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lunes, agosto 31, 2026

CEPAL: la economía paraguaya creció 6,6% en 2025 y proyecta una desaceleración hacia el 4,3% en 2026

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El Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026 registra a Paraguay entre las economías de mayor expansión del continente, impulsada por el sector agropecuario, y describe además el comportamiento del guaraní, las reservas internacionales y las remesas, junto con los desafíos de productividad asociados a la informalidad laboral del país

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó su Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026, un documento que este año centra buena parte de su análisis en la relación entre el crecimiento, la productividad y la elevada informalidad laboral que caracteriza a las economías de la región. Dentro de ese panorama, Paraguay aparece mencionado en varios de los indicadores analizados: fue una de las cuatro economías de todo el continente que en 2025 se expandió por encima del 5%, un desempeño que el organismo atribuye principalmente al dinamismo del sector agropecuario.

Según las cifras del organismo con sede en Santiago de Chile, el producto interno bruto (PIB) paraguayo creció un 6,6% en 2025, muy por encima del promedio de América del Sur (2,9%) y del conjunto de América Latina y el Caribe (2,4%). Solo Guyana, impulsada por su sector petrolero, Venezuela, en un proceso de recuperación desde niveles muy bajos de actividad, y Antigua y Barbuda, favorecida por el repunte del turismo, mostraron una expansión igual o superior en toda la región.

Una desaceleración esperada, pero con crecimiento aún por encima del promedio regional

Pese al fuerte desempeño de 2025, la CEPAL proyecta que la economía paraguaya moderará su ritmo de expansión en los próximos dos años. El organismo estima un crecimiento del 4,3% para 2026 y del 4,0% para 2027, cifras que, si bien representan una desaceleración respecto al año anterior, continuarían ubicando a Paraguay entre las economías más dinámicas de América del Sur, muy por encima de vecinos como Brasil (2,2% en ambos años), Uruguay (1,5% y 2,2%) o Chile (1,6% y 2,2%).

El informe explica que las proyecciones regionales para el bienio 2026-2027 se enmarcan en un contexto internacional más complejo, caracterizado por un menor crecimiento de la economía mundial, una elevada incertidumbre geopolítica y financiera, y mayores presiones sobre los mercados internacionales de energía. La CEPAL estima que el conjunto de América Latina y el Caribe crecerá un 2,2% en 2026, tras el 2,4% registrado en 2025, para luego repuntar levemente a un 2,5% en 2027. En ese contexto de moderación generalizada, Paraguay se mantendría como una de las economías con mayor capacidad de expansión de la región, junto con Argentina, Venezuela y Guyana.

El guaraní, entre las pocas monedas que se apreciaron frente al dólar

Uno de los datos que el estudio resalta sobre Paraguay tiene que ver con el comportamiento cambiario. En un año en que el dólar recuperó su papel de activo de refugio y ejerció presión depreciatoria sobre la mayoría de las monedas de régimen flexible de la región, Paraguay figuró entre las pocas excepciones, junto con Brasil, Costa Rica y México, cuyas monedas se apreciaron por razones propias de cada economía. En el caso paraguayo, la CEPAL atribuye esa apreciación a la liquidación de divisas por parte del sector agroexportador, un factor que refleja precisamente el buen momento que atraviesa el campo paraguayo y su peso en la generación de ingresos externos.

Un programa activo de acumulación de reservas internacionales

El estudio también menciona a Paraguay entre los países cuyo banco central estableció programas orientados específicamente a la acumulación de reservas internacionales, en la misma línea que Chile. Esta política se suma a otros factores orgánicos que explican el aumento de reservas en la región, como el crecimiento de las exportaciones, el turismo, las inversiones extranjeras y las remesas. Las reservas internacionales del conjunto de América Latina y el Caribe alcanzaron los 953.407 millones de dólares al cierre de 2025, con un comportamiento contracíclico: tras ser utilizadas para contener la volatilidad cambiaria en marzo de 2026, los bancos centrales de la región retomaron su acumulación a partir de abril.

Las remesas hacia Paraguay, entre las de mayor crecimiento de Sudamérica

Otro de los indicadores en los que Paraguay aparece mencionado de forma destacada es el de las remesas familiares. Mientras que a nivel regional estos flujos crecieron un 6,7% interanual en 2025 —por encima del 6% registrado en 2024—, en América del Sur sobresalieron especialmente Paraguay, con un incremento del 34%, y Ecuador, con un 18%. Se trata de tasas de crecimiento muy superiores al promedio sudamericano, lo que confirma la creciente relevancia de estos ingresos de divisas para la economía paraguaya, en un contexto en el que la CEPAL advierte que la capacidad de las remesas para actuar como mecanismo compensatorio frente al déficit de cuenta corriente podría verse más acotada durante 2026 debido a restricciones migratorias y a una menor resiliencia del mercado laboral estadounidense.

El desafío estructural: alta informalidad y bajas ganancias de productividad

Más allá del buen desempeño coyuntural, el segundo capítulo del Estudio Económico —dedicado específicamente a analizar la relación entre crecimiento, productividad e informalidad en la región— deja en evidencia algunas de las debilidades estructurales de la economía paraguaya. De acuerdo con los datos presentados por la CEPAL, la tasa de informalidad en Paraguay, medida como la participación de los trabajadores por cuenta propia en el empleo total, se ubicó en un 41,2% en 2025. Aunque esta cifra representa una mejora considerable frente al 57,0% registrado en 1993, sigue siendo una de las más altas entre los diez países analizados en el estudio, solo por debajo de Perú (51,3%) y Bolivia (66,3%).

El informe profundiza además en un análisis técnico sobre la denominada «ley de Verdoorn», que mide la relación de largo plazo entre el crecimiento del producto y el crecimiento de la productividad laboral, tanto en el sector formal como en el informal de cada economía. Para Paraguay, el coeficiente estimado en el sector formal es de apenas 0,27, uno de los más bajos de la muestra, frente a un 0,45 en el sector informal. Según explica la CEPAL, esta diferencia da cuenta de un patrón de crecimiento marcadamente extensivo en el país: el empleo del sector formal paraguayo se triplicó en tres décadas, pero ese proceso no vino acompañado de mejoras sostenidas de productividad, que prácticamente no crecieron durante ese período.

El organismo ubica a Paraguay, junto con Bolivia y Guatemala, dentro del patrón que denomina de «bajo desempeño del sector formal y de mayor elasticidad en el sector informal». Según el estudio, este resultado no debe interpretarse como una fortaleza intrínseca de la informalidad, sino como reflejo de la debilidad del sector formal paraguayo para convertir la expansión del producto y la absorción de empleo en ganancias sostenidas de eficiencia.

Un mensaje de fondo para toda la región

El Estudio Económico de la CEPAL plantea que, más allá de las diferencias entre países, la región en su conjunto enfrenta una «trampa de baja capacidad para crecer»: de confirmarse las proyecciones para 2027, América Latina y el Caribe completaría cinco años consecutivos con un crecimiento promedio de apenas un 2,3%, una tasa que el organismo considera insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo o ampliar los espacios de política económica.

En ese contexto regional de crecimiento moderado y persistente informalidad, el caso paraguayo combina ambos elementos del diagnóstico de la CEPAL: por un lado, una expansión del PIB superior al promedio de la región, sostenida por el sector agroexportador, un comportamiento cambiario favorable y una política activa de acumulación de reservas; por otro, según los propios datos del organismo, un mercado laboral que mantiene niveles de informalidad relativamente altos y en el que el sector formal muestra, hasta ahora, una capacidad limitada para traducir el crecimiento del producto en ganancias sostenidas de productividad.

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