La deuda federal de Estados Unidos cruzó este miércoles una frontera inédita en la historia del país: 40,047 billones de dólares, según el reporte diario «Deuda calculada al centavo» publicado por el Departamento del Tesoro. El hito llega apenas cinco meses después de que el pasivo superara los 39 billones, lo que confirma una aceleración del endeudamiento que preocupa cada vez más a economistas, inversores y organismos de control presupuestario.

Un ritmo de endeudamiento que se acelera

El salto de 39 a 40 billones de dólares en solo cinco meses evidencia que el Gobierno Federal está incrementando su deuda a mayor velocidad que en periodos previos. Esta cifra contrasta con las proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, que estimaba que el endeudamiento total llegaría a 39,4 billones recién al cierre del año fiscal 2026, en septiembre. La realidad superó ese pronóstico con varias semanas de antelación.

Del total acumulado, 32,266 billones de dólares corresponden a títulos del Tesoro en manos de inversores privados e institucionales, mientras que 7,782 billones son obligaciones intragubernamentales, es decir, deuda que el Estado mantiene consigo mismo entre distintas cuentas públicas. La magnitud del crecimiento resulta más evidente al mirar hacia atrás: en enero de 2017 la deuda federal se ubicaba en 19,95 billones de dólares, lo que significa que prácticamente se ha duplicado en menos de una década.

Los factores detrás del nuevo récord

Varios elementos convergen para explicar esta aceleración reciente. El primero es la pérdida de ingresos por aranceles: el Tribunal Supremo de Estados Unidos decretó en febrero que los gravámenes que el Gobierno venía cobrando a las importaciones de todo el mundo eran ilegales, lo que privó al Tesoro de una fuente de recaudación que había ganado peso en los últimos años.

A esto se suma el alza sostenida del gasto en salud y seguridad social, programas que crecen de manera estructural por el envejecimiento poblacional, junto con Medicare, Medicaid y la atención a veteranos. El tercer factor, y quizás el más determinante hacia adelante, es la Ley Grande y Hermosa (One Big Beautiful Bill Act, OBBBA), el paquete de recortes fiscales impulsado por el presidente Donald Trump al inicio de su segundo mandato, que reduce los ingresos federales al mismo tiempo que la Casa Blanca incrementó el gasto militar vinculado al conflicto con Irán. Se proyecta que esta normativa eleve el déficit anual por encima de los 4 billones de dólares a lo largo de la próxima década.

Cabe destacar que el fenómeno no es atribuible a una sola administración. Durante la pandemia de covid-19, tanto el primer mandato de Trump como la presidencia de Joe Biden recurrieron a un endeudamiento masivo para financiar ayudas de emergencia, programas de recuperación económica y estímulos a hogares y empresas, una base sobre la que se ha seguido construyendo el actual nivel de pasivo.

Un déficit anual que ronda los dos billones de dólares

Actualmente, el gasto del Gobierno Federal supera en aproximadamente dos billones de dólares anuales a sus ingresos fiscales, una brecha que se cubre mediante nueva emisión de deuda. Julio fue un mes especialmente crítico: el desequilibrio mensual alcanzó los 432.000 millones de dólares, una de las cifras más altas registradas en la historia del país. En los primeros diez meses del ejercicio fiscal 2026, el déficit acumulado ya había superado el total registrado durante todo el ejercicio fiscal anterior. Se espera que el desajuste presupuestario de este año supere los dos billones de dólares, cerca del 6 % del producto interno bruto (PIB).

Los intereses de la deuda, ya la segunda mayor partida del presupuesto

Uno de los datos más elocuentes de este fenómeno es el peso creciente del servicio de la deuda dentro de las cuentas públicas. El Gobierno Federal destina actualmente más de un billón de dólares al año exclusivamente al pago de intereses, un monto que también sigue en ascenso. Durante el ejercicio fiscal 2025, este gasto superó por primera vez al presupuesto del Pentágono, y en los primeros diez meses del ejercicio fiscal 2026 rebasó incluso el gasto en Medicare, convirtiéndose en la segunda mayor partida presupuestaria del país, solo detrás de la Seguridad Social. Las proyecciones apuntan a que el coste de financiación de la deuda ascenderá este año a 1,4 billones de dólares y que en un plazo de dos años podría superar a la propia Seguridad Social como el mayor gasto del Gobierno.

Presión en el mercado de bonos y respuesta del Tesoro

El aumento del endeudamiento coincide con señales de mayor cautela entre los inversores. El rendimiento del bono estadounidense a 30 años volvió a tocar esta semana su nivel más alto en 19 años, en un contexto de temor a un repunte inflacionario vinculado a la guerra en Irán. En términos concretos, la rentabilidad de estos títulos a largo plazo ha escalado hasta el 5,3 %, el nivel más elevado desde 2007, reflejo de las dudas del mercado sobre la capacidad de la Administración Trump para controlar la inflación y contener el déficit, a lo que se suma la fiebre inversora en torno a la inteligencia artificial, que está impulsando a las grandes tecnológicas a endeudarse con fuerza y a competir por la liquidez disponible.

Los compradores extranjeros, que poseen cerca de un tercio de los bonos del Tesoro estadounidense, han reducido su demanda durante el último año, un factor adicional de presión sobre las condiciones de financiación. En respuesta, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que el Gobierno duplicará el volumen de sus operaciones de recompra de bonos con vencimientos de entre 10 y 30 años, hasta al menos 4.000 millones de dólares por operación, con el objetivo declarado de «apoyar la liquidez» de los títulos de largo plazo que emite el país.

Una deuda que equivale al 124 % del PIB

En términos relativos, la deuda bruta de Estados Unidos representa el 124 % del PIB del país, el nivel más alto desde, al menos, la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta cifra bruta incluye tanto la deuda en manos de inversores como las obligaciones intragubernamentales. Si se toma como referencia la deuda neta en manos de inversores —el indicador que suelen emplear analistas y organismos internacionales para evaluar la salud financiera de un país—, el monto se ubica en 37,64 billones de dólares, equivalentes al 99 % del PIB.

La comparación internacional ayuda a dimensionar la magnitud del fenómeno: la deuda pública española comparable asciende a 1,5 billones de euros, un 89 % del PIB, una cifra sensiblemente menor tanto en términos absolutos como relativos a la estadounidense.

Advertencias desde los organismos de control fiscal

La magnitud del hito no ha pasado inadvertida entre las organizaciones dedicadas al seguimiento presupuestario. Maya MacGuineas, presidenta del Comité para un Presupuesto Federal Responsable, advirtió que los 40 billones de dólares no representan únicamente una cifra contable, sino un fenómeno que repercute directamente en la economía cotidiana de los ciudadanos. Según MacGuineas, un mayor endeudamiento puede presionar al alza la inflación, restar recursos disponibles para otras prioridades de política pública y reducir el margen de maniobra del Gobierno ante futuras emergencias económicas o geopolíticas.

El desafío pendiente para el Congreso

El nuevo récord de endeudamiento coloca al Congreso estadounidense ante un desafío estructural que ya no puede postergarse indefinidamente: contener el crecimiento del gasto público, aumentar los ingresos fiscales, o combinar ambas estrategias para frenar una trayectoria de deuda que, de mantener su ritmo actual, resultará cada vez más difícil de sostener. Mientras tanto, la cifra exacta de la deuda —40.047.425.768.420 dólares, según el propio Departamento del Tesoro— seguirá creciendo cada día, en un contexto de tasas de interés elevadas, menor apetito extranjero por los bonos estadounidenses y un déficit fiscal que no da señales de reducirse en el corto plazo.