custodia

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La Bolsa de Valores de Asunción y la Caja de Valores del Paraguay consolidan la transición tecnológica con resultados que superan las proyecciones iniciales del año, mientras cuatro nuevas series de bonos ingresan al mercado primario.

Un arranque de año que supera expectativas

El mercado de capitales de Paraguay cerró el primer bimestre de 2026 con indicadores que superaron las metas proyectadas, según comunicaron los gerentes generales de la Bolsa de Valores de Asunción (BVA) y la Caja de Valores del Paraguay (Cavapy) en una conferencia de prensa celebrada esta semana. Las cifras presentadas reflejan no solo dinamismo en el volumen de operaciones, sino también el impacto concreto de una transformación tecnológica que lleva apenas semanas en funcionamiento.

Entre enero y febrero de este año, el volumen total de operaciones en la BVA alcanzó el equivalente a 1.423 millones de dólares, lo que representa un incremento del 11 % respecto al mismo período de 2025. Por su parte, el stock de títulos bajo custodia de Cavapy llegó a 4.900 millones de dólares al cierre de febrero, cifra que coloca al mercado a un paso del umbral histórico de los 5.000 millones, que inicialmente se esperaba alcanzar en una etapa posterior del año.

«Este bimestre tuvo todo tipo de operaciones. Hemos probado la totalidad de funciones y la dinámica del mercado de valores», señaló Marcelo Prono, gerente general de Cavapy, al referirse a los resultados obtenidos tras la implementación del sistema Montran.

Nasdaq y Montran: la plataforma que moderniza la infraestructura bursátil

Desde enero de 2026, el mercado bursátil paraguayo opera sobre dos nuevas plataformas tecnológicas de referencia internacional. La BVA incorporó el sistema de negociación de Nasdaq, mientras que Cavapy adoptó la solución Montran para gestionar los procesos de custodia, compensación y liquidación de valores.

Esta doble implementación no es solo un cambio de software: implica una redefinición del esquema operativo del mercado. La separación de funciones entre ambas instituciones quedó formalizada: la BVA concentra la negociación de instrumentos, en tanto Cavapy asume el registro, la custodia y la liquidación de las operaciones bursátiles. Esta especialización fortalece la transparencia del sistema y reduce los riesgos operativos inherentes a la concentración de funciones.

Rodrigo Rojas, gerente general de la BVA, calificó el proceso de coordinación institucional como muy positivo y subrayó que las casas de bolsa, que son quienes interactúan de manera directa con ambas entidades, lograron adaptarse en los plazos establecidos. «El mercado ganó en términos de mejores condiciones de seguridad y conectividad», expresó.

En cuanto a la composición del portafolio custodiado por Cavapy, Prono detalló que de los 4.900 millones de dólares registrados, 900 millones corresponden a títulos físicos. Del monto restante, el 85 % está compuesto por instrumentos de renta fija, el 8 % por acciones y el 7 % restante por cuotas de fondos de inversión. Durante enero y febrero, las emisiones en el mercado primario bajo el nuevo esquema totalizaron 145 millones de dólares, distribuidos en 25 series y 25 emisores distintos.

Las nuevas emisiones de la semana: perfil de los bonos colocados

En sintonía con este dinamismo, la primera semana de marzo registró cuatro nuevas series de bonos incorporadas al mercado primario, con perfiles de riesgo, moneda y plazos variados.

BANCOP S. A. inició la colocación de la Serie 1 de su Programa de Emisión Global de Bonos Financieros G1 el miércoles 4 de marzo, con fecha de emisión formal el 5 de marzo. El instrumento, calificado con AA-py Estable, ofrece una tasa de interés anual del 9,00 % en guaraníes, con pago de intereses mensual y amortización íntegra del capital al vencimiento. El monto total de la emisión asciende a 130.000 millones de guaraníes y el plazo se extiende hasta el 5 de marzo de 2033, es decir, siete años. El agente organizador fue Sudameris Securities Casa de Bolsa S. A., y la colocación quedó habilitada para todas las casas activas registradas ante la Superintendencia de Valores.

La Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) abrió la colocación de la Serie 1 del Programa de Emisión Global de Bonos Objetivos de Desarrollo Sostenible denominado AFD.G22 el jueves 5 de marzo. Con calificación estatal y una tasa del 7,70 % anual en guaraníes, este bono contempla el pago trimestral de intereses y la devolución del capital a los seis años, con vencimiento el 5 de marzo de 2032. El monto de la emisión suma 80.000 millones de guaraníes, y la colocación se realizó mediante subasta holandesa de precio único en el horario de 10:00 a 10:30 horas, a través de la Bolsa de Valores y Productos de Asunción S. A. como agente colocador.

Katuete S. R. L. ingresó al mercado con dos series simultáneas, ambas lanzadas el martes 3 de marzo con calificación BBB-py Estable y organizadas por Asu Capital Casa de Bolsa S. A. La primera, enmarcada en su Programa G2, corresponde a un bono en guaraníes por 10.000 millones, con una tasa del 14,00 % anual y vencimiento el 2 de marzo de 2029, aproximadamente tres años. La segunda, dentro del Programa USD2, es una emisión en dólares por 1.500.000 dólares, con una tasa del 9,00 % anual y vencimiento el 23 de febrero de 2029. Ambas series pagan intereses de forma trimestral y devuelven el capital al vencimiento. La colocación de ambos instrumentos está disponible a través de todas las casas de bolsa habilitadas ante la Superintendencia de Valores y la Bolsa de Valores y Productos de Asunción S. A.

Un mercado que amplía su base de emisores

La diversidad de perfiles entre los cuatro nuevos instrumentos ilustra una característica que los responsables del mercado destacan como señal de madurez: la convivencia de grandes emisores institucionales con empresas del sector privado que acceden al financiamiento bursátil. Desde el Estado, a través de la AFD, hasta una entidad bancaria de alta calificación como BANCOP y una empresa comercial como Katuete, el espectro de emisores refleja que el mercado de capitales paraguayo no se circunscribe a un único segmento de la economía.

La incorporación de una emisión en dólares por parte de Katuete subraya, además, la posibilidad de diversificar el riesgo cambiario dentro de la cartera de un inversionista local, ofreciendo alternativas tanto en moneda nacional como en divisa extranjera.

Con la infraestructura tecnológica ya en funcionamiento, los primeros resultados consolidados y una agenda de nuevas colocaciones activa, el mercado bursátil paraguayo transita las primeras semanas de 2026 con señales que apuntan a un año de mayor profundidad y diversificación.

Estados Unidos lanza su ofensiva contra Irán y dispara una factura que podría superar los US$ 95.000 millones mientras el gasto del Pentágono acumula billones en décadas de guerra

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Un arranque que ya costó más de US$ 1.000 millones en sus primeras horas

La decisión del presidente Donald Trump de ordenar ataques directos contra Irán en la madrugada del sábado desencadenó, en cuestión de horas, una cascada de gastos militares que los primeros análisis sitúan por encima de los US$ 1.000 millones solo en la fase inicial de la operación. El detonante fue un contexto de tensión sostenida entre Irán e Israel que se prolongó durante más de un mes y que Washington terminó por resolver con fuego directo sobre territorio iraní.

La ofensiva, según confirmó el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), alcanzó más de 1.250 objetivos en Irán durante las primeras 48 horas. Para ejecutar esa campaña, las fuerzas estadounidenses desplegaron un arsenal que el propio CENTCOM detalló en un listado de más de 20 sistemas de armas y activos militares distintos, cada uno con un precio que refleja la envergadura del aparato bélico movilizado.

El inventario del costo: de los drones a los bombarderos B-2

El desglose de los sistemas utilizados revela la magnitud económica de la operación con una claridad que las cifras globales no siempre permiten apreciar.

Los bombarderos B-2, cuya participación fue confirmada por CENTCOM, representan uno de los activos más onerosos del arsenal desplegado. Según reportó The New York Times, cada hora de vuelo de estas aeronaves de alta gama cuesta entre US$ 130.000 y US$ 150.000, únicamente en gastos operativos. Los misiles Tomahawk, también empleados en los ataques, tienen un precio unitario estimado en US$ 2 millones. Los interceptores de misiles antibalísticos THAAD, usados para neutralizar ataques enemigos entrantes, alcanzan los US$ 12,8 millones por unidad, según documentos del Pentágono citados por The Hill.

En el extremo opuesto del espectro de costos, los drones unidireccionales —conocidos como drones «kamikaze» por su naturaleza de un solo uso— cuestan aproximadamente US$ 35.000 cada uno. Si se considera que se utilizaron cerca de 1.250 de estos dispositivos, el costo asociado a ese segmento asciende a unos US$ 43,8 millones. Sin embargo, Cameron Chell, director ejecutivo de la empresa de drones Draganfly, advirtió en declaraciones a Fox News que los ataques de precisión que acabaron con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, «posiblemente costaron decenas de millones», al combinar drones de mayor valor con aeronaves tripuladas.

Los portaaviones y el costo diario de mantener la presencia en la región

Uno de los renglones que más llama la atención desde una perspectiva de economía del gasto público es el costo de mantener operativos los dos portaaviones que Washington trasladó a la zona. Según datos del Center for a New American Security correspondientes a 2013, operar un portaaviones costaba al menos US$ 6,5 millones diarios, cifra que los analistas consideran sensiblemente mayor en la actualidad. Bloomberg estimó en febrero que el USS Gerald Ford, uno de los portaaviones enviados a la región, genera un gasto de aproximadamente US$ 11,4 millones por día. Con dos buques de este tipo en operación, la factura diaria solo por esos activos supera los US$ 13 millones.

A ese costo se suma el de sostener a cerca de 50.000 soldados estadounidenses ya desplegados en la operación, según informó The Washington Post, con la posibilidad de que ese número crezca en los próximos días. El gasto de movilización previa al inicio de los bombardeos —traslado de tropas, buques y aeronaves hacia Medio Oriente— ya había consumido unos US$ 630 millones, según estimaciones de Elaine McCusker, investigadora del American Enterprise Institute y ex funcionaria de presupuesto del Pentágono, citada por The Wall Street Journal.

Las pérdidas en combate elevan la cuenta: US$ 300 millones en tres aviones

Uno de los golpes económicos más concretos y cuantificables de la operación llegó con la pérdida de tres cazas F-15E Strike Eagle, que se estrellaron en Kuwait según confirmó CENTCOM. Con un valor unitario de aproximadamente US$ 90 millones, la destrucción de esas tres aeronaves representó un impacto patrimonial de cerca de US$ 300 millones, una cifra que no incluye el costo de reposición, el entrenamiento de tripulaciones ni los efectos colaterales sobre la cadena de suministro del Departamento de Defensa.

De US$ 1.000 millones iniciales a una proyección de hasta US$ 95.000 millones

Las cifras disponibles en los primeros días del conflicto constituyen apenas una fracción de lo que los analistas proyectan para el conjunto de la operación. Según cálculos del sector de defensa, si el conflicto se extiende, el gasto total podría rondar los US$ 100.000 millones. Una estimación más estructurada, que considera tanto los costos directos de las operaciones como la reposición de suministros militares, sitúa la factura mínima en US$ 40.000 millones, con una proyección central de US$ 65.000 millones y un escenario máximo de US$ 95.000 millones dependiendo de la duración del conflicto.

Pero el impacto económico va más allá del gasto militar en sentido estricto. Análisis académicos advierten que la guerra podría generar pérdidas económicas para Estados Unidos de entre US$ 50.000 millones y US$ 210.000 millones, derivadas de perturbaciones en el comercio, los mercados energéticos y la estabilidad financiera. Los índices bursátiles ya registraron caídas cercanas al 1% antes de la apertura del mercado el lunes posterior a los ataques iniciales, aunque luego moderaron parcialmente esas pérdidas.

El petróleo, la gasolina y la inflación: el conflicto llega al bolsillo del consumidor

La dimensión económica de la guerra no se limita a las finanzas públicas. El conflicto ya alteró los precios del petróleo y el gas, y amenaza con encarecer los viajes y presionar al alza la inflación. Para los consumidores estadounidenses, que ya enfrentaban una crisis de asequibilidad previa al conflicto, el incremento en los precios del combustible en las estaciones de servicio representa un canal directo de transmisión del costo bélico hacia los hogares. La guerra, en ese sentido, no es solo un problema presupuestario del Pentágono: es también un factor macroeconómico con efectos redistributivos que recaen desproporcionadamente sobre los segmentos de menor ingreso.

El peso de una historia de gasto militar sin rendición de cuentas

El conflicto con Irán no emerge en el vacío. Se inscribe en una trayectoria de décadas de gasto militar que los datos históricos vuelven difícil de relativizar. El proyecto Costos de la Guerra de la Universidad de Brown —elaborado con la participación de 70 académicos— estimó que solo en Afganistán, entre 2001 y 2019, Estados Unidos quemó 2 billones de dólares. Las guerras en Siria e Irak suman otros 2,89 billones de dólares. Los intereses de la deuda pública contraída para financiar esos dos conflictos alcanzaron 1 trillón de dólares adicional.

En conjunto, el mismo proyecto estimó que desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 hasta 2021, el gasto estadounidense en guerras ascendió a US$ 5,8 billones, incluyendo atención médica a veteranos e iniciativas antiterroristas internas. Solo en Medio Oriente, entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, Estados Unidos habría gastado entre US$ 31.500 millones y US$ 33.700 millones, suma que incluye la ayuda militar a Israel y las operaciones en Yemen e Irán. Desde el 7 de octubre de 2003, los sucesivos gobiernos estadounidenses destinaron US$ 21.700 millones exclusivamente en ayuda militar a Israel.

La industria de defensa: el gran beneficiario estructural

Detrás de cada misil Tomahawk, cada interceptor THAAD y cada hora de vuelo de un B-2 hay una cadena de contratistas privados que convierten el conflicto en rentabilidad corporativa. Los datos del Departamento de Defensa revelan que entre 2020 y 2024, ese organismo destinó 2,4 trillones de dólares a contratistas privados. En 2024, el gasto militar estadounidense representó casi el 37% del gasto militar global, con un presupuesto de 997.000 millones de dólares que abarca producción de armas y operaciones, mantenimiento de bases globales, sistemas de inteligencia, personal y logística.

Esta concentración del gasto define prioridades de manera estructural. A modo de contraste, el proyecto de la Universidad de Brown señala que los israelíes tienen, en términos generales, mejor calidad de vida que los estadounidenses, a pesar de que es Washington quien financia en parte sustancial su aparato de seguridad. La paradoja del gasto militar como instrumento de política exterior con costos domésticos concretos no es nueva, pero el conflicto con Irán la vuelve a poner en primer plano con una urgencia renovada.

Un conflicto que también cuenta sus muertos

Cualquier análisis económico del conflicto quedaría incompleto sin reconocer que las cifras en dólares coexisten con un costo humano que los modelos financieros no pueden capturar. Las operaciones militares israelíes respaldadas por Estados Unidos desde 2003 han generado, según los mismos investigadores de Brown, tasas de mortalidad indirecta superiores a las directas. En Gaza, el número de personas muertas supera las 80.000, en su mayoría mujeres y niños palestinos. La guerra con Irán, además de sus implicaciones fiscales y macroeconómicas, añade una nueva dimensión a un ciclo de violencia cuyos costos humanos se acumulan en silencio, lejos de las líneas presupuestarias del Pentágono.