Argentina se ubica en el primer puesto de un ranking que no favorece a su sistema financiero: es el país de América Latina con mayor nivel de morosidad en los créditos otorgados al sector privado. Según un informe de la consultora 1816, elaborado con información del Banco Mundial correspondiente a 2024 y 2025, el 7,6% de la cartera de préstamos presenta algún grado de irregularidad, el porcentaje más alto entre todos los países de la región incluidos en el estudio. El relevamiento compara la situación crediticia de 98 países con un producto interno bruto superior a los 20.000 millones de dólares, lo que permite ubicar el caso argentino no solo dentro del contexto regional, sino también frente a un universo amplio de economías con distintos niveles de desarrollo.
Una distancia que se agranda frente al resto de la región
El segundo lugar del ranking latinoamericano lo ocupa Ecuador, con una morosidad de 4,5%, más de tres puntos porcentuales por debajo del dato argentino. Le siguen Perú, con 4%; Brasil, con 3,9%; Bolivia, con 3,1%; y Colombia, con 3%. Más abajo aparecen Chile, Panamá y Guatemala, los tres con 2,4%; Paraguay y México, con 2,2%; Costa Rica, con 2%; República Dominicana y El Salvador, con 1,7%; Uruguay, con 1,5%; y Nicaragua, con apenas 1%, uno de los niveles más bajos de todo el continente.
La brecha entre Argentina y sus vecinos no es menor. La morosidad local resulta casi un 70% superior a la de Ecuador y prácticamente duplica los niveles de Brasil y Perú, dos de las principales economías de la región. Frente a Chile o México, la proporción de créditos irregulares en Argentina es más de tres veces mayor, una diferencia que llama la atención incluso considerando que buena parte de estos países atraviesa también tasas de interés elevadas, menor ritmo de crecimiento y presión sobre los ingresos de sus habitantes.
Qué significa la morosidad y por qué es una variable clave
La cartera irregular agrupa a los préstamos cuyos titulares presentan dificultades para cumplir con los pagos pactados. Se trata de un indicador central para evaluar la calidad de los activos de las entidades financieras y para observar, de manera indirecta, la capacidad de pago de familias y empresas. Cuando este porcentaje sube, los bancos deben reforzar sus previsiones contables y prestar mayor atención al comportamiento de sus deudores, lo que puede derivar en condiciones de acceso al crédito más restrictivas.
En este sentido, el dato no debe leerse únicamente como un indicador técnico del sistema bancario. También funciona como un termómetro de las tensiones económicas que atraviesan los hogares y las empresas, ya que las dificultades de pago suelen manifestarse primero en instrumentos de uso cotidiano, como tarjetas de crédito, préstamos personales y líneas de financiamiento de corto plazo.
Cerca del podio mundial de mora
La comparación internacional tampoco resulta favorable para Argentina. Con su 7,6%, el país se ubica apenas por debajo de Nigeria, que registra 8,1%, aunque todavía a distancia de las naciones con los niveles más altos de cartera irregular del planeta. El listado mundial está encabezado por Argelia, con 20,7%, seguida por Bangladesh, con 19%; Ghana, con 18,9%; Irak, con 16,5%; Angola, con 14,1%; Ucrania, con 13,9%; y Kenia, con 13,6%. Completan el grupo de mayor morosidad Kirguistán, Sri Lanka, Marruecos y la propia Nigeria.
El contraste con los sistemas financieros más sólidos
En el otro extremo del ranking se encuentran los países con los niveles más bajos de cartera irregular. Suecia y Noruega comparten el primer lugar, con apenas 0,4% cada uno. Les siguen Canadá e Israel, con 0,7%; Suiza y Lituania, con 0,8%; y Reino Unido, con 0,9%. Un escalón más arriba, con 1% de morosidad, se ubican Estados Unidos, Australia, Nicaragua y Arabia Saudita.
La comparación con Estados Unidos resulta particularmente elocuente: la morosidad argentina es 7,6 veces superior a la estadounidense. Frente a Suecia y Noruega, la diferencia se amplía todavía más, con niveles de irregularidad casi veinte veces superiores en el caso argentino.
Una señal de alerta que trasciende lo bancario
Más allá de la solidez individual de cada entidad financiera, la evolución de la mora ofrece una vía para seguir de cerca la salud económica de los hogares y las compañías. El 7,6% argentino no solo ubica al país por encima de la totalidad de sus pares latinoamericanos incluidos en el informe, sino que también lo posiciona entre los primeros diez lugares de un ranking global de 98 economías, un dato que contrasta con el discurso de estabilización financiera y que exige explicaciones que van más allá de la coyuntura reciente. El desafío, de cara a los próximos meses, será determinar si la tendencia responde a factores estructurales del mercado crediticio local o si comienza a revertirse a medida que se estabilicen las variables macroeconómicas.




