Trump anuncia la entrega de crudo venezolano valorado hasta en 2.750 millones de dólares mientras las petroleras estadounidenses se preparan para invertir en la infraestructura energética del país caribeño
El presidente Donald Trump anunció este martes que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad a Estados Unidos, en una operación que marca un giro significativo en las relaciones energéticas entre ambos países tras la reciente intervención militar estadounidense que derrocó al gobierno de Nicolás Maduro. El mandatario estadounidense confirmó que controlará personalmente los ingresos generados por la venta de este crudo a precio de mercado, destinándolos al beneficio conjunto de los pueblos venezolano y estadounidense.
El alcance de la operación petrolera y su valor económico
La transferencia anunciada representa un volumen considerable de crudo que ya ha sido producido y se encuentra almacenado, principalmente en buques cisterna. Según un alto funcionario del gobierno estadounidense que habló bajo condición de anonimato, la mayor parte de este petróleo será trasladada a instalaciones en el golfo de México para su refinación.
Con el crudo venezolano cotizándose actualmente en 55 dólares por barril, la operación podría generar ingresos de entre 1.650 y 2.750 millones de dólares. Trump ordenó al secretario de Energía, Chris Wright, ejecutar el plan de forma inmediata, con el petróleo siendo transportado directamente a los muelles de descarga estadounidenses.
Esta cantidad representa aproximadamente uno o dos meses de producción venezolana actual, considerando la debilitada capacidad de su industria petrolera. Venezuela, que lidera globalmente con 303.000 millones de barriles en reservas probadas —casi el 20% de las reservas mundiales en 2023—, produce actualmente apenas un millón de barriles diarios, una tercera parte de su capacidad en la década de los setenta.
Impacto limitado en los precios domésticos del crudo
A pesar de la magnitud aparente de la transferencia, el impacto en los precios estadounidenses será moderado. Estados Unidos consume poco más de 20 millones de barriles diarios, lo que significa que este volumen representa apenas dos o tres días de consumo nacional.
Como referencia, en 2022 el expresidente Joe Biden liberó 180 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo —entre cuatro y seis veces más que la cantidad anunciada por Trump—, lo que solo redujo el precio de la gasolina entre 13 y 31 centavos por galón durante cuatro meses, según análisis del Departamento del Tesoro.
Inmediatamente tras el anuncio en Truth Social, el crudo estadounidense cayó aproximadamente un dólar por barril, menos del 2%, situándose en 56 dólares. Esta reacción del mercado subraya el impacto relativamente modesto de la operación en los precios globales del petróleo.
La reestructuración del comercio petrolero venezolano
La transferencia obligará a Venezuela a reconfigurar sus flujos comerciales de crudo. Hasta antes de la intervención militar, el país caribeño colocaba aproximadamente dos tercios de su producción en China mediante buques intermediarios para eludir las sanciones estadounidenses. Una cuarta parte se vendía a Estados Unidos a través de Chevron, la única petrolera estadounidense que mantenía operaciones en el país tras casi un siglo de presencia. El resto se destinaba a Rusia, Cuba y otros países aliados.
Con la industria petrolera venezolana careciendo de capacidad para incrementar sustancialmente la producción de forma inmediata, se espera que reduzca sus ventas a clientes chinos para aumentar el suministro a destinatarios estadounidenses. Chevron ya ha intensificado sus operaciones, enviando al menos once buques cisterna al país para atracar cerca de puertos controlados por el nuevo régimen provisional, que ha mostrado disposición para colaborar con Washington.
Origen del petróleo y controversia sobre el almacenamiento
El crudo proviene tanto de almacenes terrestres como de petroleros incautados que transportaban el recurso. Venezuela disponía de una capacidad de almacenamiento de aproximadamente 48 millones de barriles que estaba prácticamente llena, según Phil Flynn, analista senior de mercado de Price Futures Group. Los petroleros confiscados transportaban entre 15 y 22 millones de barriles adicionales, según estimaciones de la industria.
El alto funcionario gubernamental señaló que la transferencia ocurrirá rápidamente porque el crudo venezolano es muy pesado, lo que limita su tiempo de almacenamiento. Sin embargo, Andrew Lipow, presidente de Lipow Oil Associates, contradijo esta afirmación: «El petróleo crudo no se echa a perder si no se refina en un plazo determinado. Ha permanecido bajo tierra durante cientos de millones de años. De hecho, gran parte del petróleo de la Reserva Estratégica de Petróleo ha estado almacenado durante décadas».
La estrategia de inversión petrolera estadounidense en Venezuela
El anuncio se produce mientras Trump prepara para la próxima semana una reunión con los principales responsables de energía de su administración para definir una estrategia destinada a convencer a empresas occidentales de invertir en la deteriorada infraestructura petrolera venezolana. Se espera la participación del secretario de Energía Chris Wright y el secretario del Interior Doug Burgum, entre otros expertos.
En una conferencia de prensa celebrada el sábado, Trump ya había adelantado sus intenciones: «Nuestras grandes compañías petroleras, las más grandes del mundo, invertirán miles de millones de dólares para reparar la infraestructura petrolera, que está en muy mal estado, y comenzar a generar ingresos para el país». Esta declaración, realizada cuando aún se desarrollaban las operaciones militares sobre Caracas, dejó clara la dimensión económica de la intervención estadounidense.
La administración Trump busca capitalizar el fenomenal yacimiento venezolano, las mayores reservas petroleras del planeta, en un momento en que la infraestructura del país está gravemente deteriorada tras años de sanciones, desinversión y mala gestión.
Tensiones geopolíticas con Rusia en aguas internacionales
Paralelamente a estos movimientos comerciales, ha emergido un incidente que evidencia las tensiones geopolíticas subyacentes. Según The Wall Street Journal, Rusia envió un submarino para escoltar un petrolero que Estados Unidos intentó confiscar frente a las costas venezolanas, anteriormente conocido como «Bella 1» y ahora rebautizado como «Marinera».
El buque, perseguido por la Guardia Costera estadounidense hasta el Atlántico, forma parte de la denominada «flota fantasma» que transporta crudo ilícito, incluido el procedente del mercado negro ruso. Tras un intento fallido de abordaje en diciembre, la tripulación pintó una bandera rusa en el costado del navío, cambió su nombre y modificó su matrícula a rusa antes de adentrarse en aguas internacionales.
Rusia ha solicitado formalmente a Estados Unidos detener la persecución del buque, que actualmente navega aproximadamente 300 millas al sur de Islandia rumbo al mar del Norte. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso declaró seguir con preocupación la situación, mientras Moscú ha tomado la inusual decisión de permitir que barcos se registren bajo bandera rusa sin inspección ni otras formalidades.
Este incidente ocurre en un momento delicado para las relaciones entre Washington y Moscú, con disputas diplomáticas sobre Ucrania que amenazan con complicar las conversaciones de paz. Rusia aún no ha aceptado el marco propuesto por Estados Unidos y Ucrania, y la persecución del petrolero añade otra capa de complejidad a las negociaciones.
Implicaciones a largo plazo del control presidencial sobre los ingresos petroleros
La declaración de Trump sobre su control directo de los fondos generados por la venta del petróleo venezolano representa un precedente inusual en la política energética estadounidense. El presidente enfatizó que garantizará personalmente que los recursos «se utilicen en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos», sin especificar los mecanismos de distribución ni supervisión de estos fondos.
Esta estructura de control plantea interrogantes sobre la transparencia y la rendición de cuentas en el manejo de recursos que, si bien provienen de activos venezolanos, serán administrados unilateralmente por la administración estadounidense. No se ha detallado qué porcentaje se destinará a cada país ni bajo qué criterios se realizarán las asignaciones.
La operación marca el comienzo de lo que Trump ha calificado como la rentabilización de la intervención militar en Venezuela, insertando a las grandes petroleras estadounidenses en el control de un sector estratégico que durante décadas estuvo nacionalizado. El resultado final de esta reconfiguración energética tendrá repercusiones no solo para ambos países involucrados, sino para el equilibrio geopolítico del suministro petrolero global en los próximos años.



