El precio del oro cotizaba a la baja este miércoles, en una jornada marcada por el pulso entre dos fuerzas contrapuestas: unos datos de inflación en Estados Unidos más benignos de lo esperado, que en principio deberían favorecer al metal, y una escalada militar entre Washington y Teherán que ha devuelto el temor inflacionario al centro del mercado. Hacia las 08:43 GMT, el oro al contado cedía un 0,7%, hasta 4.027,49 dólares por onza, después de haber llegado a rozar un máximo intradía de 4.100,19 dólares durante la sesión previa, impulsado por la publicación de un IPC estadounidense más suave de lo previsto. Los futuros del oro en Estados Unidos con vencimiento en agosto retrocedían con más intensidad, un 0,9%, hasta 4.034,00 dólares.
Un IPC más frío de lo esperado no logra sostener el rally
Los datos conocidos el martes mostraron que la inflación interanual en Estados Unidos se desaceleró hasta el 3,5% en junio, desde el 4,2% de mayo, muy por debajo del 3,8% que anticipaba el consenso del mercado. En términos mensuales, el IPC se contrajo un 0,4%, su mayor retroceso en casi seis años. El componente subyacente también se moderó, una señal que los analistas interpretan como indicio de que el enfriamiento de precios no depende únicamente del abaratamiento de la energía, sino que empieza a extenderse a otros bienes y servicios. La reacción inicial del mercado fue clara: se redujeron las apuestas por una subida de tasas de la Reserva Federal en julio, el dólar se debilitó de forma generalizada y el oro subió con fuerza, llegando a superar brevemente los 4.100 dólares. Sin embargo, ese impulso no encontró continuidad y el cierre de la sesión se produjo en 4.053 dólares, por debajo del máximo alcanzado horas antes, un primer indicio de que los compradores no estaban dispuestos a sostener la subida sin confirmación adicional.
La tensión entre Estados Unidos e Irán vuelve a inclinar la balanza
El factor que terminó por frenar al oro fue geopolítico. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán amenazó con cerrar todas las rutas de exportación que benefician a Washington, en respuesta al cierre del estrecho de Ormuz por parte de Teherán y a la reimposición, por parte de Estados Unidos, de un bloqueo naval sobre los puertos iraníes. Según trascendió, el presidente estadounidense, Donald Trump, se reunió el martes con su equipo de seguridad nacional en la Sala de Crisis de la Casa Blanca para evaluar opciones de una acción militar de mayor envergadura contra Irán, que podría ir más allá de los ataques limitados registrados hasta ahora en torno al estrecho. Esta escalada ha mantenido al petróleo cerca de máximos de un mes, y el encarecimiento del crudo, la gasolina y el gasóleo amenaza con trasladarse a los próximos datos de inflación en Estados Unidos, correspondientes a agosto. Esa perspectiva reduce el margen de la Reserva Federal para relajar su política monetaria y, en consecuencia, resta atractivo al oro, un activo que no genera intereses y cuyo costo de oportunidad aumenta cuando las tasas se mantienen elevadas.
Warsh evita dar una señal de relajación monetaria
A la presión geopolítica se sumó la comparecencia ante el Congreso del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, cuyo mensaje careció de un tono claramente moderado. Warsh reconoció que los datos de junio fueron mejores de lo previsto, pero advirtió que un solo mes de mejora no permite dar por resuelto el problema de la inflación, y remarcó que la estabilidad de precios continúa siendo la prioridad central de la política monetaria del banco central. El mercado interpretó estas declaraciones como una reafirmación de la incertidumbre sobre el rumbo de las tasas de interés, lo que llevó a los inversores a moderar sus apuestas por una subida sostenida del oro y contribuyó al retroceso de los precios en la sesión de este miércoles.
Niveles técnicos: la resistencia de los 4.100 dólares marca el terreno
Desde el punto de vista técnico, el oro se mueve en un rango relativamente estrecho, sin lograr consolidar una tendencia definida. Los 4.100 dólares se han convertido en la resistencia clave a corto plazo: solo una recuperación sostenida por encima de ese nivel abriría la puerta a un impulso alcista más firme, con el máximo del 7 de julio, en torno a 4.200 dólares, como siguiente objetivo. A la baja, el soporte inmediato se ubica en la zona de 4.020 dólares, seguido por la referencia psicológica de los 4.000 dólares, un nivel disputado repetidamente por compradores y vendedores en las últimas semanas. Una pérdida de este soporte podría llevar al oro hacia los mínimos de finales de octubre de 2025, cercanos a 3.885 dólares, y en un escenario de deterioro más pronunciado, abrir espacio para un retroceso adicional hacia los 3.500 dólares. En el plano de los indicadores, el Índice de Fuerza Relativa diario muestra una divergencia alcista al situarse en la zona neutral de 40, mientras que el MACD permanece en territorio positivo, aunque en niveles que sugieren que el impulso comprador todavía es frágil.
El resto de los metales preciosos, con comportamiento dispar
El movimiento del oro no fue uniforme dentro del complejo de metales preciosos. La plata al contado retrocedía un 0,5%, hasta 58,314 dólares por onza, en línea con la tendencia bajista del oro. En cambio, el platino avanzaba un 0,2%, hasta 1.634,36 dólares, y el paladio sumaba un 0,8%, hasta 1.315,05 dólares, tras haberse disparado un 5% en la sesión anterior. Esta divergencia sugiere que el retroceso del oro responde más a factores macroeconómicos específicos, ligados a la política monetaria y al costo de oportunidad, que a una salida generalizada de capitales del segmento de metales preciosos.
Un mercado atrapado entre el alivio inflacionario y el riesgo geopolítico
El comportamiento del oro en las últimas horas ilustra la dificultad del mercado para procesar señales contradictorias. Por un lado, la desaceleración de la inflación estadounidense debilitó al dólar y redujo la probabilidad de una política monetaria más restrictiva, un escenario tradicionalmente favorable para el metal. Por otro, la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y el consiguiente repunte del petróleo reintrodujeron el riesgo de una inflación importada a través de los costos energéticos, lo que a su vez alimenta las expectativas de que la Reserva Federal mantenga una postura cautelosa. Mientras ambas fuerzas continúen equilibradas, es probable que el oro siga oscilando dentro del rango que se ha formado entre los 4.000 y los 4.100 dólares, a la espera de una señal más definitiva, ya sea un giro claro en el conflicto de Oriente Medio o una comunicación más contundente por parte de la Reserva Federal sobre el rumbo de las tasas de interés.




