Home Finanzas América Latina bajo presión cambiaria: el conflicto en Oriente Medio deprecia monedas...

América Latina bajo presión cambiaria: el conflicto en Oriente Medio deprecia monedas regionales y expone diferencias estructurales entre economías

0
3

El conflicto en Oriente Medio ha introducido un ajuste de alcance global en los mercados de divisas, con efectos concretos sobre las principales monedas de América Latina. El dólar se apreció, las bolsas de la región retrocedieron y los analistas debaten hasta qué punto el choque energético puede sostenerse antes de que sus consecuencias se propaguen al crecimiento global y a la estabilidad financiera de los países emergentes.

El dólar se fortalece, pero con potencial alcista limitado

El índice dólar, que mide el desempeño del billete verde frente a una cesta de seis monedas pares, avanzó un 0,44%, profundizando la presión sobre las divisas latinoamericanas. Sin embargo, los analistas de ING advierten que el potencial de apreciación sostenida de la moneda estadounidense es más restringido que en episodios anteriores. El banco descarta que la Reserva Federal esté próxima a embarcarse en un ciclo de endurecimiento monetario comparable al de 2022, cuando la entidad elevó las tasas de interés en 500 puntos básicos. En esa línea, la institución sostiene que, salvo un período prolongado de altos precios energéticos que derive en una recesión global, el margen alcista del dólar sería relativamente acotado.

Esta evaluación se produce en un contexto donde el gobernador de la Reserva Federal Christopher Waller, quien había anticipado su intención de votar por un recorte de tasas en la reunión de la semana, reconsideró su postura al advertir que la escalada en los precios del petróleo y la amenaza de una inflación más persistente exigen mayor cautela antes de flexibilizar la política monetaria.

Mercados emergentes bajo presión generalizada

El reposicionamiento de carteras hacia activos en dólares golpeó de forma transversal a las monedas emergentes, en un movimiento que responde a factores globales antes que a fundamentos locales. Según el analista de ING Francesco Turner, América Latina fue afectada por el desapalancamiento general de posiciones en mercados emergentes, incluso en países como Brasil, que son exportadores netos de energía y que en teoría deberían beneficiarse de la suba en los precios del petróleo.

Este comportamiento pone de manifiesto que, en fases de aversión al riesgo aguda, la lógica de los fundamentos cede ante la urgencia de liquidez y reducción de exposición.

Brasil: exportador de energía con margen de recuperación

El real brasileño cedió un 1,4%, cerrando en 5,2958 unidades por dólar, mientras que el índice Bovespa retrocedió un 1,82%, hasta los 176.989 puntos. A pesar de la caída del día, ING proyecta una trayectoria relativamente estable para el real en el corto plazo, con un tipo de cambio de 5,25 por dólar a uno y tres meses, y una depreciación moderada hasta los 5,50 a seis y doce meses.

Los analistas señalan que la condición de Brasil como exportador neto de energía y los factores internos del país abren espacio a una recuperación del real, o al menos a un mejor desempeño frente a los forwards en caso de que la crisis se modere. En un escenario externo más favorable, el tipo de cambio podría incluso perforar el nivel de 5,00 reales por dólar, según el banco holandés.

México: tasas reales y anclaje en el T-MEC

El peso mexicano bajó un 1,12%, hasta los 17,93 unidades por dólar, en tanto que el índice S&P/BMV IPC perdió un 1,58%, cerrando en 64.166,41 puntos. Banco Base atribuyó la depreciación de la moneda al fortalecimiento generalizado del dólar ante la persistencia de la aversión al riesgo asociada al conflicto bélico.

La actividad económica de México se expandió un 1,2% en febrero en términos interanuales, de acuerdo con cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Este dato respalda, en parte, la resiliencia relativa del peso dentro del universo emergente.

ING proyecta el tipo de cambio en 17,50 pesos a un mes, 17,75 a tres meses y 17,25 a doce meses, lo que apunta a una apreciación gradual del peso hacia el cierre del año. Turner y su colega Pesole sostienen que, si la crisis energética resulta ser de corta duración, el dólar-peso podría terminar el año cerca de los 17,25, con el peso nuevamente superando a los forwards.

Chile: el más vulnerable por su dependencia energética y la caída del cobre

El peso chileno registró una caída del 1,21%, hasta los 926,20/926,50 unidades por dólar, presionado tanto por el avance global del dólar como por un nuevo retroceso en el precio del cobre, principal exportación del país. El índice IPSA de la Bolsa de Santiago bajó un 0,39%, hasta los 10.432,13 puntos.

ING ubica al tipo de cambio chileno en 875 pesos a uno y tres meses, con una depreciación progresiva hasta los 900 a seis meses y los 950 a doce meses. El banco señala que el gran aumento en los precios de la energía volvió a exponer la dependencia estructural de Chile de las importaciones de combustibles fósiles, lo que limita su capacidad de absorber el choque externo. Turner va más lejos al calificar al peso chileno como la divisa más vulnerable de la región, en particular si el cobre continúa su trayectoria descendente.

Colombia, Argentina y Perú: comportamientos disímiles

El peso colombiano se depreció un 0,79%, hasta los 3.704,88 unidades por dólar, interrumpiendo tres sesiones consecutivas de ganancias. El índice MSCI COLCAP retrocedió un 0,14%, a 2.196,79 puntos.

El peso interbancario argentino se mantuvo estable en 1.395,5 unidades por dólar, sostenido por la intervención diaria del Banco Central de la República Argentina. La entidad acumula 52 ruedas consecutivas comprando divisas, con un total de 3.616 millones de dólares adquiridos según operadores del mercado. El índice S&P Merval de Buenos Aires avanzó un 0,37%, impulsado por el renovado interés en papeles del sector energético y financiero.

El sol peruano fue la excepción positiva de la jornada, apreciándose un 0,67%, hasta los 3,4750/3,4790 unidades por dólar. No obstante, la Bolsa de Lima retrocedió un 0,82%, a 1.258,32 puntos.

Europa mejor posicionada que en 2022; el euro se sostiene

El informe de ING incorpora también una evaluación del escenario europeo, señalando que el continente está mejor preparado para enfrentar una crisis energética que en 2022, cuando la interrupción del suministro ruso de gas desencadenó un ajuste severo en los mercados. Esta mayor resiliencia estructural limita el impacto sobre el euro y, con ello, el margen de apreciación del dólar en el mercado del G10.

En términos de la relación entre ambas monedas, los analistas sostienen que, incluso modelando escenarios energéticos más severos, resulta difícil ver al par EUR/USD cotizando de forma sostenida por debajo del rango de 1,10 a 1,12 durante el año. Dentro del G10, las monedas de exportadores de energía han seguido mejor el ritmo del repunte del dólar, replicando la dinámica observada en América Latina entre Brasil, por un lado, y Chile, por otro.

Agronegocios y costos logísticos en tensión

El encarecimiento energético tiene un impacto directo sobre la competitividad exportadora de América Latina en el sector agroalimentario. El aumento en los costos de transporte marítimo y terrestre, junto con las limitaciones en infraestructura portuaria y vial, erosiona el margen de los productores frente a exportadores de otras regiones. A ello se suman barreras no arancelarias y estándares sanitarios y de trazabilidad cada vez más exigentes en los mercados de destino, particularmente en Estados Unidos, Europa y Asia.

En este marco, la tecnificación agrícola, la adopción de herramientas de precisión y la optimización de insumos aparecen como respuestas necesarias para sostener la rentabilidad en un entorno de costos crecientes. La sustentabilidad, medida en reducción de huella hídrica y de carbono, gana peso como criterio de acceso a mercados internacionales.

Duración del choque, el factor determinante

El desenlace de este episodio depende en gran medida de cuánto tiempo se prolongue el conflicto y su presión sobre los mercados energéticos. Un choque de corta duración permitiría contener el fortalecimiento del dólar y abriría espacio a una recuperación de las monedas emergentes. Una extensión del conflicto, en cambio, amenazaría con trasladar las tensiones energéticas al crecimiento global, con consecuencias más amplias sobre la seguridad alimentaria, la demanda de commodities y la estabilidad de los mercados financieros.

América Latina vuelve a quedar expuesta como región estratégica en el abastecimiento global de alimentos, pero también como una zona con vulnerabilidades estructurales ante los shocks externos. La capacidad de adaptación de sus economías, la diversificación de mercados de exportación y la inversión en infraestructura serán factores decisivos para capitalizar las oportunidades y mitigar los riesgos que este entorno geopolítico y financiero plantea.