Las reservas de emergencia de crudo de Estados Unidos han alcanzado su nivel más bajo en más de cuatro décadas. Según datos del Departamento de Energía publicados este lunes 16 de junio, la Reserva Estratégica de Petróleo —conocida por sus siglas en inglés SPR— se sitúa en 340,3 millones de barriles, una cifra que no se registraba desde 1983, cuando la administración Reagan apenas comenzaba a llenar ese depósito por primera vez. El dato no sorprende a quienes siguen de cerca la política energética estadounidense: la caída es consecuencia directa de un plan deliberado de la administración Trump para liberar 172 millones de barriles en un plazo de 120 días, con el objetivo de contener el fuerte aumento en los precios del combustible desencadenado por la guerra con Irán.
Un escudo energético creado en tiempos de crisis
La Reserva Estratégica de Petróleo nació en 1975 como respuesta al embargo petrolero árabe de principios de la década de 1970, un episodio que sumió a la economía norteamericana en una de sus peores crisis energéticas. Concebida como un colchón ante eventuales interrupciones en el suministro global, la reserva tiene capacidad para almacenar hasta 714 millones de barriles, y durante décadas fue uno de los instrumentos más poderosos con que contaba Washington para influir sobre los mercados mundiales de crudo. El nivel actual de 340,3 millones de barriles equivale a poco menos de la mitad de esa capacidad máxima, y si la administración concluye el plan de liberación en curso, el saldo caería hasta aproximadamente 243 millones de barriles, es decir, algo menos de un tercio de la capacidad autorizada. De materializarse ese escenario, sería la segunda mayor liberación en la historia de la reserva.
El detonante: quince semanas de guerra y un barril 20% más caro
El contexto geopolítico es inseparable de la decisión de abrir los grifos de la reserva. Menos de dos semanas después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques contra Irán, el Departamento de Energía anunció en marzo de este año su plan de liberación coordinada junto con otras naciones. La guerra, que se prolonga ya por quince semanas, ha tensionado de manera considerable los mercados energéticos globales: los futuros mundiales del crudo han subido alrededor de un 20% desde el inicio del conflicto. Ese repunte se ha trasladado directamente a los surtidores de gasolina en suelo estadounidense, donde el precio promedio por galón escaló hasta los 4,07 dólares, una cifra que ejerce una presión política creciente sobre la Casa Blanca. Las elecciones de mitad de mandato de noviembre, que definirán si el Partido Republicano conserva el control del Congreso, se convierten así en un factor que no puede ignorarse al analizar el ritmo y la magnitud de las liberaciones.
El mecanismo: préstamos con interés que podrían generar más de 3.000 millones de dólares en ahorros
La administración Trump no está simplemente vendiendo petróleo de la reserva: opera a través de un programa de intercambio. El esquema consiste, en esencia, en prestar barriles a empresas del sector energético, las cuales están obligadas a devolverlos más adelante con un cargo adicional. Hasta el momento, la tasa de devolución se ubica en torno al 26%, y el Departamento de Energía estima que este mecanismo podría generar ahorros superiores a los 3.000 millones de dólares para los contribuyentes estadounidenses. La agencia también asegura que, en el transcurso del próximo año, repondrá la reserva con una cantidad equivalente al 120% de lo liberado, es decir, aproximadamente 200 millones de barriles. Un portavoz del departamento reafirmó que la gestión de la reserva responde a sus objetivos originales: estabilizar los mercados del crudo, proteger al país frente a cortes de suministro y fortalecer la seguridad energética nacional.
El margen que se estrecha: ¿cuánto petróleo es suficiente?
Más allá del discurso oficial, los analistas del sector advierten que el nivel actual de la reserva empieza a comprometer la capacidad de respuesta de Washington ante futuras emergencias. Patrick De Haan, jefe de análisis petrolero de GasBuddy, señala que la SPR necesita mantener un mínimo de entre 150 y 200 millones de barriles para funcionar de manera operativa. Si la liberación en curso se completa tal como está planeada, el saldo quedaría en torno a los 243 millones de barriles, apenas por encima del umbral mínimo que De Haan considera indispensable. «Eso deja poco margen para liberaciones adicionales», advirtió el analista. En otras palabras, con un consumo diario de alrededor de 21 millones de barriles, la capacidad de Washington para absorber un nuevo choque de oferta sería considerablemente menor que en el pasado.
Una reserva ya debilitada antes de que Trump llegara al poder
El análisis no puede ignorar el punto de partida. Cuando Donald Trump asumió la presidencia hace 16 meses, la reserva ya acusaba un desgaste significativo heredado de la gestión anterior. La administración del expresidente Joe Biden retiró aproximadamente 290 millones de barriles mediante una serie de liberaciones sucesivas, entre ellas la efectuada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando los precios del crudo se dispararon a nivel global. En aquel momento, los republicanos cuestionaron la decisión al argumentar que la medida buscaba abaratar la gasolina antes de las elecciones de mitad de mandato, más que atender una verdadera emergencia energética. El propio Trump se comprometió durante su campaña a reponer la reserva y criticó con dureza a Biden por haberla dejado en esas condiciones. La ironía es que, en su propio mandato, la SPR se encamina hacia los niveles más bajos que ha conocido desde los años de la administración Reagan.
El estrecho de Ormuz y la señal de alivio que llega desde el Golfo
El descenso de la reserva coincide, no obstante, con una señal de potencial distensión en el frente geopolítico. Estados Unidos e Irán han alcanzado un acuerdo de paz provisional que contemplaría la reapertura del estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que transita una porción crítica del comercio mundial de petróleo y que estuvo en el centro de la crisis de suministro durante el conflicto. La reapertura de esa vía estratégica podría aliviar parte de la presión sobre los precios, aunque expertos como Tom Kloza, analista jefe de petróleo de Gulf Oil, ya venían señalando que la posición energética de Estados Unidos, en términos generales, no presentaba razones de alarma estructural. El mercado, sin embargo, sigue atento: la combinación de una reserva en mínimos históricos, un conflicto en proceso de desescalada y unas elecciones legislativas en el horizonte hace de este un momento de singular peso para la política energética estadounidense.




