El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, que supera ya las tres semanas desde su inicio el 28 de febrero, ha desencadenado lo que la propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) califica como «la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial». El bloqueo del estrecho de Ormuz como instrumento de presión económica, el regreso del barril a los 100 dólares, la respuesta histórica de la AIE con la liberación de 400 millones de barriles de reservas, los ataques continuos contra buques comerciales y la reconfiguración forzada de las rutas de exportación regional componen un cuadro de crisis energética global sin precedentes.

Irán gira su estrategia: del ataque militar al bloqueo económico

En un cambio de enfoque que los analistas interpretan como una decisión deliberada de elevar el costo económico de la guerra para Estados Unidos y sus aliados, el régimen iraní anunció que abandonaba su política de ataques militares recíprocos para concentrar su acción en el bloqueo del estrecho de Ormuz. «La política de Teherán ahora será ataque tras ataque», declaró el portavoz Ebrahim Zolfaqari del cuartel general del comando militar Khatam al Anbiya.

La Guardia Revolucionaria advirtió el miércoles que atacaría «centros económicos y bancos» vinculados a intereses estadounidenses e israelíes. El cuartel general del Ejército iraní afirmó tener «rienda suelta para atacar centros económicos y bancos pertenecientes a Estados Unidos y al régimen sionista», en respuesta a lo que Teherán describió como un ataque contra un banco iraní. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, confirmó que «una sucursal del banco más antiguo de mi país fue bombardeada cuando estaba llena de empleados» y advirtió que «las poderosas Fuerzas Armadas tomarán represalias por este crimen».

El asesor del comandante en jefe de los Guardias Revolucionarios, Ali Fadavi, fue más explícito sobre las consecuencias económicas buscadas: «Estados Unidos e Israel deben considerar la posibilidad de que se enzarcen en una guerra de desgaste a largo plazo que destruirá toda la economía estadounidense y la economía mundial». La advertencia más contundente, sin embargo, llegó del propio portavoz militar iraní: «Prepárense para que el barril de petróleo alcance los 200 dólares, porque el precio del petróleo depende de la seguridad regional que han desestabilizado». Aseguró además que Irán no permitirá que «ni un solo litro de petróleo» pase por el estrecho de Ormuz con destino a Estados Unidos, Israel o sus socios, y que «cualquier buque o petrolero con destino a ellos será un objetivo legítimo».

El estrecho de Ormuz, bloqueado y convertido en zona de guerra

El estrecho de Ormuz, por el que transitaba hasta hace pocas semanas alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y el equivalente a 20 millones de barriles diarios de crudo y productos, permanece bloqueado para casi todos los petroleros. Los flujos a través de esta arteria estratégica se han reducido en más del 90%, según estimaciones de la AIE, que cifra en 8 millones de barriles diarios la reducción del suministro mundial de petróleo solo durante el mes en curso, lo que equivale a casi 250 millones de barriles en total.

En las últimas horas, tres buques fueron alcanzados por proyectiles en la zona. Dos sufrieron daños y un tercero, el carguero de bandera tailandesa Mayuree Naree, se incendió frente a la costa de Omán tras recibir el impacto. La marina de Omán evacuó a sus 20 tripulantes, todos tailandeses, con tres de ellos heridos. El régimen iraní reivindicó ese ataque. Además, la agencia marítima británica United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO) reportó que un portacontenedores fue alcanzado por un proyectil desconocido cerca de los Emiratos Árabes Unidos, provocando un pequeño incendio a bordo, aunque la tripulación resultó ilesa.

En aguas iraquíes, un portavoz del ejército informó que dos petroleros extranjeros fueron atacados en el puerto de Al Faw. El teniente general Saad Maan calificó el hecho de «cobarde acto de sabotaje» y denunció que constituye «una violación de la soberanía iraquí», con un saldo de un tripulante muerto y 38 rescatados. Una fuente de seguridad en Basora indicó a CNN que se cree que un barco iraní cargado de explosivos impactó contra las embarcaciones. Los puertos petroleros iraquíes suspendieron sus operaciones tras el ataque, y la Organización Estatal de Comercialización de Petróleo de Irak expresó su pesar por el incidente. El Observatorio Marítimo del Reino Unido contabilizó 16 buques atacados entre el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán desde el inicio del conflicto.

Bahréin informó de que Irán llevó a cabo un ataque contra depósitos de combustible en su territorio, mientras que Arabia Saudita dijo haber interceptado aviones no tripulados que se dirigían al yacimiento petrolífero de Shaybah. Kuwait e Irak, por su parte, anunciaron reducciones de producción como consecuencia directa de la crisis.

El petróleo regresa a los 100 dólares pese a la respuesta de la AIE

El impacto en los mercados fue inmediato y contundente. El crudo Brent escaló hasta un 10% en las operaciones asiáticas del jueves y llegó a superar los 100 dólares por barril, para luego ceder hasta los 97,50 dólares. El West Texas Intermediate (WTI) subió un 4,6% y alcanzó los 91 dólares por barril. Ambos índices acumulan una revalorización superior al 60% en lo que va de 2026. Antes del inicio del conflicto, el 28 de febrero, ambos marcadores cotizaban en torno a los 60 dólares, un nivel relativamente bajo en comparación con datos históricos debido a la abundante oferta. El conflicto llegó a disparar el precio por encima de los 100 dólares en sus primeros días, aunque en las jornadas previas se había moderado al rango de entre 80 y 90 dólares antes de retomar la senda alcista.

La AIE advirtió en su informe mensual del jueves que el shock de oferta ha reducido sus proyecciones de superávit mundial en 2026 en poco más de un tercio, hasta alrededor de 2,4 millones de barriles por día. Antes de la crisis, el organismo proyectaba un excedente récord para este año, impulsado por el aumento de la oferta en todo el continente americano, con Estados Unidos, Canadá, Guyana y Brasil a la cabeza. Adicionalmente, la agencia recortó sus estimaciones de crecimiento del consumo mundial en aproximadamente un 25% para este año, situándolas en 640.000 barriles diarios, el nivel más bajo desde que presentó sus previsiones para 2026 en abril pasado, como consecuencia del encarecimiento de los combustibles, las cancelaciones de vuelos y la incertidumbre económica generalizada. Los precios de la gasolina han aumentado en casi todos los países, y muchos han comenzado a diseñar medidas de contingencia ante el riesgo de que la crisis se agrave.

El cierre efectivo de Ormuz también pone en peligro cerca de 4 millones de barriles diarios de capacidad de refinación regional, según la AIE. Las limitaciones en la disponibilidad de materia prima restringen la capacidad de otras regiones para compensar la escasez, con riesgos particulares para el suministro de diésel y combustible para aviones.

La AIE activa la mayor liberación de reservas de su historia

Ante la magnitud de la perturbación, la AIE tomó el miércoles la decisión más ambiciosa de su historia: sus 32 países miembros votaron unánimemente liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas de emergencia. «Los desafíos que enfrentamos en el mercado petrolero son de una escala sin precedentes; por lo tanto, me complace enormemente que los países miembros de la AIE hayan respondido con una acción colectiva de emergencia de una magnitud sin precedentes», declaró el director ejecutivo del organismo, Fatih Birol.

Se trata de la sexta liberación coordinada aprobada por el organismo en su historia, tras las realizadas en 1991, 2005, 2011 y en dos ocasiones durante 2022, aunque ninguna anterior alcanzó esta magnitud. Los 400 millones de barriles equivalen a cuatro días de consumo mundial, o a lo que en circunstancias normales fluiría por el estrecho de Ormuz en 20 días. Los miembros de la AIE mantienen reservas de emergencia superiores a los 1.200 millones de barriles, a los que se suman otros 600 millones almacenados por la industria petrolera en cumplimiento de obligaciones legales impuestas por los gobiernos.

De ese total, Estados Unidos aportará 172 millones de barriles de su Reserva Estratégica de Petróleo. El secretario de Energía, Chris Wright, precisó que las entregas comenzarán la semana próxima y se extenderán durante aproximadamente 120 días. Pese a la magnitud del anuncio, la medida no logró contener la presión alcista en los mercados, ya que los nuevos ataques iraníes contra buques en el estrecho eclipsaron el efecto estabilizador esperado. Cabe señalar además que los 400 millones de barriles liberados no alcanzan a compensar el flujo de 20 millones de barriles diarios que han dejado de circular por el cierre de Ormuz.

El presidente Donald Trump calificó el miércoles el alza de los precios como «cuestión de guerra» y aseguró que los mercados deberían «volver a la normalidad» en breve. Declaró ante medios en Cincinnati que sus fuerzas han «atacado 28 barcos minadores hasta el momento», en referencia a embarcaciones iraníes supuestamente destinadas a sembrar minas en el estrecho. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) advirtió a los civiles iraníes que «eviten inmediatamente» todos los puertos a lo largo del estrecho donde operan fuerzas navales del país, argumentando que el régimen los utiliza para «operaciones militares que amenazan el transporte marítimo internacional» y precisando que dichas instalaciones pierden así «su estatus de protección» bajo el derecho internacional. En declaraciones al medio Axios, Trump afirmó además que la guerra terminará «pronto» y que «prácticamente no queda nada que atacar». Sin embargo, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, ofreció una lectura opuesta: el conflicto «continuará sin límite de tiempo» hasta alcanzar todos los objetivos de la campaña conjunta.

Arabia Saudita y los Emiratos fuerzan sus oleoductos alternativos al límite

Con el estrecho bloqueado, los productores de la región con infraestructura alternativa han activado sus rutas de contingencia a máxima capacidad. Arabia Saudita está incrementando el flujo de crudo a través de su red de oleoductos Este-Oeste, una infraestructura de 1.200 kilómetros que conecta los yacimientos del Golfo con las terminales de exportación en el mar Rojo, permitiendo que los envíos eviten Ormuz. El director ejecutivo de Aramco, Amin Nasser, confirmó que están impulsando el flujo hacia la capacidad máxima del sistema, de aproximadamente 7 millones de barriles diarios, frente a los 2,8 millones que transportaba antes de la crisis. Nasser describió la situación actual como «la mayor crisis que ha enfrentado la industria del petróleo y el gas de la región».

Los Emiratos Árabes Unidos disponen también de su Oleoducto de Crudo de Abu Dhabi, capaz de enviar alrededor de 1,8 millones de barriles diarios hasta el puerto de Fujairah, en el golfo de Omán. Sin embargo, incluso operando ambos sistemas a plena capacidad, los oleoductos saudita y emiratí transportarían menos de la mitad del crudo que normalmente fluye por el estrecho. Otros productores del Golfo sin alternativas equivalentes, como Kuwait e Irak, ya han comenzado a reducir su producción. El cierre efectivo ha obligado a los productores de la zona a cerrar colectivamente unos 10 millones de barriles de producción diaria, según la AIE. Las pérdidas están siendo parcialmente atenuadas por una mayor producción de países fuera de la OPEP y sus socios, así como por aumentos de los miembros de la OPEP+, en particular Kazajistán y Rusia.

Las empresas multinacionales evacuan el Golfo y el conflicto se extiende al Líbano

La escalada no se limita a los mercados energéticos. Varias grandes empresas internacionales cerraron o evacuaron sus oficinas en países del Golfo tras las amenazas iraníes. El grupo financiero Citi y la consultora Deloitte evacuaron sus oficinas en el centro financiero de Dubái, mientras que PwC cerró sus instalaciones en Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait.

En el frente bélico, el Ejército israelí reportó el jueves varias oleadas de misiles iraníes lanzados contra su territorio, con defensas aéreas desplegadas para interceptarlos. Los servicios de emergencia Magen David Adom informaron que no hubo víctimas directas, aunque sí se atendió a personas que cayeron de camino a los refugios. Hezbolá aseguró haber lanzado misiles contra una base de inteligencia militar israelí en los suburbios de Tel Aviv, mientras que Israel afirmó haber golpeado 10 estructuras del grupo en el área de Dahiyeh, al sur de Beirut, en apenas 30 minutos, incluyendo el cuartel general de inteligencia y varios centros de mando. Un ataque israelí en el paseo marítimo del centro de Beirut dejó al menos siete muertos y 21 heridos, según el Ministerio de Sanidad libanés. Líbano acumula más de 630 muertos y más de 800.000 desplazados desde que fue arrastrado al conflicto la semana pasada, cuando Hezbolá atacó a Israel tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, en ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel. De los desplazados, unas 126.000 personas permanecen en refugios colectivos.

Ante este cuadro, el presidente francés Emmanuel Macron pidió el miércoles a Israel detener su ofensiva terrestre en Líbano y a Hezbolá cesar «inmediatamente» los ataques, tras conversar con el presidente libanés Joseph Aoun. Los analistas advierten que, mientras las hostilidades no den señales de terminar, el barril de petróleo podría mantenerse en el rango de entre 90 y 100 dólares durante un tiempo prolongado, con el riesgo latente de una nueva escalada si la situación en el estrecho de Ormuz no se revierte.