Las bolsas de América Latina entraron en una fase de tensión tras el fuerte repunte del petróleo provocado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ya se aproxima a su tercera semana sin señales claras de resolución. El alza del crudo volvió a situar al factor energético como uno de los principales determinantes del comportamiento de los mercados financieros internacionales y abrió un nuevo debate entre los inversores: si la reciente corrección bursátil representa una oportunidad de compra o el inicio de un período de mayor volatilidad.
El detonante del nuevo escenario fue el avance del precio del petróleo Brent, que superó la barrera de los US$100 por barril y llegó a aproximarse a los US$120 durante los primeros días del conflicto. Este incremento refleja el temor del mercado a una interrupción prolongada en el suministro energético global, especialmente tras los ataques contra infraestructuras petroleras iraníes y el bloqueo del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.
Las tensiones se intensificaron después de que el presidente estadounidense Donald Trump advirtiera que los ataques contra Irán podrían extenderse a su infraestructura energética si Teherán mantiene el bloqueo del paso marítimo. Mientras tanto, la república islámica ha continuado los ataques contra instalaciones energéticas en países del Golfo Pérsico, aumentando la incertidumbre sobre la estabilidad del suministro mundial de hidrocarburos.
América Latina llega a la crisis con ganancias acumuladas durante 2025
El actual episodio de tensión geopolítica llega en un momento particular para los mercados latinoamericanos, que durante 2025 habían registrado retornos superiores al promedio global. Los avances se apoyaron principalmente en la debilidad del dólar, en las expectativas de recortes de tasas de interés a nivel internacional y en valuaciones relativamente bajas frente a los mercados desarrollados.
Sin embargo, la aceleración del precio del petróleo introdujo un nuevo elemento de riesgo que comenzó a afectar el comportamiento de los índices regionales.
A pesar de la reciente corrección, algunos mercados continúan mostrando un balance positivo en lo que va del año. El índice MSCI Perú acumula un avance cercano al 17%, mientras que el Ibovespa de Brasil registra una ganancia aproximada del 15%. El índice MSCI Colcap de Colombia mantiene un rendimiento positivo cercano al 7%.
Otros mercados, sin embargo, han comenzado a reflejar con mayor intensidad el impacto de la crisis energética. El Ipsa chileno, por ejemplo, ha mostrado señales de presión bajista debido a la mayor exposición de la economía chilena a la importación de combustibles.
El índice MSCI América Latina registró inicialmente una caída de 3,5% en moneda local y de 6,3% en dólares tras la escalada del conflicto, aunque posteriormente logró recuperar parte de esas pérdidas.
El petróleo vuelve a convertirse en el principal canal de transmisión del shock geopolítico
El comportamiento del crudo se ha transformado en el principal canal a través del cual la crisis geopolítica se transmite hacia los mercados financieros globales. Actualmente, el Brent se mantiene cerca de los US$100 por barril, después de haber superado brevemente los US$120 en la primera semana del conflicto.
Este movimiento altera las expectativas macroeconómicas en economías emergentes al afectar variables clave como la inflación, las tasas de interés y el crecimiento económico.
Las estadísticas históricas refuerzan la relevancia del petróleo en el desempeño bursátil latinoamericano. Datos de Bloomberg Intelligence muestran que los mejores retornos para la renta variable regional desde el año 2000 se registraron cuando el crudo se ubicó entre US$40 y US$60 por barril. En ese rango, los principales mercados de la región presentaron tasas de acierto superiores al 80% en términos de retornos positivos.
El panorama cambia cuando el petróleo supera ciertos niveles. La evidencia histórica indica que precios por encima de los US$100 por barril suelen actuar como un viento en contra para las acciones latinoamericanas, mientras que en el rango entre US$80 y US$100 los retornos futuros tienden a debilitarse.
La estructura energética de cada economía define ganadores y perdedores
El impacto del petróleo no se distribuye de forma homogénea dentro de América Latina. La capacidad de cada país para absorber el shock depende en gran medida de su estructura energética y comercial.
Las grandes economías regionales —como Brasil, México, Argentina y Colombia— poseen una ventaja relativa al ser productores y exportadores de petróleo. En estos casos, los precios elevados del crudo pueden traducirse en mayores ingresos externos y fiscales, amortiguando parte del impacto negativo sobre la economía.
En contraste, los países con fuerte dependencia de las importaciones de combustibles presentan mayor vulnerabilidad frente a un escenario de energía cara. En Centroamérica, la mayoría de las economías se encuentra en esta situación, mientras que República Dominicana aparece como uno de los casos más sensibles debido a su dependencia energética y a su limitada generación hidroeléctrica.
La composición sectorial de los índices bursátiles también influye en el desempeño relativo de los mercados. Brasil y Colombia cuentan con una mayor presencia de compañías vinculadas a hidrocarburos dentro de sus bolsas.
El Ibovespa brasileño tiene una exposición energética cercana al 13%, mientras que el Colcap colombiano posee alrededor del 8%. Esta estructura permitió amortiguar parte de la presión que afectó a otros mercados emergentes.
Sectores defensivos y sectores vulnerables ante el encarecimiento de la energía
Dentro de cada mercado bursátil también se observan diferencias significativas entre sectores.
En Chile, algunas empresas con modelos de ingresos más estables muestran mayor resiliencia frente a la volatilidad actual. Las compañías de centros comerciales, como Cencomalls, Mallplaza y Parque Arauco, poseen entre el 80% y el 85% de sus ingresos provenientes de contratos de arriendo de mediano y largo plazo indexados a la inflación, lo que les permite trasladar parte de las presiones inflacionarias a sus arrendatarios.
El sector bancario también exhibe características defensivas en el corto plazo. Instituciones como BCI, Santander Chile y Banco de Chile podrían mantener estabilidad relativa, dado que el crecimiento del crédito no se vería afectado inmediatamente por el encarecimiento energético.
En contraste, las compañías intensivas en consumo de combustible enfrentan un escenario más complejo. Las aerolíneas figuran entre las más expuestas, ya que el jet fuel utilizado en la aviación se deriva directamente del petróleo. En el caso de Latam Airlines, el impacto se atenúa parcialmente debido a coberturas de combustible cercanas al 32% para 2026.
América Latina sigue cotizando con descuento frente a los mercados desarrollados
A pesar de la volatilidad reciente, América Latina continúa presentando valuaciones atractivas en comparación con otras regiones del mundo.
El múltiplo forward precio/utilidad del índice MSCI América Latina se ubica cerca de 11 veces utilidades proyectadas, un nivel significativamente inferior al de Estados Unidos y al promedio global.
Las diferencias también se observan a nivel país. Brasil cotiza alrededor de nueve veces utilidades futuras, Colombia cerca de 7,5 y México aproximadamente 13,6. En contraste, el mercado estadounidense mantiene múltiplos superiores a 21 veces utilidades proyectadas.
Esta brecha de valuación explica por qué algunos analistas consideran que las correcciones actuales podrían abrir oportunidades de inversión para quienes tengan horizontes de mediano plazo.
Los mercados globales reaccionan con cautela mientras persiste la incertidumbre
La incertidumbre sobre la duración del conflicto continúa condicionando el comportamiento de los mercados internacionales. Un asesor económico de la Casa Blanca indicó que la guerra podría prolongarse entre cuatro y seis semanas, mientras que las señales diplomáticas entre Washington y Teherán siguen siendo contradictorias.
En los mercados bursátiles mundiales la reacción ha sido cautelosa. En Asia, Tokio cerró prácticamente sin cambios con una caída de 0,12%, Taipéi retrocedió 0,17% y Sídney perdió 0,39%, mientras que Seúl avanzó 1,14% y Hong Kong ganó 1,45%.
En Europa el comportamiento fue más débil. Las bolsas de París y Fráncfort retrocedieron 0,33%, Milán cayó 0,96% y Londres registró un leve avance de 0,08%.
El petróleo se mantiene como el principal foco de atención del mercado. El Brent subía 3,06% hasta los US$106,30 por barril, mientras que el West Texas Intermediate avanzaba 2,15% hasta los US$100,83.
El oro y la inflación emergen como variables clave del nuevo escenario
El repunte del petróleo también ha comenzado a modificar las expectativas sobre inflación y política monetaria, especialmente en Estados Unidos.
El aumento de los precios de la energía ha elevado la probabilidad de que la Reserva Federal reduzca el ritmo de recortes de tasas de interés previstos para este año. Los operadores ya prácticamente no anticipan un recorte en la reunión de esta semana.
El oro, considerado tradicionalmente un activo refugio, se ha movido en un rango estrecho cercano a los US$5.000 por onza. El metal acumula una ganancia superior al 15% en lo que va del año, impulsado por los temores de estanflación, un escenario que combina crecimiento económico débil con inflación elevada.
A pesar de una ligera caída reciente —con el oro cotizando en torno a US$5.014 por onza—, los analistas consideran que el metal podría seguir desempeñando un papel relevante como cobertura frente a riesgos monetarios derivados de conflictos geopolíticos, devaluaciones de divisas o desaceleraciones económicas.
Un mercado que enfrenta un dilema: oportunidad de inversión o inicio de un ciclo adverso
El escenario actual plantea un dilema para los inversionistas internacionales. Por un lado, América Latina mantiene valuaciones relativamente bajas y algunos mercados siguen mostrando avances sólidos en 2025. Por otro, el repunte del petróleo y la prolongación de la guerra en Oriente Medio introducen un factor de incertidumbre que históricamente ha debilitado el desempeño bursátil regional.
En este contexto, los analistas coinciden en que la volatilidad actual exige un enfoque selectivo basado en fundamentos empresariales y horizontes de inversión de mediano plazo, más que una retirada generalizada del capital de la región. El comportamiento futuro de los mercados latinoamericanos dependerá en gran medida de la evolución del conflicto, del precio del petróleo y de las decisiones de política monetaria en las principales economías del mundo.




