El fenómeno de El Niño podría convertirse en uno de los principales riesgos para la economía mundial durante los próximos años. Oxford Economics estima que, bajo un escenario de estrés climático severo, las pérdidas acumuladas para el producto interno bruto (PIB) mundial alcanzarían aproximadamente US$9,67 billones entre 2027 y 2029, en un contexto en el que el fenómeno podría fortalecerse entre octubre y diciembre de 2026.
La estimación no contempla únicamente los efectos directos de El Niño, sino una combinación más amplia de eventos climáticos extremos, tanto húmedos como secos, capaces de amplificar sus consecuencias sobre la producción, los precios, la infraestructura, el comercio y las condiciones financieras. De acuerdo con la consultora, las economías de ingresos bajos y medios de Asia y África serían particularmente vulnerables, aunque los efectos podrían extenderse al resto del mundo mediante las cadenas globales de suministro y los mercados internacionales.
El riesgo adquiere una dimensión económica porque El Niño puede actuar como un shock exógeno por el lado de la oferta agregada. Las alteraciones climáticas modifican las condiciones de producción de alimentos y energía, afectan la disponibilidad de determinados bienes y pueden interrumpir el funcionamiento normal de infraestructuras y cadenas logísticas. En consecuencia, un fenómeno climático localizado puede terminar generando efectos sobre variables como el crecimiento, la inflación, el empleo, la inversión y las finanzas públicas.
Un fenómeno climático con consecuencias macroeconómicas
El Niño se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, especialmente en su zona central y oriental, y sus efectos varían de acuerdo con la región. El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos y Oxford Economics advierten que un episodio intenso puede generar sequías severas en Australia, Indonesia y partes del sur de Asia, fuertes precipitaciones en Perú, Chile y Ecuador, además de tormentas invernales en el sur de Estados Unidos.
Desde el punto de vista económico, estas alteraciones representan un shock de oferta porque afectan directamente la capacidad de las economías para producir determinados bienes y servicios. Una sequía puede reducir las cosechas o limitar la generación hidroeléctrica; una inundación puede destruir infraestructura y detener actividades productivas; mientras que una alteración de las condiciones marítimas puede afectar la pesca y el transporte.
Investigaciones anteriores han identificado efectos relevantes de El Niño sobre la actividad económica. Un estudio de Brunner (2002), citado en el material de referencia, estimó que el fenómeno puede reducir el crecimiento económico entre 10% y 20% e inducir aumentos de entre 3% y 4% en la inflación en los países del G-7. Estos resultados corresponden al contexto y a la metodología de dicha investigación y no constituyen una proyección automática para el próximo episodio de El Niño, pero ilustran la capacidad del fenómeno para generar perturbaciones macroeconómicas.
El mecanismo resulta particularmente complejo porque una disminución de la oferta puede producir simultáneamente menor actividad económica y mayores precios. Es decir, las economías pueden enfrentar una combinación de menor crecimiento y presiones inflacionarias precisamente cuando los gobiernos necesitan aumentar el gasto para responder a los daños.
Alimentos más caros y mayor presión sobre los consumidores
Uno de los primeros canales de transmisión del fenómeno será el mercado de alimentos. Las sequías, inundaciones y temperaturas extremas pueden reducir la producción agrícola y afectar las actividades pesqueras, provocando una disminución de la oferta disponible en determinados mercados.
El impacto será mayor en aquellos países que combinen una producción interna vulnerable con una elevada dependencia de las importaciones. Si las condiciones climáticas reducen simultáneamente la producción doméstica y la disponibilidad internacional de determinados productos, los precios pueden aumentar y trasladarse rápidamente a los consumidores.
La pesca también puede verse afectada, particularmente en Perú y Ecuador. El calentamiento de las aguas asociado con El Niño puede alterar el afloramiento de nutrientes y modificar las condiciones que sostienen determinadas especies, con consecuencias sobre las capturas, el empleo y las exportaciones vinculadas con la actividad pesquera.
Los gobiernos pueden intentar contener el impacto mediante subsidios, transferencias u otras medidas de protección para los consumidores. Sin embargo, estas respuestas tienen un costo fiscal y pueden coincidir con un momento en el que las cuentas públicas también deben afrontar los gastos derivados de daños a infraestructura y reconstrucción.
La generación de energía queda expuesta a las sequías
El sector energético constituye otro de los principales puntos de vulnerabilidad. Las sequías asociadas con El Niño pueden reducir el caudal de los ríos y afectar la generación hidroeléctrica en economías que dependen significativamente de esta fuente, como Colombia.
La reducción de la disponibilidad de agua puede obligar a compensar una menor generación hidroeléctrica mediante otras fuentes, elevando potencialmente los costos de producción. Esto puede trasladarse a los hogares y las empresas y convertirse en una nueva fuente de presión sobre la inflación.
El riesgo tampoco se limita a la hidroelectricidad. Oxford Economics señala que las sequías y las temperaturas elevadas pueden afectar la operación de algunas plantas nucleares debido a los límites establecidos para evitar niveles excesivos de contaminación térmica. Las restricciones sobre la generación eléctrica pueden, por tanto, aparecer en diferentes sistemas energéticos y no únicamente en aquellos directamente dependientes de los recursos hídricos.
La combinación de energía más costosa, alimentos más caros y mayores costos de transporte puede generar un escenario particularmente complejo para las empresas, que enfrentarían un incremento de sus costos precisamente cuando la actividad económica podría estar perdiendo dinamismo.
Infraestructura y comercio internacional enfrentan nuevos riesgos
Los efectos de El Niño también pueden propagarse a través del comercio internacional. Las inundaciones, los deslizamientos de tierra y las marejadas pueden dañar carreteras, puertos y otras infraestructuras críticas, interrumpiendo el movimiento de mercancías y afectando las cadenas de suministro.
El Canal de Panamá constituye uno de los ejemplos más claros de cómo un fenómeno climático puede adquirir relevancia para el comercio mundial. Durante 2023 y 2024, una sequía récord redujo los niveles de agua de la principal fuente que abastece al canal y obligó a disminuir el número de tránsitos diarios de buques hasta en 40%.
Un episodio de características similares, pero extendido a una mayor cantidad de centros productivos y rutas comerciales, podría aumentar los costos de transporte, generar retrasos en las entregas y provocar nuevos cuellos de botella en las cadenas internacionales de suministro.
El problema no se limita a la mercancía que deja de llegar a un determinado destino. Cuando una empresa no recibe a tiempo materias primas, componentes o productos intermedios, también puede reducir o detener su propia producción. De esta manera, una interrupción logística puede multiplicarse a través de diferentes sectores y países.
La reconstrucción puede desplazar inversiones de largo plazo
Los efectos económicos más persistentes pueden aparecer una vez superado el episodio climático. Los daños provocados sobre viviendas, carreteras, redes eléctricas, instalaciones productivas y otras infraestructuras obligan a gobiernos y empresas a destinar recursos a la reconstrucción.
El costo económico no está únicamente en reparar lo destruido, sino también en aquello que deja de hacerse. Cuando los recursos públicos son limitados, la necesidad de reconstruir puede desplazar inversiones previstas en educación, tecnología, infraestructura productiva u otros proyectos destinados a elevar la capacidad de crecimiento de la economía.
Oxford Economics señala el caso de Perú, que utilizó disposiciones de escape de su regla fiscal y aumentó el gasto público para hacer frente a los daños y las necesidades de reconstrucción vinculadas con El Niño.
Para los gobiernos con poco margen fiscal, la respuesta puede implicar una combinación de recortes de gasto, mayores impuestos y aumento del endeudamiento. Esto introduce una nueva tensión: el Estado debe gastar más para responder a la emergencia mientras sus ingresos pueden verse afectados por una menor actividad económica.
El impacto puede trasladarse al crédito y los seguros
El sistema financiero tampoco queda al margen de los efectos de un episodio climático severo. Los hogares y las empresas afectados pueden sufrir pérdidas de ingresos, daños patrimoniales e interrupciones de sus operaciones, reduciendo su capacidad para cumplir con sus obligaciones financieras y elevando potencialmente los préstamos morosos.
Las aseguradoras, por su parte, pueden absorber una parte de las pérdidas, pero una sucesión de eventos extremos puede incrementar sus costos. Oxford Economics advierte que después de fenómenos graves las primas pueden aumentar y la cobertura puede volverse menos disponible.
Esto puede generar un círculo particularmente adverso para la recuperación económica. Cuando empresas y hogares necesitan financiamiento y cobertura para reconstruir, reparar activos o reanudar sus operaciones, pueden encontrarse con un crédito más restrictivo y seguros más costosos.
El endurecimiento de las condiciones financieras también puede reducir la inversión privada, prolongando los efectos económicos de un fenómeno que inicialmente se manifestó como un shock climático.
Salud y productividad también forman parte del costo económico
El impacto de El Niño puede extenderse al mercado laboral a través de sus consecuencias sobre la salud. Las sequías pueden favorecer incendios forestales y aumentar la exposición de la población al humo, mientras que otros fenómenos extremos pueden contribuir al aumento de determinadas enfermedades.
Una mayor incidencia de problemas de salud puede reducir la disponibilidad de trabajadores y afectar la productividad. Para las empresas, esto puede significar mayores costos y menor capacidad productiva, mientras que para las economías representa una reducción potencial de su oferta de trabajo.
Este componente es particularmente relevante porque sus efectos pueden prolongarse después de que termine el fenómeno climático. Las pérdidas económicas no necesariamente desaparecen cuando concluye una sequía o deja de llover con intensidad: el deterioro de la salud, la productividad, la infraestructura y la inversión puede dejar efectos persistentes sobre el crecimiento.
Agricultura, pesca, construcción y turismo tendrán impactos diferentes
El impacto sectorial de El Niño no será uniforme. En la agricultura, las condiciones climáticas pueden provocar tanto aumentos como reducciones de la producción dependiendo del país, la región y el tipo de cultivo. Las variaciones en la oferta se reflejarán posteriormente en los precios de los alimentos y en los ingresos de los productores.
En la industria pesquera, particularmente en países como Perú y Ecuador, las modificaciones de la temperatura del océano pueden alterar las condiciones de captura y afectar tanto la producción como las exportaciones. En el sector energético, los cambios en los patrones de lluvia pueden modificar la disponibilidad de agua para la generación hidroeléctrica.
La construcción presenta una dinámica distinta, ya que los daños provocados por inundaciones, sequías y otros fenómenos pueden destruir infraestructura y viviendas, pero posteriormente generar un incremento de la demanda de materiales, maquinaria y servicios asociados con la reconstrucción. El turismo, por su parte, puede sufrir por daños en infraestructura, interrupciones del transporte y alteraciones de las condiciones que determinan la llegada de visitantes.
La magnitud final de estos efectos dependerá de la intensidad del fenómeno y de la capacidad de cada economía para responder. La misma perturbación climática puede generar consecuencias muy diferentes en un país con infraestructura resistente, reservas fiscales y sistemas de seguros desarrollados frente a otro con menor capacidad de prevención y respuesta.
Asia y África concentran una parte importante de la vulnerabilidad
Oxford Economics identifica a las economías de ingresos bajos y medios de Asia y África como particularmente vulnerables al escenario de estrés analizado. La exposición no depende exclusivamente de la intensidad del fenómeno, sino también de la estructura económica y de la capacidad institucional para absorber sus consecuencias.
Las economías con una alta participación de la agricultura, dependencia de la generación hidroeléctrica o limitada capacidad fiscal pueden enfrentar mayores dificultades para amortiguar el impacto. En estos casos, una pérdida inicial de producción puede convertirse en un problema más amplio cuando se combina con inflación, deterioro de las cuentas públicas y restricciones financieras.
Sin embargo, el riesgo no queda circunscrito a estas regiones. La integración de las cadenas globales de suministro significa que una interrupción en la producción o el transporte de una determinada zona puede terminar afectando a empresas y consumidores de otras partes del mundo mediante mayores precios, retrasos y escasez de determinados productos.
US$9,67 billones reflejan la dimensión potencial del riesgo
La estimación de US$9,67 billones en pérdidas acumuladas para el PIB mundial entre 2027 y 2029 representa la dimensión potencial del escenario de estrés planteado por Oxford Economics. No se trata de una pérdida inevitable ni de una predicción puntual sobre el comportamiento futuro de la economía mundial, sino de una estimación condicionada a un escenario climático severo.
La cifra parte de la posibilidad de que El Niño se fortalezca entre octubre y diciembre de 2026 y contempla, además de sus efectos directos, una combinación más amplia de eventos extremos húmedos y secos. Por ello, el resultado final dependerá de la intensidad, duración y distribución geográfica de los fenómenos, así como de la capacidad de respuesta de gobiernos, empresas y sistemas financieros.
La magnitud de la estimación, no obstante, evidencia que el riesgo climático ya no puede analizarse como un fenómeno aislado del desempeño económico. Cuando una alteración meteorológica afecta simultáneamente la producción agrícola, la generación de energía, la infraestructura, el comercio y las condiciones financieras, sus consecuencias pueden acumularse y reducir el crecimiento durante varios años.
La prevención se convierte en una herramienta de política económica
El eventual fortalecimiento de El Niño plantea un desafío que trasciende la gestión de emergencias. Para las economías, la preparación ante fenómenos climáticos extremos también es una cuestión de política fiscal, energética, financiera y productiva.
La inversión en infraestructura resistente, la diversificación de las fuentes de generación eléctrica, una gestión adecuada de los recursos hídricos, sistemas de seguros capaces de absorber pérdidas y mecanismos fiscales que permitan responder a emergencias pueden reducir el impacto de futuros shocks.
El objetivo no consiste únicamente en disminuir los daños inmediatos, sino en evitar que un episodio climático temporal genere consecuencias permanentes sobre la capacidad productiva. Si la reconstrucción desplaza inversiones, el crédito se encarece, los seguros se restringen, la productividad laboral disminuye y los precios permanecen elevados, un fenómeno climático puede terminar dejando una cicatriz sobre el crecimiento potencial.
El Niño, en ese sentido, representa mucho más que un fenómeno meteorológico. Su capacidad para alterar la oferta de alimentos y energía, interrumpir el comercio, deteriorar las finanzas públicas, elevar los riesgos financieros y afectar la productividad convierte al clima en una variable cada vez más relevante para la estabilidad macroeconómica.
La proyección de Oxford Economics de hasta US$9,67 billones en pérdidas acumuladas del PIB mundial entre 2027 y 2029 pone una magnitud concreta sobre ese riesgo. El desafío para la economía mundial será evitar que un shock climático se transforme en un problema prolongado de menor crecimiento, mayor inflación, menor inversión y pérdida de productividad.




