El organismo multilateral proyecta una expansión del 4,4% para la economía paraguaya en 2026, por encima de su previsión de enero y del promedio regional, en un contexto global marcado por la incertidumbre geopolítica, la volatilidad energética y el bajo dinamismo de América Latina y el Caribe.
Paraguay, segundo en el ranking regional de crecimiento
El Banco Mundial (BM) volvió a situar a Paraguay entre los países de mayor dinamismo económico de América Latina y el Caribe (ALC) en su más reciente informe regional, titulado «Revisitando la política industrial», presentado este miércoles. La economía paraguaya crecerá un 4,4% en 2026, cifra superior al 3,9% que el propio organismo había estimado en enero pasado y levemente por debajo de la proyección oficial del gobierno, fijada en 4,2%. Este desempeño ubica al país como el segundo de mayor expansión en la región, solo detrás de Guyana, que encabeza el ranking con un 16,3% proyectado para el mismo año.
La proyección llega tras un 2025 excepcionalmente positivo: el Producto Interno Bruto (PIB) paraguayo creció un 6,6% ese año, de acuerdo con datos recientes del Banco Central del Paraguay (BCP), consolidando al país como uno de los focos de dinamismo del Cono Sur. William Maloney, economista jefe del BM para América Latina y el Caribe, afirmó que Paraguay está «en el camino correcto» y subrayó, además, una reducción significativa de la pobreza como otro indicador de avance social asociado a ese ciclo expansivo.
El informe atribuye el desempeño superior al promedio regional a tres pilares fundamentales: las sólidas exportaciones agrícolas, la expansión de la generación de electricidad y un marco macroeconómico estable que ha sostenido tanto el consumo interno como la inversión. A ello se suma una mejora en las condiciones de financiamiento externo: el diferencial de bonos soberanos paraguayos (EMBIG) se ubicó en marzo de 2026 cerca de los 125 puntos básicos, un nivel notoriamente inferior al promedio de períodos anteriores, lo que refleja la percepción de menor riesgo soberano por parte de los mercados internacionales.
De cara a 2027, el panorama se mantiene favorable para el país, con una proyección de crecimiento del 4,2%, que lo consolidaría nuevamente como uno de los líderes regionales en expansión económica, solo por detrás de Guyana (23,5%) y Surinam (4,5%).
América Latina desacelera: crecimiento proyectado de apenas 2,1% para 2026
El contexto regional en el que se inscribe este desempeño paraguayo es considerablemente más complejo. El BM proyecta que ALC crecerá un 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% registrado en 2025, consolidando a la región como una de las de más lento crecimiento a nivel mundial. Esta cifra representa además una revisión a la baja respecto a los pronósticos anteriores: en enero de 2026, la oficina global del organismo proyectaba un 2,3% para este año, mientras que en octubre de 2025 estimaba un 2,5%.
Para 2027, el BM anticipa una leve recuperación regional hasta el 2,4%, aunque advierte que América Latina y el Caribe seguirá atrapada en el mismo ciclo de bajo crecimiento que arrastra desde hace décadas.
Los factores que explican esta moderación son múltiples y se retroalimentan. El BM señala que los elevados costos de endeudamiento restringen la inversión privada, mientras que la débil demanda externa limita el dinamismo exportador. A ello se suman las presiones inflacionarias derivadas de la incertidumbre geopolítica global, que frenan tanto la creación de empleo como la toma de decisiones empresariales. La inversión, en particular, sigue siendo el eslabón más débil de la cadena: las empresas mantienen una actitud de espera ante la falta de señales claras sobre el entorno externo y el rumbo de las políticas domésticas.
En este escenario, el consumo privado continúa siendo el principal motor del crecimiento regional, mientras la inflación baja, aunque a un ritmo más lento de lo esperado. Los coeficientes de deuda pública, aunque estabilizados, siguen siendo elevados según los estándares históricos, y los altos pagos de intereses erosionan el espacio fiscal disponible para inversión en infraestructura y gasto social, las áreas identificadas como más críticas para el crecimiento de largo plazo.
El mapa del crecimiento: ganadores, rezagados y casos extremos
El informe traza un mapa diferenciado del desempeño esperado entre los países de la región para 2026. Además de Paraguay con 4,4%, figuran entre los más dinámicos Surinam (4%), Panamá (3,9%) y Guatemala (3,7%), este último apenas por encima del bloque formado por Argentina, Costa Rica y República Dominicana, todos con 3,6%.
Argentina emerge como la principal excepción positiva entre las economías grandes de la región. El BM atribuye esta mejora a un ajuste fiscal decisivo que permitió al país pasar de un déficit considerable a un superávit primario, lo que comprimió el riesgo soberano y ancló las expectativas de inflación. La proyección de 3,6% para 2026 se sustenta en la recuperación del consumo privado, la inversión y una cosecha agrícola fuerte bajo una agenda de reformas procrecimiento.
Brasil, la mayor economía del continente, presenta una imagen más gris: crecería apenas un 1,6% en 2026 y un 1,8% en 2027, reflejando las dificultades estructurales de su economía.
En el extremo opuesto se encuentran Bolivia, con una contracción proyectada del -3,2%, la peor de la región; Jamaica con -1,0%; Haití con apenas 0,6%; Trinidad y Tobago con 0,7%; y México con un 1,3%. Para 2027, sin embargo, el panorama muestra una recuperación generalizada, con Bolivia repuntando hasta el 4,0% y Jamaica alcanzando el 3,2%.
El conflicto en Medio Oriente, nuevo factor de riesgo para la región
Uno de los elementos más destacados del informe es la advertencia del BM sobre el impacto del conflicto en Medio Oriente en las perspectivas económicas regionales. La intensificación de las tensiones geopolíticas en esa zona ha generado una mayor volatilidad en los precios de la energía, con tendencia al alza, lo que introduce riesgos inflacionarios que podrían retrasar el proceso de desinflación en América Latina, en particular para los precios de servicios y para las economías importadoras de combustibles.
Si bien el impacto inflacionario directo ha sido contenido hasta el momento, las presiones sobre los costos de energía y transporte añaden incertidumbre sobre la trayectoria futura. A ello se suma que un dólar estadounidense más débil ha atenuado parcialmente el traslado del tipo de cambio a precios, pero la relajación de la política monetaria global ha avanzado de forma gradual y el apetito por el riesgo de los inversores sigue siendo selectivo, manteniendo las condiciones financieras reales aún restrictivas.
El conflicto en Medio Oriente será, precisamente, uno de los temas centrales de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, previstas para la próxima semana en Washington. En ese marco, los bancos centrales de la región siguen en una trayectoria de relajación monetaria, aunque condicionada por estos riesgos externos.
Maloney reconoció además que la región arrastra problemas estructurales de larga data: baja productividad, déficit de formación de capital humano y escaso margen fiscal para emprender políticas de inversión pública de envergadura. «Son problemas a largo plazo a los que nos enfrentamos y que se remontan a hace un siglo», señaló el economista.
El BM llama a replantear la política industrial y apostar por reformas de fondo
Más allá del diagnóstico de corto plazo, el informe «Revisitando la política industrial» plantea un llamado de fondo a la región para repensar su estrategia de desarrollo. El BM sostiene que la frustración acumulada por el bajo crecimiento crónico ha devuelto la política industrial al centro del debate en múltiples países, y advierte que para que estas políticas sean efectivas no basta con intervenciones sectoriales aisladas.
El organismo recomienda un conjunto de medidas estructurales: cerrar las brechas de capital humano mediante educación y formación técnica, ampliar el acceso a financiamiento para facilitar la toma de riesgos en mercados más profundos, profundizar la integración comercial —incluyendo el potencial acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea— para insertar a las empresas en cadenas de valor globales, y fortalecer la capacidad institucional como condición habilitante de la competitividad.
«Para que América Latina y el Caribe aumente el crecimiento y diversifique sus economías, las políticas industriales o de productividad necesitan invertir en la base: habilidades, apertura e instituciones sólidas, las condiciones que permiten a las empresas asumir riesgos, innovar, competir y crecer», sostuvo Maloney.
El BM también destacó las fortalezas estratégicas con que cuenta la región para sostener ese proceso: alrededor del 50% de las reservas mundiales de litio, un tercio del cobre global, una matriz energética relativamente limpia y, en varios países, un creciente impulso reformador. Aprovechar esos activos requerirá, según el organismo, construir bases técnicas y empresariales orientadas a una competitividad sostenida.
«América Latina y el Caribe cuenta con los activos y la capacidad de reforma para lograr mucho más. La ambición central debe ser clara: crear empleos de calidad que impulsen el crecimiento y eleven la productividad», concluyó Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del BM para la región.



