Unilever Plc confirmó que recibió una oferta formal del fabricante de especias y condimentos McCormick & Company para adquirir su entera división de alimentos, un portafolio valorado por Barclays en entre 28.000 y 31.000 millones de euros (entre 32.400 y 35.860 millones de dólares). La operación, si se concretara, implicaría la transferencia de marcas icónicas como la mayonesa Hellmann’s y las sopas y especias Knorr, y representaría uno de los mayores movimientos de consolidación en la industria global de bienes de consumo en los últimos años. Ambas compañías reconocieron estar en conversaciones activas, aunque subrayaron que no existe garantía de que se alcance un acuerdo, ni certeza sobre sus términos o plazos.
Una apuesta estratégica por la belleza frente a los alimentos
La posible desinversión responde a una reorientación estratégica liderada por Fernando Fernández, quien asumió la dirección ejecutiva de Unilever hace un año. Fernández ha definido la belleza, el cuidado personal y el bienestar como los ejes del crecimiento futuro de la compañía, con el objetivo de que, a mediano plazo, dos tercios de la facturación provengan de marcas como el jabón Dove, los sobres de hidratación Liquid IV y los productos para el cuidado de la piel Dermalogica. Actualmente, ese tipo de productos representa apenas la mitad de los ingresos del grupo.
Las negociaciones con McCormick no surgieron de forma aislada. Con anterioridad, Unilever había explorado sin éxito una posible fusión de sus activos alimentarios con el negocio de condimentos de Kraft Heinz, operación que no prosperó. Esta secuencia de movimientos refleja la determinación de la dirección de Unilever por acelerar la salida del segmento de alimentos, independientemente del camino que finalmente tome esa desinversión.
Con esta operación, Unilever aspiraría a posicionarse en la categoría de las grandes corporaciones especializadas en consumo personal, a la altura de L’Oréal, Beiersdorf y Estée Lauder, alejándose definitivamente de la competencia directa con gigantes alimentarios como Kraft Heinz, Nestlé y PepsiCo, con quienes lleva casi un siglo compitiendo.
Las marcas en juego: Hellmann’s, Knorr y un extenso portafolio local
La división de alimentos de Unilever registró ingresos anuales de 12.930 millones de euros (equivalentes a 14.960 millones de dólares) y un beneficio neto de 2.750 millones de euros en su último ejercicio. Sus dos marcas principales son Hellmann’s, con posiciones de liderazgo en mercados clave como Estados Unidos y Brasil, y Knorr, la segunda marca más vendida de todo el grupo corporativo, solo superada por Dove.
El portafolio incluye además una extensa lista de marcas de alcance más local o regional: la mostaza Colman’s en el Reino Unido, la mayonesa Amora en Francia, las mermeladas Kissan en India, el extracto de carne Bovril, la crema para untar Marmite y la mostaza Maille. Unilever ya había destinado entre 1.000 y 1.500 millones de euros a la venta de marcas alimentarias menores, en una estrategia de depuración del portafolio que redujo el surtido de productos en un 25% desde 2019.
McCormick: un comprador con músculo y experiencia en adquisiciones
Del lado comprador, McCormick & Company es un actor global en el segmento de salsas, especias y condimentos, con presencia en más de 170 países y una facturación anual de aproximadamente 6.840 millones de dólares, junto a un beneficio anual de 1.070 millones de dólares. La empresa opera a través de dos segmentos: soluciones para el consumidor y soluciones de sabor para la industria de restauración. El 61% de su facturación proviene del mercado de gran consumo, y el 39% restante del canal institucional.
Entre sus marcas más reconocidas figuran Ducros, Cholula Hot Sauce, French’s Mustard, Frank’s RedHot y Stubb’s. Su valor de empresa asciende a 14.510 millones de dólares, según datos de LSEG, lo que hace de esta operación, si se concretara, una adquisición de proporciones históricas que más que duplicaría su tamaño actual.
McCormick no es un actor sin experiencia en grandes movimientos corporativos: en 2017 adquirió la unidad de alimentos de Reckitt Benckiser, y en 2020 incorporó a su portafolio la marca Cholula Hot Sauce. También intentó, hace una década, comprar la británica Premier Foods —propietaria de marcas como Mr Kipling y la salsa Bisto—, operación que fue rechazada por considerar que la oferta infravaloraba a la empresa.
Un sector alimentario bajo presión estructural
La posible venta se produce en un contexto de creciente tensión para las grandes corporaciones de alimentos empaquetados. Empresas como Unilever y su rival Nestlé enfrentan un entorno complejo, donde los consumidores con menor liquidez recurren a marcas blancas más económicas y reducen el gasto en productos de marca. A ello se suma el impacto creciente de los medicamentos para adelgazar basados en agonistas del receptor GLP-1, que llevan a los compradores a consumir menos en general o a optar por alternativas menos calóricas, erosionando volúmenes de venta en varias categorías.
En contraste, el sector de la belleza y el cuidado personal mantiene una trayectoria de crecimiento sostenido. Tanto consumidores jóvenes como de mayor edad destinan recursos crecientes a rutinas de cuidado de la piel de múltiples pasos, fragancias y productos de bienestar, lo que convierte ese segmento en un destino atractivo para la inversión corporativa a largo plazo.
Una desinversión con antecedentes dentro del propio grupo
La posible venta no sería la primera vez que Unilever desprende activos alimentarios. En la última década, la multinacional transfirió su división global de pastas para untar —que incluía la marca I Can’t Believe It’s Not Butter!— y vendió más recientemente la marca de aperitivos Graze y el fabricante de proteína vegetal The Vegetarian Butcher. Asimismo, escindió su negocio de helados para crear Magnum Ice Cream Co. (MICC), en la que conserva una participación de casi el 20%, con planes de desinvertir esa posición en los próximos años.
El activismo accionarial también jugó un papel en esta reorientación: en 2022, el inversor Nelson Peltz reveló una participación significativa en Unilever y presionó abiertamente por una racionalización de las operaciones de la unidad de alimentos, sembrando las bases de la transformación estratégica en curso.
Postura de ambas compañías: confirmación con cautela
En sus comunicaciones públicas, tanto Unilever como McCormick adoptaron una postura de transparencia controlada. Unilever reconoció haber recibido la oferta, destacó el sólido perfil financiero de su división alimentaria y expresó confianza en su futuro, ya sea como parte del grupo o en el marco de una eventual transición. McCormick, por su parte, confirmó la existencia de las conversaciones y señaló que se encuentra evaluando la adquisición, sin comprometerse a plazos ni condiciones.
Heiko Schipper, presidente del grupo de negocios de alimentos de Unilever, y Brendan Foley, consejero delegado de McCormick, son los principales ejecutivos al frente de sus respectivas posiciones en esta negociación. Ambas empresas coincidieron en instar a no especular sobre los términos del eventual acuerdo mientras el proceso de análisis y deliberación continúa sin un calendario definido. Analistas del sector estiman que, de mantenerse el ritmo actual de las conversaciones, un acuerdo podría cerrarse en cuestión de semanas.



