Ochenta millones de personas de 15 años o más trabajan en el servicio doméstico en el mundo, según el nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la situación del sector, publicado a quince años de la adopción del Convenio 189. Son casi cinco millones más que en 2019, cuando se contabilizaban 75,6 millones. El sector representa el 2,2% del empleo total y el 4,4% del empleo asalariado a escala global.

El dato central es la informalidad. Cuatro de cada cinco trabajadoras y trabajadores domésticos, un 83,1% del total, no cuentan con una protección laboral y social efectiva. Son 66,5 millones de personas, 5,1 millones más que en 2019. La OIT matiza que la proporción de informales bajó o se mantuvo estable en 91 de los 140 países con datos comparables. El aumento global responde sobre todo a que el empleo doméstico se concentra cada vez más en países donde la informalidad ya era elevada.

Paraguay, en el podio de la dependencia del empleo doméstico

Entre los países de América relevados por la OIT, con cifras de 2025 o del último año disponible, Paraguay ocupa el segundo lugar en peso del trabajo doméstico dentro del empleo total: 7,6%. Solo lo supera Trinidad y Tobago, con 8,4%. Le siguen Colombia (6,9%), Argentina (6,4%) y República Dominicana (6,3%).

El contraste con otras economías es marcado. Brasil y El Salvador registran 5,6%, Costa Rica y Uruguay 5,2%, México 4,0% y Perú 2,1%. En Canadá la proporción es de 4,3% y en Estados Unidos apenas llega al 0,4%.

Paraguay figura entonces entre las economías donde el empleo doméstico pesa más, por encima de varios de sus socios del Mercosur. Esto tiene una lectura económica directa. Una porción considerable de la fuerza laboral depende de un sector donde, según el patrón regional, predominan los ingresos bajos, los contratos informales y la escasa cobertura de seguridad social.

América Latina: 14,6 millones de trabajadores y tres de cada cuatro en la informalidad

América Latina y el Caribe reúne 14,6 millones de trabajadores domésticos, el 18,2% del total mundial. Más de tres de cada cuatro estaban en la informalidad en 2025. El sector equivale al 4,7% del empleo total de la región y al 7,5% del empleo asalariado.

La OIT advierte que la reducción de la informalidad en los países con pocos trabajadores domésticos no alcanzó para compensar los aumentos y las tasas superiores al promedio de las naciones donde el sector es más numeroso. En otras palabras, los avances en economías pequeñas quedan diluidos por lo que ocurre en las grandes.

El perfil es marcadamente femenino. Las mujeres son el 88,6% de los trabajadores domésticos de la región, frente al 86,7% en el conjunto de las Américas. Entre las latinoamericanas y caribeñas, el trabajo doméstico representa el 10,1% del empleo total y el 15,2% del empleo asalariado. Es decir, una de cada diez mujeres ocupadas en la región trabaja en hogares ajenos.

Ingresos rezagados y brecha que se amplía

Los trabajadores domésticos perciben, en promedio, apenas el 53,3% del salario mensual medio de los demás asalariados. La cifra cae al 48,7% entre quienes están en la informalidad. Por género, las mujeres del sector ganan alrededor del 48% de ese referente, mientras que los hombres llegan al 65,8%.

La brecha además se profundizó. En 2019 el ingreso del sector equivalía al 56,4% del salario medio de otros asalariados. La mejora de la cobertura y el empleo no se tradujo en una mejora de la remuneración relativa, un indicador que importa para el consumo de los hogares y la lucha contra la pobreza.

Jornadas largas, subempleo y trabajo fragmentado

El 35,2% de los trabajadores domésticos cumple al menos 49 horas semanales, y un 14,6% trabaja 60 horas o más. A la vez, es más probable que este grupo tenga jornadas cortas que el resto de los asalariados, ya sea por subempleo o porque reparte su tiempo entre varios hogares. Los informales son los más expuestos a ambos extremos: jornadas muy cortas o excesivamente largas.

Esta combinación tiene costo económico. Las horas insuficientes limitan el ingreso, y la fragmentación entre empleadores dificulta el registro, el aporte a la seguridad social y el acceso a beneficios como jubilación o cobertura de salud.

Un convenio vigente con pocas ratificaciones

El Convenio 189 de la OIT, que busca proteger a quienes trabajan en tareas domésticas, está en vigor, pero su adopción formal ha sido limitada. Solo cuarenta países lo han ratificado, cerca de la mitad de ellos latinoamericanos. España se sumó en 2023.

Por regiones, Asia y el Pacífico concentra casi la mitad del empleo doméstico mundial (40,2 millones). África registró el mayor aumento entre 2019 y 2025, con 4,2 millones de personas más, y allí el 93% tiene empleo informal. En los países árabes la informalidad es prácticamente universal. Europa y Asia Central tienen la tasa más baja, aunque aun allí uno de cada tres trabajadores domésticos es informal.

Qué propone la OIT para formalizar el sector

El organismo plantea una agenda amplia para los gobiernos:

  • Estrategias específicas de formalización y procedimientos de registro accesibles.
  • Protección social efectiva, salarios mínimos que se cumplan y avances hacia salarios vitales.
  • Protección en materia de tiempo de trabajo.
  • Inversión en empleos decentes en el sector de los cuidados y reconocimiento de las competencias.
  • Mayor cumplimiento y aplicación más rigurosa de la legislación.
  • Diálogo social y negociación colectiva.

Patrick Belser, jefe del departamento de trabajo informal de la OIT, resumió el desafío al señalar que no se puede afirmar que se valoran los cuidados mientras se siga infravalorando a quienes los prestan.

Una cuestión económica y también de desarrollo

La OIT sostiene que los cambios demográficos, la migración y la transformación digital intensificarán las necesidades de cuidados. Garantizar trabajo decente en este sector será clave para la igualdad de género, para sistemas de cuidados sostenibles y para la justicia social.

Para Paraguay, con uno de los porcentajes más altos de empleo doméstico del continente, el desafío tiene peso propio. Formalizar el sector implica ampliar la base de aportantes a la seguridad social, mejorar ingresos de miles de hogares y reducir una de las brechas laborales más persistentes de la región. Los datos de la OIT muestran que el problema es regional y global, y que hasta ahora la tendencia no ha mejorado de forma significativa.