El colapso de un glaciar el 26 de agosto de 2025 desencadenó una inundación repentina que devastó los valles de los ríos Bhote Koshi y Trishuli, en Nepal, cerca de la frontera con China. Las autoridades confirmaron inicialmente al menos 489 muertes, cifra que reportes posteriores situaron en 469 fallecidos confirmados, mientras la cifra de desaparecidos escaló hasta cerca de 1.500 personas entre Nepal y China, entre ellas turistas de India, Malasia, Australia, el Reino Unido y Estados Unidos. El fenómeno arrastró rocas, lodo y agua con una violencia inusual: los niveles del río llegaron a subir hasta nueve metros en apenas 30 minutos tras el colapso inicial, arrasando carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y pueblos enteros. Nepal no es ajeno a los desastres naturales por su ubicación en el Himalaya, una región propensa a terremotos, deslizamientos y crecidas súbitas, pero la magnitud de este episodio ha obligado a las autoridades a activar de inmediato mecanismos de ayuda internacional y financiamiento multilateral.
El costo de la reconstrucción: una cifra que crece hora a hora
Binod Chaudhary, el único multimillonario del país y presidente del Chaudhary Group —un conglomerado con operaciones en 12 sectores que van de la alimentación y las telecomunicaciones a la infraestructura y la banca—, estimó que la reconstrucción de la infraestructura destruida podría costar al menos 5.000 millones de dólares, según recogió Bloomberg. El ministro de Finanzas de Nepal, Wagle, respaldó esa preocupación al señalar que el total de daños y pérdidas, una vez cuantificado en aproximadamente una semana, podría ascender a varios miles de millones de dólares, calificando las estimaciones preliminares de «preocupantes». La cifra no es menor para una economía valorada en unos 45.000 millones de dólares según el propio gobierno nepalí —o 49.000 millones de dólares según otras mediciones del PIB—, lo que implica que el costo de reconstrucción podría equivaler a más del 10% de la producción anual del país. Como referencia histórica, el terremoto de 2015 causó casi 9.000 muertes y obligó a Nepal a sostener un programa de reconstrucción plurianual con un costo también de miles de millones de dólares, un antecedente que anticipa la complejidad y duración del proceso que ahora comienza.
Las empresas que se perfilan como beneficiarias
Desde una perspectiva de mercados, la reconstrucción abre una ventana de oportunidad para empresas de ingeniería y construcción con experiencia en el Himalaya y el sur de Asia. La firma de investigación MarketResearchFuture identifica a AECOM (NYSE: ACM), con una capitalización de mercado de aproximadamente 8.500 millones de dólares, y Fluor (NYSE: FLR), con una capitalización cercana a los 7.000 millones de dólares, como actores activos en la reconstrucción post-desastre en Asia-Pacífico, región que concentra el 42,1% del mercado mundial de construcción de infraestructuras. Para dimensionar la relevancia de un eventual contrato: AECOM registró una cartera de pedidos de aproximadamente 21.000 millones de dólares en su trimestre más reciente, y la de Fluor rondó los 27.000 millones de dólares, por lo que los 5.000 millones de dólares estimados para Nepal representarían cerca del 24% y el 19% de sus respectivas carteras. Se trata de un impacto significativo si se materializa, aunque condicionado a plazos de contratación multilateral que podrían extenderse entre 6 y 12 meses. Larsen & Toubro, empresa india especializada en ingeniería, procura y construcción (EPC), aparece como la opción con exposición contractual más directa por su sede regional y sus relaciones consolidadas en el sur de Asia, mientras que AECOM y Fluor representan apuestas de más largo plazo. Un factor que podría limitar el acceso de contratistas occidentales es el corte del paso fronterizo de Gyirong, vinculado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, cuya reconstrucción probablemente quedará en manos de empresas de ingeniería estatales chinas. Con todo, en el resto del territorio nepalés los contratos deberían canalizarse principalmente a través de organismos multilaterales de desarrollo, como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, antes que mediante licitaciones comerciales directas. Un exdirector ejecutivo de la Autoridad Nacional de Reconstrucción de Nepal resumió el desafío a Reuters: «la escala de los daños es tan grande que es como una apuesta acumulada, no podemos imaginarlo».
La ayuda internacional ya está en marcha
El Banco Mundial comprometió al menos el 10% de los fondos no utilizados de otros proyectos para cubrir necesidades humanitarias, lo que equivale a aproximadamente 160 millones de dólares, mientras que el Banco Asiático de Desarrollo se comprometió a aportar 5 millones de dólares en ayuda inmediata. India, por su parte, entregó más de 10 toneladas de ayuda humanitaria —medicamentos, tiendas de campaña y lámparas solares— y el 27 de agosto continuó transportando 35 toneladas adicionales mediante aviones de transporte pesado de su Fuerza Aérea. China también aporta bienes y asistencia financiera, y Nepal estableció un mecanismo bilateral específico para recibir y distribuir la ayuda proveniente de ambos países vecinos. El primer ministro nepalí, Balendra Shah —anterior alcalde de Katmandú—, viajó por carretera hasta el distrito de Nuwakot, el más afectado, para evaluar personalmente los daños, mientras la Cruz Roja confirmó que las carreteras intransitables y los puentes destruidos dejaron a numerosas comunidades completamente incomunicadas. El gobierno definió una respuesta en fases: la primera, ya en marcha, comprende búsqueda, rescate y ayuda humanitaria; la segunda contempla refugio temporal y garantizar el suministro de alimentos, agua potable, electricidad y comunicaciones.
Un segundo desborde reaviva el temor y retrasa la reconstrucción
El 28 de agosto de 2025 se produjo un nuevo desbordamiento de un lago en la frontera entre Nepal y China que envió 2,5 millones de metros cúbicos de agua al río Bhotekoshi, obligando a una segunda evacuación. «Hemos recibido un aviso indicando que el lago ha desbordado sus orillas. Podemos ver que el nivel del agua en el río está subiendo», declaró a Reuters Narendra Pariyar, el funcionario de mayor rango del distrito de Rasuwa. El riesgo de nuevas inundaciones secundarias prolonga inevitablemente la fase de respuesta al desastre y de remoción de escombros, postergando el inicio formal de las tareas de reconstrucción y extendiendo el período de contratos activos para empresas de gestión ambiental y de residuos con capacidad regional. El ministerio de recursos hídricos de China, a través de medios estatales, señaló que el caudal máximo de este nuevo desbordamiento se esperaba en torno al 1 de septiembre de 2025, una fecha que podría gatillar un segundo evento de inundación de magnitud y ampliar de forma considerable el alcance de la limpieza y la reconstrucción posterior.
Una economía pequeña y vulnerable golpeada en su punto más débil
Nepal es una economía de dimensiones reducidas, con un PIB estimado en torno a los 49.000 millones de dólares, marcada por una dependencia extrema de las remesas: el dinero enviado por los más de 4 millones de nepalíes que trabajan en el exterior equivale a casi el 26% del PIB. Buena parte de esos trabajadores reside en India, pero también en el Golfo Pérsico, región donde la guerra en Irán ya había resentido los flujos de envíos antes de esta catástrofe. El otro gran pilar de la economía es el turismo y los servicios, que en conjunto aportan más del 60% del PIB, un sector especialmente vulnerable dado que la destrucción de carreteras y puentes complica el acceso a zonas turísticas del Himalaya. A esto se suma el potencial —hoy amenazado— del sector hidroeléctrico, considerado el de mayor dinamismo y atractivo para la inversión gracias a los ríos que descienden de las montañas, varios de los cuales sufrieron precisamente la destrucción de centrales por la crecida.
Las proyecciones económicas: de la desaceleración a un rebote condicionado
Antes del desastre, los organismos internacionales ya proyectaban una desaceleración para este año, con estimaciones que iban del 2,3% del Banco Mundial al 3% del FMI, luego de que Nepal registrara una expansión del 4,6% en 2025. Esa moderación respondía al menor flujo de remesas y al encarecimiento de las importaciones de petróleo y combustibles, en un contexto de inflación que ronda el 5,2%, presionada al alza por esos mismos factores. Para 2027 y 2028, los organismos financieros preveían un rebote de hasta 4,4%-5,0%, apoyado en la expansión y exportación de energía hidroeléctrica y en la reactivación del turismo internacional. La catástrofe actual introduce un elemento de incertidumbre adicional sobre esas proyecciones: por un lado, la necesidad de financiamiento externo y el gasto en reconstrucción podrían presionar aún más las cuentas públicas y la inflación en el corto plazo; por otro, la eventual inversión en infraestructura hidroeléctrica y vial podría, a mediano plazo, sentar bases para parte de ese rebote proyectado, aunque condicionado enteramente a la velocidad y el volumen del financiamiento multilateral disponible.
Los próximos hitos que marcarán el ritmo de la recuperación
El ministro Wagle indicó que Nepal necesitará una campaña alternativa de recaudación de fondos para reconstruir la infraestructura dañada y que el gobierno consultará con el Fondo Monetario Internacional sobre el impacto del desastre en las finanzas externas del país y la posibilidad de recibir asistencia adicional. Hasta el momento no se ha emitido ningún aviso formal de contratación ni adjudicación de contratos para la reconstrucción, por lo que los inversores que sigan a empresas como AECOM, Fluor, Worley o Larsen & Toubro deberán monitorear la Oficina de Supervisión de Contratación Pública de Nepal, así como los portales de contratación de emergencia del Banco Asiático de Desarrollo y del Banco Mundial, para detectar las primeras solicitudes formales de propuestas. Dos variables resultarán decisivas en el corto plazo: el pico de caudal del nuevo desbordamiento esperado hacia el 1 de septiembre, que podría ampliar aún más los daños, y la velocidad con la que se concreten los compromisos de financiamiento internacional solicitados activamente por Nepal desde el 28 de agosto. Una respuesta lenta de los donantes retrasaría la emisión de contratos de reconstrucción; un compromiso rápido y coordinado del Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo podría, en cambio, acelerar las primeras licitaciones de ingeniería hacia el último trimestre de 2026.




