La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, confirmó este lunes que el Ministerio de Finanzas nipón y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos intervinieron de manera conjunta el viernes 31 de julio para comprar yenes en el mercado cambiario. Según explicó la funcionaria, la operación respondió a «la reciente volatilidad excesiva y los movimientos desordenados» que venía registrando la moneda japonesa. Katayama precisó que se trató de la primera intervención monetaria conjunta entre ambos países desde 1998, un dato que subraya el carácter excepcional de la medida y el nivel de preocupación que generó en Tokio y Washington la debilidad del yen. La funcionaria no descartó nuevas operaciones si las condiciones del mercado lo exigen y destacó la «comunicación fluida» que mantienen ambos gobiernos.
El respaldo de Washington y el guiño de Trump
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, respaldó públicamente la decisión japonesa a través de la red social X, donde afirmó que su país apoya «firmemente las decisivas medidas monetarias y de mercado adoptadas por Japón para corregir la considerable infravaloración del yen». Bessent ratificó además la disposición de Estados Unidos a participar en nuevas intervenciones coordinadas y vinculó la maniobra con la estrategia económica del Gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi, a la que calificó como el inicio de «una nueva e ilusionante fase de la Abenomics», en alusión al programa de estímulo monetario y fiscal impulsado desde 2013 por el fallecido ex primer ministro Shinzo Abe. El propio presidente Donald Trump se refirió al episodio el 2 de agosto, al señalar que Estados Unidos se sumó la semana previa a la intervención como «un gesto de respaldo» hacia Japón, y sostuvo que «siempre estamos con Japón» y que apoyar al yen beneficiaría tanto a la economía japonesa como a la estadounidense. Una fotografía tomada durante una reunión de gabinete en Camp David el 31 de julio mostró a Bessent con una anotación manuscrita bajo el título «tareas pendientes», en la que se leía la intención de comprar entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes.
Cifras de una intervención sin cifra oficial
El Ministerio de Finanzas japonés no reveló el monto exacto desembolsado en la operación. No obstante, distintos análisis privados estimaron que la intervención pudo haber alcanzado unos 53.000 millones de dólares, cifra que ninguna autoridad confirmó oficialmente. Datos publicados por el Banco de Japón el 31 de julio sugieren que el país podría haber vendido hasta 8,2 billones de yenes —unos 58.970 millones de dólares— en divisas extranjeras como parte de esta última acción de respaldo a su moneda. El antecedente más cercano se remonta a finales de abril y comienzos de mayo de este año, cuando Japón desembolsó una cifra récord de 11,73 billones de yenes (unos 74.900 millones de dólares) en una intervención que solo logró una recuperación temporal de la moneda, desde las 160 hasta las 155 unidades por dólar, antes de que el yen retomara su tendencia bajista.
De 163 yenes por dólar a una recuperación por encima del 1%
El yen había llegado a depreciarse hasta niveles de 163,73 yenes por dólar el 30 de julio, un mínimo que no se registraba desde 1986, es decir, en casi cuarenta años. Tras la intervención del Banco de Japón y el Gobierno ese mismo día, la moneda subió un 3,3% en la jornada, según datos de Bloomberg, y la incorporación de Estados Unidos a la maniobra al día siguiente reforzó el movimiento. El yen se ubicó en torno a 157,57 unidades por dólar el 31 de julio y, tras el comunicado oficial de Katayama, llegó a avanzar más de un 1% adicional hasta cotizar cerca de 155,20 yenes por dólar, su nivel más alto desde principios de mayo. Para el 3 de agosto, la moneda se negociaba en 157,7 yenes por dólar. El Financial Times reportó que la Reserva Federal de Nueva York vendió euros y compró yenes en representación del Tesoro estadounidense, en lo que constituyó la primera intervención conjunta entre ambos países en el mercado cambiario en más de treinta años; la última acción bilateral se había registrado en 2011, aunque con el objetivo inverso, para frenar una apreciación abrupta del yen tras el terremoto de Japón oriental.
El Banco de Japón, entre la cautela y las presiones inflacionarias
La intervención se produjo apenas horas antes de que el Banco de Japón concluyera su reunión de política monetaria del 31 de julio, en la que decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia, aunque dejó entrever que continuará con su proceso de endurecimiento monetario. En junio, la entidad ya había elevado esa tasa al 1%, su nivel más alto en 31 años. Sin embargo, buena parte de los inversores considera que el ritmo de ajuste resulta insuficiente y responsabiliza a esa lentitud por la debilidad estructural del yen. El responsable de la política cambiaria japonesa, Atsushi Mimura, remarcó que el Gobierno continuará alineando sus decisiones con el Banco de Japón, y las expectativas del mercado ya apuntan a un posible aumento de tasas en la reunión de septiembre. Esa perspectiva impulsó el rendimiento de los bonos japoneses a dos años hasta un 1,545%, su nivel más alto desde 1995. De fondo, Japón busca contener una depreciación que encareció las importaciones y presionó la inflación sobre los hogares durante meses.
Un mecanismo adicional: la facilidad de recompra de la Reserva Federal
Como parte de la coordinación bilateral, Bessent anunció que Estados Unidos evaluará ampliar en los próximos meses la capacidad de la facilidad de recompra de la Reserva Federal, un mecanismo que permite a bancos centrales e instituciones monetarias extranjeras elegibles acceder a dólares a corto plazo mediante la pignoración temporal de bonos del Tesoro estadounidense, sin necesidad de vender esos activos. Según el Ministerio de Finanzas japonés, la intervención resulta coherente con una declaración conjunta emitida por los ministros de Finanzas de ambos países en septiembre de 2025, orientada a abordar la volatilidad excesiva del yen.
La ventana de tres días y la lectura técnica del mercado
El diario económico Nikkei señaló que el yen ya superó su línea de tendencia de mediano y largo plazo, situada en 158 unidades por dólar según la media móvil de 200 días, y que la atención del mercado se concentraba en si las intervenciones se extenderían a una tercera jornada consecutiva. El dato tiene relevancia técnica: el Fondo Monetario Internacional considera que las intervenciones sucesivas dentro de un plazo de tres días hábiles cuentan como una sola instancia, por lo que algunos analistas especulan con que las autoridades podrían concentrar nuevas acciones dentro de esa ventana para maximizar su efecto. Según ese mismo análisis, el próximo nivel clave a vigilar es la barrera de 155 yenes por dólar, un umbral relevante porque las proyecciones cambiarias de las empresas importadoras japonesas se concentran justamente entre 155 y 160 yenes.
El fantasma del carry trade y el paralelismo con 2024
Más allá de la intervención en sí, la mayor preocupación del mercado pasa por una eventual liquidación masiva de posiciones vinculadas al llamado «yen carry trade», la estrategia mediante la cual los inversores toman prestado yenes a tasas bajas para invertir en activos de mayor rendimiento en otras monedas. Datos de Bloomberg indican que, al 28 de julio, los fondos de cobertura globales mantenían 124.575 contratos —equivalentes a unos 9.500 millones de dólares— apostando a la debilidad del yen, un nivel cercano al máximo de junio y el más alto desde 2007. Jonas Goltermann, economista jefe de mercados de Capital Economics, advirtió que las posiciones cortas en yen están excesivamente acumuladas y que no puede descartarse, aunque a menor escala, un desarme del carry trade similar al ocurrido en el verano boreal de 2024, cuando el llamado «Lunes Negro» sacudió a los mercados asiáticos. James Stanley, analista senior de Forex.com, fue más allá al sostener que los carry trades de yen operan como un apalancamiento oculto detrás del índice Nasdaq 100, por lo que un fortalecimiento sostenido de la moneda japonesa podría forzar liquidaciones urgentes de posiciones, comenzando por las acciones tecnológicas consideradas más sobrevaloradas.
Un balance con más preguntas que certezas
La intervención conjunta logró su objetivo inmediato de frenar la sangría del yen y devolverle parte del terreno perdido, pero el antecedente de la operación de abril-mayo, que también implicó un desembolso récord y solo produjo un alivio temporal antes de que la moneda volviera a debilitarse hasta los 163,99 yenes por dólar, invita a la cautela sobre su efectividad de mediano plazo. La brecha entre la política monetaria restrictiva que reclama el mercado y el ritmo gradual que exhibe el Banco de Japón sigue siendo, para buena parte de los analistas, la raíz estructural del problema, mientras que la magnitud de las posiciones apalancadas en yenes convierte cualquier nueva intervención en un episodio de riesgo sistémico para los mercados globales, no solo para el par dólar-yen.




