Las acciones de SpaceX cerraron este jueves por debajo de su precio de salida a bolsa por primera vez desde su debut bursátil, después de que el decimotercer vuelo de prueba de Starship fuera cancelado a menos de un segundo del despegue. El incidente, sumado a un fuerte incremento de las posiciones cortas contra el valor, ha intensificado el escrutinio de los inversores sobre la compañía aeroespacial y de inteligencia artificial fundada por Elon Musk, que en junio protagonizó la mayor oferta pública de venta de la historia bursátil estadounidense.

Un despegue frustrado en el último instante

El cohete Starship estaba listo para despegar desde el complejo Starbase, en el sur de Texas, cuando se activó una interrupción automática apenas segundos después de abrirse la ventana de lanzamiento de 90 minutos, prevista para las 18:45 horas (hora del este de Estados Unidos). Según relató en directo el portavoz de SpaceX, Dan Huot, el sistema activó una retención en el propulsor «justo cuando comenzaban a encenderse» los 33 motores Raptor de la nave. Elon Musk confirmó posteriormente en la red social X que «algunos» de los motores no arrancaron correctamente, lo que provocó el aborto automático del lanzamiento. El magnate anunció que se retirarán y sustituirán dos motores Raptor para garantizar la seguridad del vuelo, y estimó que el nuevo intento se producirá «a principios de la próxima semana».

La sombra del fallo de mayo

Este habría sido el primer vuelo de prueba de la versión mejorada Starship V3, un cohete de aproximadamente 122 metros de altura. El episodio llega apenas días después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) autorizara a SpaceX a reanudar los vuelos de Starship, tras investigar una prueba anterior realizada en mayo que no salió según lo previsto: aunque el despegue fue exitoso, varios motores de la etapa inferior no lograron reencenderse para guiar el aterrizaje, lo que provocó que el propulsor se precipitara al golfo de México. Según el informe final de la FAA, las causas más probables de aquella pérdida fueron los efectos del calor sobre componentes del sistema de propulsión durante el ascenso y una configuración errónea del sistema de alarmas de los motores. SpaceX implementó cuatro medidas correctivas, entre actualizaciones de hardware y software, antes de recibir el visto bueno del regulador esta semana.

Una misión clave para Starlink y el programa Artemis

La misión abortada tenía como objetivo transportar 20 satélites Starlink de nueva generación, completamente operativos, que debían desplegar paneles solares y antenas e intentar conectarse con la constelación principal antes de desintegrarse de forma intencionada durante la reentrada atmosférica, aproximadamente 20 minutos después de su despliegue. Starship es la pieza central de los planes de SpaceX para ampliar su servicio de internet satelital y completar los vuelos de prueba vinculados al programa Artemis de la NASA, orientado al próximo alunizaje tripulado de la agencia espacial estadounidense.

La acción, por debajo de su precio de salida a bolsa

Tras la cancelación del lanzamiento, los títulos de SpaceX cayeron alrededor de un 4,5% en las operaciones fuera de horario, ampliando las pérdidas registradas durante la sesión regular, en la que la acción cerró en 131,11 dólares, por debajo de su precio de colocación de 135 dólares fijado en junio. Con esta caída, el valor encadena cinco jornadas consecutivas en negativo y acumula un descenso cercano al 19% desde su debut bursátil, cuando la compañía recaudó 85.700 millones de dólares en su oferta pública de venta, incluida la opción ejercida por las entidades colocadoras.

Los bajistas aprietan el cerco

El deterioro de la acción ha coincidido con un notable repunte de las apuestas en contra del valor. Según la firma de análisis Ortex Technologies, los inversores bajistas acumulan beneficios no realizados por aproximadamente 8.700 millones de dólares, después de que la acción retrocediera desde su máximo posterior a la OPV de 225,64 dólares. Peter Hillerberg, cofundador de Ortex, señaló que, en lugar de recoger beneficios, los vendedores en corto siguieron ampliando posiciones a medida que el precio caía. Casi el 49% de las acciones negociables de SpaceX están actualmente prestadas a inversores bajistas, un nivel que, según Ortex, abre la puerta a una mayor volatilidad: cada movimiento de un dólar en la cotización representa más de 300 millones de dólares en ganancias o pérdidas para quienes apuestan contra el valor.

Wall Street, dividido entre el optimismo y la cautela

Pese a la corrección reciente, la mayoría de los analistas mantiene una visión favorable sobre la compañía. De acuerdo con datos de LSEG, 27 de los 32 analistas que cubren SpaceX recomiendan comprar la acción, cuatro mantienen una calificación neutral y solo uno aconseja vender, lo que sugiere que buena parte del mercado interpreta la caída como un contratiempo puntual y no como un cambio de fondo en las perspectivas de crecimiento de la empresa. Los analistas de Bank of America (BofA) figuran entre los más optimistas: recomiendan comprar la acción con un precio objetivo de 235 dólares, lo que implica un potencial de revalorización cercano al 80% respecto a la cotización actual. Para el banco, SpaceX ha dejado de ser una simple compañía de lanzamientos para convertirse en la infraestructura central de la nueva economía espacial, gracias a su liderazgo en cohetes reutilizables, que permite escalar negocios recurrentes como Starlink y abrir nuevas oportunidades en conectividad móvil, servicios gubernamentales e infraestructura de inteligencia artificial. BofA identifica a Starship como la pieza decisiva de la valoración: si SpaceX logra operar de forma plenamente reutilizable, fiable y con alta frecuencia de lanzamientos, la compañía podría reducir en un orden de magnitud los costes de acceso al espacio, lo que haría viable el despliegue masivo de satélites de nueva generación y centros de datos orbitales. Entre los principales riesgos, el banco menciona posibles retrasos en Starship, las elevadas necesidades de inversión, la presión sobre el flujo de caja, los obstáculos regulatorios y la incertidumbre tecnológica de los proyectos de computación en órbita.

Las voces críticas: valoraciones bajo sospecha

No todo el mercado comparte ese optimismo. El exgestor de fondos de cobertura Whitney Tilson advirtió que las valoraciones de SpaceX siguen siendo elevadas pese a la reciente venta masiva de acciones, al cotizar todavía a 92 veces los ingresos históricos, un múltiplo que, según su cálculo, representa una sobrevaloración de casi diez veces frente a lo que considera razonable, en torno a 10 veces ingresos. En una línea más cautelosa, la correduría Piper Sandler inició cobertura sobre SpaceX este jueves con una calificación neutral y un precio objetivo de 156 dólares. La firma se declaró positiva respecto a las perspectivas de largo plazo de la compañía, pero anticipó desafíos a corto plazo, entre ellos los vencimientos escalonados del periodo de lock-up para inversores iniciales, la incertidumbre en torno a una eventual adquisición de Tesla y el elevado gasto de capital necesario para desarrollar centros de datos orbitales de inteligencia artificial. Piper Sandler estimó que los requisitos de inversión anuales podrían ascender a decenas de miles de millones de dólares antes de que el mercado recupere plena confianza en la estrategia de largo plazo de la empresa.

Un contexto de mayor cautela hacia la tecnología

Parte de la presión reciente sobre la acción de SpaceX responde a una inquietud más amplia del mercado sobre las valoraciones exigentes en el sector tecnológico y sobre las inversiones en inteligencia artificial financiadas con deuda. En ese escenario, expertos de la industria aeroespacial subrayan que los retrasos en lanzamientos y los fallos durante pruebas son habituales en el desarrollo de cohetes de nueva generación, aunque reconocen que la coincidencia temporal entre el aborto del lanzamiento y el deterioro bursátil ha amplificado la atención de los inversores sobre una compañía que, apenas un mes después de salir a bolsa, ya enfrenta su primer gran examen de confianza en el mercado.