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martes, agosto 18, 2026

Paraguay enfrenta un dilema fiscal: bajo gasto público, rigidez creciente y una recaudación golpeada por la apreciación del guaraní

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Paraguay figura entre los países de América Latina con menor nivel de gasto público, pero ese rasgo de austeridad convive con una tendencia que preocupa a los analistas: la creciente rigidez del presupuesto nacional. Así lo señala un informe reciente de Moody’s Ratings, que analiza la situación fiscal de 18 economías de la región y advierte sobre los riesgos que representa la combinación de compromisos de gasto poco flexibles con una base tributaria todavía estrecha.

El estudio, titulado «América Latina: La rigidez del gasto y la polarización política limitan las perspectivas de consolidación fiscal», sostiene que buena parte de los gobiernos latinoamericanos enfrenta dificultades crecientes para reducir sus déficits y estabilizar sus niveles de deuda. La razón principal radica en que una porción cada vez mayor del gasto público queda atada a compromisos ineludibles: salarios, pensiones, subsidios, transferencias e intereses de la deuda. Esta estructura deja poco margen de maniobra cuando la economía atraviesa episodios de estrés, y a la vez suele desplazar recursos que de otro modo se destinarían a inversión pública.

Paraguay, entre los de menor gasto de la región, pero con presión creciente

Según la calificadora, Paraguay mantiene actualmente una nota soberana de Baa3 y se ubica entre los países con el gasto público más bajo de la muestra analizada. Entre 2021 y 2025, el gasto total promedió un nivel inferior al 20% del PIB, situándose en un rango de entre 17% y 18%. Solo Guatemala exhibe un nivel de gasto todavía más reducido dentro del grupo estudiado.

Sin embargo, Moody’s aclara que este bajo nivel de gasto no debe interpretarse como sinónimo de amplio margen fiscal. La calificadora identifica un aumento sostenido de los componentes rígidos del presupuesto paraguayo: en 2019, estos representaban cerca del 13% del PIB, mientras que para 2024 ya alcanzaban aproximadamente el 14% del PIB. Ese incremento tuvo un costo directo sobre la inversión pública, que entre 2019 y 2024 se redujo en cerca de un punto porcentual del PIB, en la medida en que los compromisos obligatorios fueron absorbiendo una porción mayor de los recursos disponibles.

Dentro de esa estructura rígida, los sueldos y salarios constituyen el componente de mayor peso, seguidos por los subsidios y otras transferencias corrientes. El pago de intereses, en cambio, todavía ocupa una proporción comparativamente menor que en economías como Brasil o Colombia.

Deuda estable y marco fiscal sólido, pero con una base de ingresos limitada

El informe destaca que Paraguay, junto con Perú, se encuentra en mejores condiciones relativas para absorber shocks económicos, gracias a una combinación de estructuras de gasto algo más flexibles, menores niveles de endeudamiento y marcos de política fiscal consolidados. La calificadora atribuye parte de esta fortaleza a la adhesión del país a su Ley de Responsabilidad Fiscal, que ha permitido mantener la deuda pública en torno al 41% del PIB durante 2025, con una proyección de estabilización cercana al 37% del PIB en el mediano plazo.

Estos «colchones fiscales», según Moody’s, reducen la urgencia de emprender reformas de gasto amplias y políticamente costosas. No obstante, la calificadora advierte que la baja base de ingresos tributarios de Paraguay continúa limitando la flexibilidad presupuestaria general, lo que confirma que la holgura del gasto por sí sola no garantiza la capacidad de un gobierno para ajustar su política fiscal ante circunstancias adversas.

La recaudación crece, pero con una brecha interna entre tributos internos y aduaneros

Mientras el análisis de Moody’s ofrece una mirada estructural sobre las finanzas públicas paraguayas, los datos de recaudación correspondientes a julio de 2026 exponen una tensión concreta y actual: el impacto del tipo de cambio sobre los ingresos fiscales. La Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) recaudó G. 25,817 billones entre enero y julio, lo que representa un aumento interanual de 2,1%. Detrás de esa cifra global, sin embargo, se esconde una marcada divergencia entre el desempeño de los tributos internos y los aduaneros.

Los impuestos internos generaron G. 16,612 billones, es decir, G. 1,592 billones más que los G. 15,020 billones recaudados en el mismo período de 2025, lo que equivale a un crecimiento de 10,6%. En sentido opuesto, los ingresos aduaneros cayeron de G. 10,274 billones a G. 9,205 billones, una contracción interanual de G. 1,069 billones y de 10,4% en términos porcentuales. El resultado neto es elocuente: cerca de dos tercios de lo ganado por la tributación interna terminó siendo absorbido por la caída del frente aduanero, de modo que el incremento neto de la recaudación total de la DNIT quedó limitado a G. 523.403 millones.

El IVA, el mejor termómetro de la divergencia cambiaria

La evolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA) permite observar con mayor nitidez esta brecha. Durante los primeros siete meses del año, la variación interanual acumulada del IVA interno se mantuvo constantemente en terreno positivo, oscilando entre 7,0% y 9,4%, y cerró julio con un crecimiento de 8,1%. El IVA aduanero, en cambio, permaneció en negativo durante todo el período: arrancó enero con una caída de 10,8%, mostró cierta mejora hasta -5,8% en marzo, pero volvió a deteriorarse en los meses siguientes hasta anotar -14,1% en junio y -13,7% en julio.

La apreciación del guaraní, factor clave detrás de la caída aduanera

La propia Administración Tributaria vincula este comportamiento con el factor cambiario. La apreciación del guaraní reduce el valor en moneda local de las operaciones de importación y, en consecuencia, la base sobre la cual se liquidan ciertos tributos. A julio, la base imponible acumula una contracción de 5,9%, mientras que el IVA aduanero registra una caída de 13,7% en el mismo lapso. Esto significa que la menor recaudación aduanera no refleja necesariamente una disminución del comercio exterior, un debilitamiento de la fiscalización o un deterioro en la gestión tributaria, sino un efecto contable derivado del tipo de cambio.

Esta dinámica ya resultaba visible al cierre del primer semestre: las importaciones podían estar creciendo tanto en volumen de operaciones como en valor expresado en dólares, pero al convertirse a un tipo de cambio significativamente más bajo que el del año anterior, la recaudación final expresada en guaraníes terminaba reduciéndose.

Una tensión entre objetivos fiscales y cambiarios que exige mayor coordinación

El fenómeno plantea una discusión económica de mayor alcance. El Gobierno busca incrementar los ingresos tributarios para financiar un presupuesto con demandas crecientes, mientras que una apreciación cambiaria de magnitud considerable erosiona uno de los componentes centrales de esa recaudación. Se trata de objetivos que, sin una coordinación adecuada entre las distintas áreas de política económica, pueden terminar avanzando en direcciones opuestas.

El Banco Central del Paraguay (BCP) no interviene en el mercado cambiario desde finales de octubre de 2025, después de haber mantenido una presencia más activa cuando la cotización del dólar se ubicaba en niveles superiores. Esto no implica que la autoridad monetaria deba fijar un valor determinado para la moneda con el fin de favorecer la recaudación, ni que su mandato incluya compensar los ingresos fiscales. Sin embargo, cuando una apreciación de esta magnitud comienza a generar efectos persistentes sobre las cuentas públicas, la coordinación entre la política monetaria, la fiscal y la tributaria adquiere una relevancia mayor.

Un crecimiento que pudo haber sido más alto

El aumento de 2,1% acumulado por la DNIT hasta julio podría haber sido considerablemente superior de no mediar el deterioro del frente aduanero. Los G. 1,069 billones que este componente dejó de recaudar muestran que el efecto cambiario ya no es una discusión exclusivamente financiera o monetaria: tiene una expresión concreta y cuantificable en las cuentas fiscales del país. El caso expone, además, un riesgo de fondo para la política económica paraguaya: la posibilidad de que objetivos legítimos, perseguidos de manera independiente por distintas instituciones, terminen operando en sentido contrario cuando se analiza el resultado agregado de la economía.

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