El mercado automotriz mundial atraviesa una inflexión histórica que no obedece únicamente a la lógica de la innovación tecnológica o la política climática. La guerra en Irán y la consecuente perturbación en el estrecho de Ormuz han disparado los precios del petróleo y la gasolina, y ese golpe directo al bolsillo de los consumidores está acelerando, de manera visible y medible, el paso hacia los vehículos eléctricos en distintos rincones del planeta. Lo que antes era una tendencia gradual impulsada por incentivos gubernamentales y conciencia ambiental, se transforma hoy en una respuesta económica urgente ante el encarecimiento del combustible fósil.

En marzo de 2026, los consumidores de Francia, Alemania y el Reino Unido adquirieron 206.200 vehículos eléctricos durante las cuatro primeras semanas del conflicto, un incremento del 44% frente al mismo período del año anterior. En Corea del Sur, las transacciones de coches eléctricos se más que duplicaron. En Italia —un mercado históricamente rezagado en la transición eléctrica— salieron de los concesionarios 16.000 unidades con batería, lo que supone un aumento del 67%. Australia, por su parte, registró 14.100 ventas de vehículos eléctricos en el mes, un 68% más que en el período equivalente del año anterior. A escala global, los consumidores adquirieron 1,1 millones de vehículos eléctricos en marzo, un 2% más que en el mismo mes de 2025, con los vehículos totalmente eléctricos representando alrededor del 17% de todos los autos y camiones nuevos vendidos en el mundo.

América Latina y el «resto del mundo»: un salto del 79%

El fenómeno no se circunscribe a los mercados desarrollados. En América Latina, África y gran parte de Asia —regiones que los analistas del sector agrupan bajo el concepto de «resto del mundo»— las ventas de vehículos eléctricos se dispararon un 79% en marzo respecto al año anterior, según datos de Benchmark Mineral Intelligence. Durante todo 2025, ese grupo de países ya había registrado un avance del 48%.

Costa Rica emerge como caso destacado en la región: los vehículos eléctricos representaron el 18% de todas las ventas de autos nuevos en el primer trimestre del año, una cifra que triplica la de Estados Unidos y que solo es superada en América Latina por Uruguay. La nación centroamericana no produce petróleo y genera casi la totalidad de su electricidad a partir de fuentes hidroeléctricas, lo que convierte al vehículo eléctrico en una opción especialmente competitiva para reducir su dependencia de las importaciones de combustible y aliviar la presión sobre sus reservas de divisas. Etiopía, Uruguay y varios otros gobiernos comparten esa lógica estratégica.

Un punto de inflexión estructural, no coyuntural

Más allá del impulso inmediato de la crisis petrolera, la evidencia científica sugiere que la industria automotriz ha cruzado un umbral del que difícilmente regresará. Una investigación publicada en la revista Nature Communications, con base en el análisis de las ventas globales entre 2016 y 2023 en 32 países, concluye que las ventas de vehículos eléctricos han alcanzado en Europa y China un punto de inflexión capaz de desencadenar un cambio estructural difícil de revertir.

Los datos son contundentes: la flota global de coches eléctricos e híbridos se duplicó cada 1,5 años en el período estudiado. En la Unión Europea, esa duplicación ocurrió cada 1,3 años; en China, cada año; y en Estados Unidos, cada 1,7 años. Al mismo tiempo, las ventas de vehículos de combustión comenzaron a caer de forma sostenida desde aproximadamente 2019, y esa caída no se revirtió ni siquiera durante la recuperación económica pospandemia. La investigación señala como indicadores clave del punto de inflexión el rápido aumento de la cuota de mercado eléctrica, la mayor variedad de modelos disponibles, y el paralelo declive tanto en ventas como en oferta de vehículos de gasolina y diésel.

Las proyecciones sobre paridad de precios refuerzan esa perspectiva. Según modelizaciones incluidas en el estudio, los vehículos eléctricos deberían alcanzar precios equivalentes a los de combustión en Europa y China entre 2025 y 2028, en Estados Unidos, Canadá y Corea del Sur entre 2026 y 2030, y en el resto del mundo entre 2030 y 2035. Ese proceso, combinado con el encarecimiento del petróleo, podría acelerar considerablemente esos plazos.

China: exportaciones récord y batalla por el mercado global

En el centro de esta reconfiguración global se encuentra China. Las exportaciones chinas de vehículos eléctricos e híbridos alcanzaron un nuevo récord en marzo de 2026, con un incremento del 140% respecto al año anterior, según la Asociación China de Turismos. En el primer trimestre, las exportaciones totales de vehículos eléctricos del país crecieron un 78% interanual según datos oficiales. Los principales destinos que más acusaron ese salto en las importaciones procedentes de China fueron Australia, con un alza del 67% respecto a febrero; Bélgica, con un 63%; y Alemania, con un 34%.

La expansión internacional de los fabricantes chinos no es casual: responde a la saturación del mercado doméstico, donde la competencia es feroz, las guerras de precios son brutales y los márgenes de beneficio se estrechan. BYD, Geely, XPeng y otros gigantes de la industria están impulsando el desarrollo de infraestructura de carga en el exterior y cultivando socios y clientes en nuevos mercados. En Europa, las matriculaciones de vehículos nuevos de BYD crecieron casi un 170% en el primer trimestre de 2026 respecto al año anterior. Un estudio de 2025 elaborado por el Grupo Rhodium estima además que la flota eléctrica e híbrida china ya ha reducido la demanda interna de petróleo en más de un millón de barriles diarios, una cifra que ilustra el peso geopolítico de esta transformación.

Detrás de esta expansión, sin embargo, subyace una pregunta incómoda que no pocos gobiernos y competidores se hacen en voz alta: ¿hasta qué punto el éxito de la industria automotriz china se explica por su eficiencia real, y hasta qué punto por los subsidios, exenciones fiscales y ventajas otorgadas durante años por el Estado? Esa tensión entre libre competencia y política industrial distorsionada está en el fondo de la mayoría de las fricciones comerciales que rodean al sector.

Europa abre la puerta; Estados Unidos la cierra

La respuesta de los grandes bloques económicos ante el avance chino es radicalmente distinta. Europa ha optado por aranceles que considera equilibradores —no bloqueadores— de la competencia, y los fabricantes chinos están ganando cuota de mercado de manera acelerada. Alemania reintrodujo subvenciones a la compra de hasta 6.000 euros, y Francia reforzó su mandato de electrificación para flotas de vehículos, en lo que analistas de BloombergNEF identifican como respuestas directas a la crisis energética derivada del conflicto iraní. El resultado es que en Europa se ofrecen actualmente casi 400 modelos eléctricos, frente a los 368 de hace apenas un año.

Estados Unidos ha tomado el camino opuesto. Bajo la administración Trump, Washington redujo el apoyo federal a los vehículos eléctricos en favor de los modelos de alto consumo de gasolina, y mantiene en vigor aranceles que constituyen un embargo de facto sobre los automóviles importados de China. A ello se suma la prohibición del software conectado a China en los vehículos nuevos, lo que obstaculiza cualquier plan de producción en territorio estadounidense o en países vecinos destinado a ese mercado. Las ventas de vehículos eléctricos en EE.UU. cayeron un 27% en marzo respecto al período del año anterior, aunque los analistas matizan que las cifras de marzo de 2025 fueron excepcionalmente altas, impulsadas por consumidores que se apresuraron a aprovechar incentivos federales antes de su vencimiento.

Más de 70 legisladores estadounidenses enviaron en los últimos días una carta abierta al presidente Trump advirtiendo contra cualquier reducción de las barreras a la entrada de automóviles chinos, argumentando que las consecuencias para los trabajadores, las cadenas de suministro y la seguridad nacional serían, en sus propias palabras, «profundas». El mensaje político interno no deja margen para la ambigüedad, aun cuando Trump prepara un viaje a China a mediados de mayo para reunirse con el presidente Xi Jinping, encuentro al que los fabricantes de vehículos eléctricos chinos miran con atención, evaluando si podría abrirse algún resquicio en ese mercado.

La competencia tecnológica, más allá del combustible

El debate sobre los vehículos eléctricos ha trascendido la mera cuestión energética para convertirse en una disputa de fondo por el liderazgo tecnológico del siglo XXI. En el Salón del Automóvil de Pekín, las marcas chinas no presentan sus productos simplemente como alternativas más eficientes al motor de combustión: los posicionan como plataformas tecnológicas integradas. Empresas como XPeng, Geely y BYD, junto a compañías tecnológicas como Baidu, Huawei y Pony.AI, están construyendo ecosistemas de conducción autónoma que compiten directamente con los que desarrollan en Estados Unidos Tesla y Waymo.

La magnitud de esa ambición quedó de manifiesto en la reciente exhibición industrial china de proporciones equivalentes a 70 campos de fútbol: un mensaje deliberado sobre la escala y el ritmo al que el país está avanzando en la tecnología que sus líderes consideran decisiva para su posición en el orden económico global del presente siglo.

El director financiero de Tesla, Vaibhav Taneja, reconoció durante una conferencia telefónica de resultados que 2026 ha sido un año de notable dinamismo para el sector: «Hemos visto un resurgimiento de la demanda», afirmó. Ese resurgimiento tiene un catalizador claro —la crisis del petróleo iraní— pero sus causas más profundas son estructurales, y los datos apuntan a que ningún cambio coyuntural en los precios del crudo podrá ya revertir por sí solo la marcha de una transformación que lleva años cobrando velocidad.