El conflicto armado iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán está revelando una dimensión fiscal sin precedentes en la historia militar reciente de Washington. Funcionarios del Pentágono informaron esta semana, durante una sesión a puerta cerrada ante senadores estadounidenses, que solo los primeros seis días de operaciones militares le costaron al país al menos 11.300 millones de dólares. La cifra, adelantada por el diario The New York Times con base en tres fuentes familiarizadas con el encuentro, es todavía incompleta: no incorpora la totalidad de los costos operativos del inicio del conflicto, como el aumento de personal, municiones y recursos logísticos desplegados junto a Israel desde el primer día.

La magnitud del dato cobra mayor relieve al compararlo con estimaciones anteriores. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), institución independiente con sede en Washington, había calculado la semana pasada que el gasto estadounidense en las primeras 100 horas de guerra —equivalentes a los primeros cuatro días— ascendía a al menos 3.700 millones de dólares, lo que implicaba un ritmo de desembolso de aproximadamente 900 millones por día. La nueva cifra del Pentágono eleva ese ritmo a casi 1.900 millones de dólares diarios durante las seis jornadas iniciales, más del doble de lo que el CSIS había proyectado.

El arsenal consumido y el giro hacia municiones más baratas

Parte de ese gasto extraordinario se explica por el tipo de armamento utilizado. En la primera ronda de bombardeos, que incluyó ataques directos contra la cúpula de poder iraní, The New York Times y The Washington Post señalan que solo en los primeros dos días se gastaron 5.600 millones de dólares en municiones. Entre los sistemas empleados se destacó la bomba planeadora de precisión AGM-154, cuyo costo unitario supera los 836.000 dólares.

Ante ese ritmo de consumo insostenible, el Pentágono ha comunicado que planea migrar hacia municiones de menor costo en las operaciones subsiguientes. La decisión no es únicamente financiera: según informó el Washington Post citando a tres fuentes del sector defensa, Estados Unidos ha venido agotando con rapidez su inventario de interceptores aéreos y armas de precisión, hasta el punto de tener que seleccionar con mayor cautela sus objetivos. Se trata de una señal de alerta sobre las limitaciones operativas reales de una campaña que el propio presidente Donald Trump describió esta semana, durante un acto en Kentucky, como un conflicto que «ganamos», aunque aclaró que las fuerzas del país seguirán combatiendo para «terminar el trabajo».

La solicitud al Congreso: hasta 50.000 millones en juego

Más allá del gasto ya ejecutado, el panorama fiscal proyectado es significativamente más amplio. Diversas fuentes legislativas citadas por medios estadounidenses señalan que la Casa Blanca prepara una solicitud formal de fondos adicionales al Congreso. Las estimaciones de algunos funcionarios ubican esa petición en torno a los 50.000 millones de dólares, aunque otras fuentes advierten que esa cifra podría resultar incluso conservadora. El Gobierno de Trump no ha ofrecido hasta ahora ninguna evaluación pública del costo total del conflicto ni una estimación sobre su duración, lo que ha generado tensión con legisladores que reclaman mayor transparencia sobre el alcance financiero de la operación.

Un contador en tiempo real y la dimensión del gasto por segundo

Para dimensionar el ritmo del desembolso, herramientas de seguimiento civil del gasto militar —basadas en el costo operativo diario estimado por el propio Departamento de Defensa en alrededor de 1.000 millones de dólares— han comenzado a proyectar en tiempo real la evolución de la factura. Según ese cálculo, el costo acumulado tras casi doce días de operaciones roza los 11.870 millones de dólares, con un ritmo de gasto de aproximadamente 11.574 dólares por segundo, 41,6 millones por hora y 1.000 millones por día. A una semana, el acumulado proyectado alcanza los 7.000 millones; a doce días, cerca de 12.000 millones.

Estas herramientas no constituyen contabilidad oficial, sino estimaciones basadas en costos operativos preliminares. El gasto real solo podrá determinarse cuando el Ejecutivo presente ante el Congreso los informes presupuestarios completos, que incluirán reportes de gasto operativo, solicitudes suplementarias, auditorías internas y fondos de contingencia para operaciones en el extranjero.

El balance humano: bajas que agravan el debate sobre los costos reales

El conflicto no se mide únicamente en cifras presupuestarias. Las estimaciones preliminares sobre las consecuencias humanas del conflicto revelan un balance desigual pero gravoso. Del lado estadounidense, se reportan hasta ahora 7 integrantes de las fuerzas militares fallecidos y 140 heridos. En el bando iraní, las cifras son considerablemente mayores: más de 2.094 miembros de las fuerzas armadas muertos, entre ellos mandos y altos responsables militares, junto a 1.255 civiles fallecidos y más de 12.000 personas heridas. El conflicto, que se ha extendido al Líbano, ha causado la muerte de unas 2.000 personas en total, en su mayoría iraníes y libaneses.

Estos datos, recopilados a partir de fuentes militares y registros abiertos, son susceptibles de revisión a medida que avancen las verificaciones oficiales. En cualquier caso, la dimensión humana del conflicto suma presión política al debate ya encendido sobre los costos fiscales, especialmente entre miembros del Congreso preocupados por el agotamiento de las reservas militares estadounidenses en un momento en que la industria de defensa ya acusaba dificultades para satisfacer la demanda.

Un esfuerzo bélico sin hoja de ruta presupuestaria clara

Lo que el conjunto de datos revela es la ausencia de una hoja de ruta financiera transparente para un conflicto de consecuencias globales. Los mercados energéticos y el transporte a nivel mundial han acusado ya el impacto del caos generado por la extensión de las hostilidades. La falta de información oficial sobre la duración prevista de las operaciones y sobre el volumen total de gasto proyectado contrasta con la magnitud de los números que, gota a gota, se filtran desde las sesiones cerradas del Congreso. A un ritmo de casi 1.900 millones de dólares por día, cada jornada adicional de combate profundiza una ecuación fiscal que Washington aún no ha explicado con claridad ni a sus legisladores ni a la opinión pública.