Paramount Skydance Corp. (PSKY) tenía previsto cerrar esta semana la mayor operación de la historia de Hollywood: la compra de Warner Bros. Discovery Inc. (WBD) por unos US$110.000 millones. Sin embargo, una decisión judicial ha frenado en seco ese calendario y ha introducido una variable que puede costarle a la compañía miles de millones de dólares en concepto de demoras, además de poner en entredicho la viabilidad misma del acuerdo.

Una suspensión temporal con consecuencias millonarias

La jueza federal de distrito Araceli Martínez-Olguín, con sede en Oakland, California, accedió el lunes a la petición de una coalición de doce estados —encabezada por California— de suspender la fusión durante dos semanas. La magistrada consideró que la demanda antimonopolio presentada por los estados tiene, en sus propias palabras, «serias dudas sobre el fondo del asunto» que justifican una medida cautelar, y advirtió que permitir el cierre inmediato de la operación podría generar un daño competitivo difícil de revertir.

La decisión no zanja el litigio, pero marca el inicio de un proceso que podría prolongarse durante meses. El próximo 4 de agosto se celebrará una nueva vista en la que el tribunal decidirá si la suspensión se mantiene mientras avanza el juicio de fondo, para el cual los estados demandantes proponen una fecha en abril de 2027. Paramount, por su parte, no ha planteado todavía una alternativa de calendario.

El costo de cada día de retraso

El factor tiempo se ha convertido en el principal adversario de Paramount. Según los términos del acuerdo de fusión, si la operación no se cierra antes de finales de septiembre, la compañía deberá pagar a los accionistas de Warner Bros. una penalización diaria cercana a los US$7 millones. Si el litigio se extendiera hasta la fecha de juicio propuesta por los estados, esos recargos acumulados podrían superar los US$1.000 millones, una cifra que se sumaría a un balance ya marcado por un alto nivel de endeudamiento.

El escenario se agrava si la fusión terminara siendo bloqueada de forma definitiva: en ese caso, Paramount tendría que abonar a Warner Bros. una compensación de aproximadamente US$7.000 millones, conforme a las cláusulas de ruptura pactadas entre ambas partes. Analistas del sector, como Craig Huber, de Huber Research Partners, coinciden en que cualquier demora «no es, desde luego, buena para Paramount» y representa «dinero que la compañía no puede permitirse».

Los argumentos antimonopolio de los estados

La demanda presentada el 13 de julio por la coalición de doce estados sostiene que la fusión concentraría de manera excesiva dos segmentos clave de la industria del entretenimiento. Según los cálculos de los demandantes, la empresa resultante controlaría más del 27% del mercado de distribución cinematográfica en salas y más del 30% del segmento de las llamadas películas de gran presupuesto o éxitos de taquilla previstos. Tras la operación, solo cuatro compañías —la nueva entidad, Walt Disney Co. (DIS), Universal y Sony Pictures Entertainment— concentrarían más del 90% de ese mercado.

Los estados también advierten sobre el impacto en la concesión de licencias de televisión por cable, al fusionarse el segundo y el tercer operador más importantes del sector. La combinación de más de cincuenta canales —entre ellos CNN, CBS y HBO Max, que abarcan noticias, deportes, entretenimiento general y contenido infantil— otorgaría a la compañía resultante en torno al 34% de la audiencia televisiva por cable.

La defensa de Paramount

Paramount ha rechazado de forma tajante los argumentos de los fiscales estatales. En un comunicado emitido tras conocerse la suspensión, la compañía afirmó que las pruebas demostrarán que los supuestos mercados descritos en la demanda «no tienen base alguna en las realidades del mercado actual» y defendió que la fusión «es legal, favorece la competencia y beneficiará a los consumidores, a los creadores, a los trabajadores y a la industria del entretenimiento». La empresa ya cuenta con la aprobación del Departamento de Justicia de Estados Unidos y espera además el visto bueno de las autoridades europeas.

Makan Delrahim, director jurídico de Paramount, aseguró que la compañía ha intentado en repetidas ocasiones negociar con California y que ha remitido a la oficina del fiscal general Rob Bonta una lista de compromisos correctivos, entre ellos el estreno de treinta películas al año en salas de cine y un aumento de la producción televisiva. Bonta, sin embargo, ha manifestado públicamente su preferencia por soluciones estructurales —como la desinversión de determinados activos— frente a simples compromisos contractuales. Delrahim ha respondido que Paramount está «abierta a todas las conversaciones legítimas» y que «nada queda descartado», incluida eventualmente la venta de activos como CNN.

Una operación que redefine el mapa mediático

El acuerdo, cerrado en febrero tras una intensa puja que dejó fuera a Netflix Inc. (NFLX), uniría a dos de los estudios más emblemáticos de Hollywood, responsables de sagas como Harry Potter y Misión Imposible, además de poner bajo un mismo techo a las cadenas de noticias CNN y CBS, el servicio de streaming HBO Max y decenas de canales de cable. Paramount defiende que la combinación es necesaria para competir con gigantes tecnológicos como Netflix, Apple Inc. (AAPL) y YouTube, de Alphabet Inc. (GOOGL), y ha prometido ahorros de costos por unos US$6.000 millones anuales, además de sinergias entre Paramount+ y HBO Max.

El respaldo financiero de los Ellison

La presión financiera que enfrenta Paramount no es menor. La compañía está obligada, según el propio acuerdo de fusión, a defender la operación en los tribunales hasta junio de 2027. En un escenario de bloqueo definitivo o de retrasos prolongados, el director ejecutivo David Ellison podría verse obligado nuevamente a recurrir al respaldo financiero de su padre, Larry Ellison, cofundador de Oracle Corp. (ORCL), cuya fortuna ha sido determinante para sostener la ambición de Paramount Skydance en esta disputa.

Un desenlace incierto

Con la vista del 4 de agosto como próximo hito y un eventual juicio que podría no resolverse antes de 2027, la incertidumbre sobre el futuro de la mayor fusión en la historia de Hollywood es máxima. Lo que en febrero se presentó como una operación destinada a redibujar el panorama del entretenimiento global enfrenta ahora un examen judicial que pondrá a prueba tanto los límites de la legislación antimonopolio estadounidense como la capacidad financiera de Paramount para sostener una espera que, literalmente, se paga por días.