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Anuncio de Trump de pausar por cinco días los ataques contra Irán desploma el petróleo más de un 10% y dispara las bolsas mundiales

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La publicación de Donald Trump en su plataforma Truth Social el lunes 23 de marzo desencadenó uno de los giros más abruptos en los mercados financieros globales en lo que va del año. El presidente de los Estados Unidos anunció que, en virtud de conversaciones «profundas, detalladas y constructivas» con el gobierno de Teherán en los últimos dos días, ordenó a sus fuerzas militares detener todos los ataques programados contra plantas de energía y otra infraestructura energética iraní durante un período de cinco días, sujeto al éxito de las reuniones y discusiones en curso. La reacción fue inmediata y generalizada: el crudo Brent, referencia internacional, se desplomó desde un máximo intradía de 114,43 dólares hasta tocar los 96 dólares por barril en cuestión de minutos, mientras las principales bolsas europeas revertían pérdidas superiores al 2% para cotizar en terreno positivo.

El contexto de cuatro semanas de guerra y la mayor disrupción energética en la historia del mercado petrolero

El anuncio llega en el peor momento posible para la economía global. La guerra, iniciada el 28 de febrero con los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, ha atravesado varios puntos de inflexión dramáticos: la muerte del líder supremo iraní, el bombardeo de un importante yacimiento de gas, y ataques contra instalaciones de petróleo, gas y otra infraestructura civil en naciones árabes del Golfo. El conflicto, que ya cumple su cuarta semana, ha dejado más de 2.000 muertos y ha transformado radicalmente el mapa energético mundial.

La directora ejecutiva de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, calificó la guerra como responsable de la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial, una advertencia que resume con precisión la dimensión de la crisis. El estrecho de Ormuz, la vía marítima que transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del planeta, permanece efectivamente cerrado al tráfico de países aliados de Washington, generando un déficit de suministro de magnitud sin precedentes recientes.

Los efectos se sienten en toda la cadena energética global. El Brent había alcanzado los 112 dólares por barril el viernes anterior, cerca de máximos no vistos en tres años y medio, mientras los precios de la gasolina en Estados Unidos se acercaban a un promedio nacional de 4 dólares por galón. Goldman Sachs advirtió que los precios elevados podrían sostenerse hasta 2027, y un alto funcionario de Naciones Unidas alertó sobre un efecto dominó que ya genera subidas exponenciales en los costos de petróleo, combustible y gas, con impacto severo en países en desarrollo de Asia y África.

La escalada previa al anuncio: ultimátums cruzados y amenazas de cierre total del Golfo

Las horas previas al giro diplomático habían sido las más tensas del conflicto. Trump había dado a Irán un ultimátum de 48 horas para reabrir totalmente el estrecho de Ormuz bajo amenaza de destruir su infraestructura energética, mientras Teherán respondía que cualquier ataque de ese tipo derivaría en agresiones contra activos energéticos de Estados Unidos e Israel en la región. El mismo lunes, Israel informó que había comenzado una ola de ataques a gran escala contra objetivos de infraestructura en Teherán, mientras Irán advertía que cualquier intento de atacar sus costas o islas derivaría en el minado masivo del golfo Pérsico, poniendo en riesgo no solo a buques militares sino a decenas de embarcaciones comerciales que esperaban cruzar el estrecho.

En ese contexto de máxima tensión, el petróleo abrió la jornada del lunes con una presión alcista pronunciada. El Brent escaló hasta 114,43 dólares durante la mañana, mientras los futuros de Wall Street registraban caídas del 0,7% en el S&P 500 y del 0,5% en el Dow Jones. Las bolsas europeas operaban con pérdidas superiores al 2%, y los mercados asiáticos habían cerrado con fuertes retrocesos: el Nikkei 225 de Japón perdió 3,5% para cerrar en 51.515,49 puntos, el Kospi de Corea del Sur se desplomó 6,5% hasta 5.405,75, y el Hang Seng de Hong Kong cedió 3,5% hasta 24.382,47.

El mercado reescribe su narrativa en menos de treinta minutos

En menos de media hora, las bolsas europeas pasaron de caer más de un 2% a repuntar con fuerza. El DAX alemán subió 2,25%, el CAC 40 francés avanzó 1,4%, el FTSE 100 británico ganó 0,59%, y el Ibex 35 español trepó 1,53% hasta los 16.962,21 puntos. Los precios del petróleo se desplomaron más del 14%, con el crudo Brent cayendo a 96 dólares por barril y el West Texas Intermediate retrocediendo a 84,37 dólares, tras haber superado los 113 y 101 dólares respectivamente durante la jornada.

La magnitud del movimiento es reveladora de la extrema sensibilidad de los mercados al conflicto. El oro, que durante la mañana había llegado a caer más del 7%, redujo pérdidas hasta un retroceso del 3%. El Bitcoin, que cotizaba prácticamente plano, subió 3,5% tras el anuncio. En el mercado de divisas, el euro se fortaleció frente al dólar, cotizando a 1,1526 dólares frente a los 1,1571 previos. Los futuros de Wall Street revirtieron su tendencia: tanto el S&P 500 como el Dow Jones se dispararon 2,6% antes de la campana de apertura.

Las medidas de contención previas: insuficientes ante la magnitud del déficit

Antes de la pausa anunciada el lunes, la administración Trump había desplegado una batería de medidas de emergencia para intentar contener el alza energética, con resultados limitados. El gobierno ya había acordado liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas junto a decenas de países, flexibilizó las sanciones sobre ciertos envíos de petróleo ruso durante 30 días, y levantó las sanciones sobre 140 millones de barriles de petróleo iraní ya cargados en buques. Sin embargo, los 140 millones de barriles equivalen apenas a un día y medio del consumo mundial, un volumen insuficiente para compensar el cierre del estrecho.

Expertos en energía señalaron que el gobierno se aproximaba a una decisión binaria: encontrar una forma de reabrir el estrecho de Ormuz o prepararse para una creciente cadena de consecuencias económicas dolorosas. Landon Derentz, exfuncionario de seguridad nacional y energía durante tres administraciones, resumió la situación con crudeza: «El matiz aquí es que no hay matiz. Nadie tiene una solución clara».

Las implicaciones para la política monetaria global

La crisis energética ha añadido una nueva capa de complejidad a las decisiones de los bancos centrales. Los analistas señalaron que la persistente escalada del petróleo frustró las expectativas de un pronto recorte de tasas por parte de la Reserva Federal: antes del inicio de la guerra, los operadores apostaban a que la Fed reduciría las tasas al menos dos veces en 2026. Los bancos centrales de Europa, Japón y el Reino Unido también mantuvieron recientemente sus tasas sin cambios, condicionados por la presión inflacionaria que genera el encarecimiento energético.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, afirmó que la creciente incertidumbre añade un nuevo elemento a las perspectivas de inflación, confirmando que el conflicto ha desplazado los cálculos de la política monetaria global hacia un terreno de mayor cautela.

Una tregua frágil en un conflicto de final incierto

La reacción de los mercados, aunque poderosa, refleja sobre todo alivio ante una señal diplomática, no una resolución definitiva. La pausa anunciada por Trump queda explícitamente condicionada al avance de las negociaciones, lo que introduce un factor de volatilidad latente: cualquier ruptura en las conversaciones podría revertir de manera brusca los movimientos del día. Irán demostró durante el fin de semana que aún conserva capacidad letal cuando un misil se estrelló contra un edificio en la ciudad israelí de Arad, hiriendo al menos a 84 personas.

Ng Jing Wen, analista de Mizuho Bank en Singapur, apuntó que el conflicto sigue sin mostrar una salida estructural: el ultimátum previo de Trump y las advertencias de represalia de Irán configuran un escenario de disrupción energética sostenida y volatilidad de mercado elevada, sin una resolución a la vista. Otros analistas observaron que los mercados comenzaban a reaccionar de manera menos automática a cada declaración de Trump, orientando su atención hacia las acciones concretas de Irán y el impacto medible del alza energética sobre el crecimiento económico mundial.

La jornada del lunes ilustra con precisión los términos en que se desarrolla esta crisis: una guerra que lleva cuatro semanas reescribiendo los precios de la energía a nivel global, una diplomacia que avanza por destellos y retrocesos, y unos mercados que, en ausencia de certezas, se mueven al ritmo de cada publicación en las redes sociales del presidente de los Estados Unidos.