Paraguay consolida su posición como proveedor de proteína animal en dos frentes distintos: la carne vacuna, que avanza en Estados Unidos, y la carne porcina, que depende casi por completo de Taiwán. En su reciente visita a Nueva York, el presidente Santiago Peña afirmó que Washington solicita más carne bovina paraguaya para aliviar los altos precios internos. Calificó al país como «un socio fiable».
La declaración llega en un momento de encarecimiento de la proteína bovina en el mercado estadounidense, que recurre a proveedores externos para abastecer su consumo. Para Paraguay, el escenario abre una ventana comercial en un mercado de alto valor, aunque las condiciones de acceso todavía limitan su potencial.
De 75 a casi 50.000 toneladas en dos años
La evolución de los envíos a Estados Unidos desde su apertura a fines de 2023 es contundente. Según datos del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), Paraguay comenzó ese año con apenas 75 toneladas. En 2024 el volumen subió a 28.000 toneladas y en 2025 alcanzó 49.456.
Hasta agosto de 2026 ya se habían embarcado 35.443 toneladas de productos cárnicos por US$ 211 millones. Estados Unidos figura así como el segundo destino en volumen, solo detrás de Chile. El sector proyecta cerrar el año en torno a 75.000 toneladas, en un contexto en el que el total exportado de carne paraguaya superó los US$ 2.000 millones en 2025.
El límite de la cuota y el peso del arancel
El principal obstáculo es que Paraguay no dispone de una cuota propia. Accede bajo el contingente de «otros países», compartido con Brasil, que ampara 64.000 toneladas libres de arancel. Ese cupo suele agotarse a comienzos de cada año, y los envíos posteriores pagan un gravamen de 26,4%, según lo informado por la Cámara Paraguaya de Carnes.
La diferencia con Argentina es relevante. Ese país cuenta con una cuota específica definida por la administración de Donald Trump, y el Gobierno paraguayo busca un trato arancelario similar. Con los precios actuales en Estados Unidos, un acceso más favorable mejoraría de forma directa la competitividad de la carne nacional.
Una suspensión arancelaria que abre una oportunidad
En agosto, Washington dispuso una suspensión temporal de aranceles para proveedores de carne. La medida cubre hasta 300.000 toneladas de carne molida durante 90 días, con un tope de 100.000 toneladas mensuales desde septiembre. Desde el complejo cárnico paraguayo señalan que es una oportunidad para los países del contingente de «otros países», aunque implica competir con Brasil, un actor de gran escala.
La Senacsa indicó que la medida rige desde septiembre y que los resultados se conocerán al cierre del mes. Prevé que Estados Unidos vuelva a ser el segundo mayor comprador y fijó como meta un aumento de 20% respecto de lo exportado en 2025. El titular reconoció además que la faena bovina es menor que la del año pasado, pero proyecta superar igualmente los kilos exportados en 2025.
Carne porcina: crecimiento en volumen, no en ingresos
El sector porcino muestra otra cara. Según datos de la Asociación Paraguaya de Productores de Cerdos, elaborados a partir de registros de Senacsa, el Banco Central del Paraguay y Aduanas, entre enero y agosto se exportaron 12.815 toneladas por USD 35,5 millones FOB. Frente al mismo período de 2025 (11.839 toneladas y USD 35 millones), el volumen creció 8%, pero el valor apenas 1%. En el mismo lapso se faenaron 721.655 animales.
El contraste se acentúa en agosto: las ventas subieron 42% en volumen, hasta 2.384 toneladas, pero el valor cayó cerca de 13%, a USD 5,3 millones. De acuerdo con un cálculo propio a partir de esas cifras, el ingreso por tonelada habría descendido alrededor de 6% en el acumulado del año y cerca de 38% en el mes. Es una señal de presión sobre precios que afecta la rentabilidad de los productores y la generación de divisas.
Dependencia de Taiwán y necesidad de diversificar
La concentración de mercados es el otro punto crítico. Taiwán absorbió 79% del volumen y 85% del valor exportado entre enero y agosto. Brasil le sigue con 16% del volumen y 11% del valor, y Uruguay con 5% y 3%, mientras que Filipinas participa con menos de 1%.
Esa dependencia asegura un cliente estable, pero expone al sector a cualquier cambio en las condiciones de compra de un solo destino. La experiencia de la carne vacuna, que multiplicó su presencia en Estados Unidos, apunta en la dirección contraria: ampliar mercados, negociar acceso preferencial y sumar valor a lo que se exporta.
Perspectivas para el complejo cárnico
El panorama combina oportunidades y tareas pendientes. En el caso bovino, la demanda estadounidense y la suspensión temporal de aranceles favorecen un nuevo récord de envíos, pero la sostenibilidad de ese crecimiento dependerá de lograr condiciones de acceso más estables que un beneficio de 90 días. En el porcino, el desafío es que el mayor volumen se traduzca en mejores ingresos, algo que exige diversificar destinos y evitar la exposición a un único comprador.
Ambos casos reflejan un país con capacidad productiva y credibilidad sanitaria creciente, pero aún dependiente de decisiones comerciales ajenas. La gestión diplomática y el trabajo conjunto entre el sector público y privado serán determinantes para convertir la demanda actual en ingresos sostenidos.




